Tanto Inmaculada (Immaculate, 2024), de Michael Mohan, como La Primera Profecía (The First Omen, 2024), de Arkasha Stevenson, exploran de manera tácita el clima social en Estados Unidos desde que la Corte Suprema de Justicia anuló en 2022 una resolución de 1973 del mismo tribunal en torno al derecho de las mujeres al aborto y su protección dentro de la carta magna del país, todo con motivo del llamado Caso Roe vs. Wade o la demanda de Norma McCorvey alias Jane Roe contra el fiscal de distrito de Texas, Henry Wade, lo que trajo aparejado en estos últimos tres años una serie de legislaciones retrógradas en las distintas jurisdicciones que fueron limitando el derecho a abortar mediante un flamante catálogo de restricciones. Desde ya que el viejo debate en torno a la supresión del feto, un signo del retroceso de las religiones en materia de su influencia popular desde fines de la centuria pasada, consiguió adquirir mucha fuerza gracias al avance planetario de esa nueva derecha oscurantista, hambreadora y represiva que en el Siglo XXI va creciendo en función del hartazgo de las sociedades globalizadas frente al aparato político tradicional y su falta de respuestas ante la miseria extendida y el ciclo interminable de crisis del capitalismo desde que en los años 70 y 80 el Estado de Bienestar de la posguerra fuera reemplazado paulatinamente por un modelo administrativo promercado y/ o proempresas en el que el individualismo, la desregulación laboral, los oligopolios y la sustitución del trabajo por la especulación y la deuda llevan la bandera, de allí que monigotes salidos del ámbito de los conglomerados parasitarios capitalistas, las redes sociales, la milicia parapolicial y la TV alcancen posiciones de mando más que importantes mientras ventilan su fascismo, idiotez, xenofobia, racismo, misoginia, aporofobia y desprecio por cualquier tipo de justicia social que vaya en contramano con respecto a los dos latiguillos fundamentales de las metrópolis y la periferia, el nacionalismo por un lado y el entreguismo/ la extranjerización por el otro.
La película de Mohan, producida y protagonizada por una extraordinaria Sydney Sweeney que audicionó para el rol central en 2014 cuando tenía apenas 17 años y luego compró los derechos del guión de Andrew Lobel y lo adaptó a su persona e intereses, supera al opus de Stevenson financiado por 20th Century Studios porque es más directa, astuta, sangrienta y ampulosa ya que responde a los criterios del cine de terror independiente y nada tiene que ver con una franquicia exhausta previa, este último factor sin duda la gran limitación de La Primera Profecía, una precuela de La Profecía (The Omen, 1976), de Richard Donner, que llegó luego de la friolera de cinco productos complementarios de diversa índole, Damien: La Profecía II (Damien: Omen II, 1978), de Don Taylor, La Última Profecía (The Final Conflict, 1981), propuesta de Graham Baker, La Profecía IV: El Despertar (Omen IV: The Awakening, 1991), odisea televisiva de Jorge Montesi y Dominique Othenin-Girard, La Profecía (The Omen, 2006), remake de John Moore del film original de 1976, y Damien (2016), serie de Glen Mazzara para la cadena A&E. En todo caso más cercana en espíritu iconoclasta a las tribulaciones de los claustros de Benedetta (2021), de Paul Verhoeven, y El Sacramento del Diablo (Consecration, 2023), de Christopher Smith, Inmaculada le escapa al satanismo bobo estándar de siempre y de hecho resulta bastante más valiente y salvajona que el promedio mainstream e indie de la actualidad, uno inofensivo que suele entregar productos larguísimos, pretensiosos/ redundantes y muy torpes a escala narrativa, el opuesto exacto para con la epopeya que nos ocupa porque a estos deliciosos 89 minutos no les sobra ni les falta nada en su apuesta por un terror “puro y duro” -modelo setentoso u ochentoso- que sin mucho esfuerzo consigue reflexionar acerca del embarazo en mujeres solteras, la sombra del necesario aborto, la solución extrema del infanticidio al nacer y por supuesto el acoso social a través de la ley, la reclusión y los delirios vacuos de la eugenesia.
Después de un breve prólogo, en el que la Hermana Mary (Simona Tabasco) roba las llaves para escapar de un convento italiano pero es atrapada por cuatro monjas, quienes le rompen una pierna y la entierran viva, la novicia estadounidense Cecilia (Sweeney) llega al mismo cenobio con la meta de convertirse en monja, un lugar dedicado al cuidado de religiosas moribundas y controlado por la Madre Superiora (Dora Romano) y el Padre Sal Tedeschi (Álvaro Morte), cabecillas a priori afables que se contraponen a la severidad del Cardenal Franco Merola (Giorgio Colangeli). La protagonista, una chica que descubrió su vocación cristiana a los doce años cuando casi se ahoga en un lago gélido y fue declarada muerta durante siete minutos, efectivamente toma los hábitos aunque se sorprende cuando termina embarazada siendo virgen luego de desmayarse por tomar algo de vino, suceso que genera que casi todos en el convento la traten como una segunda Virgen María mientras se apilan situaciones tétricas, como el descubrimiento de cicatrices con forma de crucifijo en los pies de una monja senil, la Hermana Francesca (Betty Pedrazzi), y el rápido “silenciamiento” de dos monjas que osan cuestionar el complot de fondo, primero la Hermana Isabelle (Giulia Heathfield Di Renzi), la cual intenta ahogar a Cecilia en una bañera por celos y después es arrojada desde un techo, y a posteriori la Hermana Gwen (Benedetta Porcaroli), muchacha que interpela a las autoridades eclesiásticas de la institución y por ello se gana que le corten la lengua. A Cecilia no le lleva mucho tiempo descubrir que fue elegida por su accidente en el lago, el cual supuestamente la acercó a la muerte y a Dios, y que Tedeschi fue un biólogo genetista que ahora está obsesionado con engendrar a un nuevo mesías con el ADN de un Clavo Santo de la cruz de Jesucristo, por ello no la deja concurrir a un hospital y acumula muchísimos fetos deformes y ella simula un aborto espontáneo con la sangre de una gallina decapitada, no obstante la descubren y la regresan a su presidio a la espera del nacimiento.
El debutante Lobel y el insólito Mohan, este último con una carrera bizarra porque saltó de dos comedias que no vio nadie, Demasiadas Mañanas (One Too Many Mornings, 2010) y Reserva la Fecha (Save the Date, 2012), a Inmaculada y una digna relectura con Sweeney de La Ventana Indiscreta (Rear Window, 1954), de Alfred Hitchcock, Los Voyeristas (The Voyeurs, 2021), se las arreglan para construir una propuesta apasionante y muy adictiva que nos hace olvidar que esta historia ya ha sido trabajada en decenas de ocasiones, éxito que tiene que ver con una pluralidad de factores como una duración total perfecta, el buen gore, un suspenso claustrofóbico maravilloso, un número acotado de personajes, esa paranoia que juega con la ambigüedad -todo puede responder a una secta mundana de desquiciados o quizás a un culto que coquetea con lo sobrenatural o un Anticristo involuntario, por la caída de dientes y la fecundación ritualizada de Cecilia- y unos jump scares algo berretas pero eficaces, sobre todo gracias a que suelen fusionarse con el surrealismo, las visiones de ella, la conspiración sacra y las truculencias al paso. Sweeney, actriz que viene de protagonizar el genial videoclip de Angry (2023), de The Rolling Stones, y que se hizo conocida por sus participaciones en las series El Cuento de la Criada (The Handmaid’s Tale, 2017-2022), Objetos Afilados (Sharp Objects, 2018), El Loto Blanco (The White Lotus, 2021-2022) y Euforia (Euphoria, 2019-2022), aquí entrega una intensidad in crescendo que va desde la inocencia inicial hasta la brutalidad de un desenlace memorable que por cierto termina de amalgamar todos los ingredientes del film, hablamos del nunsploitation más descocado símil Ken Russell o Eriprando Visconti, el giallo metafísico modelo Dario Argento y Lucio Fulci, la alienación femenina a lo Roman Polanski, el body horror cronenbergiano Clase B y por supuesto la denuncia solapada de esta nueva derecha medieval y payasesca que desde su fundamentalismo y estupidez destruye derechos adquiridos con mucho esfuerzo social…
Inmaculada (Immaculate, Estados Unidos/ Italia, 2024)
Dirección: Michael Mohan. Guión: Andrew Lobel. Elenco: Sydney Sweeney, Álvaro Morte, Simona Tabasco, Benedetta Porcaroli, Dora Romano, Giulia Heathfield Di Renzi, Betty Pedrazzi, Giorgio Colangeli, Giampiero Judica, Giuseppe Lo Piccolo. Producción: Sydney Sweeney, David Bernad, Jonathan Davino, Michael Heimler y Teddy Schwarzman. Duración: 89 minutos.