Sweat

Miseria de las redes sociales

Por Martín Chiavarino

El segundo film del realizador sueco Magnus von Horn se adentra en la vida de una influencer del fitness polaca para encontrar la vulnerabilidad de los sentimientos detrás de la imagen pasteurizada de las redes sociales y el perfil prístino proyectado por los dispositivos digitales en un drama sobre la sensibilidad en la sociedad del espectáculo.

 

Sylwia (Magdalena Kolesnik) es una popular influencer del fitness en Polonia que vive para sus redes sociales, su imagen personal, sus eventos y sus cientos de miles de admiradores y seguidores, promocionando productos y promoviéndose en los medios masivos, con videos y ejercicios. Pero su éxito en la vida pública como influencer es la contracara de su solitaria vida personal. Ella vive con su pequeño compañero canino, Jackson, no tiene verdaderos amigos y su madre no regala grandes demostraciones de cariño hacia su hija. Su mejor amigo es un colega musculoso que también vive para su pose en las redes y busca diversión mientras Sylwia anhela una relación romántica verdadera, una conexión completamente distinta a la que el mundo actual y las redes sociales ofrecen, un descanso de tanta pose. La influencer muestra su mejor cara en los eventos que promueve pero en su intimidad Sylwia se resiente de la falta de afecto de su madre y de la carencia de alguien especial en su vida, situación que la lleva a grabar y subir un video en el que expone sus sentimientos, generando revuelo y muestras de apoyo de muchos seguidores que aprecian su sinceridad, pero también muestras de preocupación por parte de algunos de sus sponsors, que no quieren esa imagen plañidera asociada a sus productos.

 

Mientras pasea a su perro por las inmediaciones de su lujoso departamento Sylwia descubre que tiene un enfermizo admirador que la sigue, lo que la saca de sus casillas, pero cuando se lo cuenta a su familia, su madre le cuestiona su actitud y la imagen que proyecta, lo que tensa aún más la relación. Pero la cura será peor que la enfermedad. Su video llorando generará cuestionamientos de sus familiares y de los sponsors, y su intento de buscar ayuda para ahuyentar a su admirador tendrá consecuencias fatales y la mujer tendrá que enfrentar la mirada de todo el mundo puesta sobre su éxito.

 

Sweat expone las distancias entre la vida privada y la pública y cómo las redes sociales magnifican las diferencias entre ambas intentando diluirlas. Mientras que la vida pública de Sylwia es un éxito, su vida privada se hunde en cada escena, desnudando la vulnerabilidad de una joven y exitosa mujer que parece tenerlo todo pero que en realidad no tiene nada. Con escenas de gran sensibilidad y también de gran dureza, Sweat expone las contradicciones de una sociedad que hasta hace poco más de treinta años vivía bajo un socialismo cuestionado por los sindicatos católicos y hoy es una nación de Europa del Este integrada al desigual sistema de explotación capitalista en una posición de inferioridad ante las potenciales industriales.

 

La fotografía de Michal Dymek hace hincapié precisamente en las paradojas de este distanciamiento entre la Polonia del Pacto de Varsovia, la nación devastada por la Guerra Mundial, y la nueva Polonia capitalista, cuestión ejemplificada a través de las panorámicas de viejas iglesias y antiguos edificios brutalistas y nuevos edificios de las filiales de las corporaciones multinacionales que se pueden apreciar desde las carreteras, símbolos a su vez de la nueva era de la velocidad y el movimiento constante. La relación entre Sylwia y su madre trabaja también sobre esta cuestión, proponiendo dos formas de entender y vivir la relación filial, situación que a Sylwia le cuesta sobrellevar. Mientras que su madre no es adepta a las demostraciones de cariño y no ve con buenos ojos la exposición de su hija, Sylwia intenta ganarse el afecto de su adusta madre con regalos y abriéndole su corazón para buscar solaz en el frío hogar materno.

 

Magdalena Kolesnik ofrece una actuación excepcional a través de un personaje con el que realmente logra conectarse en la dicotomía de la mujer que sufre en su interior por su falta de afectos mientras exuda prosperidad y dicha en su vida pública en las redes sociales.

 

Lo que Sweat pone en el centro del debate es la impudencia de una sociedad que mientras aboga por la sinceridad y la naturalidad convierte todo en una pose cada vez más patéticamente pasteurizada y artificial. A la vez que se cancelan las posibilidades de tener una experiencia real que no sea una rutina prefabricada e industrializada, se proponen las experiencias como pilares de la existencia y mientras que se declama sobre la alimentación sana y la ecología, la industria alimenticia y las corporaciones masivas crean alimentos cada vez más nocivos mientras contaminan el planeta con sus residuos. El film trabaja sobre esta realidad líquida, que se evapora en el aire por la presión de las ideologías liberales transformadas en ideales del sentido común, en medio de una sociedad del espectáculo extendida y magnificada que ha convertido a cada ser humano en una unidad de consumo que ahora además es reconvertida en un emprendedor de sí mismo, generando así poses cada vez más lamentables y estereotipadas, destinadas a un fracaso anunciado.

 

Magnus von Horn ofrece un film simple y conciso que hunde su daga hasta el fondo en las miserias de las redes sociales y los medios con gran precisión, mirando de frente a las dicotomías de la profesión de influencer, con diálogos de gran profundidad y escenas duras que exponen las venas de la sensibilidad de una protagonista que abre su corazón a una sociedad cada vez más esquizofrénica y cínica.

 

Sweat (Polonia/ Suecia, 2020)

Dirección y Guión: Magnus von Horn. Elenco: Magdalena Kolesnik, Julian Swiezewski, Aleksandra Konieczna, Zbigniew Zamachowski, Tomasz Orpinski, Lech Lotocki, Magdalena Kuta, Dominika Biernat, Katarzyna Dziurska, Wiktoria Filus. Producción: Mariusz Wlodarski. Duración: 106 minutos.

Puntaje: 8