Con un gran elenco pero definitivamente inferior al de Entre Navajas y Secretos (Knives Out, 2019), el realizador estadounidense Rian Johnson, responsable de películas como Brick (2005) y Looper (2012), regresa a las intrigas que se ciernen alrededor del personaje de Benoit Blanc, el detective interpretado por Daniel Craig, para ofrecer otra historia de pistas y misterios con grandes similitudes a las novelas de la escritora británica Agatha Christie y su icónico personaje, el detective Hércules Poirot.
El éxito de Entre Navajas y Secretos, un film con altibajos pero que redondeaba una propuesta interesante y refrescante, fue el catalizador del nacimiento de Glass Onion (2022), película sin relación argumental con su predecesora al igual que las novelas de Christie en las que se inspira, nuevamente escrita y dirigida por Johnson, un director tan alabado por sus admiradores como criticado por sus detractores, especialmente después de su polémico paso por la última trilogía de la saga de Star Wars, Star Wars: Los Últimos Jedi (Star Wars: Episode VIII – The Last Jedi, 2017).
La nueva propuesta de Johnson se centra en la moda del cine de criticar a los nuevos millonarios con el mismo tipo de parodia que los aristócratas utilizaban contra la burguesía en los siglos pasados, o que cualquier grupo que se supone espiritualmente superior le propina a la nueva clase que emerge triunfante de las nuevas condiciones de producción. Aquí un grupo heteróclito de pequeños burgueses es invitado a una isla griega por uno de esos típicos billonarios de la industria de la tecnología para jugar un juego de pistas estilo Clue que se inicia con la charada de su muerte. Edward Norton interpreta a Miles Bron, el susodicho empresario, que tiene a su grupo de amigos bastante aterrorizado debido a que todos dependen directa o indirectamente de los fondos de su compañía, Alpha. Entre este grupo destaca la presencia de Andi Brand (Janelle Monáe), la ex socia de Bron expulsada de la empresa a través de una jugarreta legal, y del detective Benoit Blanc (Craig), un invitado inesperado que rápidamente rompe la magia del encuentro de amigos y socios.
Como es usual en este tipo de films, nada es lo que parece y a mitad de la película el espectador descubre que hay una historia desconocida que subyace en el relato y que involucra a todos los personajes, que tienen motivos para odiar o proteger a Bron, un típico trepador de clase media alta devenido sociópata con poder gracias a las visibles leyes del mercado.
El título del film se inspira en la canción homónima de la banda británica The Beatles, escrita por John Lennon y Paul McCartney y editada en el icónico White Album (1968), pero en realidad refiere a algo oculto a plena vista y en el lunfardo británico se utiliza para nombrar al monóculo, usado usualmente por los coleccionistas y joyeros para ver de cerca si una pieza es auténtica o no. En la película Bron efectivamente ha construido una torre de cristal con forma de cebolla en su apartada isla griega, una patética demostración de los caprichos de los millonarios que la película señala para caricaturizar al personaje interpretado por Norton.
Desde ya que la historia no es muy original y los chistes muchas veces son redundantes, los personajes demasiado anodinos y bobos y tan solo el viraje de la trama cambia apenas la perspectiva, ofreciendo un renovado interés que va decayendo a medida que avanza el relato hacia un final tan previsible como insulso, producto de la falta de imaginación de la actualidad, que si se lo compara con la premisa y el desarrollo de pistas y engaños narrativos de films como Sleuth (1972), dirigido por Joseph Mankiewicz y escrito por Anthony Shaffer, o incluso de la primera entrega de esta saga, sale muy mal parado.
La exageración llega a niveles grotescos en los que lo cómico se convierte en ridículo y poco creíble, dejando en claro que con esta segunda entrega el personaje de Benoit Blanc, al igual que las intrigas de Johnson, están agotadas, por lo que debe recurrir a la repetición constante de gags para que la película no se venga abajo, dada la pobreza de la historia y su desarrollo.
El elenco encabezado por Daniel Craig y Edward Norton no se luce, es por momentos demasiado impostado, mientras que Jessica Henwick está completamente desaprovechada, Kate Hudson se destaca con un papel muy histriónico, Madelyn Cline y Dave Bautista tienen algunos momentos interesantes y Kathryn Hahn y Leslie Odom parecen fuera de lugar. Hugh Grant y Ethan Hawke tienen una breve y olvidable aparición mientras que las escenas de Serena Williams y Jackie Hoffmann ofrecen los mejores momentos de una película que remite a juegos de pistas hasta su desenlace.
Los diálogos de Glass Onion no son tan perspicaces y graciosos como Rian Johnson cree, los personajes no son muy creíbles y la trama deja mucho que desear, pero aun así la película tiene sus buenos momentos, algunos chistes eficaces que se repiten excesivamente, algo de suspenso, un comienzo que augura buenos presagios que no se cumplen y un ataque certero a las ambiciones desmesuradas de los nuevos ricos, que siempre buscan encontrar una idea que los acerque al éxito comercial, convirtiendo a sus amigos en socios lacayos o chivos expiatorios de sus desastres. Aquí Johnson configura en principio lo que parece una buena propuesta, que el mismo traiciona inexplicable y fabulosamente con esa manía actual socarrona de reírse de todo, incluso cuando el relato necesita a todas luces de un tono un poco menos desmesurado en la comicidad. La película es así una obra amena, pasatista y olvidable que entretiene sin pedir ni ofrecer nada más a cambio, como la mayoría de los productos descartables de este nuevo capitalismo de lo fútil.
Glass Onion (Estados Unidos, 2022)
Dirección y Guión: Rian Johnson. Elenco: Daniel Craig, Edward Norton, Janelle Monáe, Kathryn Hahn, Leslie Odom Jr., Kate Hudson, Dave Bautista, Joseph Gordon-Levitt, Hugh Grant, Ethan Hawke. Producción: Rian Johnson y Ram Bergman. Duración: 139 minutos.