El sistema de salud del Siglo XXI se caracteriza por un severo mercantilismo en el sector privado, de hecho constantemente volcado a intervenciones y tratamientos que permitan facturar/ cobrar lo más pronto posible en detrimento de cualquier otro enfoque alternativo o siquiera complementario, y por una saturación y acuciante falta de recursos y personal en lo que atañe al enclave público o estatal, siempre tapado de pacientes porque la concentración de la riqueza en el capitalismo del nuevo milenio ha acelerado la generación de indigentes/ menesterosos/ desahuciados que dependen sí o sí del servicio gratuito de salud, desde ya en los países en los que dicha atención está disponible y todavía no se llegó a la privatización completa de la sanidad. Sobre esta base se superponen dos ingredientes adicionales que ofician de caldo de cultivo para situaciones de conflicto, primero el destrato o agresión pasiva de parte de médicos, enfermeros y administrativos de los hospitales y sanatorios para con los pacientes, como decíamos con anterioridad reducidos a consumidores burgueses caprichosos o desesperados de las masas populares que no tienen otra opción, y segundo la ansiedad o más bien la falta de paciencia de estos dos colectivos de los sectores privado y público, panorama que suele generar -siempre fue así aunque en el Siglo XXI se agudiza a pasos agigantados- un clima de violencia latente ante el más mínimo desacuerdo o roce o entredicho que surja en esta convivencia fugaz a la fuerza entre enfermos y fauna médica, envejecimiento de la población y mucha desconfianza mutua de por medio debido a malas experiencias en el pasado y ese “complejo de Dios” de los médicos que asesina sin cesar.
Bien se podría afirmar que El Último Turno (Heldin, 2025), film suizo hablado en alemán dirigido por Petra Biondina Volpe y protagonizado por la estupenda Leonie Benesch, hace por el sistema de salud lo que el hit previo de la actriz germana hizo por todo el aparato educativo actual, hablamos de La Sala de Profesores (Das Lehrerzimmer, 2023), obra del alemán de ascendencia turca Ilker Çatak, ya que ambas películas desmenuzan las paradojas y los inconvenientes de cada rubro centrándose en una praxis cotidiana sin romantizaciones tontas hollywoodenses y con sutil cariño hacia sus personajes. Ambas faenas, asimismo, se suman al trabajo intermedio de Benesch, Septiembre 5 (September 5, 2024), opus de Tim Fehlbaum sobre la cobertura de la cadena estadounidense ABC de la Masacre de Múnich de 1972, y certifican la excelente racha de la intérprete, sin duda una de las mejores trabajando en el séptimo arte de hoy en día como también lo demuestran sus roles secundarios en La Cinta Blanca (Das Weiße Band: Eine Deutsche Kindergeschichte, 2009), opus de Michael Haneke, Colores en la Oscuridad (Satte Farben vor Schwarz, 2010), de Sophie Heldman, 8 Segundos (8 Saniye, 2015), de Ömer Faruk Sorak, y Lecciones de Persa (Persischstunden, 2020), de Vadim Perelman. El Último Turno, ubicada entre el thriller y el drama intimista, sigue a Floria Lind (Benesch), enfermera del turno vespertino de un pabellón quirúrgico en un gran hospital de Suiza, nación con un sistema privado de salud basado en la contratación compulsiva de seguros médicos que han ido aumentando sus costos con el transcurso de los años desde aquella década del 90 en consonancia con la especulación del neoliberalismo.
El film de Volpe, conocida por haber escrito Heidi (2015), correcta adaptación de parte de Alain Gsponer de la célebre novela de 1880 y 1881 de Johanna Spyri, y por haber dirigido El Orden Divino (Die Göttliche Ordnung, 2017), faena acerca del referéndum de 1971 que permitió el sufragio femenino en Suiza, está construido alrededor de un ritmo frenético, una rigurosidad cuasi documental y una “no historia” semejante a una ristra de mini viñetas en tiempo real tendientes a incrementar la tensión vía estrés y esa obsesión bressoneana con las manos, los objetos y los rituales diarios. La cámara no sólo registra el devenir de Floria y nos permite conocerla en su mundanidad, en esencia una trabajadora muy experimentada y madre de una hija pequeña cuya tenencia se reparte con su ex pareja luego de un aparente divorcio, sino que en gran medida se identifica con la mujer porque su punto de vista es también el nuestro y por ello los breves encuentros con los pacientes pintan un cuadro de situación ultra heterogéneo de la población permanente y transitoria de un nosocomio como el retratado, especie de lienzo en simultáneo neurótico y humanista que incluye a médicos casi siempre ausentes, una enfermera bisoña ganando experiencia, familiares que van y vienen, pacientes rebeldes del montón o que fuman a escondidas, ricachones engreídos, un anciano que espera los resultados de sus estudios, moribundos varios, algún inmigrante de Burkina Faso, muchas personas adoloridas que requieren analgésicos, una veterana ya senil, una mujer internada y bastante agresiva, pacientes oncológicos y sobre todo una larga lista de individuos que entran o salen del quirófano y requieren una serie de cuidados intensivos.
Resulta evidente que la realizadora investigó el devenir de las enfermeras antes de escribir el guión por la meticulosidad de su enfoque y la tremenda exigencia sobre Benesch, quien en la mayoría de las escenas -y sin diálogo alguno- deja muy en claro el sustrato laberíntico alrededor de la medicación administrada o las combinaciones/ preparados/ dosis que se requieren en cada caso. El Último Turno, alusión precisamente a ese ciclo laboral previo a la noche que de todos modos abarca parte de la oscuridad, explora los padecimientos de unos enfermeros y unas enfermeras homologados al lumpenproletariado de la salud, lindo popurrí que cubre los colegas vagos, lerdos o negligentes, la confusión entre tantas fichas médicas, la presencia de estudiantes del gremio de turno, la merma en general de personal, los internados odiosos o violentos, las demoras en los análisis, las sucesivas urgencias, la tarea adicional de preparar todos los fluidos y medicaciones, la soberbia repugnante de los médicos, las familias a veces insoportables de los pacientes, las barreras idiomáticas en el Primer Mundo, los imprevistos que se acumulan uno tras otro, la citada mercantilización de la medicina y por supuesto el desgaste psicológico -cerca del colapso- por los óbitos y las enfermedades crónicas y el cansancio físico en sí por las caminatas o corridas eternas a lo largo y ancho de los pasillos. La película pone en el tapete la sobredosis de trabajo en los sistemas de salud contemporáneos y especialmente la poca disposición popular a estudiar la carrera de enfermería por considerarla denigrante, oficio tan importante o más que el de los médicos porque los enfermeros pasan más tiempo con los pacientes que los matasanos…
El Último Turno (Heldin, Suiza/ Alemania, 2025)
Dirección y Guión: Petra Biondina Volpe. Elenco: Leonie Benesch, Sonja Riesen, Alireza Bayram, Selma Aldin, Margherita Schoch, Urs Bihler, Albana Agaj, Ridvan Murati, Urbain Guiguemde, Elisabeth Roll. Producción: Lukas Hobi y Reto Schärli. Duración: 92 minutos.