Jasón y los Argonautas (Jason and the Argonauts)

Los Dioses quieren entretenimiento

Por Emiliano Fernández

Incluso más que su ídolo y semi mentor, Willis H. O’Brien, otro genio del stop motion y el responsable de las secuencias animadas y los efectos especiales de El Mundo Perdido (The Lost World, 1925), de Harry O. Hoyt, y tres clasicazos del equipo de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, King Kong (1933), Los Últimos Días de Pompeya (The Last Days of Pompeii, 1935) y El Gran Gorila (Mighty Joe Young, 1949), la figura de Ray Harryhausen y su dynamation se transformaron en sinónimos absolutos de la magia del séptimo arte en lo que respecta a los efectos visuales más osados e imaginativos y esas tomas que nadie más se atrevía a encarar en su tiempo, léase las décadas del 50, 60 y 70, por lo rebuscadas, problemáticas o a priori hasta imposibles que parecían, siempre eventualmente resueltas en pantalla con ingenio por el maestro al punto de que Harryhausen inauguraría la tradición del mainstream de “mostrarlo todo” -en materia de los bichos, monstruos, seres bizarros y criaturas fantásticas- en detrimento de la tendencia previa a dosificar lo enseñado al público desde una comarca visual que escondía/ maquillaba sus limitaciones mediante la estrategia bien económica de la sugerencia sin revelar demasiado del agente del caos y la destrucción de turno hasta ya muy avanzado el metraje del film. Jasón y los Argonautas (Jason and the Argonauts, 1963) no sólo es la mega obra maestra de la carrera de Ray sino también una de las grandes odiseas de aventuras de la historia del cine y una suerte de compendio de los colaboradores habituales del glorioso animador y técnico experto, hablamos por supuesto de su productor y amigo de siempre, Charles H. Schneer, aquel mítico compositor Bernard Herrmann, los guionistas Beverley Cross y Jan Read y el realizador Don Chaffey, el cual por cierto volvería a trabajar con Harryhausen en ocasión de la hilarante Un Millón de Años A.C. (One Million Years B.C., 1966), faena con Raquel Welch y unos cuantos dinosaurios que fue la única no producida por Schneer en la que participó Ray, en este caso quedando el rubro a cargo del también guionista Michael Carreras, jefe de la Hammer Film Productions.

 

Creador además de otros títulos emblemáticos del terror, la ciencia ficción, las aventuras, el cine de superacción y la fantasía de índole familiar y especulativa que llevaron su firma en mayor o menor medida, en sintonía con El Monstruo de Tiempos Remotos (The Beast from 20.000 Fathoms, 1953), opus de Eugène Lourié, La Bestia del Mar (It Came from Beneath the Sea, 1955), de Robert Gordon, La Tierra contra los Platillos Voladores (Earth vs. the Flying Saucers, 1956), de Fred F. Sears, La Bestia de Otro Planeta (20 Million Miles to Earth, 1957), del rumano Nathan Juran, Simbad y la Princesa (The 7th Voyage of Sinbad, 1958), asimismo de Juran, Los 3 Mundos de Gulliver (The 3 Worlds of Gulliver, 1960), de Jack Sher, La Isla Misteriosa (Mysterious Island, 1961), de Cy Endfield, Los Primeros en la Luna (First Men in the Moon, 1964), otra de Juran, El Valle de Gwangi (The Valley of Gwangi, 1969), de Jim O’Connolly, El Viaje Fantástico de Simbad (The Golden Voyage of Sinbad, 1973), de Gordon Hessler, Simbad y el Ojo del Tigre (Sinbad and the Eye of the Tiger, 1977), de Sam Wanamaker, y la encomiable Furia de Titanes (Clash of the Titans, 1981), de Desmond Davis, Harryhausen aquí adapta muy libremente Argonáuticas (Siglo III A.C.), poema épico de Apolonio de Rodas acerca de Jasón (Todd Armstrong), héroe de la mitología griega que es rescatado por un soldado siendo un bebé cuando Pelias (Douglas Wilmer) usurpa el trono de Tesalia y mata al padre de Jasón y hermano del verdugo, Esón/ Aristo, y a una de las dos hermanas del joven, Brisis (Davina Taylor), a quien asesina en el Templo de la Diosa Hera (Honor Blackman), esposa del gran Zeus (Niall MacGinnis) que considera al acto un insulto contra su persona y por ello se sirve de Jasón para ejecutar su venganza contra Pelias, el cual 20 años después reconoce al muchacho cuando lo salva de ahogarse en un río y así bendice falsamente su pretensión de reclamar el dominio de Tesalia con el afamado vellocino de oro en sus manos, faena que su maquiavélico tío considera una misión suicida y en la que recibirá la ayuda de la bella Hera en cinco ocasiones específicas.

 

A pesar de que la propuesta del británico Chaffey y compañía es sin lugar a dudas la más redonda en lo que atañe a la narración en sí de entre todos los convites encarados por Ray a lo largo de su trayectoria, la mayoría de ellos muy entretenidos aunque un tanto ingenuos o humildes a escala del desarrollo retórico porque lo principal siempre eran las secuencias animadas, las arremetidas furiosas y/ o los juegos visuales fascinantes de las escenas de acción, lo cierto es que Jasón y los Argonautas también se destaca gracias a los diseños de Harryhausen y la prodigiosa y detallista ejecución del señor en materia de los movimientos de los monstruos, la sensación de gigantismo de determinados personajes y la unificación del live action con el stop motion, por ello sobresalen momentos hoy ya legendarios como las secuencias en el Olimpo y los estereotipos del periplo de Jasón y su tripulación en el Argo en pos del vellocino de oro, embarcación construida por Argos (Laurence Naismith) que lleva en popa -y mirando a proa- una escultura de madera de la infaltable protectora, Hera, como por ejemplo la batalla contra Talos en la Isla de Bronce, autómata colosal que es despertado de su letargo cuando Hércules (Nigel Green) roba un broche de un tesoro divino al que confunde con una jabalina, la captura con redes de esas dos temibles harpías, Aelo y Ocípete, que atormentaban a Fineo (Patrick Troughton), ciego de Frigia al que Zeus le dio el don de la profecía y luego castigó por abusar de él, aquel paso por las Simplégades o Rocas Coincidentes o Rocas de la Discordia con la ayuda de Tritón (Bill Gudgeon), hijo de Poseidón que evita la segunda destrucción del Argo -la primera fue cortesía de Talos- en medio de cataclismos geológicos observados por la siempre atenta Hera, y el desenlace en Cólquida, donde el Rey Aetes (Jack Gwillim) es avisado por Acasto (Gary Raymond), el vástago de Pelias y ex marino del Argo, de la intención de Jasón y los suyos de llevarse el vellocino, así pronto son ayudados a huir por Medea (Nancy Kovack), interés romántico del protagonista, hija de Aetes y sacerdotisa del Templo de Hécate que abandonaría Cólquida.

 

Desde los vaticinios del comienzo de un Hermes (Michael Gwynn) disfrazado del adivino oficial de Pelias, quien protege al Jasón infante en la carnicería de Tesalia y anticipa que el usurpador perderá el trono por obra de uno de los vástagos del jerarca derrocado, hasta las escaramuzas de las postrimerías del relato entre por un lado el personaje de ese malogrado Armstrong, el cual se suicidaría de un tiro en 1992 a los 55 años de edad luego de hacerse adicto a los analgésicos por una lesión accidental, y por el otro lado primero la Hidra de Lerna, monstruo con forma de serpiente policéfala que mata al pícaro de Acasto, y después siete esqueletos homicidas que son convocados por Aetes, a su vez víctimas de la Hidra que resurgen por gracia de la todopoderosa Hécate a partir de los dientes de la criatura, nuestra extraordinaria realización recupera de manera magistral la fábula del vellocino de oro, en sí el cráneo y la piel de un carnero dorado, en tanto utopía social o solución mágica a todos los males de una comunidad atravesada por pugnas y la clásica estratificación plutocrática, en el film un “peldaño previo” a la avanzada fuera de campo contra Pelias por parte de un Jasón que considera que el objeto es un regalo de los Dioses que puede curar, traer la paz y eliminar de inmediato las plagas y el hambre, especie de efigie aglutinante símil milagro que inspire al pueblo a desbancar al tirano y recuperar la riqueza y fortaleza de Tesalia. Harryhausen en esta oportunidad echa mano de una multitud de recursos varios como las esculturas, el humo, los mattes, los efectos ópticos, los fundidos, la animación tradicional, el maquillaje, aquella falsa perspectiva, las maquetas, las superposiciones, las prótesis, las miniaturas, unas coreografías de lucha en verdad maravillosas y desde ya el mentado stop motion, inmaculado arsenal de practical effects que no sólo superan a los horrendos CGIs de nuestros días y toda esa basura digital intercambiable sino que además construyen una experiencia arrolladora que incluso homologa a los Dioses del Olimpo con nosotros, los espectadores, entidades pasivas/ activas que se involucran apasionadamente en lo visto…

 

Jasón y los Argonautas (Jason and the Argonauts, Estados Unidos/ Reino Unido, 1963)

Dirección: Don Chaffey. Guión: Beverley Cross y Jan Read. Elenco: Todd Armstrong, Nancy Kovack, Gary Raymond, Laurence Naismith, Niall MacGinnis, Michael Gwynn, Douglas Wilmer, Jack Gwillim, Honor Blackman, Patrick Troughton. Producción: Charles H. Schneer y Ray Harryhausen. Duración: 104 minutos.

Puntaje: 10