La Hija Oscura (The Lost Daughter)

Mami que no quiere ser mami

Por Emiliano Fernández

Vaya uno a saber si Maggie Gyllenhaal, la genial actriz de La Secretaria (Secretary, 2002), de Steven Shainberg, y El Caballero de la Noche (The Dark Knight, 2008), de Christopher Nolan, tomó consciencia del hecho de que su debut como directora y guionista, La Hija Oscura (The Lost Daughter, 2021), puede ser comparada desde el vamos a nivel retórico con Muerte en Venecia (Morte a Venezia, 1971), la gran obra maestra de Luchino Visconti acerca de la obsesión del compositor Gustav von Aschenbach (el inmortal Dirk Bogarde), mientras yace en la célebre metrópoli italiana del título por razones de salud, con un niño polaco llamado Tadzio (Björn Andrésen), no tanto el objeto de un deseo homosexual de impulso pederasta sino la máxima representación de lo bello inalcanzable en la vida del ser humano, planteo que se reproduce de manera bastante literal en la película de Gyllenhaal mediante una traductora y profesora de literatura comparada de Cambridge, la británica Leda (Olivia Colman), y su fetiche insistente -durante sus solitarias vacaciones en Grecia- con seguir y espiar a Nina (Dakota Johnson), una madre joven a la que intermitentemente parece considerar una hija postiza o una representación de ella misma a esa edad, cuando estando casada con Joe (Jack Farthing) primero le fue muy infiel al macho con un colega profesor, Hardy (Peter Sarsgaard), y luego abandonó por tres años a sus dos hijas pequeñas, Bianca (Robyn Elwell) y Martha (Ellie Mae Blake), debido a un colapso psicológico que se explica por sus pocas o nulas ganas de ser madre y toda la responsabilidad que ello implica.

 

Paradojas comerciales e internacionales de por medio, la realización de Gyllenhaal es una adaptación de la novela La Hija Oscura (La Figlia Oscura, 2006), de la escritora italiana Elena Ferrante, que fue bautizada para el mercado anglosajón como The Lost Daughter/ La Hija Perdida y ahora, en este segmento planetario latino vía la distribución de Netflix, recupera su título original en italiano, movida que en el fondo tiene un poco más de sentido porque hablamos de un film de impronta indie noventosa sobre la hipocresía social de la maternidad, siempre “santificada” por el vulgo y las instituciones comunales y estatales como si realmente el parir fuese parte de un mandato de las entrañas que abarca a todas las hembras por igual, y acerca de la violencia latente en la sociedad en función del choque incesante de egos que creen ser dueños de la verdad sobre todo y todos, así a la soberbia del intelectual torpe y cobardón representado en Leda se oponen las tácticas mafiosas de esa alta burguesía vulgar y caprichosa de la familia de Nina, una ninfa casada con Toni (Oliver Jackson-Cohen), evidente putañero que sólo se aparece durante los fines de semana por “viajes de negocios”, madre de Elena (Athena Martin Anderson), mocosa que un día se pierde en una playa paradisíaca y es hallada por Leda, y cuñada de una tal Callie (Dagmara Dominczyk), fémina de temer con la que la protagonista termina enemistándose de pura idiota antisocial que no puede abandonar su burbuja de autocompasión ni por un minuto, ni siquiera cuando es cortejada por su atento casero, el vejete bonachón de Lyle (Ed Harris).

 

Verdaderamente están muy bien las escenas correspondientes al presente del autocalvario de Leda, al mismo tiempo sintiéndose culpable por haber dejado a sus hijas en su juventud y sin demasiados ánimos de pedir perdón por ello ya que sacarse de encima el lastre de los críos le devolvió una libertad que creía perdida, sin embargo la catarata de flashbacks que incluye la cineasta termina embarrando el desarrollo con explicaciones ultra redundantes y alargando el metraje mucho más de lo conveniente ya que estas dos horas bien podrían haber sido aquellos 90 minutos promedio de los dramas independientes de fines del Siglo XX que se pretende emular, lo que trae a colación la manía del cine contemporáneo con complicarse la vida solito a escala de la estructura narrativa sin ninguna necesidad porque en esencia la premisa de turno, eso de “analicemos a una mami que no quiere ser mami”, es muy sencilla y sinceramente no viabilizaba el permanente contrapunto entre lo hecho por la aguerrida Colman y el desempeño, también loable aunque menos interesante, de Jessie Buckley como la versión veinteañera de la susodicha, especie de pichona de psicópata que de dar rienda suelta a su individualismo en aquel Reino Unido del pasado, comprensible cura ante el cansancio que experimenta por las atenciones que reclaman Bianca y Martha, pasa en su adultez plena, en pantalla en Grecia, a esconder y llevarse la muñeca de la hija de Nina, llamada Neni cual juego irónico de palabras, provocando las penurias de todo el clan de la muchacha porque Elena, de tres años, los condena al insomnio vía sus berrinches.

 

Aquí se percibe desde el comienzo que Gyllenhaal se esfuerza demasiado por abarcar todo lo que sea posible sin llegar a apretar conceptualmente temática alguna, por ello La Hija Oscura deambula perdida entre la ciclotimia y maldad explícita de la Leda mayorcita, el sustrato deprimente de su acepción de corta edad, la fascinación con la madre primeriza/ su vecina en la arena, el interés romántico jamás consumado para con Lyle, su vínculo con un cuasi adolescente que trabaja en el resort de turno de la playa, Will (Paul Mescal), el cual muta en un amante subrepticio de Nina, y demás subtramas incluso menos desarrolladas como esa parentela intimidante de Callie, aquel apasionado affaire con Hardy, la supuesta buena relación de la protagonista con sus hijas ya adultas y hasta una visita en el pasado de parte de dos hippones que también abandonaron a sus familias (Nikos Poursanidis y Alba Rohrwacher). El motivo retórico de la muñeca robada por Leda, quizás para forzar la crisis y garantizar que Nina se vaya como ella lo hizo en otro tiempo, se unifica con un alfiler/ horquilla simple para pelo que la protagonista le regala a Nina y ésta a su vez le clava en el estómago cuando por fin le confiesa que sustrajo a Neni por ser una “madre antinatural”, explicitación del tabú de un parricidio -y de un filicidio simbólico complementario- que se agradece por la valentía dentro del conservadurismo cultural de hoy en día. Más allá de la solvencia de Colman, el gran oficio de Harris y la belleza, encanto y talento de Johnson, el atractivo del film pasa por su retrato del triste hermetismo burgués y su angustia solapada…

 

La Hija Oscura (The Lost Daughter, Estados Unidos/ Grecia/ Reino Unido/ Israel, 2021)

Dirección y Guión: Maggie Gyllenhaal. Elenco: Olivia Colman, Jessie Buckley, Dakota Johnson, Ed Harris, Peter Sarsgaard, Paul Mescal, Dagmara Dominczyk, Robyn Elwell, Jack Farthing, Ellie Mae Blake. Producción: Maggie Gyllenhaal, Osnat Handelsman-Keren, Talia Kleinhendler y Charles Dorfman. Duración: 122 minutos.

Puntaje: 5