Existe toda una tradición posmoderna, desde Gaspar Noé, Yorgos Lanthimos, Kim Ki-duk y Lars von Trier hasta Todd Solondz, Pascal Laugier, Takashi Miike y Michael Haneke, en materia del cine sádico que se hace un festín con el sufrimiento de los personajes ya sea desde la ironía o adoptando, en cambio, una postura política/ filosófica más severa en línea con el evidente “santo patrono” de la corriente, aquel Pier Paolo Pasolini modelo Saló o los 120 Días de Sodoma (Salò o le 120 Giornate di Sodoma, 1975), su legendaria obra póstuma e inicio de lo que estaba destinado a ser una Trilogía de la Muerte que complementaría su Trilogía de la Vida inmediatamente previa, léase El Decamerón (Il Decameron, 1971), Los Cuentos de Canterbury (I Racconti di Canterbury, 1972) y Las Mil y una Noches (Il Fiore delle Mille e una Notte, 1974). Sueños de Revista (Magazine Dreams, 2023), la segunda película como director y guionista de Elijah Bynum luego de Noches Calientes de Verano (Hot Summer Nights, 2017), respeta a rajatabla el esquema en cuestión e incluso cuenta con el muy dudoso privilegio de haber sido prohibida/ cajoneada durante dos largos años por su distribuidora, The Walt Disney Company vía Searchlight Pictures, por las controversias alrededor de su protagonista, el rápidamente “cancelado” Jonathan Majors, quien en ese mismo 2023 durante una fuerte pelea aparentemente estranguló a su pareja de entonces, la bailarina británica Grace Jabbari, dejándola con lesiones leves en el cuello y en la cabeza.
La obra, eventualmente distribuida en 2025 por Briarcliff Entertainment cuando Disney por fin renuncia a sus derechos y el aparato judicial estadounidense sentencia a Majors a 52 semanas de libertad condicional y de asistencia a un programa para erradicar la violencia doméstica, supera ligeramente lo hecho por Bynum en Noches Calientes de Verano, aquella cruza de neo noir y relato de aprendizaje con Timothée Chalamet y Maika Monroe, aunque generando resultados parecidos en lo que respecta a una historia derivativa, un apartado visual majestuoso y cierta ambición conceptual que resulta bienvenida en un producto de por sí desparejo y más o menos interesante, ahora corrigiendo el caos de antaño con una progresión dramática más coherente o con ideas claras en cuanto a quién conviene robarle y cómo unificar las premisas superpuestas de turno. Dicho de otro modo, el cineasta pasa de una primera mitad vinculada a una relectura de la autodestrucción detrás de El Luchador (The Wrestler, 2008), de Darren Aronofsky, y las ansias de fama de El Rey de la Comedia (The King of Comedy, 1982), de Martin Scorsese, a una segunda parte en la que se dan cita las figuras de autoridad manipuladoras o perversas de Storytelling (2001), de Solondz, y la enajenación homicida de Elefante (Elephant, 2003), odisea de Gus Van Sant, y Taxi Driver (1976), también de Scorsese, todo en consonancia con el sadismo mencionado y una genial actuación de Majors, siempre apoyando el planteo a puro masoquismo físico y psicológico.
Killian Maddox (Majors) arrastra tantos problemas que debería estar en el Libro Guinness de los Récords junto con Claireece Jones (Gabourey Sidibe), la protagonista de Preciosa (Precious, 2009), desastre mayúsculo de ese Lee Daniels para el que Bynum escribió con David Coggeshall el guión de La Liberación (The Deliverance, 2024), flojísima mixtura de terror y melodrama: Maddox es un fisicoculturista con un largo historial de agresividad, delirios, dieta colosal, inseguridad, drogas (esteroides y cocaína), soledad, entrenamiento suicida símil El Luchador, mitomanía, una personalidad obsesiva y cero habilidad social. Killian, cuyo padre mató a su progenitora y después se suicidó, vive con su abuelo, William Lattimore (Harrison Page), tiene de tótem a un colega muy conocido en el micromundo del fisicoculturismo, Brad Vanderhorn (Mike O’Hearn), y trabaja en un supermercado donde encuentra su interés romántico, la cajera Jessie (Haley Bennett). Siempre visitando a una asistente social por sus tropezones con la ley, Patricia Waldron (Harriet Sansom Harris), y escribiéndole regularmente a Vanderhorn cual versión más joven de Rupert Pupkin (Robert De Niro) de El Rey de la Comedia, Maddox pronto arruina su vínculo con Jessie, se niega a someterse a cirugía por unos tumores en su hígado y para colmo se pelea con unos pintores que trabajaron en su humilde morada y que lo muelen a golpes antes de una competencia importante, luego de la cual termina sodomizado por su ídolo y compra una serie de armas.
Desde ya que Bynum patetiza un poco demasiado al afroamericano, el cual además es despedido de su trabajo, protagoniza un encuentro fallido con una prostituta que no se deja besar, Pink Coat (Taylour Paige), y se desquita con el jefe de los matones que lo golpearon, Ken Donaghue (Bradley Stryker), y con un juez ignoto que en una competencia de 2016 criticó el tamaño de sus deltoides (Craig Cackowski), sin embargo la propuesta compensa aquello que le falta en mesura y originalidad precisamente con mucha energía narrativa (la ortodoxia de Killian tiene su correlato en la intensidad y el preciosismo de la fotografía del australiano Adam Arkapaw, a su vez socio recurrente de Justin Kurzel), un influjo retro casi permanente (sin duda se produce un extrañamiento al situar el relato en nuestro presente y condimentarlo con un sustrato ochentoso/ noventoso a través de las meretrices callejeras o el cariño de Maddox hacia el VHS, los posters y esas revistas del culturismo del título, en cuyas tapas anhela estar) y cierto objetivo homologado a denunciar el canibalismo intra industrias del deporte y del show business (Vanderhorn, quien sólo le contesta las cartas al protagonista cuando quiere usarlo de objeto sexual, justifica los desvaríos de vigilante del muchacho a lo Taxi Driver y Elefante). Este exploitation arty sádico obsesionado con lo que podemos hallar más allá de la barrera del dolor, a veces jugando con el indie etéreo y en otras ocasiones con el retrato de un adonis malogrado o quizás un chiflado digno de la subcultura incel del Siglo XXI, crece a medida que avanza el metraje por el prodigioso compromiso del también productor Majors, como decíamos con anterioridad un intérprete que delante de cámaras parece anticipar/ exacerbar el calvario de su propia invención que viene padeciendo tras bambalinas apenas unos años a posteriori de haber alcanzado el reconocimiento gracias a la seguidilla de El Último Hombre Negro en San Francisco (The Last Black Man in San Francisco, 2019), melancólico film de Joe Talbot, 5 Sangres (Da 5 Bloods, 2020), obra fallida de Spike Lee, Lovecraft Country (2020), la decepcionante serie de Misha Green para HBO, Más Dura Será la Caída (The Harder They Fall, 2021), aquel western rutinario de Jeymes Samuel con aires de blaxploitation, y Creed III (2023), opus olvidable del también protagonista Michael B. Jordan, amén de trabajos del montón para una Marvel que lo echó sin miramientos después de la sentencia judicial, hablamos de Loki (2021-2023), serie de Michael Waldron, y Ant-Man y la Avispa: Quantumanía (Ant-Man and the Wasp: Quantumania, 2023), bodrio para la gran pantalla a cargo de Peyton Reed…
Sueños de Revista (Magazine Dreams, Estados Unidos, 2023)
Dirección y Guión: Elijah Bynum. Elenco: Jonathan Majors, Haley Bennett, Mike O’Hearn, Harrison Page, Bradley Stryker, Taylour Paige, Harriet Sansom Harris, Craig Cackowski, Dan Donohue, Sonny Valicenti. Producción: Jonathan Majors, Dan Gilroy, Jeffrey Soros, Luke Rodgers, Simon Horsman y Jennifer Fox. Duración: 124 minutos.