Thelma

Mientras todavía estemos aquí

Por Emiliano Fernández

El caso de la actriz June Squibb, nacida un seis de noviembre de 1929 en Estados Unidos, es bastante extraño porque debutó en la pantalla grande con 61 años en Alice (1990), de Woody Allen, por cierto luego de una larguísima carrera en Broadway que se remonta a comienzos de la década del 50, para rápidamente perderse en un generoso vendaval de roles secundarios en películas de alto perfil que van desde Perfume de Mujer (Scent of a Woman, 1992), de Martin Brest, La Edad de la Inocencia (The Age of Innocence, 1993), de Martin Scorsese, ¿Es o no es? (In & Out, 1997), de Frank Oz, ¿Conoces a Joe Black? (Meet Joe Black, 1998), otra de Brest, y Lejos del Paraíso (Far from Heaven, 2002), de Todd Haynes, hasta cosas algo mucho olvidables como Bienvenido a Mooseport (Welcome to Mooseport, 2004), de Donald Petrie, El Gran Año (The Big Year, 2011), opus de David Frankel, y Te Atreverías (Would You Rather, 2012), aquella faena de David Guy Levy. La señora, quien desde Alice también desarrollaría una carrera muy vasta en televisión en una infinidad de series de diverso tenor, sería rescatada del olvido por el genial Alexander Payne mediante dos movidas profesionales complementarias, primero a través de Las Confesiones del Sr. Schmidt (About Schmidt, 2002) y después vía Nebraska (2013), maravillas del casi siempre calamitoso cine contemporáneo en las que June participó y supo brillar como es debido.

 

Si bien resulta imposible negar que Squibb a posteriori volcó su sorprendente energía a la TV y a transformarse en una insólita especialista de la tercera edad en epopeyas animadas, pensemos por ejemplo en sus intervenciones en WiFi Ralph (Ralph Breaks the Internet, 2018), de Phil Johnston y Rich Moore, Toy Story 4 (2019), de Josh Cooley, Soul (2020), joya de Pete Docter y Kemp Powers, y la reciente y decepcionante Intensamente 2 (Inside Out 2, 2024), propuesta de Kelsey Mann donde compuso a Nostalgia, una de las nuevas emociones en la vida de la hoy por hoy adolescente Riley Andersen (Kensington Tallman), todavía faltaba una realización que la tuviese como verdadero eje central ya que en Las Confesiones del Sr. Schmidt y Nebraska estaba rodeada de pesos pesados con mucho más kilometraje en el medio audiovisual, concretamente en la primera compartió cartel con Jack Nicholson y Kathy Bates y en la segunda con Bruce Dern, Stacy Keach y Bob Odenkirk, entre otros. Thelma (2024), simpática ópera prima de Josh Margolin, es en simultáneo un homenaje bien ochentoso a la abuela del director y guionista, una de las pocas películas del Hollywood actual -y el séptimo arte en general internacional del Siglo XXI- que explora las preocupaciones de los ancianos y finalmente esa “excusa” que le faltaba a la querida June para saltar al primer plano del mainstream siempre competitivo/ caníbal de yanquilandia.

 

Centrada en buena medida en obstáculos, percances y eventualidades de la tercera edad o de generaciones previas/ mucho más añosas, como no saber utilizar las computadoras, tener problemas para desplazarse con comodidad, precisamente tropezarse muchísimo en la calle, descubrir que antiguos amigos han fallecido, encontrarse con gente cualquiera que parece conocida pero no lo es, aceptar la propia vulnerabilidad física/ psicológica y por supuesto coquetear con un olvido y con esos comportamientos estrafalarios que podrían ser sinónimo de demencia, la película no tiene una historia propiamente dicha y apenas si se basa en una anécdota diminuta, una estafa telefónica símil “cuento del tío” en la que cae una anciana de 93 años, Thelma Post (Squibb, también de 93 durante el rodaje), viuda muy independiente que es cuidada por su nieto, Daniel (Fred Hechinger), porque los padres del muchacho, léase la hija de Post, Gail (Parker Posey), y su esposo, Alan (Clark Gregg), están ocupados en sus burbujas burguesas. La protagonista, a la que le sacan diez mil dólares diciéndole que Daniel fue arrestado por un accidente automovilístico, se inspira en la autoconfianza del Tom Cruise de Misión Imposible (Mission Impossible) y decide recuperar ella misma el dinero ante la inoperancia policial y el desinterés de su familia, para ello le roba el scooter eléctrico y un revólver a unos amigos, Ben (Richard Roundtree) y Mona (Bunny Levine).

 

Margolin exprime muy bien en términos tragicómicos a Squibb y a su partenaire en esta gesta justiciera, el también estupendo Roundtree, célebre por su rol estelar en Shaft (1971), de Gordon Parks, y aquí ofreciendo a modo póstumo su último trabajo antes de fallecer en 2023 a la edad de 81 años a raíz de un cáncer de páncreas, no obstante el resto de los personajes son demasiado caricaturescos o más bien bobos como para tomarlos en serio, desde el yerno tecnófilo y la hija paranoica y condescendiente hasta el nieto masoquista de buen corazón y la amiga arteriosclerótica, Mona, con la única salvedad del villano, Harvey (otro exquisito desempeño de Malcolm McDowell), quien junto a su nieto, Michael (Aidan Fiske), son los responsables del fraude ya que el veterano tiene una casa de artículos de iluminación venida a menos por el auge de monopolios digitales como Amazon. La película recurre a dos clásicos latiguillos del cine sobre la tercera edad, hablamos de la reafirmación de la propia identidad sin dejarse infantilizar ni atropellar por nadie y la dialéctica de los extremos que se tocan porque Daniel y ella son ninguneados por igual por los cincuentones de turno, y en este sentido el film denuncia con inteligencia el edadismo -discriminación por edad- del nuevo milenio y celebra la vida mientras todavía estemos aquí, abrazando la autonomía de Thelma y esa “voz de la conciencia” más precautoria que representa Ben…

 

Thelma (Estados Unidos/ Suiza, 2024)

Dirección y Guión: Josh Margolin. Elenco: June Squibb, Richard Roundtree, Malcolm McDowell, Fred Hechinger, Parker Posey, Clark Gregg, Bunny Levine, Aidan Fiske, Quinn Beswick, Nicole Byer. Producción: Zoë Worth, Nicholas Weinstock, Viviana Vezzani, Karl Spoerri, Benjamin Simpson y Chris Kaye. Duración: 98 minutos.

Puntaje: 6