Si bien en esencia es un rip-off para nada imaginativo y en clave exploitation de Halloween (1978), de John Carpenter, y precisamente no constituye la mejor versión ni mucho menos del subgénero del horror que vino a consolidar con su enorme éxito en taquilla, el slasher o cine de cuchilladas con víctimas en secuencia, la verdad es que Martes 13 (Friday the 13th, 1980), dirigida por Sean S. Cunningham y escrita por Victor Miller, sintetizó relativamente bien un popurrí de ingredientes del terror y el thriller nihilista de la época y más allá que ya habían sido largamente testeados entre los espectadores morbosos, pensemos por ejemplo en el contexto rural pesadillesco de La Violencia está en Nosotros (Deliverance, 1972), de John Boorman, y La Masacre de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, 1974), de Tobe Hooper, la música estridente de Bernard Herrmann para Psicosis (Psycho, 1960), de Alfred Hitchcock, y su homóloga ultra acechante de John Williams para Tiburón (Jaws, 1975), de Steven Spielberg, un remate narrativo que le debe mucho a Hermanas Diabólicas (Sisters, 1972) y Carrie (1976), ambas de Brian De Palma, y las tomas subjetivas de Navidad Negra (Black Christmas, 1974), de Bob Clark, y la misma Halloween, recurso por cierto a su vez tomado prestado del Mario Bava de La Muchacha que Sabía Demasiado (La Ragazza che Sapeva Troppo, 1963), Seis Mujeres para el Asesino (Sei Donne per l’Assassino, 1964), Operación Miedo (Operazione Paura, 1966) y la ampulosa y crucial Ecología del Crimen (Ecologia del Delitto, 1971), obra citada mediante un machete mortal y la idea de base del grupito de adolescentes cachondos que mueren sistemáticamente a manos de un homicida misterioso, una de las diversas subtramas del clásico del maestro italiano. Ni Cunningham ni Miller, por entonces dos profesionales mediocres especializados en comedias, llegaron a entender del todo el proceso de esencialización que estaban llevando a cabo y precisamente por ello jamás pudieron repetirlo, pruebas varias son la otra faena en conjunto de horror, la fallida Un Extraño te Espía (A Stranger Is Watching, 1982), la hilarante anécdota de que Miller pronto se volcaría a las telenovelas/ soap operas y el poco vuelo creativo del resto de la producción de Cunningham como director en el género y regiones aledañas, léase Juegos de Terror (The New Kids, 1985), Profundidad Seis (DeepStar Six, 1989), Invasión Fatal (Terminal Invasion, 2002) y aquella antología Atrapados entre las Cenizas (Trapped Ashes, 2006), responsabilidad también de Joe Dante, Monte Hellman, Ken Russell y John Gaeta.
El slasher para fines de los 70 e inicios de los 80, tanto en su vertiente estándar como bajo la modalidad de las festividades y las fechas específicas del montón, ya estaba ampliamente consolidado y abarcaba, además de algunas de las nombradas con anterioridad, propuestas de la más variada envergadura como De Repente, la Oscuridad (And Soon the Darkness, 1970), de Robert Fuest, Noche de Paz, Noche de Sangre (Silent Night, Bloody Night, 1972), de Theodore Gershuny, Frightmare (1974), del querido Pete Walker, Terror al Anochecer (The Town That Dreaded Sundown, 1976), un opus de Charles B. Pierce, No Entres en la Casa (Don’t Go in the House, 1979), de Joseph Ellison, Trampa para Turistas (Tourist Trap, 1979), film de David Schmoeller, Cuando Llama un Extraño (When a Stranger Calls, 1979), de Fred Walton, El Asesino del Taladro (The Driller Killer, 1979), de Abel Ferrara, Noche de Graduación (Prom Night, 1980), obra de Paul Lynch, El Tren del Terror (Terror Train, 1980), de Roger Spottiswoode, El Día de la Madre (Mother’s Day, 1980), de Charles Kaufman, Maníaco (Maniac, 1980), de William Lustig, y Fin de Año Maldito (New Year’s Evil, 1980), de Emmett Alston, entre muchas otras, sin embargo el opus de Cunningham, el cual asimismo tendría una trayectoria paralela como productor desde la recordada House (1985), de Steve Miner, hasta La Última Casa a la Izquierda (The Last House on the Left, 1972), convite de Wes Craven que también sería una inspiración lejana al igual que Las Colinas Tienen Ojos (The Hills Have Eyes, 1977), mete en la licuadora el minimalismo de Halloween, Ecología del Crimen y alguna que otra rareza como Salvaje Fin de Semana (Savage Weekend, 1979), propuesta muy similar de David Paulsen, para redondear no sólo una simpática colección de muertes de trasfondo puritano, en consonancia con el ascenso del reaganismo/ thatcherismo, sino la estructuración retórica por antonomasia del jump scare cronometrado posmoderno, de aquí en más una suerte de “marca registrada” a copiar de manera desvergonzada por Hollywood y la periferia. El prólogo del relato y eje tácito de todo lo que ocurre se centra en 1958, cuando dos consejeros/ monitores del campamento de verano Crystal Lake, Barry (Willie Adams) y Claudette (Debra S. Hayes), son asesinados por una figura enigmática luego de cantar con unos colegas alrededor de un fuego nocturno y justo un año después de que un niñito, Jason Voorhees (Ari Lehman), se ahogase porque esos dos bobos estaban teniendo sexo y no prestaron atención alguna a los nenes en general.
Ya en el presente de 1980 la primera en morir es una cocinera naif llamada Annie Phillips (Robbi Morgan), autoestopista que se tira del jeep en movimiento del asesino y a la que le cortan el cuello en el bosque mientras pretendía llegar a un Crystal Lake remozado, pronta reapertura de por medio a instancias del dueño del lugar, Steve Christy (Peter Brouwer), su segunda al mando y algo así como “pareja incipiente”, Alice Hardy (Adrienne King), y los otros cinco consejeros y empleados multifunción que la dupla tiene a su disposición, Jack (un jovencísimo Kevin Bacon), Bill (Harry Crosby), Marcie (Jeannine Taylor), Brenda (Laurie Bartram) y el bromista patológico Ned (Mark Nelson), quien anda jugando con un arco y flecha por ahí, simula ahogarse en el lago para besar a Brenda e incluso se disfraza de indígena ante un oficial de policía, Dorf (Ron Millkie). Entre otros personajes típicos del slasher en línea con el mandamás inservible de la ley, el Sargento Tierney (Ronn Carroll), y el tonto/ pregonero/ cuasi oráculo del pueblo, el Loco Ralph (Walt Gorney), los muchachos arreglan el campamento, matan a una pobre serpiente, intiman cuando pueden y juegan al Monopoly en versión stripper, todo por supuesto porque se quedan solos ya que Christy se marcha en busca de suministros momentos antes de una tormenta nocturna que probará ser fatal para el jefazo y su comitiva: uno a uno los personajes serán asesinados con cuchillos, hachas y flechas hasta que únicamente quede la reglamentaria “final girl” a lo Jess Bradford (Olivia Hussey) de Navidad Negra, Sally Hardesty (Marilyn Burns) de La Masacre de Texas, Laurie Strode (Jamie Lee Curtis) de Halloween, Ellen Ripley (Sigourney Weaver) de Alien (1979), de Ridley Scott, y Nancy Thompson (Heather Langenkamp) de Pesadilla en lo Profundo de la Noche (A Nightmare on Elm Street, 1984), de Craven, en este caso una Alice que se enfrentará a la legendaria madre de Jason, Pamela Voorhees (Betsy Palmer), una adorable señora de mediana edad que efectivamente está atrapada en un bucle homicida símil giallo simplificado o rudimentario porque por un lado arrastra el trauma de su vástago fallecido, con el que mantiene conversaciones esquizofrénicas sobre la necesidad de matar a estos púberes grandecitos, y por el otro lado aparentemente adora entregarse a la masacre en sí debido a una reapertura del campamento que deshonraría la memoria de Jason, amén de la obligación de crucificar a los “fornicadores compulsivos” de la plebe ya que la pasión nos aleja de los deberes laborales y/ o capitalistas y por ello el marco punitivo debe actuar.
Hay que sincerarse en materia de los puntos flojos de Martes 13 y reconocer que la película es bastante tediosa por momentos, los diálogos en general son muy estúpidos, la cámara lenta ridícula del principio y del final no ayuda mucho, la edición resulta demasiado torpe incluso tratándose de un producto de bajo presupuesto, todas las hembras elegidas para ser faenadas no son muy despampanantes que digamos, los personajes de por sí no pasan de lo intercambiable anodino, el suspenso a veces brilla por su ausencia o se licúa en baches de la trama, no había necesidad alguna de matar a la serpiente para parecerse al mondo italiano y los films de caníbales, las actuaciones son muy cutres -la gran excepción es Palmer, una veterana de la TV, el cine y el teatro- y el planteo retórico no resulta sorpresivo más allá del género sexual del chiflado adepto a las armas blancas, una fémina, quizás una de las pocas verdaderas sorpresas de la historia del slasher junto con la “vertiente travesti” de Norman Bates (Anthony Perkins) de Psicosis, el Doctor Robert Elliott (Michael Caine) de Vestida para Matar (Dressed to Kill, 1980), joya de De Palma, y Angela Baker (Felissa Rose) de Campamento del Terror (Sleepaway Camp, 1983), de Robert Hiltzik. Ahora bien, en lo que atañe a los elementos a favor la propuesta de Cunningham y Miller puede aseverar que cuenta con excelentes efectos especiales de Tom Savini, sutil genio del gore que venía de trabajar en Muerte de la Noche (Dead of Night, 1974), de Clark, Trastornado (Deranged, 1974), de Jeff Gillen y Alan Ormsby, y dos bellos clásicos de George A. Romero, Martin (1977) y El Amanecer de los Muertos (Dawn of the Dead, 1978), y con un último acto absurdo aunque muy divertido símil tren fantasma o montaña rusa del horror, el objetivo de fondo del film en función de la insólita aparición de Jason en versión zombie y la payasesca pelea entre Hardy y una Señora Voorhees que pudo cargarse sin problemas a las víctimas anteriores pero no puede con una alfeñique como Alice, capaz de golpearla con un atizador, una escopeta y una sartén y de decapitarla vía el mentado machete. La rusticidad Clase B del delirio original jamás sería igualada por las muchas secuelas y sus truquillos baratos, como la reconversión de Jason en el protagonista de la segunda parte de 1981, el 3D y la máscara de arquero de hockey de la tercera de 1982, el regreso de Savini para la cuarta de 1984, aquel nuevo asesino de la quinta de 1985, el copycat Roy Burns (Dick Wieand), y la autoparodia y ese Jason inmortal/ hiper caricaturesco desde la sexta de 1986 en adelante…
Martes 13 (Friday the 13th, Estados Unidos, 1980)
Dirección: Sean S. Cunningham. Guión: Victor Miller. Elenco: Betsy Palmer, Adrienne King, Jeannine Taylor, Robbi Morgan, Kevin Bacon, Harry Crosby, Laurie Bartram, Mark Nelson, Peter Brouwer, Walt Gorney. Producción: Sean S. Cunningham. Duración: 96 minutos.