Michel Hazanavicius es uno de esos cineastas que después de un comienzo prometedor se fueron desinflando progresivamente bajo el peso de sus propias ambiciones y de cierta indecisión profesional que en este caso lo llevó a probar suerte en regiones muy distintas sin lograr redondear un producto en verdad memorable. Para quienes no nos pareció una maravilla El Artista (The Artist, 2011), propuesta de todos modos interesante y su homenaje al cine mudo con la actriz argentina Bérénice Bejo, su esposa, nada de esto nos sorprendió porque el señor siempre atesoró un talento para la dimensión visual que no suele armonizar con lo narrativo coherente, prueba de ello es toda esa primera etapa de su trayectoria en el campo del largometraje luego de un prólogo dedicado a la TV y la publicidad, introducción en la que sin lugar a dudas se destaca La Clase Americana (La Classe Américaine, 1993), un collage film bastante disfrutable codirigido junto a Dominique Mézerette y creado a partir del metraje de una infinidad de realizaciones de la Warner Bros. en la tradición de las recordadas ¿Qué Pasa, Tiger Lily? (What’s Up, Tiger Lily?, 1966), opus de Woody Allen, y Cliente Muerto no Paga (Dead Men Don’t Wear Plaid, 1982), de Carl Reiner, entre otros clásicos del rubro como las epopeyas de marco documental La Orgía Cinematográfica (The Movie Orgy, 1968), del querido Joe Dante, Hermano, ¿me das una Moneda? (Brother, Can You Spare a Dime?, 1975), de Philippe Mora, y El Café Atómico (The Atomic Cafe, 1982), gran joya anti paranoia nuclear de Jayne Loader y los hermanos Kevin y Pierce Rafferty.
Dejando de lado su ópera prima tradicional, Mis Amigos (Mes Amis, 1999), una odisea muy fallida, a posteriori entregaría sus mejores comedias y las más políticamente incorrectas, OSS 117: El Cairo, Nido de Espías (OSS 117: Le Caire, Nid d’Espions, 2006) y OSS 117: Perdido en Río (OSS 117 : Rio ne Répond plus, 2009), partes de una futura trilogía satírica acerca del eurospy de los años 60 -con James Bond y el personaje del título de Jean Bruce como blancos preferidos- que luego se completaría con OSS 117: Desde África con Amor (OSS 117: Alerte Rouge en Afrique Noire, 2021), faena tardía y muy inferior de Nicolas Bedos. Los verdaderos problemas empiezan luego del hit mundial del francés, El Artista, obra que lo llevó a ganar los Oscars a Mejor Película y Mejor Director y evidentemente le provocó un vértigo que no supo manejar ya que su trayectoria se diversificó hacia todas direcciones mediante una jugada que en vez de sumar riqueza o un poco de valentía nos entregó propuestas muy desparejas y esa ausencia de horizonte creativo que señalábamos con anterioridad. Así las cosas, los primeros indicios de la decadencia fueron Los Infieles (Les Infidèles, 2012), antología cómica en la que también participaron Gilles Lellouche, Éric Lartigau, Jan Kounen, Alexandre Courtès, Fred Cavayé, Emmanuelle Bercot y Jean Dujardin en modalidad realizador, actor fetiche de toda aquella primera etapa de la carrera de Hazanavicius, y La Búsqueda (The Search, 2014), drama bélico que ofició de remake muy innecesaria del film homónimo de 1948 de Fred Zinnemann con Montgomery Clift.
El asunto no mejoró con motivo de las cuatro faenas posteriores, léase Godard Mon Amour (Le Redoutable, 2017), biopic sobre el Jean-Luc Godard maoísta, el rodaje de La Chinoise (1967) y su relación con Anne Wiazemsky, El Príncipe Olvidado (Le Prince Oublié, 2020), intento descartable de exploración en torno a la fantasía durante la preadolescencia, Corte Final (Coupez!, 2022), remake demasiado tontuela de Zombis, Cámara, ¡Acción! (Kamera o Tomeru na!, 2017), parodia del found footage modelo horror de Shin’ichirô Ueda, y La Carga más Preciada (La Plus Précieuse des Marchandises, 2024), una adaptación animada de la novela de 2019 de Jean-Claude Grumberg acerca del fetiche temático bipartito del escritor, el nazismo y el Holocausto. Es precisamente esta última un flamante ejemplo de las redundancias discursivas y/ o sentimentaloides de un Hazanavicius que aquí pretende unificar por un lado su cariño por los relatos y sus engranajes, en línea con la fábula de El Artista y El Príncipe Olvidado, y por el otro lado la indignación moral de La Búsqueda pero ahora acercándola a Noche y Niebla (Nuit et Brouillard, 1956), de Alain Resnais, todo a través de la historia de una beba que es arrojada por su padre judío (Antonin Maurel) por la ventana de un tren en camino al Campo de Concentración de Auschwitz y adoptada por un leñador (Grégory Gadebois) y su esposa (Dominique Blanc). Pronto otros leñadores descubren el asuntillo y el padre adoptivo muere en la refriega, por ello la mujer se marcha y vive un tiempo con un hombre solitario con su rostro muy desfigurado (Denis Podalydès).
La propuesta, de una idiosincrasia que banaliza el humanismo chaplinesco, hace foco en tópicos como el oscurantismo de la Europa bucólica de mediados del Siglo XX, la vida de miseria y trabajos pesados de entonces, la construcción de un chivo expiatorio social -los judíos, como corresponde a la autovictimización eterna de la estirpe de Hazanavicius, la cual en general se desentiende del genocidio palestino de hoy en día en la Franja de Gaza por obra y gracia de los sionistas en el poder en Israel- y el ablandamiento del adusto o arisco crónico, en pantalla un leñador que de a poco se va encariñando con la mocosa y descubre que los hebreos poseen alma o “los descorazonados/ despiadados tienen corazón”, parafraseando al propio film. Ahora bien, La Carga más Preciada lamentablemente resulta demasiado lenta y poco gratificante a la larga debido a la catarata de lugares comunes en materia de un tema ya ampliamente agotado como la Segunda Guerra Mundial, además se produce un constante desfasaje en cuanto al ritmo narrativo y la idiosincrasia del relato entre el mundo de la esposa, fabuloso con base religiosa y muy dinámico, y el martirio del padre de la beba en el campo de exterminio, siempre en cámara lenta y manejado desde un manto aleccionador tan pesado como redundante y elemental, de hecho encarado después de cientos de obras semejantes sobre el horror provocado por el nazismo pero también por el jingoísmo capitalista en términos macros de los Siglos XIX y XX. Cae de maduro que se sienten innecesarias, banales o algo cínicas las intervenciones del narrador de Jean-Louis Trintignant, nada menos que su último trabajo antes de fallecer en 2022 a los 91 años de edad por un cáncer de próstata, y por cierto la animación símil historieta clasicista lúgubre a veces resulta atractiva y en otras oportunidades cansadora por su sustrato limitado a escala expresiva y dramática. Muy lejos en materia cualitativa de otros films animados recientes para adultos que supieron brillar desde distintos caleidoscopios formales y conceptuales, como por ejemplo todos los trabajos del israelí Ari Folman, el galo Sylvain Chomet o el matrimonio de la polaca Dorota Kobiela y el británico Hugh Welchman, el minimalismo de la trama hubiese calzado mejor en un cortometraje, más propio de una anécdota diminuta alrededor de la supervivencia, las contiendas bélicas y la separación familiar, sin embargo el convite por lo menos sirve para atacar el negacionismo de la nueva derecha fascistoide y lunática del presente y en última instancia sabe homenajear a la paternidad/ maternidad más abnegada y sobre todo a un universo masculino que adquiere una impronta heroica por su defensa de la integridad de la chiquilla frente a este desvarío social y político autoritario…
La Carga más Preciada (La Plus Précieuse des Marchandises, Francia/ Bélgica, 2024)
Dirección: Michel Hazanavicius. Guión: Michel Hazanavicius y Jean-Claude Grumberg. Elenco: Dominique Blanc, Grégory Gadebois, Jean-Louis Trintignant, Denis Podalydès, Antonin Maurel, Matej Hofmann, Oleg Imbert, Adam Carage, Laurent Bateau, Simon Volodine. Producción: Michel Hazanavicius, Patrick Sobelman, Riad Sattouf, Robert Guédiguian y Florence Gastaud. Duración: 81 minutos.