Una vez más Eli Roth, un cineasta conservador y banal hasta la médula que todo lo que toca lo transforma en basura para minusválidos mentales, se supera a sí mismo con su más reciente despropósito, El Heladero (Ice Cream Man, 2026), un bodrio monumental que rankea entre lo peor del año y tranquilamente puede homologarse al nivel intelectual de un votante de la nueva derecha o un consumidor asiduo de Netflix, Disney y Marvel, hablamos de especímenes que no se pueden curar -como los fascistas en general, Roth incluido- y siempre lo mejor es terminar con su sufrimiento, como bien nos enseñó el querido Samuel Fuller en el desenlace de White Dog (1982). La premisa de base, una masacre perpetrada por un popurrí de niños controlados por el psicópata espectral del título, pretende pasar por una reformulación de El Flautista de Hamelín, aquella leyenda alemana de la Edad Media recuperada por Johann Wolfgang von Goethe y los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm, sin embargo en realidad el proyecto es una remake conjunta y no acreditada de Ice Cream Man (1995), hilarante directo a video de Paul Norman, y We All Scream for Ice Cream (2007), el episodio de Tom Holland correspondiente a la segunda temporada de Masters of Horror (2005-2007), esa interesante aunque errática serie creada por Mick Garris para Showtime.
La historia es inexistente porque las principales preocupaciones de Roth, un sionista de mierda que detesta a los cristianos y adora el genocidio perpetrado por Israel en Gaza como no se cansa de repetir en redes sociales, pasan por reservarse el papel de Marty, padre del cuasi protagonista en esta epopeya coral, Jared Mayfair (Charlie Zeltzer), y desplegar una interminable catarata de referencias cinéfilas que tratan de maquillar el trasfondo del film a lo exploitation hipócrita -léase sin reconocerlo, otra vez- de esa estupenda franquicia ultra gore alrededor de Art the Clown (Mike Giannelli y David Howard Thornton), saga iniciada por All Hallows’ Eve (2013) y Terrifier (2016), ambas de Damien Leone. Jared, intolerante a la lactosa, es uno de los pocos que repelen los helados del vendedor malvado, Jonathan Smiley (Ari Millen), quien décadas atrás fuera ridículamente utilizado de chivo expiatorio para encubrir una retahíla de abusos sexuales de sacerdotes católicos contra niños en el pueblito de Bayleen Bay. Junto con dos compañeros de colegio, Tommy (Shiloh O’Reilly) y Mia (Kiori Mirza Waldman), el mocoso tratará de esquivar la matanza que desatan estos purretes de la zona que son zombificados/ controlados por Smiley a través de sus deliciosos helados, desde ya orientando la carnicería hacia todos y cada uno de los adultos del lugar.
El origen del loquito, siempre buscando desquite desde el Más Allá, remite al gran Freddy Krueger (Robert Englund) de A Nightmare on Elm Street (1984), joya de Wes Craven, y el ejército de niños homicidas retoma lo ampliamente trabajado por ¿Quién Puede Matar a un Niño? (1976), de Narciso Ibáñez Serrador, Children of the Corn (1984), de Fritz Kiersch, Beware: Children at Play (1989), de Mik Cribben, Them (Ils, 2006), de David Moreau y Xavier Palud, Eden Lake (2008), de James Watkins, y The Innocents (De Uskyldige, 2021), de Eskil Vogt; sin olvidarnos de la infiltración o control sobrenatural modelo Village of the Damned (1960), de Wolf Rilla, y Weapons (2025), de Zach Cregger, en su versión pueril, más Invasion of the Body Snatchers (1956), de Don Siegel, y Halloween III: Season of the Witch (1982), de Tommy Lee Wallace, ya abarcando a toda la familia menuda en sí. Para colmo de males el pandemónium del desenlace arrastra mucho del sustrato anárquico de Gremlins (1984), de Joe Dante, y Cannibal Holocaust (1980), el mamarracho de Ruggero Deodato que Roth recreó en la soporífera The Green Inferno (2013), a lo que se suma un remate insólitamente solemne, catastrófico a escala de los seres queridos del protagonista, que reenvía a su equivalente de Seven (1995), la revolucionaria odisea de David Fincher.
Todo en El Heladero resulta anacrónico, superficial, torpe y vacuo porque Roth no tiene paciencia narrativa alguna ni desarrolla un discurso sobre lo que sea, aburriendo incluso en el despliegue atolondrado del gore sin trama o villano o personajes valiosos o ingenio para las truculencias que justifiquen el asunto, encima el imbécil satura la historia con constantes animaciones realizadas con Inteligencia Artificial, semejantes a los dibujos animados de la primera mitad del Siglo XX, y ni siquiera incluye algún desnudo del personaje femenino con ese ADN slasher que tanto dice amar, Lizzie (Sarah Abbott), la hermana adolescente de Jared. Entre homenajes necios fugaces -siempre forzados, sin ninguna lógica- a The Birds (1963), de Alfred Hitchcock, Night of the Living Dead (1968), de George A. Romero, y The Exorcist (1973), de William Friedkin, entre otras, el director y guionista hoy se entrega a un reciclaje grosero que cansa rápido e incluso abarca a los chistes palurdos ochentosos, sólo funcionando aquel sketch del último acto tracción a una típica maternidad sobreactuada por parte de los burgueses del nuevo milenio, en pantalla una madre que se quita la vida al creer que mató a su vástago. La fecalofilia de la cultura masiva contemporánea debería llevarse bien con un payaso sin talento como Eli, no obstante también suele rechazarlo en taquilla…
El Heladero (Ice Cream Man, Estados Unidos/ Canadá/ Reino Unido/ Francia/ Japón, 2026)
Dirección: Eli Roth. Guión: Eli Roth y Noah Belson. Elenco: Ari Millen, Charlie Zeltzer, Shiloh O’Reilly, Kiori Mirza Waldman, Sarah Abbott, Benjamin Byron Davis, Dylan Hawco, Karen Cliche, Eli Roth, Darrin Baker. Producción: Eli Roth, Kate Harrison Karman, Christopher Woodrow y Raj Brinder Singh. Duración: 86 minutos.