El Juicio de los 7 de Chicago (The Trial of the Chicago 7)

Los inicios de la radicalización

Por Martín Chiavarino

El Juicio de los 7 de Chicago (The Trial of the Chicago 7, 2020) marca el regreso a la dirección del conocido guionista Aaron Sorkin, quien había debutado en el rol con Apuesta Maestra (Molly’s Game, 2017), el film basado en las memorias de la esquiadora olímpica devenida organizadora de eventos exclusivos de apuestas, Molly Bloom. El último film del guionista de Cuestión de Honor (A Few Good Men, 1992), Mi Querido Presidente (The American President, 1995), Red Social (The Social Network, 2010), El Juego de la Fortuna (Moneyball, 2011) y Steve Jobs (2015) narra el proceso judicial llevado a cabo por la fiscalía contra algunos de los principales líderes de la izquierda radical norteamericana de fines de la década del sesenta durante el año 1969 bajo diversas acusaciones de conspiración e incitación a la violencia con la finalidad de cortar de raíz la rebelión social que se vivía en Estados Unidos, un espíritu revolucionario que se replicaba en muchos otros países.

 

El Juicio de los 7 de Chicago se centra en la construcción del pensamiento de los principales protagonistas, políticos y activistas jóvenes que proponían una revolución cultural como Abbie Hoffman y Jerry Rubin, dos personajes que tendrían un gran protagonismo en el movimiento de protesta antibélico de la década del setenta y encararían carreras completamente diversas, y políticos que comenzaban su trayectoria como Tom Hayden y Bobby Seale, que también tendrían gran influencia en la escena norteamericana de los últimos cincuenta años.

 

La película recrea las distintas instancias del extenso juicio que el Estado emprendió contra Abbie Hoffman y Jerry Rubin, fundadores del Partido Internacional de la Juventud (Youth International Party), más conocidos como Yippies, David Dellinger, un líder pacifista, Tom Hayden y Rennie Davis, dos de los líderes de la SDS, Estudiantes para una Sociedad Democrática (Students for a Democratic Society), los activistas anti guerra John Froines y Lee Weiner, y el líder y cofundador del Partido de las Panteras Negras (Black Panther Party), Bobby Seale, acusados de conspiración para incitar a la violencia durante la Convención Nacional Demócrata de 1968 en Chicago, reunión partidaria que nombró candidato a presidente al entonces vicepresidente Hubert H. Humphrey, un político que proponía una línea dura sobre la Guerra de Vietnam acorde con la del presidente Lyndon Johnson y paradójicamente cercana a la del candidato republicano Richard Nixon, que finalmente ganaría las elecciones. Las ideas de Humphrey eran además diametralmente opuestas a las de muchos liberales progresistas demócratas que proponían una campaña antiguerra, esta situación fomentó la necesidad de muchas organizaciones políticas de manifestarse ante las ideas que se imponían en el establishment político de ambos partidos dominantes.

 

El juicio marca muchas de las contradicciones que se vivían en la época en Estados Unidos y fue un punto de inflexión para la radicalización de muchas de las organizaciones políticas que el escritor del nuevo periodismo Tom Wolfe retrató en su crónica La Izquierda Exquisita (Radical Chic, 1970). Durante el juicio, el presidente del Partido de las Panteras Negras en Illinois, Fred Hampton, que asesoraba a Bobby Seale, fue ejecutado mientras dormía por el FBI (Federal Bureau of Investigation), que funcionó aquí como una organización parapolicial como la Gestapo nazi. Meses antes de la convención y en medio de la campaña de los candidatos, el líder del movimiento por los derechos civiles, el ministro Martin Luther King, un activista pacifista que proponía la desobediencia civil como modo de protesta, había sido asesinado en Memphis, Tennessee, y un par de meses antes de la Convención el principal candidato demócrata, el senador Robert Kennedy, hermano de John Fitzgerald Kennedy, también había sido asesinado en Los Ángeles después de haber ganado las primarias de California. La Convención Demócrata se había convertido para la izquierda radical en una plataforma para hacer escuchar sus ideas antibélicas en una época marcada por la efervescencia revolucionaria a nivel mundial y la enorme violencia por parte de la derecha, la cual veía amenazados sus privilegios y estaba dispuesta a combatir con cualquier método.

 

El regreso de la derecha republicana dirigida por Richard Nixon marcó para Estados Unidos un ensanchamiento de la grieta entre el país conservador, racista, belicoso y violento y los ideales progresistas de una juventud que veía como su país se adentraba cada vez más en una guerra absurda e injusta en Vietnam para defender a una dictadura fascista al otro lado del mundo bajo un pretexto ridículo y un episodio de agresión falso. El asesinato de ambos hermanos John y Robert Kennedy, de los líderes de los derechos civiles Malcolm X y Martin Luther King, y de dirigentes del Partido de las Panteras Negras como Fred Hampton o Bobby Hutton son expresiones de la radicalización de esta derecha de carácter fascista y antidemocrática que viraba cada vez más hacia políticas autoritarias a ambos lados del bipartidismo norteamericano. No es de extrañar que en estas circunstancias surgieran organizaciones como The Weather Underground, una facción radicalizada de la SDS (Students for a Democratic Society), donde militaban Rennie Davis y Tom Hayden, que orbitó en la vida norteamericana durante toda la década del setenta.

 

La manifestación de la izquierda radical en Chicago fue un intento de estos movimientos de irrumpir en la política y hacer escuchar sus ideas en un clima de carnaval que tuvo performances de bandas como MC5, músicos folcloristas como Phil Ochs y Arlo Guthrie, el hijo del legendario Woody Guthrie, de poetas como Allen Ginsberg, y la presencia de escritores como Norman Mailer y defensores de las drogas lisérgicas como Timothy Leary, y hasta discursos de activistas por los derechos civiles como el del reverendo Jesse Jackson, todos parte de este movimiento cultural gestado en la década del sesenta que proponía una expansión de la conciencia, cambios políticos y económicos en la distribución de la riqueza y reformulaciones políticas y culturales en cuestiones como la ecología y el feminismo, entre algunas de las más importantes. De hecho algunos de estos personajes fueron testigos en el juicio, aunque en la película su participación se vea minimizada.

 

Las manifestaciones y el juicio serían un antes y un después para la izquierda radical, un final para el intento de muchos jóvenes de insertarse en la política partidaria democrática, una culminación de las ideas inocentes de la década del sesenta y un amanecer para la década del setenta, época de ataques terroristas, crisis, inflación, ruptura de los contratos sociales, fin de la Guerra de Vietnam y transformaciones sociales, políticas y económicas que cambiarían el paisaje norteamericano.

 

El film de Sorkin no busca abarcar toda la historia del juicio y de las manifestaciones sino centrarse en los puntos más importantes del proceso y dejar el resto a la investigación personal en una obra convencional pero de gran ritmo, basada en diálogos y discursos de los histriónicos protagonistas. Interpretada por Eddie Redmayne, Sacha Baron Cohen, Jeremy Strong, Mark Rylance, Joseph Gordon-Levitt, Frank Langella, John Carroll Lynch, Alex Sharp, Yahya Abdul-Mateen II, Ben Shenkman, Noah Robbins, Danny Flaherty y Michael Keaton, el opus de Sorkin se apoya en la capacidad actoral de este elenco espectacular para la construcción de las escenas y la reconstrucción de los sucesos que oscilan entre el juicio en sí, las manifestaciones ocurridas en Chicago, la provocación policial y la conspiración gubernamental del Fiscal General para encarcelar a los ocho líderes de la izquierda radical, que en el imaginario popular se convertirían en siete después de que el juicio contra Bobby Seale sea declarado nulo a petición del fiscal y los abogados defensores tras una violación de los derechos civiles contra el acusado por parte del ominoso juez Julius Hoffman en respuesta contra los consistentes desacatos de Seale.

 

Así como los desmanes durante la convención y las provocaciones policiales instigadas por el alcalde demócrata Richard Daley pero imputadas a los manifestantes, tachados de radicales, drogadictos, promiscuos y amantes de la música fuerte, escandalizaron a la sociedad convencional estadounidense que había votado por los demócratas años antes, lo que permitió que Nixon acceda a su primera presidencia ante el caos y la subversión de los supuestos valores tradicionales norteamericanos, literalmente el juicio de los Siete de Chicago generó exactamente lo contrario a lo que el Fiscal John Mitchell buscaba, que era descabezar el movimiento de izquierda, ya que no solo tras una primera condena los acusados fueron absueltos en la apelación sino que además el juicio les otorgó a los acusados una plataforma para expresar sus ideas a nivel nacional.

 

Algunas escenas son realmente excelentes como la discusión sobre la revolución que ambos buscan entre Abbie Hoffman y Tom Hayden, interpretados por Sacha Baron Cohen y Eddie Redmayne, o el amordazamiento de Bobby Seale durante el juicio, personaje caracterizado de forma brillante por Yahya Abdul-Mateen II. Michael Keaton realiza un gran papel como el anterior Fiscal General, Ramsey Clark, y Joseph Gordon-Levitt y Mark Rylance tienen dos importantes papeles muy bien interpretados como fiscal del caso y abogado defensor, respectivamente. La labor de edición del experimentado Alan Baumgarten, responsable de films como Escándalo Americano (American Hustle, 2013), de David Russell, y Trumbo (2015), de Jay Roach, es muy buena y logra combinar con gran acierto las escenas del juicio con los flashbacks de la manifestación y los agregados documentales que resaltan el efecto realista que Sorkin busca.

 

La película se enmarca en una actualidad que tiene ciertas similitudes con la época retratada, como la brutalidad policial, los asesinatos, un presidente demente con nulos intereses republicanos y una sociedad dividida, pero también muchas diferencias, dado que el mundo hoy se debate entre una sensación de desesperanza ante el futuro que contrasta con la algarabía de la década del sesenta, unas desocupación y precarización laboral crecientes que difieren del pleno empleo y la sindicalización de la sociedad industrial anterior a la Crisis del Petróleo, y una pauperización y concentración cultural y económica global de una sociedad mundializada preocupada por un consumo de basura pasteurizada y desechable.

 

En El Juicio de los 7 de Chicago, Aaron Sorkin logra construir otra metáfora sobre el poder que interpela a la comunidad sobre sus sueños perdidos, las esperanzas de una generación que se mantienen intactas pero que no logran vislumbrar una nueva utopía o una nueva arcadia a la cual aspirar para decidirse a romper con una sociedad injusta que solo genera cada vez más desigualdad y más pobreza.

 

El Juicio de los 7 de Chicago (The Trial of the Chicago 7, Estados Unidos/ Reino Unido/ India, 2020)

Dirección y Guión: Aaron Sorkin. Elenco: Eddie Redmayne, Alex Sharp, Sacha Baron Cohen, Jeremy Strong, John Carroll Lynch, Yahya Abdul-Mateen II, Mark Rylance, Joseph Gordon-Levitt, Frank Langella, Michael Keaton. Producción: Tyler Thompson, Marc Platt, Matt Jackson y Stuart M. Besser. Duración: 129 minutos.

Puntaje: 8