El Intruso (The Intruder)

Los ecos de la reforma social

Por Martín Chiavarino

Un delegado de una organización racista llega a una pequeña ciudad del sur de Estados Unidos a principios de los años sesenta para incitar a los ciudadanos a oponerse activamente a la decisión judicial de permitir a diez chicos afroamericanos estudiar en la escuela pública, hasta ese momento predominantemente anglosajona. Así comienza El Intruso (The Intruder, 1962), también estrenada en su momento con los títulos de I Hate your Guts, Shame y The Stranger en Gran Bretaña, el único drama social dirigido por el icono del terror y hoy venerado Roger Corman.

 

Escrita por Charles Beaumont, uno de los mejores guionistas que colaboró en La Dimensión Desconocida (The Twilight Zone, 1959-1964), la serie de Rod Serling, en base a su novela homónima publicada en 1959, el film retrata los conflictos suscitados en el sur de Estados Unidos por la aplicación de los derechos civiles en una zona donde el racismo tenía y aún tiene raíces muy arraigadas. Adam Cramer (William Shatner) llega a una ciudad del sur de Estados Unidos, Caxton, para iniciar una campaña contra una decisión judicial que garantiza la integración racial, cuestión que pone a la defensiva a gran parte de la población anglosajona, educada para considerar a la población afroamericana como seres de escasa moral a los que hay que tratar con miedo y distancia, cuando no con desprecio y odio. Sin perder ni un minuto, Cramer comienza su campaña de encono intentando ganarse el favor de toda la ciudad con las típicas mentiras fascistas sobre conspiraciones internacionales que involucran altas dosis de antisemitismo y anticomunismo. La campaña de odio moviliza a los elementos más recalcitrantes de la conocida organización racista, el Ku Klux Klan, cuyas acciones pasan a ser llanos actos de terrorismo criminal, mientras Cramer se dedica a seducir adolescentes y mujeres casadas, situación que a la postre conducirá a su caída.

 

El guión de Charles Beaumont construye un sólido relato sobre la segregación y la toma de consciencia de un ciudadano, Tom McDaniel (Frank Maxwell), el jefe de redacción del periódico local, respecto de la inmoralidad de la situación, lo que conduce a que sea linchado en plena calle. Mientras que Tom recorre el sinuoso camino para encontrar en su nueva ideología una moral que lo libere de los condicionamientos segregacionistas, Cramer es una máquina de hacer relaciones públicas, lo que en un principio le genera aliados, como el terrateniente Verne Shipman (Robert Emhardt), y algunos amoríos, con Ella (Beverly Lunsford), la hija adolescente de Tom, y con la esposa de Sam Griffin (Leo Gordon), un vendedor ambulante, Vi (Jeanne Cooper). Cuando Vi se va del pueblo tras engañar a Sam con Cramer, Sam descubre lo sucedido y decide enfrentar las mentiras de Cramer para humillarlo, demostrándole que es un cobarde y una sabandija parlanchina. Cuando Cramer convence a Ella de simular un ataque sexual por parte de uno de los afroamericanos en la escuela con la excusa de salvar a su padre, en un intento desesperado por mantener el control de una situación que se le escapa de las manos, el outsider descubrirá que las pequeñas ciudades nunca le dan realmente una bienvenida a los arribistas que tratan de manipularlos con lisonjas que en realidad son insultos.

 

La historia de Beaumont alude a la famosa crisis de los nueve de Little Rock, uno de los acontecimientos más importantes en la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, ocurrido en 1957, en el que el Gobernador de Arkansas impidió entrar a nueve estudiantes afroamericanos a la escuela tras un fallo judicial en contra de la segregación, por lo que el presidente Dwight Eisenhower debió enviar una división militar para hacer acatar la decisión de la Corte a los arcaicos ciudadanos del estado del sur norteamericano. Beaumont retoma este evento para narrar cómo el inicio del fin de la segregación abría una grieta en una sociedad fracturada por conflictos sociales que durante los años sesenta aumentarán hasta el punto de ebullición general.

 

El Intruso es un film preciso y conciso, en el que cada diálogo tiene su razón de ser, la obra de un verdadero artesano de las palabras que desgraciadamente murió joven en la cumbre de su carrera, con dos novelas y una nutrida colección de cuentos y algunos excelentes guiones en su haber. Los juegos de cámara de Taylor Byars crean escenas sorprendentes con tomas desde lugares imprevistos que resaltan las palabras de Cramer y su ejercicio reaccionario de manipulación de masas. Un joven William Shatner compone a un sociópata imbuido en sus propias mentiras y su obsesión por manipular en una actuación muy convincente, también destacándose lo hecho por Frank Maxwell, Robert Emhardt, Beverly Lunsford, Leo Gordon y Jeanne Cooper.

 

Una de las cuestiones más inteligentes del guión de Beaumont es la estrategia de narrar la segregación desde ambas miradas, de la de los racistas y la de las víctimas de la segregación, especialmente retratando la opinión desinformada e ignorante de las personas comunes, que tan solo tienen sentencias absurdas basadas en su dudoso sentido común, ejemplos de las consecuencias de una situación de violencia esclavista perpetuada durante generaciones. El personaje de Cramer explota al máximo las contradicciones de este escenario con sus ficciones para alentar un clima de violencia que tendrá una conclusión inesperada para todos.

 

Cramer es el típico operador político carismático que busca generar violencia y caos para controlar y ejercer sus perversiones en unos ciudadanos confundidos ante las reformas sociales que rompen con sus anquilosadas tradiciones segregacionistas sin ningún sustento, las cuales por supuesto no saben explicar. Tan solo el personaje de Tom, compuesto maravillosamente por Maxwell, tiene un vago sentimiento que tampoco puede transmitir respecto de la inmoralidad de la segregación racial, por lo que asume la causa de los estudiantes como propia.

 

Charles Beaumont tiene una breve participación como el director del instituto educativo, que defiende al estudiante afroamericano cuando es acusado e increpado por la turba iracunda que lo quiere linchar con la excusa de llevarlo a la comisaria para ser procesado, una de las mejores escenas del film y parte de una conclusión que retrata lo peor y lo mejor de las intensas contradicciones sociales del sur de Estados Unidos.

 

Desgraciadamente la película fue un fracaso en su época y Roger Corman decidió no emprender nuevamente un drama social para dedicarse a construir una carrera envidiable que lo catapultó a la fama con la revalorización del terror, pero El Intruso es un ejemplo de la tradición del cine social norteamericano en su mejor expresión, con una exposición tan pedagógica como sutil de las prácticas perversas de los embusteros y de su ansia por ver el mundo en llamas.

 

El Intruso (The Intruder, Estados Unidos, 1962)

Dirección: Roger Corman. Guión: Charles Beaumont. Elenco: William Shatner, Frank Maxwell, Beverly Lunsford, Robert Emhardt, Leo Gordon, Charles Barnes, Charles Beaumont, Katherine Smith, George Clayton Johnson, William F. Nolan. Producción: Roger Corman. Duración: 83 minutos.

Puntaje: 8