Borat Subsiguiente Películafilm (Borat Subsequent Moviefilm)

Ofender a todos

Por Emiliano Fernández

Borat Subsiguiente Películafilm (Borat Subsequent Moviefilm: Delivery of Prodigious Bribe to American Regime for Make Benefit Once Glorious Nation of Kazakhstan, 2020) no es ni remotamente tan graciosa como la primera epopeya del 2006, aquella dirigida por Larry Charles, sin embargo continúa representando una experiencia invaluable dentro del paupérrimo y castrado contexto cultural industrial de hoy en día ya que el gran Sacha Baron Cohen vuelve a pegarle muy duro a la derecha fascista y a los burgueses patéticos de seudo izquierda mediante su obra maestra de la comedia, Borat Sagdiyev, un reportero televisivo de Kazajistán que a través de su acervo antisemita, homofóbico, misógino y antigitano exaspera por igual a los progres oligofrénicos de los que están llenas las redes sociales y a esos neonazis disfrazados de “ciudadanos comunes” de los que están llenas la política, los medios de comunicación y los círculos de poder capitalista contemporáneos. En un mundo donde casi todos se manejan con antinomias bobaliconas, reduccionistas y mediocres y para colmo se pasan la vida pretendiendo convencer al otro -desde la violencia y la denigración- acerca de la supuesta veracidad de sus postulados, Borat quiebra la lógica de los idealismos ortodoxos autoritarios de estas distintas facciones que en un análisis profundo se parecen muchísimo entre sí, principalmente gracias a que el personaje de Baron Cohen por un lado destruye vía el ridículo y/ o el absurdo la imagen estereotipada que los conservadores construyeron de sus enemigos caprichosos símil chivos expiatorios que aglutinan todo el desprecio social, llevando al extremo cada una de sus ideas xenófobas y sexistas (de todas formas, los imbéciles de derecha casi nunca descubren la burla a lo “espejo deformado” y confunden la parodia con un registro documental), y por el otro lado el amigo Sagdiyev funciona además como un símbolo de la banalidad y el desconocimiento absoluto por parte de buena parte de los militantes de la izquierda new age con respecto a los padecimientos e injusticias reales de los sectores marginados, populares o denigrados (aquí se enfatiza cierto sustrato animalizado e hiper retrógrado de los pobres y los miserables por la sencilla razón de que carecen de los medios necesarios para vivir, mientras que los progres de la burguesía -campeones de la caridad privilegiada que no modifica nada- se arman construcciones descriptivas utópicas que están muy pero muy lejos de la praxis cotidiana de los excluidos).

 

Ahora el director es Jason Woliner, un profesional de raigambre televisiva de larga data, y regresan Anthony Hines, Peter Baynham y Dan Mazer para escribir el guión con Baron Cohen y los flamantes Dan Swimer, Erica Rivinoja, Jena Friedman y Lee Kern, un trabajo colectivo que es relativamente común en un rubro siempre difícil como la comedia. La trama sigue el formato del falso documental satírico de la faena anterior, Borat (Borat: Cultural Learnings of America for Make Benefit Glorious Nation of Kazakhstan, 2006), y arranca luego de la liberación de Sagdiyev después de 14 años de trabajos forzados en un gulag por traer la desgracia a Kazajistán con sus tropelías previas en Estados Unidos, esas que generaron su humillación pública -golpe en los testículos incluido- y la caída de las exportaciones nacionales de potasio y pubis, amén de la cancelación de la “corrida de judíos” al punto de dejar al país sólo con el Día de Conmemoración del Holocausto, donde se celebra a los valientes soldados que dirigían los campos de exterminio. El líder máximo de Kazajistán, el Premier Nazarbayev (Dani Popescu), le comenta que durante su estadía en el gulag Barack Obama destruyó los valores de yanquilandia pero ahora la potencia está gobernada por un “magnífico presidente llamado McDonald Trump” que estrechó lazos con Vladimir Putin, Kim Jong-Un, Jair Bolsonaro y Kanye West aunque no con Nazarbayev, por lo que le encarga llevarle un regalo no a Trump -recordemos que Borat había defecado en la puerta de su torre en Manhattan- sino al vicepresidente Mike Pence, otro monigote putañero de la oligarquía capitalista. El obsequio es Johnny, el Mono, un chimpancé que es el ministro de cultura de Kazajistán y una estrella porno, y así los funcionarios preparan a Sagdiyev cortándole el pelo e inyectándole lágrimas de gitano para protección, no obstante antes de partir descubre que su vecino se apropió de su casa y sus tres hijos dejándolo sólo con su “ganado”, léase dos cerdos, una vaca y una hija de la que desconocía su existencia, Tutar (gran desempeño de Maria Bakalova, al nivel del camaleónico Sacha), quien vive atada en el granero porque a pesar de sus 15 años todavía no tiene esposo que la ponga en una jaula como es debido, una joven que sueña con una cárcel de oro como la de Melania, la esposa de adorno de Trump, protagonista de una serie animada a lo Walt Disney que la muchacha ve siempre por televisión y por ello pretende acompañar a su padre en su periplo.

 

Baron Cohen estructura una narración menos hiriente y más sentimentaloide que la del opus precedente mediante el doble ardid retórico de -una vez en yanquilandia luego de un viaje en carguero de 22 días que lo paseó por todo el globo- tener que disfrazarse para que no lo reconozcan en suelo estadounidense y encima verse obligado a lidiar con su hija, a la que considera poco más que un animal insoportable, cuando la descubre adentro de la caja que traía a Johnny, el Mono, con la hambrienta adolescente engullendo al simio y después afirmando que “se comió solo”. El Premier Nazarbayev le dice que sí ante la nueva idea de Borat de entregarle a su hija en plan de “regalo sexy” a Pence y por ello debe aprender a manejarla mediante un libro que trae la mujer consigo, el Manual del Propietario de Hija, volumen muy hilarante en el que se describen la necesidad de prisiones, la prohibición de la masturbación y el veto para actividades como conducir o el hecho de aprender a leer y escribir. Los puntos altos de la película en términos del sarcasmo son todo el prólogo en Kazajistán, la compra de la jaula y juguetes cual perro, la entrevista con Macey Chanel, una influencer bien idiota e impresentable de Instagram, el paseo en público con la correa, la compra del pastel de chocolate antisemita, todo el episodio en el centro médico cristiano antiaborto con el pastor Jonathan Bright, la graciosísima escena del baile de debutantes en Macon, Georgia, y el sangrado menstrual a la vista de todo el mundo, cuando el adalid se caracteriza como encapuchado del Ku Klux Klan para ingresar en una conferencia de los republicanos, el intento de entregarle Tutar a Pence disfrazado de Trump, la secuencia en la clínica de cirugía estética cuando cambian de “objetivo” y pasan a Rudy Giuliani y su preferencia por las tetonas, todos los momentos con la niñera negra obesa Jeanise Jones, el episodio en la reunión de mujeres republicanas de Hillsborough, el instante supremo en que ella le muestra un posteo de Facebook de negacionistas del Holocausto y a él se le rompe el corazón, la visita a la sinagoga y el encuentro con Judith Dim Evans, los días de cuarentena por COVID 19 con los palurdos de Jerry Holleman y Jim Russell, el número musical de extrema derecha con motivo de una protesta anticonfinamiento, el desenlace con Giuliani a punto de sacar su pene adelante de la chica -momento inmaculado de las cámaras ocultas- y toda la estupenda alusión final a Los Sospechosos de Siempre (The Usual Suspects, 1995).

 

De un modo muy similar a Fahrenheit 9/11 (2004), aquella recordada obra de Michael Moore orientada a atacar al energúmeno fascista y corrupto de George W. Bush durante las elecciones presidenciales de 2004, Borat Subsiguiente Películafilm tiene que ver con la creciente militancia política de Baron Cohen y su rauda necesidad de embarrarle la cancha a Trump durante las postrimerías de la campaña presidencial de 2020 y a la par levantar publicidad para la propuesta distribuida por Amazon Studios vía Prime Video, una jugada de maravilloso oportunismo coyuntural porque a lo largo del metraje se mofa de los distintos sectores que constituyen la masa de votantes por antonomasia de estos payasos fascistas y/ o populistas que pululan por todo el planeta, hablamos por supuesto de los antiabortistas, la basura cristiana, los gurúes de autoayuda, los conservadores filonazis, el periodismo militante de los conglomerados de comunicación, los fanáticos de las armas, las organizaciones racistas, los amantes de la milicia y fuerzas de represión, la alta burguesía explotadora, los bobos de las redes sociales, los antivacunas, los agentes monopólicos de Internet -Facebook, Amazon, Google y Apple- y los chiflados de las teorías conspirativas como los propios Holleman y Russell, defensores de la denominada QAnon o creencia de que una camarilla de pedófilos adoradores de Satanás está dirigiendo una red mundial de tráfico sexual infantil y conspirando contra Trump con vistas a realizar un Golpe de Estado encabezado por Obama, Hillary Clinton y George Soros. El actor británico inunda la pantalla de incorrección política, en tiempos en los que se pretende imponer la dictadura cultural del marketing falsamente feminista y diverso, y así quedan desnudas la paranoia y los ataques del vulgo lego, la white trash y los sectores más poderosos y concentrados del país contra las tarados progres de seudo izquierda, la Organización Mundial de la Salud, la CNN, los tontos del espiritualismo y las dietas new age, el hipócrita de Obama, el horrendo linaje Clinton, las feminazis misándricas de cotillón y hasta el inmunólogo Anthony Fauci, responsable de las erráticas políticas de Estados Unidos de lucha contra el coronavirus y un matasanos en permanente conflicto con Trump y los delirantes del anticonfinamiento y los negacionistas de la pandemia en sí, esos mismos estúpidos que eventualmente terminaron contagiándose como el propio presidente yanqui, su par de Brasil y otros tantos demagogos.

 

Vivimos en uno de los peores mundos posibles y esto Baron Cohen lo sabe bien y por ello aboga por regímenes representativos verdaderos y no por las farsas actuales, pantomimas públicas que podrán ser etiquetadas como “autoritarismos competitivos” o “democracias iliberales” pero lo cierto es que hace ya décadas -desde los 70- dejaron de representar al pueblo y se transformaron en luchas intra elites gubernamentales de derecha a espaldas de casi todos los mortales a excepción de sus socios del aparato mediático, político, virtual, financiero, bélico y empresario. El bipartidismo eterno entre dos sectores del statu quo más fascista, sean los republicanos y los demócratas o los excrementos peronistas y macristas de la Argentina, se vincula con la ausencia de verdadera oposición y la presencia de medios de comunicación oligopólicos que dejaron de ser independientes para transformarse en burdos órganos de propaganda perpetua para las distintas coaliciones de derecha que optan por un populismo más o menos extasiado aunque siempre igual de convalidante para con el esquema general de inequidad social y atropellos, precisamente por ello suben y suben y suben la pobreza, el desempleo y la marginación en todo el planeta sin cesar. Más allá de la genial idea de ofender a todos estos zombies lobotomizados y convertir a Borat en artífice involuntario de este apocalipsis mundial -atizado encima por el COVID 19- mediante su rol de propagador del virus, el inglés vuelve a remarcar que Sagdiyev es más interesante y funcional que sus otras criaturas, como Ali G de Ali G Indahouse (2002), Brüno Gehard de Brüno (2009) y el Almirante General Aladeen de El Dictador (The Dictator, 2012), ya que le permite jugar con los binomios demacrados contemporáneos del odio/ amor extremo sin nada en el medio ni crítica sesuda alguna, pensemos en el desenlace cuando Kazajistán pasa del patriarcado al matriarcado y de la exportación de hembras a la exportación de niños y adolescentes varones que envían cual ganado a Kevin Spacey, lo que por supuesto es lo mismo invertido porque los principios de hegemonía práctica no varían para nada (sueño húmedo de las feminazis y sus pollerudos, nada menos). Baron Cohen incluso juega con la “modernización” que el imperio actual le impone al Tercer Mundo, transformándolo como la India en una granja de trolls o llevándolo a la animadversión contra Estados Unidos, como muchos países de idiosincrasia musulmana que saben bien cuál es el enemigo real…

 

Borat Subsiguiente Películafilm (Borat Subsequent Moviefilm: Delivery of Prodigious Bribe to American Regime for Make Benefit Once Glorious Nation of Kazakhstan, Reino Unido/ Estados Unidos, 2020)

Dirección: Jason Woliner. Guión: Sacha Baron Cohen, Anthony Hines, Dan Swimer, Peter Baynham, Erica Rivinoja, Dan Mazer, Jena Friedman y Lee Kern. Elenco: Sacha Baron Cohen, Maria Bakalova, Dani Popescu, Jeanise Jones, Jerry Holleman, Jim Russell, Ion Gheorghe, Nicolae Gheorghe, Judith Dim Evans, Tom Hanks. Producción: Sacha Baron Cohen, Anthony Hines y Monica Levinson. Duración: 95 minutos.

Puntaje: 7