Spider-Man: Un Nuevo Día (Spider-Man: Brand New Day)

Los inhibidores de Hollywood

Por Emiliano Fernández

Destin Daniel Cretton, de ascendencia japonesa y estadounidense, es el prototípico cineasta mercenario del nuevo milenio cuyo único objetivo es ir trepando en la escalera hasta llegar a la gran industria descerebrada de Hollywood, sin ningún interés en el trasfondo artístico de la profesión y con un nulo background de consumos culturales o sabiduría alguna. La mediocridad determinó todo su derrotero y como prueba de ello están esos tres dípticos ultra literales que además de pintar su falta de talento, ofician de peldaños sucesivos hacia su meta: del indie estereotipado de No soy un Hipster (I Am Not a Hipster, 2012) y Las Vidas de Grace (Short Term 12, 2013), esta última su mejor película, saltó al mainstream anodino hasta la médula de El Castillo de Cristal (The Glass Castle, 2017) y Buscando Justicia (Just Mercy, 2019), dos faenas con su actriz fetiche, Brie Larson, que funcionaron de preámbulo para su arribo al circo insulso de siempre de Marvel de la mano de las ya insoportables Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos (Shang-Chi and the Legend of the Ten Rings, 2021), bodrio dirigido al segmento asiático del mercado global, y Spider-Man: Un Nuevo Día (Spider-Man: Brand New Day, 2026), cuarta entrega protagonizada por Tom Holland como Peter Parker/ El Hombre Araña después de Spider-Man: De Regreso a Casa (Spider-Man: Homecoming, 2017), Spider-Man: Lejos de Casa (Spider-Man: Far From Home, 2019) y Spider-Man: Sin Camino a Casa (Spider-Man: No Way Home, 2021), obras dirigidas por ese Jon Watts ahora olímpicamente reemplazado por Cretton, como decíamos antes un canto a la impersonalidad más hilarante y banal del cine industrial contemporáneo.

 

El personaje de por sí es el más precario de la fauna de superhéroes y para colmo ha sido explotado hasta el hartazgo porque a las lecturas de Sam Raimi con Tobey Maguire y de Marc Webb con Andrew Garfield, ésta la única interesante, se le suman las apariciones de Holland en aquella chatarra cinematográfica de los hermanos Anthony y Joe Russo, léase Capitán América: Guerra Civil (Captain America: Civil War, 2016), Vengadores: Infinity War (Avengers: Infinity War, 2018) y Vengadores: Endgame (Avengers: Endgame, 2019), sin olvidarnos de una versión animada por demás pomposa con la voz de Shameik Moore como Miles Morales, sucesor de Parker en el traje del payaso arácnido. Spider-Man: Un Nuevo Día no hace nada para corregir la saturación o desmarcarse del pasado, más allá de cierto intento fallido en pos de llevar al protagonista hacia la adultez y de dejar atrás en gran medida el multiverso, la ridícula necesidad de ver 30 películas antes de “disfrutar” de otra de estas bostas de Marvel dedicadas al fan service y no a la narración cinematográfica. Como era de esperar, la trama no se decide entre -ni sabe combinar- la tristeza de Peter por la muerte de su tía, May (Marisa Tomei), su amor por la desmemoriada M.J. (Zendaya), la aparición de un villano psíquico que toma posesión de cualquier sujeto, Jean Grey (Sadie Sink), y por supuesto los cuasi cameos de Frank Castle/ Punisher (Jon Bernthal), Yelena Belova/ Viuda Negra (Florence Pugh) y Bruce Banner/ Hulk (Mark Ruffalo), además del jefazo de Departamento de Control de Daños, William Metzger (Tramell Tillman), quien secuestró y asesinó impunemente a la hermana mayor de Grey, Sarah (Olivia Booth-Ford).

 

Una vez más la odisea que nos ocupa resulta larguísima, aburrida, redundante, lela, insípida y llena de CGI, cámara lenta, chistecitos para subnormales y frases hechas de autopercibida importancia incrustadas en escenas tan pero tan anquilosadas o estériles que dan vergüenza ajena. De a poco, asimismo, queda en primer plano la legitimación discursiva permanente de Marvel del espionaje cibertecnológico a gran escala de los neofascistas/ neonazis de la vigilancia y el armamento modelo Peter Thiel, Elon Musk y Daniel Ek, entre otros, amén del chauvinismo incesante de yanquilandia más el conformismo político y la homologación implícita entre arte y entretenimiento para minusválidos mentales, el más bajo denominador de Hollywood. El film desparrama tiempos muertos que la van de desarrollo de personajes como si las criaturas en pantalla en algún momento trepasen por encima de lo esquemático patético, precisamente en línea con el infantilismo del mainstream más hueco preso de una perpetua espiral de pavadas. Nuevamente el “misterio” detrás de la historia, la retahíla de ataques de Grey contra el Departamento de Control de Daños en busca de su hermana, por cierto utilizada por Metzger como conejillo de Indias, está manejado con suma torpeza y un sustrato burdo doloroso, hoy con el latiguillo retórico de la “telaraña orgánica” de Parker, a raíz de su ADN mutante dominando a la parte humana, en tanto signo de madurez por lo menos en su acepción correspondiente al Siglo XXI, es decir acercando al veinteañero a una violencia y una enorme confusión que pretenden pasar por naturales cuando en realidad se parecen bastante a la imbecilidad del grueso de los adultos y/ o jóvenes de nuestros días.

 

El latiguillo de la manipulación emocional, sobre todo de la mano de Jean haciéndose pasar por M.J., no está mal pero el recurso se sobreexplota desde la óptica del melodrama barato, del mismo modo que la autonostalgia ad infinitum nos embarra en el rostro las apariciones innecesarias de secundarios que le quitan protagonismo al propio Parker, nos referimos a los citados Hulk, Punisher y Viuda Negra, los dos primeros de corte paternal y la tercera con pretensiones irónicas o algo así. Siempre que Marvel parece que va a decir algo valioso sobre lo que sea, izquierda o derecha, eventualmente termina banalizándolo todo desde su mediocridad, claramente amiga del gigantismo, la repetición, el sentimentalismo naif y las escenas de acción eternas como correlatos del conservadurismo ideológico y formal símil producto de una góndola de un supermercado o publicidad craneada por los oligofrénicos del marketing capitalista. Las posibilidades que ofrecía la premisa de base, los dos bandos en lucha con poderes de control mental como aquellos de Scanners (1981) y Videodrome (1983), ambas joyas de David Cronenberg, aquí se convierte en otra idiotez sin un gramo de novedad o imaginación y con la parafernalia -también desperdiciada- de los X-Men. Las sobreexplicaciones del último acto molestan tanto como el poco o nulo aprovechamiento de un par de ideas amenas, los inhibidores de poderes de Parker y el combate entre lo artificial y la mutación arácnida en su anatomía, todo gracias al uso de la misma plantilla inofensiva, caótica y remanida para cada uno de estos eslabones de una cadena de basura comparable al cristianismo de La Cabaña (The Shack, 2017), un guión de Cretton para Stuart Hazeldine…

 

Spider-Man: Un Nuevo Día (Spider-Man: Brand New Day, Estados Unidos/ Canadá/ Reino Unido/ Alemania, 2026)

Dirección: Destin Daniel Cretton. Guión: Chris McKenna y Erik Sommers. Elenco: Tom Holland, Zendaya, Sadie Sink, Mark Ruffalo, Jon Bernthal, Florence Pugh, Tramell Tillman, Marisa Tomei, Olivia Booth-Ford, Jacob Batalon. Producción: Kevin Feige, Amy Pascal, Rachel O’Connor y Avi Arad. Duración: 145 minutos.

Puntaje: 1