Aniversario (Anniversary)

Los neonazis en la familia

Por Emiliano Fernández

El realizador polaco Jan Komasa es uno de los pocos cineastas del Siglo XXI que siempre sorprende proyecto tras proyecto porque su idea pasa en simultáneo por provocar y analizar el tiempo que nos toca vivir desde diferentes ángulos y a veces utilizando períodos previos como referencia, pensemos en las cuatro estupendas películas con las que se hizo conocido, Suicide Room (Sala Samobójców, 2011), retrato de la depresión y la dependencia on line en la adolescencia, Varsovia 44 (Miasto 44, 2014), análisis estrambótico del Alzamiento de Varsovia de agosto-octubre de 1944, Corpus Christi (Boze Cialo, 2019), parábola sobre la redención cristiana más visceral e insólita, y Hater (Sala Samobójców: Hejter, 2020), spin-off casi completamente autónomo de Suicide Room centrado en la psicopatía corporativa, política y comunicacional vía las mentadas granjas de trolls. La nueva película de Komasa, Aniversario (Anniversary, 2025), su primera odisea rodada en inglés si no contamos la aún inédita Buen Chico (Good Boy, 2025), no se queda atrás y se mete de manera explícita con la polarización ideológica del nuevo milenio y en concreto los intentos de consolidación de una nueva derecha que ya muestra signos de crisis y por ello mismo acelera cada uno de los cambios fascistoides, oscurantistas y neoliberales propuestos, todos contraproducentes y ya largamente descartados a escala doctrinaria pero también pragmática/ mundana, para no dar posibilidad de reacción a sus adversarios políticos y terminar de tomar por asalto el Estado del país de turno, gran botín que obsesiona a esta mafia neonazi con ramas empresariales, castrenses, financieras, digitales y mediáticas payasescas que suelen coordinar esfuerzos para ganarse al electorado más oligofrénico y resentido, experto en promediar hacia abajo.

 

La trama escrita por la guionista debutante Lori Rosene-Gambino, a partir de una historia concebida por Komasa y la susodicha, gira alrededor de cinco encuentros/ situaciones de una familia encabezada por Ellen (Diane Lane, asimismo productora ejecutiva), profesora de izquierda de la Universidad de Georgetown, en Washington D.C., y Paul Taylor (Kyle Chandler), chef y dueño de un restaurant muy renombrado, matrimonio de clase alta que tiene cuatro hijos, Birdie (Mckenna Grace), una adolescente que sueña con transformarse en viróloga, Cynthia (Zoey Deutch), una abogada ambientalista como su esposo Rob (Daryl McCormack), Anna (Madeline Brewer), una lesbiana y comediante de stand up, y Josh (Dylan O’Brien), un novelista fracasado de ciencia ficción que encontró nuevo propósito al acoplarse al proyecto neofascista de su “noviecita”, Elizabeth Nettles (Phoebe Dynevor), ex estudiante de Ellen que años atrás se apareció con una tesis titulada El Cambio: Nacimiento de una Nueva Nación (The Change: Birth of a New Nation), un ensayo antidemocrático que abogaba por un sistema de un único partido bajo la excusa de garantizar la unidad del país. El primer encuentro del clan Taylor es de hecho el aniversario número 25 del matrimonio, el segundo se da dos años luego durante el Día de Acción de Gracias, el tercero tiene que ver con el cumpleaños de Paul, el cuarto también se produce un año después y abarca un censo estatal represivo y el quinto, otros doce meses más tarde, cubre el 30 aniversario de la pareja, ya con la hecatombe familiar muy avanzada porque Josh y Elizabeth encabezan un movimiento social que toma el poder con el financiamiento de un conglomerado capitalista, Cumberland Company, que forma gobierno sirviéndose de mentiras y un acoso sistemático.

 

El film trabaja muy bien el dominó de acontecimientos que enmarcan el surgimiento de la dictadura en cuestión ya que aquí todo el tiempo lo privado se confunde con lo público, en consonancia con la frontera cada vez más angosta o semi inexistente entre ambas regiones en este Siglo XXI: Elizabeth en el primer aniversario le regala a Ellen una copia de El Cambio: El Nuevo Contrato Social (The Change: The New Social Contract), libro que no es más que una ampliación de la tesis rechazada por la docente a raíz de su sustrato ultra totalitario, así las cosas aquellas páginas dementes mutan en bestseller gracias al apoyo de Cumberland y para colmo Nettles solidifica su lugar en la parentela al parir gemelos, sin embargo el que se vuelve arrogante y de a poco desarrolla un comportamiento psicopático en serio es Josh, llegando a amenazar al novio púber y periodista de Birdie, Moses (Sky Yang), y a pretender sobornar a su progenitor -cubriendo las pérdidas del restaurant- para que revele la localización de Anna, quien tuvo que pasar a la clandestinidad luego de recibir una paliza en el contexto de un show en el que se burló de la nueva sociedad que surgió bajo los parámetros filofascistas del llamado Cambio, polvorín al que se agrega el despido de Ellen de la universidad, la radicalización política de izquierda de Birdie y la ruptura romántica de Cynthia porque se hace un aborto sin consultar con su marido, lo que la lleva a la depresión, la dependencia a los somníferos y el detalle de encerrarse en la casa de sus padres sin contacto con nadie. Luego de ser obligada a unirse al Cambio durante el censo para evitar que Birdie termine presa por osar protestar contra el gobierno, Ellen atestigua la destrucción de lo que queda de su familia en ocasión de la “celebración” del 30 aniversario.

 

Más allá del latiguillo retórico vinculado al ascenso de un régimen absolutista visto a través del caleidoscopio de un clan cuyo esquema de poder se ve reconfigurado con cada peldaño, la película hace un uso magistral de la tensión, algo paradigmático del cine de Komasa, y aprovecha con astucia y valentía los terrenos en disputa como el más evidente, ese Josh que es colonizado por Elizabeth para el espanto de Ellen, y ese otro más sutil, una Birdie que recibe de regalo de parte de Anna un afiche de Putney Swope (1969), todo un clásico del cine contracultural de Robert Downey Sr., para a posteriori aceptar de Nettles un trabajo en Cumberland que le permite estudiar virología, a su vez puntapié para el acto terrorista del final de la muchacha contra la lacra neoliberal/ autocrática. Esta paradoja de fondo, léase el hecho de sembrar el terreno para algo que termina volcándose hacia el extremo opuesto con respecto a lo esperado en primera instancia, también se ve en la misma Elizabeth porque desencadena la catástrofe en la parentela con la misión de vengarse de su profesora pero el asunto se le va de las manos tanto en lo privado, dominada por su esposo, Josh, como en lo público, transformándose sin más en un estandarte intercambiable al servicio de la ignota compañía que todo lo controla, Cumberland. Entre referencias a Don’t Dream It’s Over (1986), hitazo de Crowded House, y Los Amantes (Les Amants, 1928), la célebre pintura de René Magritte, el director polaco esquiva la dinámica narrativa teatral, obtiene excelentes actuaciones de Lane, Chandler y O’Brien y pone en imágenes esos debates encarnizados hogareños del presente al punto de ofrecer un cuasi manual sobre cómo elegir el momento propicio para asesinar a los neonazis en la familia antes de que resulte demasiado tarde…

 

Aniversario (Anniversary, Estados Unidos, 2025)

Dirección: Jan Komasa. Guión: Jan Komasa y Lori Rosene-Gambino. Elenco: Diane Lane, Kyle Chandler, Dylan O’Brien, Zoey Deutch, Phoebe Dynevor, Mckenna Grace, Daryl McCormack, Madeline Brewer, Sky Yang, Rebecca O’Mara. Producción: Diane Lane, Nick Wechsler, Steve Schwartz, Paula Mae Schwartz y Kate Churchill. Duración: 111 minutos.

Puntaje: 8