El Destino de un Hombre (Sudba Cheloveka)

No nos veremos más en este mundo

Por Emiliano Fernández

Dentro del cine soviético posterior a las vanguardias de la década del 20, el montajismo de Serguéi Eisenstein y el Cine-Ojo de Dziga Vértov, se podría decir que Serguéi Bondarchuk (1920-1994) fue una de las figuras más conocidas que surgió del Deshielo de Jrushchov (1956-1964), léase el relajamiento de la censura y la represión política luego de la muerte en 1953 del tirano Iósif Stalin y sobre todo después del célebre Discurso Secreto o Acerca del Culto a la Personalidad y sus Consecuencias, alegato del líder ruso de entonces, aquel Nikita Jrushchov, del 25 de febrero de 1956 en el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas con el objetivo de denunciar las masacres, la manipulación y el culto a la personalidad de Stalin, quien mediante la Gran Purga de 1936-1938 eliminó a toda la oposición política vía farsas judiciales. En este período de bonanza creativa gracias a la desestalinización comienza la carrera como director de Bondarchuk, señor que había empezado su derrotero en el séptimo arte una década atrás como actor y que progresivamente se ganaría la reputación de especialista en dramas gigantescos de época como lo dejan en evidencia sus dos mejores películas, El Destino de un Hombre (Sudba Cheloveka, 1959) y Ellos Luchaban por la Patria (Oni Srazhalis za Rodinu, 1975), dos joyas antibélicas inspiradas en textos de Mijaíl Shólojov, uno de los escritores más encumbrados por el régimen socialista y ganador de la edición de 1965 del Premio Nobel de Literatura. En un escalafón intermedio de calidad se mueven las que quizás sean sus dos películas más conocidas en Occidente, Waterloo (1970) y La Guerra y la Paz (Voiná i Mir, 1965-1967), ambas consagradas a las Guerras Napoleónicas (1803-1815), la primera a los Cien Días de 1815 y la segunda a la Invasión Napoleónica de Rusia de 1812, esta última una epopeya de siete horas y pico basada en la novela de 1865 de León Tolstói y dividida en cuatro partes, Andrei Bolkonsky (1965), Natasha Rostova (1965), El Año 1812 (1812 God, 1967) y Pierre Bezukhov (1967). El realizador, por cierto nacido en Ucrania, no sólo se reservó roles centrales en casi todas estas faenas -la única excepción es Waterloo, su debut anglosajón- sino que apostó por un enfoque artístico curioso en donde se alejaba del realismo socialista, el estilo oficial soviético, pero compensándolo desde un nacionalismo embanderado en el mantenimiento del honor por parte del pueblo ruso ante la adversidad.

 

El resto de la carrera de Bondarchuk resulta francamente accesorio y abarca una vez más dos dípticos, uno digno, ese de La Estepa (Step, 1978) y Borís Godunov (1986), la primera basada en la novela corta de 1888 de Antón Chéjov y la segunda en la obra de teatro de 1870 de Aleksandr Pushkin, y el otro correspondiente a una innegable decadencia creativa, en este caso hablamos primero de su tercera y última traslación de textos de Shólojov, El Don Apacible (Tikhiy Don, 1993), adaptación para la TV de la novela homónima en cuatro tomos de 1928-1940 que recién pudo verse en 2006 -de manera póstuma, con el realizador fallecido doce años atrás a causa de un infarto de miocardio- debido a disputas varias con los productores italianos, y segundo de su intento tardío de regreso a las épicas históricas a toda pompa en ocasión de una película dividida en dos capítulos con Franco Nero como el legendario periodista estadounidense John Reed, Campanas Rojas, Primera Parte: México en Llamas (Krasnye Kolokola, Film Pervyy: Meksika v Ogne, 1982) y Campanas Rojas, Segunda Parte: Yo vi Nacer un Nuevo Mundo (Krasnye Kolokola, Film Vtoroy: Ya Videl Rozhdenie Novogo Mira, 1982), las dos inspiradas respectivamente en México Insurgente (Insurgent Mexico, 1914) y Diez Días que Estremecieron el Mundo (Ten Days That Shook the World, 1919). Así como Ellos Luchaban por la Patria bebía de la novela de 1942 de Shólojov, El Destino de un Hombre retoma de manera muy fiel el cuento del mismo título de 1956 del famoso escritor, quien siendo un niño soportó la Primera Guerra Mundial (1914-1918), luego peleó en la Guerra Civil Rusa (1917-1923) y finalmente transformó en relato las memorias orales de un veterano que en 1946 le contó exactamente la historia que sistematiza el cuento y la película, ambas ambientadas en una Segunda Guerra Mundial (1939-1945), denominada en la historiografía soviética Gran Guerra Patria, que asimismo constituye el corazón del film de 1975. Es muy importante tener presente que El Destino de un Hombre forma parte del ciclo de clásicos antibélicos del Deshielo de Jrushchov, grupete en el que entran El Cuarenta y Uno (Sorok Pervyy, 1956), de Grigoriy Chukhray, Pasaron las Grullas (Letyat Zhuravli, 1957), de Mikhail Kalatozov, La Balada del Soldado (Ballada o Soldate, 1959), también de Chukhray, y La Infancia de Iván (Ivanovo Detstvo, 1962), de Andrei Tarkovsky, todas joyas del dolor lírico y un pacifismo de impronta muy descarnada.

 

Aquí el diminuto guión, escrito por Yuri Lukin y Fiodor Shakhmagonov, está enmarcado por el racconto del protagonista, Andrei Sokolov (el propio Bondarchuk), frente al escritor, Shólojov (Evgeniy Teterin), quienes charlan y fuman a orillas de un río, el primero con un niño, Iván (Pavel Boriskin), y ya avejentado por las desgracias acumuladas y el segundo a la espera de un transbordador que le permite escuchar sin apuro alguno las palabras del extraño. Sokolov nace en 1900 en Vorónezh, en la Rusia Europea o del Oeste, y combate en la Guerra Civil Rusa en el bando del Ejército Rojo pero al regresar a su hogar descubre que toda su familia, padres y hermana, han muerto por la Hambruna de 1921-1922 a raíz de la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa de 1917 y la consiguiente conflagración entre militantes comunistas y la mafia zarista, conservadora y monárquica del Movimiento Blanco. Trabajando como carpintero en Vorónezh conoce a Irina (Zinaida Kiriyenko), una mujer con la que se casa y engendra tres hijos, dos niñas y un primogénito varón que es el orgullo del hogar por su talento para las matemáticas y el reconocimiento que ello genera en la prensa, Anatoli (Vladimir Strelnikov). Irina controla la tendencia del marido hacia el alcoholismo, juntos disfrutan de la compañía de un vecino acordeonista, Iván Timoféyevich (Pavel Volkov), y Andrei se transforma en propietario de una camioneta, sustento del clan. Cuando estalla la Gran Guerra Patria y la conscripción se generaliza, entre lágrimas Irina intuye lo que vendrá y despide al esposo con la frase “no nos veremos más en este mundo”, prólogo para un martirio que incluye sobrevivir a los bombardeos de los nazis, las largas marchas con los otros prisioneros, un intento de escape que sale mal, el traslado en trenes a campos de concentración y trabajo esclavo en Alemania, las durísimas condiciones de existencia en aquellos lugares de pesadilla y un casi fusilamiento por osar quejarse de la exigencia de picar cuatro metros cúbicos diarios de piedra a instancias de un comandante germano, Müller (Yuri Averin), que le perdona la vida por su destreza etílica y valentía al negarse a brindar por la victoria de los nazis. Luego de oficiar de chofer para un ingeniero (Konstantin Alekseev), Sokolov logra huir robándole un uniforme a un oficial borracho pero al llegar con sus compatriotas descubre que su esposa e hijas fallecieron a manos de la aviación enemiga, debacle que luego engulle a Anatoli, flamante capitán del Ejército Rojo.

 

Si bien a rasgos generales la extraordinaria fotografía de Vladimir Monakhov inaugura los fetiches visuales del Bondarchuk futuro, como travellings floridos, una puesta en escena operística y muchos planos de resonancias dramáticas mitológicas, a decir verdad en El Destino de un Hombre encontramos una sutil acentuación formal/ técnica para cada uno de los estadios del relato, pensemos en el marco difuminado para la juventud, las ambiciosas tomas aéreas para el conflicto bélico, aquel arnés avant-garde para el primer plano de rostro durante la fuga del comienzo, las tomas inclinadas para los campos de concentración, esas panorámicas de la devastación para el retorno a Vorónezh y el famoso travelling desde afuera de la camioneta hacia el interior en ocasión de la adopción de Iván, cuando engaña al purrete -huérfano con padre soldado desaparecido y madre asesinada por una bomba en un tren- diciéndole que de hecho es su progenitor que volvió de este enorme Frente Oriental de la Segunda Guerra Mundial, amén del humo como leitmotiv general para los recuerdos y las alucinaciones de Andrei a lo largo de su atribulado periplo. Como las otras películas del ciclo humanista del Deshielo de Jrushchov, el film del ucraniano, él mismo un veterano de la Segunda Guerra, le escapa en parte al realismo socialista, en suma metiéndose con tabúes como la perspectiva individual y el padecimiento de los soldados en cautiverio, bajo la idea de entregar un retrato más crudo y sincero de penurias todavía cercanas, de allí se entiende el énfasis compensatorio que El Destino de un Hombre coloca sobre la dignidad agrietada aunque inquebrantable de Sokolov y aquella leyenda abiertamente nacionalista del epílogo, vinculada a la obligación de los ciudadanos de acudir al llamado castrense cuando la patria esté en juego. Lejos del preciosismo cruento y vacuo del cine bélico posmoderno y cerca de obras deudoras por venir, como La Ascensión (Voskhozhdenie, 1977), de Larisa Shepitko, y Ven y Mira (Idi i Smotri, 1985), de Elem Klimov, la propuesta considera a la crueldad como política del Estado nazi, sinónimo de la “eficacia” capitalista, y funciona como un réquiem en memoria de los que perecieron y un recordatorio de que la victoria se obtuvo acarreando un peso insoportable, sin embargo así como la capacidad innata para escapar de la muerte aparece como una condena que alarga el sufrimiento también se señala que sólo hace falta voluntad para ayudar al prójimo o un oído comprensivo cuando desee hablar…

 

El Destino de un Hombre (Sudba Cheloveka, Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, 1959)

Dirección: Serguéi Bondarchuk. Guión: Yuri Lukin y Fiodor Shakhmagonov. Elenco: Serguéi Bondarchuk, Pavel Boriskin, Evgeniy Teterin, Zinaida Kiriyenko, Vladimir Strelnikov, Yuri Averin, Pavel Volkov, Konstantin Alekseev, Lev Borisov, Georgy Millyar. Producción: Gleb Kuznetsov. Duración: 101 minutos.

Puntaje: 10