Run

Mami te quiere bien

Por Emiliano Fernández

Run (2020) en esencia viene a confirmar dos cosas: primero, el film ratifica que Buscando (Searching, 2018) no fue un accidente porque así como aquella ópera prima del realizador y guionista Aneesh Chaganty era un trabajo en verdad memorable dentro del ámbito casi siempre paupérrimo del found footage versión digital/ nuevo milenio, hoy la segunda película del norteamericano de ascendencia hindú vuelve a sobresalir por mucho dentro de un campo formal en crisis como los thrillers de entorno cerrado asfixiante, y segundo, la película que nos ocupa subraya -precisamente- que todavía es posible construir obras loables de género que no menosprecien la inteligencia del espectador ni formen parte de franquicias de nunca acabar ni estén llenas de CGIs innecesarios, jump scares berretas o latiguillos quemados o ejecutados con la pericia de un oligofrénico o su equivalente del capitalismo cultural contemporáneo, léase un CEO de los grandes estudios y productoras, a lo que en esta oportunidad se suma el invaluable detalle de que la trama de turno encima se mete con una temática bastante delicada como el Síndrome de Münchhausen por Poder o Trastorno Facticio Infligido a Otro, un desorden psicológico en el que una persona genera distintas lesiones o enfermedades o padecimientos o cuadros sintomáticos a un tercero de manera reiterada con vistas a sentirse querido o indispensable, para llamar una atención social símil abnegación desinteresada, para conseguir distintos tipos de medicamentos, para servirse de la piedad de la gente a lo engaño fabuloso clásico y a veces para reafirmar un fuerte desprecio hacia el personal médico en general o los hospitales, clínicas y semejantes.

 

El opus de Chaganty cuenta con distribución mundial vía Hulu y hasta pareciera que el servicio de streaming vuelve sobre sus propios pasos ya que no hace mucho tiempo nos ofreció El Acto (The Act, 2019), maravillosa miniserie creada por Nick Antosca y Michelle Dean y protagonizada por unas Patricia Arquette y Joey King sublimes que componían a unas madre e hija cómplices en un caso de Síndrome de Münchhausen por Poder con destino más que trágico, faena a su vez inspirada en el asesinato de Clauddine “Dee Dee” Blanchard en 2015 a manos de su hija Gypsy Rose y del novio de ésta Nicholas Godejohn, episodio asimismo eje de un excelente documental de HBO, Mommy Dead and Dearest (2017), dirigido por Erin Lee Carr. La ficción ideada por el cineasta no se aparta demasiado de lo que suele ser el estándar del rubro del Trastorno Facticio Infligido a Otro y por ello nos presenta la historia de una mujer llamada Diane Sherman (Sarah Paulson) que debe sobrellevar la crianza de una hija prematura que padece de arritmia, hemocromatosis, asma, diabetes y parálisis de sus dos miembros inferiores, Chloe Sherman (Kiera Allen), pero como las apariencias engañan la chica a los 17 años -justo en el momento previo a partir hacia la universidad- comienza a sospechar de la colección de medicamentos que suele darle su madre y específicamente de unas pastillas de color verde/ blanco porque encuentra el frasco en cuestión escondido en una bolsa de víveres y recetado a nombre de la mujer, no de la hija, con el tiempo descubriendo que de hecho se trata de un relajante muscular para perros que aplicado a humanos entumece ambas piernas para simular la susodicha parálisis.

 

La estructura general de Run es de tipo hitchcockiana clásica y se unifica con el acervo de otros queridos artesanos recientes como M. Night Shyamalan y Mike Flanagan, señores que como Chaganty -aquí trabajando otra vez con el coguionista de Buscando, Sev Ohanian- apuestan más por la estructuración retórica y la prolijidad y coherencia argumental que por el preciosismo o el pulso ideológico aguerrido de otros colegas de alto perfil del horror y aledaños en la línea de los geniales Robert Eggers, Ari Aster y Jordan Peele. Desde la escena del inicio con las primeras complicaciones del bebé y la secuencia siguiente en la que una colección de burgueses patéticos lloran la partida de sus hijos hacia el comienzo de la vida universitaria modelo yanqui, eso de convivir en fraternidades y demás, el film combina con mano maestra nerviosismo y una sutil ironía a sabiendas de que esos son los dos engranajes/ polos/ ingredientes fundamentales del cenit cinematográfico de la tensión escalonada y los gritos de desesperación, así apuesta a erigir desconfianza y angustia -sobre todo para el espectador menos avezado- con tácticas varias de investigación o defensa del mismo ámbito cotidiano u hogareño, como por ejemplo primero preguntarle a mami sobre el recipiente y luego comenzar la pesquisa porque no le convencen las respuestas, lo que conduce a Chloe a dejar de tomar las pastillas, a descubrir que Diane las cambió de frasco, a tratar de averiguar en Internet qué clase de droga es, a toparse con que su progenitora cortó toda conexión virtual y a llamar a un número de teléfono cualquiera para tercerizar la búsqueda y por fin descubrir que mami le “vende” un medicamento con el nombre de otro.

 

Por supuesto que en términos del género en sí el núcleo del relato es la silla de ruedas de la muchacha cual indicio máximo de una indefensión aparente que no es tal porque Chloe se las arregla de a poco para sacar sus conclusiones y tratar de escapar cuando Diane decide que ya sabe más de la cuenta y es necesario encerrarla definitivamente en el hogar, sin duda parte constituyente de una larga tradición de mujeres protagonistas con algún impedimento físico que las pone muy a merced de victimarios de la más variada envergadura, rubro que va desde ¿Qué Pasó con Baby Jane? (What Ever Happened to Baby Jane?, 1962) y Una Mujer Enjaulada (Lady in a Cage, 1964) hasta las más cercanas Jennifer 8 (1992), Los Ojos de Julia (2010), Hush (2016) y La Forma del Agua (The Shape of Water, 2017), entre muchas otras. Chaganty apuntala muy bien el derrotero pesadillesco de supervivencia de la chica y se luce con escenas como la del cine, aquella del techo de la casa, esa otra en la ruta que le cuesta la vida al pobre de Tom (Pat Healy), la terrorífica secuencia del armario y el desenlace en el hospital en su conjunto. Esa vuelta de tuerca del final que también se ve venir a lo lejos pero que el cineasta maquilla y presenta con eficacia, el detalle adicional del secuestro, no se siente forzada dentro de una concepción en la que se denuncian el carácter destructor del cariño fanático compensatorio y ciertas convivencias que bajo una perfección de índole artificial esconden secretos de lo más espantosos, casi siempre una dependencia patológica como la de los personajes de las extraordinarias Paulson y Allen, la primera una veterana del rubro que siempre cumple y la segunda una debutante y toda una revelación…

 

Run (Estados Unidos, 2020)

Dirección: Aneesh Chaganty. Guión: Aneesh Chaganty y Sev Ohanian. Elenco: Sarah Paulson, Kiera Allen, Pat Healy, Onalee Ames, Carter Heintz, Sara Sohn, Clark Webster, Conan Hodgkinson, Erik Athavale, Bradley Sawatzky. Producción: Sev Ohanian y Natalie Qasabian. Duración: 90 minutos.

Puntaje: 7