Mickey 17

Los mansos heredarán la tierra

Por Emiliano Fernández

El caso de Bong Joon-ho, gran cineasta surcoreano de 55 años, sinceramente equivale a un milagro del séptimo arte contemporáneo porque en una época en la que la enorme mayoría de sus colegas derrapan en movidas nostálgicas, entretenimiento basura y una vacuidad ideológica y retórica exasperante, el señor que nos ocupa en cambio maneja a la perfección el pastiche posmoderno, tradición que en términos históricos en el cine de Asia es un poco más antigua, no sólo porque salta con comodidad e intrepidez entre género y género a lo largo del relato e incluso dentro de una misma escena, como se suele decir, sino también debido a que utiliza el artilugio esquizofrénico formal al servicio de un mensaje concreto y siempre coherente, en este sentido tranquilamente podemos afirmar que Bong es uno de los mejores satiristas sociales del Siglo XXI -por momentos el único en lo que a la industria audiovisual globalizada se refiere- ya que su breve pero poderosa filmografía gira alrededor de obsesiones del otrora cine testimonial hoy cuasi desaparecido, en especial la pobreza y apatía cortesía del capitalismo, toda esa incompetencia, estupidez y/ o corrupción de las autoridades, el consabido régimen de explotación laboral, la cosificación de la vida por parte del empresariado y la alta burguesía, la existencia mísera de estos esclavos modernos, el imperialismo como una estructura de despojo y de dominación geopolítica, los embates represivos reglamentarios, la desarticulación de la solidaridad urbana y por supuesto el sadismo, la enajenación, las mentiras y la soledad que se expanden por las sociedades post industriales o adeptas a la especulación financiera y comunicacional. Ya sea que hablemos del thriller, la ciencia ficción, la comedia negra, el terror o el drama familiar, Bong una y otra vez construye la trama en torno a una parodia sociopolítica astuta desde una izquierda fundada en sus estudios de sociología y en experiencias personales como por ejemplo el haber pasado por el servicio militar obligatorio de Corea del Sur, dos años de por medio, el haber sobrevivido a una década de salarios de hambre durante su génesis en el mainstream cinematográfico, ganando apenas lo suficiente para comprar arroz, y el haber participado en la protesta de 1987 en pos de la democracia, manifestaciones en las que sufrió la represión de la policía -y su apego para con los gases lacrimógenos- hasta que dicha rebelión popular devino en el colapso de la dictadura de Chun Doo-hwan (1980–1988), a su vez el heredero del tirano castrense anterior amigo de Estados Unidos, aquel Park Chung-hee (1961-1979).

 

Su última realización, Mickey 17 (2025), es una nueva maravilla que pone en vergüenza a prácticamente todos los directores y guionistas del Siglo XXI porque cuenta con muchas capas discursivas en función de una riqueza que en el ámbito cultural se ha transformado en rara avis desde por lo menos la etapa final de la centuria pasada, aquí adaptando una novela de ciencia ficción del escritor estadounidense Edward Ashton, Mickey 7 (2022), de la que recupera la idea principal y modifica a gusto todos los pormenores. Mickey Barnes (Robert Pattinson) es un sujeto bienintencionado pero zonzo que termina con una deuda impagable por seguir el sueño de un amigo, Timo (Steven Yeun), cuyo emprendimiento gastronómico se va a pique y por ello el “financista” en cuestión, Darius Blank (Ian Hanmore), pretende desmembrarlos y registrar todo el asunto con una cámara para su regocijo macabro símil cine snuff. Desesperados y sin recurso alguno, optan por huir del Planeta Tierra cuando aparece la posibilidad de sumarse a una expedición colonizadora que se propone llegar a Nilfheim, astro ubicado a cuatro años y medio de viaje desde nuestro hogar celeste. Timo, precisamente un estafador nato que se sirve continuamente de su entorno para sobrevivir y sacar la mejor tajada posible, es reclutado de inmediato como piloto aunque el pobre de Mickey, entre la ingenuidad y las deficiencias educativas/ cognitivas, no tiene tanta suerte al postularse para una tarea sin ningún otro candidato, eso de ser un “prescindible”, en esencia ofreciendo su cuerpo para generar sucesivos clones que morirán haciendo las faenas más riesgosas de la expedición, las homologadas al suicidio. Mientras la nave con aires de arca queda a cargo de un político fracasado, cínico y ególatra, Kenneth Marshall (Mark Ruffalo), a su vez controlado por su esposa, Ylfa (Toni Collette), una arpía fanática de las salsas, Barnes desarrolla una relación romántica con una suerte de guardia de seguridad, la hilarante Nasha (Naomi Ackie), y se la pasa falleciendo y renaciendo mediante otro cuerpo idéntico que los científicos producen con una gigantesca impresora, luego inyectándole sus recuerdos y toda su personalidad directamente en el cerebro. Al llegar a Nilfheim, planeta gélido e inhóspito, lo utilizan de conejillo de indias para crear una vacuna contra un agente patógeno y con el tiempo lo dan por muerto durante una misión en la que debía capturar un ejemplar de la única criatura autóctona, una cruza entre babosa, gusano y caracol, animal que resulta ser inteligente y que en vez de comerse a Mickey lo salva sin meditarlo mucho.

 

Entregándonos un exquisito relato que de hecho arranca in medias res, con el protagonista del título, el 17 porque detrás hay 16 cadáveres martirizados, cayendo en una grieta rocosa entre la nieve y siendo abandonado por Timo para ser devorado por los “no monstruos” del lugar, todo fruto de la infaltable paranoia de los seres humanos y su tendencia a considerar peligroso a lo diferente al extremo de escapar o destilar agresividad gratuita a borbotones, Bong hoy divide el periplo narrativo en tres vertientes, la primera centrada en esa farsa de enredos y/ o semi screwball comedy que surge cuando Mickey es salvado por las criaturas y regresa a la colonia para descubrir que su versión número 18 pretende intimar con Nasha, una ninfómana que experimenta con las posiciones sexuales y siente celos ante otra mujer interesada en Barnes, Kai (Anamaria Vartolomei), la segunda volcada a la sátira política antifascista a lo Paul Verhoeven y Terry Gilliam gracias a la megalomanía de Marshall y su esposa, dos dictadores neoliberales, mitómanos y oscurantistas -en sintonía con Donald Trump y Javier Milei, entre otras mierdas del nuevo milenio- que se entretienen creando armas y carne sintética o planificando el futuro de la colonia desde la eugenesia más racista o neonazi, y la tercera consagrada a la fantasía antropológica a través del vínculo con lo que la lacra cleptocrática en el poder llama “alienígenas” cuando los verdaderos visitantes son los bípedos, nos referimos a las criaturas locales, quienes reaccionan con espanto cuando el aparato de represión de Marshall acribilla a una cría y secuestra a otro bebé de los suyos, al que para colmo Ylfa le corta la cola para hacer un batido con destino de salsa. Más allá de la clásica lucha contracultural del surcoreano, aquí tomando la forma del calvario tácito de nuestro Mickey 17 a manos de Kenneth pero también de Timo, reconvertido en traficante de drogas, Blank, un psicópata que rastrea y amenaza a sus deudores, e incluso Nasha y Kai, dos ninfas que manipulan a los machos duplicados y se pelean por ellos, buena parte de la película explora el conflicto entre las dos facetas del personaje de Pattinson, léase la enérgica y pragmática de Mickey 18, iteración que no acepta los abusos con pasividad y se obsesiona con asesinar a Marshall para terminar con su proyecto despótico, y la apacible o humanista de Mickey 17, en este sentido el film parece citar la Biblia en aquello de que “los mansos heredarán la tierra” ya que la agresividad casi siempre termina en inmolación y son los sosegados, el prescindible naif y la fauna pícara de Nilfheim, aquellos que sobreviven.

 

Bong, como aseverábamos con anterioridad un autor meticuloso o concienzudo que regresa sin cesar a sus fetiches conceptuales, sabe recuperar pivotes de sus joyas previas como la angustia y la ridiculez de Perro que Ladra no Muerde (Flandersui Gae, 2000), la torpeza institucional de Memorias de un Asesino (Salinui Chueok, 2003), el grotesco generalizado de El Huésped (Gwoemul, 2006), la desesperación en el ámbito privado de Madre (Madeo, 2009), la estratificación social y crueldad burguesa de Rompenieves (Snowpiercer, 2013), la militancia anticapitalista de Okja (2017) y las injusticias y miserias laborales de Parásitos (Gisaengchung, 2019), amén del ensimismamiento posmoderno modelo Sacudiendo Tokio (Shaking Tokyo), segmento del señor del film colectivo ¡Tokio! (Tokyo!, 2008), codirigido junto a los franceses Michel Gondry y Leos Carax. La película utiliza el latiguillo de los clones/ réplicas/ doppelgängers de El Gran Truco (The Prestige, 2006), de Christopher Nolan, En la Luna (Moon, 2009), de Duncan Jones, Nunca me Abandones (Never Let Me Go, 2010), de Mark Romanek, Oblivion: El Tiempo del Olvido (Oblivion, 2013), de Joseph Kosinski, Elizabeth Harvest (2018), del venezolano Sebastián Gutiérrez, Nosotros (Us, 2019), de Jordan Peele, Oxígeno (Oxygène, 2021), de Alexandre Aja, Dual (2022), de Riley Stearns, Piscina Infinita (Infinity Pool, 2023), de Brandon Cronenberg, y El Clon de Tyrone (They Cloned Tyrone, 2023), de Juel Taylor, entre otros opus recientes, para contraponer la izquierda masoquista e idealista de Mickey 17, quien arrastra un sentimiento ambiguo de culpa por el óbito de su madre en un accidente automovilístico, con la izquierda aguerrida y terrorista de Mickey 18, un marxista espiritual que anhela cargarse al payaso derechoso de Kenneth incluso a costa de su propia vida, ejemplos de dos posturas complementarias para eventualmente llegar a un gobierno de la razón y la praxis, ese del final bajo el liderazgo de Nasha, la solución negociada. El británico Pattinson, bien acompañado por la caricatura de Ruffalo, la eficacia de Yeun y el brillante tono medio interpretativo de Ackie, Collette y Vartolomei, aquí ratifica que es uno de los mejores actores del mainstream de nuestros días porque logra inyectarle vulnerabilidad a sus dos personajes, etiquetados como “múltiples” en el universo ficcional y destinados a ser ejecutados según la hipocresía de esta humanidad del futuro semejante a la del Siglo XXI, por ello está prohibida la existencia en simultáneo de más de un duplicado y se permite la clonación sólo en el espacio o los planetas lejanos…

 

Mickey 17 (Corea del Sur/ Estados Unidos, 2025)

Dirección y Guión: Bong Joon-ho. Elenco: Robert Pattinson, Naomi Ackie, Steven Yeun, Mark Ruffalo, Toni Collette, Anamaria Vartolomei, Holliday Grainger, Thomas Turgoose, Angus Imrie, Ian Hanmore. Producción: Bong Joon-ho, Jeremy Kleiner, Dede Gardner y Dooho Choi. Duración: 137 minutos.

Puntaje: 10