Desafiantes (Challengers)

Nos conocemos demasiado

Por Emiliano Fernández

En Desafiantes (Challengers, 2024), la flamante película del italiano Luca Guadagnino, vuelve a quedar de manifiesto no sólo su amor por Bernardo Bertolucci, a quien de hecho conoció en su juventud mediante la actriz Laura Betti y a quien eventualmente le dedicaría un documental en primera persona símil ensayo a partir de material de archivo, Bertolucci sobre Bertolucci (Bertolucci on Bertolucci, 2013), sino también su carácter profundamente anómalo en lo que respecta al cine contemporáneo ya que este último no muestra interés alguno en los tres pivotes fundamentales de la producción artística del realizador, hablamos en primer lugar del erotismo, toda una dimensión obviada tanto por el mainstream como por el indie y recuperada por el amigo Luca con la clara intención de homologarla no tanto a cuerpos sudorosos en sí sino más bien a una pasión que conduce a los amantes a tomar decisiones contradictorias o ciclotímicas, en segunda instancia viene el devenir psicológico de los protagonistas, por ello en el reino de la literalidad y del determinismo más aburrido de hoy en día el señor prefiere exacerbar esas paradojas varias señaladas aunque también una humanidad imperfecta y fascinante que pide a gritos un análisis desde diversas aristas, y en tercer lugar está el preciosismo en términos de la fotografía, la edición y la estética en general de los films, algo que por cierto no debe confundirse con el sustrato inflado de los productos de la “gran industria” porque lo que al cineasta que nos ocupa le importa es la presentación florida de sus melodramas a lo Douglas Sirk, Rainer Werner Fassbinder, Todd Haynes o Pedro Almodóvar y no el onanismo visual gratuito del viejo cine festivalero o de las bazofias que el mainstream actual nos quiere vender bajo el paraguas/ ropaje de esas montañas rusas grasientas para la gran pantalla que derrochan arrogancia, reduccionismo dramático y nula ambición discursiva modelo hollywoodense, entre otros males que hacen a la falta de contenido o la ausencia de correlación entre las pretensiones retóricas y la capa de barniz digital embellecido que suele dominar el grueso del cine popular del Siglo XXI.

 

De una forma semejante a lo ya visto en la seminal y fallida Melissa P. (2005), típico relato de despertar sexual doloroso, Somos Quienes Somos (We Are Who We Are, 2020), atractiva miniserie para HBO también enmarcada en la crónica de aprendizaje o bildungsroman, la extraordinaria Hasta los Huesos (Bones and All, 2022), una fábula de amor caníbal de una intensidad arrolladora, y los maravillosos exponentes de la Trilogía del Deseo, aquella de Yo Soy el Amor (Io Sono l’Amore, 2009), Cegados por el Sol (A Bigger Splash, 2015) y Llámame por tu Nombre (Call Me by Your Name, 2017), la primera un cuento de adulterio en la oligarquía industrial, la segunda un thriller de tensión libidinosa siempre in crescendo y la tercera una oda al afecto homosexual, Desafiantes cuenta con una premisa tan simple de resumir como difícil de abarcar en toda su magnitud ya que estamos ante una propuesta basada en el desarrollo de personajes y en esos pequeños gestos que esquivan la torpeza de tantas epopeyas románticas parecidas -las consagradas al cariño promedio y al que se puede llegar a dar dentro del rubro en cuestión, el deporte- y que por acumulación pintan de pies a cabeza a los protagonistas evitando toda redundancia y apostando al misterio porque nunca conocemos del todo a los ejes del conflicto, léase Tashi Duncan (Zendaya Maree Stoermer Coleman alias simplemente Zendaya), una joven promesa del tenis que termina sufriendo una lesión en su rodilla derecha que la condena a ser entrenadora de por vida, y la dupla de Art Donaldson (Mike Faist) y Patrick Zweig (Josh O’Connor), otros dos profesionales de la raqueta gigante que se conocen desde niños, cuando compartieron uno de esos internados en los que la alta burguesía anglosajona adora confinar a sus vástagos, no obstante los años golpean duro porque Donaldson se transforma en un tenista muy famoso y Zweig de a poco se hunde en el olvido. Aquí la rivalidad en las canchas se identifica con su equivalente del corazón y lo que en un primer momento parece una relación gay latente que se abre a un trío con Duncan pronto muta en un triángulo amoroso heterosexual desplegado en diferido.

 

Dicho de otro modo, la ambiciosa y por momentos psicopática Tashi adora incentivar la competencia entre ambos varones pero después de hacerlos besarse en el primer encuentro íntimo del trío les aclara que se quedará con el ganador de un próximo match entre ellos en el que resulta victorioso Patrick, sin lugar a dudas el más cizañero de los dos amigos, así las cosas la pareja de Zweig y Duncan subsiste hasta una pelea símil choque de egos previa a la lesión de ella, lo que desencadena que la ninfa gire hacia Art y con el transcurso del tiempo tenga un hijo con él, efectivamente oficiando de entrenadora/ manager a pesar de un affaire al paso con el otrora novio unos años después en Atlanta. Narrada a través de una retahíla laberíntica de flashbacks y flashforwards que en algunos instantes puede marear por más que dignifique y haga crecer el efecto de “bola de nieve” anímica que ansía Guadagnino, el comienzo y el final por supuesto se tocan porque a nivel espiritual el meollo del asunto se condice con la versión adulta de las tres criaturas en pantalla y con esa triple crisis que ya estaba insinuada desde el vamos, Patrick quebrado económicamente y sin su sueño de vivir del tenis, Tashi oficiando de parásito emocional/ profesional de su esposo y hasta cayendo en la frustración a medida que se acerca la terrorífica edad de retiro, en esencia entre los treinta y cuarenta y pico de años, y finalmente tenemos a un Art que conquistó tres de los cuatro torneos del Grand Slam, Australia, Roland Garros y Wimbledon, aunque nunca pudo ganar el más importante para los norteamericanos, el Abierto de Estados Unidos, por ello se ve obligado a participar en competencias menores que lo acercan a Zweig, en este sentido Tashi presiona a ambos diciéndole a su marido que lo abandonará si pierde en el esperable match de “veteranos venidos a menos” con Patrick e instando a este último a dejarse vencer porque le da lástima la decadencia deportiva de Art y se arrepiente de su propia crueldad o quizás resignación, amén de un evidente magnetismo para con la pareja de antaño que no se disipó por completo en consonancia con el paradigmático histeriqueo compulsivo del amor.

 

El guión del debutante Justin Kuritzkes, marido de la realizadora surcoreana/ canadiense Celine Song y nada menos que la inspiración para el personaje del esposo occidental semi cornudo, Arthur (John Magaro), de su celebrada ópera prima, Vidas Pasadas (Past Lives, 2023), no es perfecto ni mucho menos porque enmascara su simpleza con las idas y vueltas temporales pero por suerte la mano maestra de Guadagnino lo rescata y lo eleva gracias a su inteligencia dramática, la genial dirección de actores, el techno del soundtrack de Trent Reznor y Atticus Ross y una catarata de piruetas videocliperas -desde planos holandeses hasta tomas subjetivas desde el punto de vista de los contrincantes y la pobre pelotita- en torno a los partidos y el nerviosismo que provocan en ambos lados de la pantalla, por cierto con el director nuevamente bebiendo de esa fuente bertolucciana de la ebullición sensual digna de Antes de la Revolución (Prima della Rivoluzione, 1964), Último Tango en París (Ultimo Tango a Parigi, 1972), La Luna (1979), Refugio para el Amor (The Sheltering Sky, 1990), Belleza Robada (Stealing Beauty, 1996), Cautivos del Amor (L’Assedio, 1998), Los Soñadores (The Dreamers, 2003) y Tú y yo (Io e te, 2012). Desafiantes se burla de manera tácita del cine deportivo descerebrado/ chatarra de Hollywood, uno muy infantil y volcado a la mediocridad de un sinfín de bodrios alrededor del béisbol, e indaga en el flanco menos luminoso de la celebridad, el compañerismo, la amistad pretérita y una cultura competitiva capitalista no limitada al tenis y los deportes en general, de allí la pugna entre lo público hipócrita y lo privado vulnerable que deja de lado la máscara de fortaleza egoísta y de allí se explica esta amalgama permanente entre el corazón, las raquetas y el jugoso dinerillo del espectáculo masivo de gladiadores con su fecha de caducidad estampada en la frente, un planteo que tiene al personaje de la asimismo productora Zendaya como un trofeo amargo porque los amigos batallan por ella mientras la femme fatale no oculta el hecho de que se casó con el “caballo ganador”/ más responsable, Donaldson, pero sigue atraída al eterno perdedor/ macho de impronta masoquista adolescente, un Zweig que pudiendo vivir de la fortuna de su parentela se la pasa sufriendo en el circuito marginal del tenis. La lectura de Guadagnino, un gay que supo estar en pareja entre 2009 y 2020 con aquel Ferdinando Cito Filomarino de la horrenda Beckett (2021), sobre la obsesión amatoria rimbombante del colega Bernardo no es para nada ortodoxa ya que aquí, como decíamos con anterioridad, el sustrato político del mentor brilla por su ausencia y Luca coquetea con la homosexualidad y el ménage à trois, enfoque que le hubiese encantado a Bertolucci, pero a fin de cuentas opta por la monogamia más tradicional y por el querido folletín de triángulo a la distancia cual Guerra Fría entre los adalides de este cariño bastante malsano, fetichizado y superpuesto. La reconciliación colectiva que propone el metraje en sus últimos segundos, una jugada por demás recurrente del acervo de Guadagnino y su fatalismo ideológico moderado, refuerza el objetivo narrativo de enfatizar que el conocimiento mutuo y la historia compartida pesan mucho más en las relaciones entrecruzadas de los seres humanos que los traumas, odios y alejamientos progresivos que van surgiendo con el fluir de la vida o el trabajo mundano…

 

Desafiantes (Challengers, Estados Unidos, 2024)

Dirección: Luca Guadagnino. Guión: Justin Kuritzkes. Elenco: Zendaya, Mike Faist, Josh O’Connor, Darnell Appling, Bryan Doo, Christine Dye, Nada Despotovich, Joan Mcshane, Chris Fowler, Connor Aulson. Producción: Luca Guadagnino, Zendaya, Rachel O’Connor y Amy Pascal. Duración: 131 minutos.

Puntaje: 9