Recuerdos Mortales (Sleeping Dogs)

Los traumas y sus laberintos

Por Emiliano Fernández

No hace mucho tiempo, específicamente durante las décadas del 80 y 90, Hollywood se consagró en cuerpo y alma a entregarnos una verdadera catarata de thrillers que en términos generales aglutinaban tres características principales, a saber: primero, la presencia de una estrella del momento que le otorgue a la película en cuestión una “rúbrica comercial”, algo que -prejuicios de por medio- no siempre abarcaba a actores y actrices en sutil declive sino también a personajes poderosos de la industria en lo más alto de sus trayectorias, segundo, un ritmo narrativo acelerado que tendía hacia el caos y el preciosismo más hilarantemente chabacano, algo que se condice con la entrada de los lenguajes del videoarte, la publicidad y los videoclips dentro del armazón productivo anglosajón de entonces, y tercero, unas premisas francamente delirantes o muy poco probables que en muchas oportunidades eran reformulaciones de los engranajes más utilizados por el film noir promedio de los años 40 y 50 o sus homólogos del neo noir de los 60 y 70, una suerte de exacerbación de los recursos retóricos disponibles para que el espectador jamás se aburra en esta montaña rusa macabra.

 

Recuerdos Mortales (Sleeping Dogs, 2024), debut como director del hasta ahora guionista Adam Cooper, un pobre diablo cuyos únicos trabajos potables anteriores fueron las tramas de Robo en las Alturas (Tower Heist, 2011), caper movie cómica de Brett Ratner, y Éxodo: Dioses y Reyes (Exodus: Gods and Kings, 2014), el péplum posmoderno de Ridley Scott, se engloba precisamente en esta vertiente de no muchas luces pero con una buena voluntad y una idiosincrasia retro destacables, en suma consagrándose a los tres requisitos apuntados y sólo consiguiendo tachar -un mal del Siglo XXI, sin dudas- los casilleros de una estrella con peso específico propio, en esta ocasión el neozelandés Russell Crowe, y de una crónica criminal extremadamente ridícula, aquí la del protagonista en la piel de Crowe, ese tal Roy Freeman que es un ex policía que perdió su puesto debido a un accidente en claro estado de ebriedad, hoy por hoy sometiéndose a un tratamiento médico experimental para recuperar la memoria, zona insondable de su mente a raíz del avance de la enfermedad de Alzheimer, que consiste en el implante en su cerebro de unos electrodos dignos de la ciencia ficción.

 

El eje en sí del misterio tiene que ver con un antiguo caso de Freeman por el que vuelve a interesarse debido al contacto de una representante de la organización Proyecto Manos Limpias, Emily Dietz (Kelly Greyson), la cual le recuerda que junto a su compañero de diez años atrás, Jimmy Remis (Tommy Flanagan), obtuvo la confesión de un drogadicto negro, Isaac Samuel (Pacharo Mzembe), en materia del asesinato a golpes de un psiquiatra de la alta burguesía, el Doctor Joseph Wieder (Marton Csokas), quien solía tener sexo con sus pacientes y ayudantes e investigaba la posibilidad de suprimir los efectos de los traumas en los recuerdos y en la identidad. Si bien no tiene presente nada del caso, Roy de a poco descubre que Samuel es inocente del cargo de homicidio y que el verdadero culpable puede estar en el círculo de allegados del ricachón Wieder, nos referimos a su asistente/ amante, Laura Baines (Karen Gillan), su empleado de mantenimiento, el veterano de guerra Wayne Devereaux (Thomas M. Wright), y el novio de la femme fatale Laura, Richard Finn (Harry Greenwood), quien estaba trabajando para el futuro finado catalogando su gran biblioteca.

 

La propuesta de Cooper resulta un tanto mucho frustrante porque hasta aproximadamente la mitad de los excesivos 112 minutos de metraje el enigma está bastante bien desarrollado y el ritmo narrativo acumula apenas un par de baches, un buen número para el moroso cine de nuestros días ya que resultan atractivos el triángulo amoroso retrospectivo de Wieder/ Baines/ Finn y el mismo boicot de Remis hacia la flamante investigación, sin embargo los capítulos posteriores se vuelven por demás previsibles y cada vez más estrafalarios de la mano de Devereaux, eventual asesino de Richard a instancias de Laura, y el rol del propio Freeman, utilizado por la arpía para sus intereses egoístas. Dicho de otro modo, el film de a poco se va cayendo porque pasa de la fragmentación de Memento (2000), de Christopher Nolan, hacia la espiral laberíntica de acontecimientos de Los Cronocrímenes (2007), de Nacho Vigalondo, La Isla Siniestra (Shutter Island, 2010), la odisea de Martin Scorsese, y Predestination (2014), de los hermanos alemanes Peter y Michael Spierig, dejándonos con un Crowe y una Gillan que cumplen y dignifican pero no logran salvarnos del mega tedio…

 

Recuerdos Mortales (Sleeping Dogs, Estados Unidos/ Australia, 2024)

Dirección: Adam Cooper. Guión: Adam Cooper y Bill Collage. Elenco: Russell Crowe, Karen Gillan, Marton Csokas, Tommy Flanagan, Thomas M. Wright, Harry Greenwood, Pacharo Mzembe, Lynn Gilmartin, Elizabeth Blackmore, Kelly Greyson. Producción: Adam Cooper, Henry Winterstern, Pouya Shahbazian, Arun Kumar, Deborah Glover, Mark Fasano y Bill Collage. Duración: 112 minutos.

Puntaje: 4