La decepción asoma su horrible cabeza cuando cotejamos la trayectoria descendente del cineasta vasco Galder Gaztelu-Urrutia, aquel que luego de dedicarse a la publicidad y los cortometrajes saltó a los largos de la mano de El Hoyo (2019), maravilloso film de terror y ciencia ficción que fue distribuido por Netflix, se inspiraba en El Cubo (Cube, 1997), del canadiense Vincenzo Natali, y nos ofrecía una metáfora sobre la inequidad social en el capitalismo salvaje del Siglo XXI, donde la miseria crece a pasos agigantados a medida que la oligarquía se hace más y más rica controlando los aparatos estatales, los medios de comunicación, la existencia virtual y el entramado político. Luego de la friolera de un lustro de silencio el señor se apareció con dos películas que nos dejan todo servido para afirmar que El Hoyo fue un accidente o quizás el director se rehúsa a dejarla ir al refritar ideas ya presentes -y trabajadas de mejor manera- en el opus previo, hablamos de El Hoyo 2 (2024), precuela innecesaria y apenas correcta que cayó muy por debajo de la original, y La Fiebre de los Ricos (Rich Flu, 2024), obra incluso peor que El Hoyo 2 aparentemente destinada a generalizar a todo el planeta aquella lucha de clases y aquella parodia social grotesca de la realización de 2019, ahora en función de la enfermedad del título que en primera instancia ataca a esos magnates que aparecen listados en la revista Forbes y después se mete con el resto de los ricachones y/ o esperpentos descerebrados del capitalismo, uno más repugnante y anodino que el otro gracias a su mezquindad y su megalomanía idiota de cartón pintado.
Nuestra protagonista es Laura Palmer (la hermosa y eficaz Mary Elizabeth Winstead), lo que habilita en pantalla algún que otro chiste alrededor del personaje de Sheryl Lee en Twin Peaks (1990-1991), la serie creada por David Lynch y Mark Frost. Palmer es una ejecutiva estadounidense de esos estudios/ servicios de streaming planetarios de hoy en día que es tan egoísta y desalmada como todos a su alrededor, léase su asistente devoto Christian (César Domboy), su colega Alba (Astrid Jones) y los dos popes de la dinastía dueña de la empresa, Sebastian Snail Sr. (Timothy Spall) y Sebastian Snail Jr. (Jonah Hauer-King), padre e hijo. Jr. favorece en una avant premiere en Londres de una película a Alba por sobre Laura y esta última pronto debe viajar hacia Alaska para una reunión colectiva con Sr., quien de manera explícita se desprende de gran parte de su fortuna en favor de sus empleados y les entrega a cada uno un ejemplar de Walden (1854), aquellas memorias símil ensayo de Henry David Thoreau acerca de los dos años que vivió en una cabaña solitaria a orillas de un lago en Massachusetts. Con la pandemia antiplutocrática desatada, Laura trata de desprenderse de su flamante dinero entregándoselo a Christian justo antes de viajar hacia Barcelona para reencontrarse con su madre, Martha (Lorraine Bracco), su hija adolescente, Anna (Dixie Egerickx), y su ex esposo, Toni (Rafe Spall), quien también es proclive a “contagiarse” por el suculento acuerdo de divorcio, comitiva que a su vez pretende viajar hacia Tanzania, la sede de un complejo autosustentable y de índole cuasi comunista de un amigo de Martha.
El guión de Gaztelu-Urrutia, Pedro Rivero, Sam Steiner y David Desola, el primero en inglés del director, está basado sin reconocerlo en Antidistopía (2020), novela de Rubén Muñoz Martínez, y se divide en dos partes muy taxativas, la primera homologada a la sátira del mundo del espectáculo y la aristocracia tradicional y empresarial vía el canibalismo en la alta burguesía posterior a la muerte del Papa, al simposio en Alaska y el fallecimiento de la realeza británica durante una subasta benéfica en el Palacio de Buckingham, en la que Palmer gasta dos millones de libras en una copia de La Balsa de la Medusa (Le Radeau de la Méduse, 1819), pintura de Théodore Géricault, y la segunda mitad vinculada a una suerte de thriller testimonial de supervivencia que se toma muy en serio a sí mismo a pesar de operar como una versión sarcástica de un mundo “patas para arriba” porque en el film los blancos pudientes abandonan su riqueza y Europa para ingresar al Tercer Mundo y sobre todo África, por ello este relato simplón nos obliga a acompañar a Laura y los suyos, todos despreciándola por ser un parásito social amoral y privilegiar su vida laboral por sobre la familia y los afectos, a través del Mar Mediterráneo para tocar tierra en Libia y desde allí bajar hasta Tanzania, periplo en el que su ex marido muere de la fiebre/ gripe en cuestión, cuyo síntoma es el emblanquecimiento de los dientes, y su madre fallece vendiendo sus órganos para pagar el tramo final del viaje, todo luego de pasar por un campo de refugiados y de conocer la sutil venganza de los africanos contra la lacra xenófoba y racista europea.
La Fiebre de los Ricos invierte la travesía de Yo, Capitán (Io, Capitano, 2023), de Matteo Garrone, retoma la desesperación apocalíptica de Niños del Hombre (Children of Men, 2006), de Alfonso Cuarón, y pretende sumarse a la tradición cinematográfica reciente de parodias anticapitalistas de Triángulo de la Tristeza (Triangle of Sadness, 2022), de Ruben Östlund, Piscina Infinita (Infinity Pool, 2023), de Brandon Cronenberg, Parpadea Dos Veces (Blink Twice, 2024), de Zoë Kravitz, y los últimos cuatro trabajos de Bong Joon-ho, Rompenieves (Snowpiercer, 2013), Okja (2017), Parásitos (Gisaengchung, 2019) y Mickey 17 (2025), sin embargo la faena acumula muchos problemas que incluyen una fotografía a veces caótica, CGI innecesario o sin sentido, diversas escenas de relleno, una protagonista honestamente odiosa y un montaje que acelera o lentifica la acción desde una torpeza monumental, casi amateur, amén del latiguillo de siempre de Gaztelu-Urrutia en materia de una mezcla de sonido pésima en la que la música o los ruidos en general tapan los diálogos de los personajes. Dicho de otro modo, se agradecen las ironías en torno a los refugiados caucásicos y la intención de denunciar las desigualdades, la corrupción y el decadentismo especulador detrás de la circulación internacional del dinero, además de la burla contra la beneficencia en regímenes de por sí injustos como el capitalismo, no obstante la odisea por momentos resulta aburrida y la interesante idea de fondo se esfuma por un desarrollo pobre, esquemático o vacilante en lo que atañe a la narración prosaica, más allá de la ideología…
La Fiebre de los Ricos (Rich Flu, España/ Chile/ Estados Unidos, 2024)
Dirección: Galder Gaztelu-Urrutia. Guión: Galder Gaztelu-Urrutia, Pedro Rivero, Sam Steiner y David Desola. Elenco: Mary Elizabeth Winstead, Rafe Spall, Lorraine Bracco, Dixie Egerickx, César Domboy, Timothy Spall, Jonah Hauer-King, Astrid Jones, Emilio Buale, José Luís Madariaga. Producción: Galder Gaztelu-Urrutia, Pablo Larraín, Adrián Guerra, Albert Soler Cuyas, Carlos Juárez, Juan de Dios Larraín, Albert Soler y Nuria Valls. Duración: 117 minutos.