Dust Bunny

Monstruos de la fantasía y la realidad

Por Emiliano Fernández

El carácter anómalo -dentro del cine chato y estéril de hoy en día- de Dust Bunny (2025), debut muy tardío en el campo del largometraje de Bryan Fuller, tiene que ver con la extensa experiencia del estadounidense en la TV de su país, ayudando a crear y/ o escribiendo una retahíla interminable de series que incluyen a Star Trek: Voyager (1995-2001), Dead Like Me (2003-2004), Wonderfalls (2004), Pushing Daisies (2007-2009), Heroes (2006-2010), Hannibal (2013-2015), Star Trek: Short Treks (2018-2020), American Gods (2017-2021) y Star Trek: Discovery (2017-2024). El perfil de Fuller, vinculado fuertemente a la fantasía y la comedia, se cuela a gran escala en Dust Bunny, una mixtura entre la ridiculez de Big Trouble in Little China (1986), de John Carpenter, el vínculo central de The Professional (Léon, 1994), de Luc Besson, la claustrofobia citadina surrealista de Delicatessen (1991) y The City of Lost Children (La Cité des Enfants Perdus, 1995), ambas de Marc Caro y Jean-Pierre Jeunet, y la orfandad, la poesía horrorosa tácita y la hipertrofia de la imaginación en la niñez de Tideland (2005), de un Terry Gilliam que trabajó maravillosamente el rol de la creatividad en las distintas etapas de la vida en la trilogía de Time Bandits (1981), Brazil (1985) y The Adventures of Baron Munchausen (1988), entre otras obras volcadas a pensar los pormenores y las desviaciones en la construcción del mundillo sesgado que nos rodea.

 

La protagonista es Aurora (Sophie Sloan), nena de ocho años que vive en el departamento 5E de un edificio de una ciudad ignota con sus padres (Caspar Phillipson y Line Kruse), quienes no le prestan atención cuando les advierte que no deben pisar el suelo porque ello provoca la aparición de un gigantesco monstruo que vive debajo de su cama, precisamente ese “conejito del polvo” al que hace referencia el título porque nació de una mota de mugre rodante símil cardo ruso o estepicursor, asentándose en el parqué de la habitación de la mocosa. La dupla de adultos de repente desaparece y Aurora no tiene mejor idea que robar las limosnas de una iglesia para entregarle el dinero a su vecino del departamento 5B (Mads Mikkelsen), sicario al que contrata para que mate al monstruo porque lo estuvo espiando/ siguiendo hasta el Barrio Chino, donde atestiguó cómo el hombre derrotaba a un dragón que en realidad era una colección de pandilleros disfrazados. Sazonada con la presencia de una gente del FBI que se hace pasar por asistente social, Brenda (Sheila Atim), y la madre/ manejadora del asesino a sueldo, esa Laverne (Sigourney Weaver) que pretende matar a la niña porque sabe demasiado del devenir de su vástago, la historia se consagra a la amistad bizarra entre Aurora y su vecino sin nombre conocido, el cual protege a la nena porque cree que la desaparición de sus padres se debió al accionar de homicidas que lo buscaban a él.

 

Fuller va más allá de lo obvio, en este caso garantizar la química entre la debutante Sloan, con un par de trabajos para TV a cuestas, The Chemistry of Death (2023) y Annika (2021-2023), y el extraordinario Mikkelsen, actor danés que se hizo conocido con Pusher (1996), de Nicolas Winding Refn, y que ya había colaborado con el director y guionista en ocasión de Hannibal en el rol del Doctor Lecter, porque en Dust Bunny sabe equilibrar el excelente desempeño de Nicole Hirsch Whitaker en fotografía, Lisa Lassek en edición y Jeremy Reed en diseño de producción, en simultáneo kitsch y tenebroso para subrayar la contradicción entre el colorinche vitalista de fondo y el dejo macabro de prácticamente todos los adultos del relato, suerte de oxímoron que asimismo pone en contacto la sinceridad fantasiosa de Aurora y el maquiavelismo o máscaras superpuestas de todos a su alrededor con la relativa excepción del residente del departamento 5B, cuya valiosa identidad secreta es descubierta -patetismo mediante- por una chiquilla curiosa y potencialmente delirante. En este sentido el film juega sin cesar con la polisemia del término “monstruo”, sobre todo cuando apunta a la imaginación, léase los seres fabulosos o quiméricos, y a la realidad, aquellos bípedos que cometen aberraciones desde la naturalidad del narcisista que efectivamente se considera el centro del universo o gran poseedor de todos los criterios posibles de la verdad y más allá.

 

De todos modos la propuesta no es perfecta porque el desarrollo tiene sus baches, algunas secuencias de acción pueden resultar algo rutinarias y no todas las escenas dialogadas son atractivas en serio, algunas de las cuales sintiéndose pesadas por intercambios verbales un tanto automatizados dentro del esquema de la comedia negra o la sitcom, sin embargo el vínculo entre la mocosa y su vecino suele compensar los traspiés y en especial se destaca a escala humorística el encuentro del dúo con el personaje de Weaver en un restaurant de temática floral, todo con el cadáver desmembrado -adentro de dos mochilas de oso panda de la nena- de un sicario que envió Laverne para reventar a Aurora. Las excentricidades superan el terreno señalado de Gilliam, Caro/ Jeunet, Carpenter y Besson, aquí cerca de lo que sería una versión paternal y sin ribetes pedófilos de la familiaridad en The Professional entre Léon (Jean Reno) y Mathilda Lando (Natalie Portman), pensemos que Dust Bunny incorpora diversas pinceladas del acervo artístico de gente como Jim Henson, Spike Jonze, Charlie Kaufman, Tim Burton, Michel Gondry y aquel Ivan Reitman bien caricaturesco de Ghostbusters (1984) y Ghostbusters II (1989). Quizás lo mejor del film pase por el hecho de que el monstruo en última instancia es una mascota salvajona de Aurora, su intelecto y sus anhelos materializados cual extensión de una ansiedad rosa que nunca la abandonará…

 

Dust Bunny (Estados Unidos/ Canadá, 2025)

Dirección y Guión: Bryan Fuller. Elenco: Mads Mikkelsen, Sophie Sloan, Sigourney Weaver, David Dastmalchian, Sheila Atim, Rebecca Henderson, Caspar Phillipson, Line Kruse, Narantsogt Tsogtsaikhan, Bence Ferenczi. Producción: Bryan Fuller, Erica Lee y Basil Iwanyk. Duración: 106 minutos.

Puntaje: 6