Cuerpos Ardientes (Body Heat)

Ola de calor y de llamas

Por Emiliano Fernández

Lawrence Kasdan empezó a trabajar en el mundo del cine como guionista en el período de transición entre el querido Nuevo Hollywood de la década del 70 y la retro metamorfosis de toda la gran industria en su conjunto hacia los blockbusters inflados de otras épocas, etapa que arranca en los 80 y llega hasta nuestros paupérrimos días. Luego de firmar las tramas de El Imperio Contraataca (The Empire Strikes Back, 1980), de Irvin Kershner, y Los Cazadores del Arca Perdida (Raiders of the Lost Ark, 1981), clásico de Steven Spielberg, en esencia dos encargos de George Lucas, y antes de cocinar los guiones de Mi Nido o el Tuyo (Continental Divide, 1981), de Michael Apted, y El Regreso del Jedi (Return of the Jedi, 1983), de Richard Marquand, el señor debutó como realizador con la que sería por lejos su mejor película en dicho rubro, como jerarca máximo detrás de cámaras, Cuerpos Ardientes (Body Heat, 1981), actualización erótica y posmoderna de Pacto de Sangre (Double Indemnity, 1944), de Billy Wilder, en términos concretos, y de los engranajes del film noir de la femme fatale, la intimidad saboteada, la incriminación y el antihéroe casi siempre reventado o en dificultades, ya en general, película que anticipa no sólo los thrillers sensuales por venir en línea con Atracción Fatal (Fatal Attraction, 1987), de Adrian Lyne, Bajos Instintos (Basic Instinct, 1992), de Paul Verhoeven, La Última Seducción (The Last Seduction, 1994), de John Dahl, Acoso Sexual (Disclosure, 1994), de Barry Levinson, y Jade (1995), de William Friedkin, sino también esa versión hollywoodense, publicitaria y algo mucho naif -aunque simpática y relativamente valiente para su tiempo- del porno soft, pensemos en opus como 9 Semanas y Media (Nine 1/2 Weeks, 1986), de Lyne, Orquídea Salvaje (Wild Orchid, 1989), de Zalman King, y Propuesta Indecente (Indecent Proposal, 1993), también de Lyne, entre muchas otras faenas amatorias que quedaron completamente en el olvido. La misma estrategia que aplicó en géneros diversos como las aventuras, el western, la ciencia ficción, la comedia y el drama romántico, léase la recuperación de motivos habituales aunque sutilmente aggiornados a los tiempos que corren, hoy la vuelve a utilizar para su ópera prima pero puliendo al extremo su gran astucia en diálogos, puesta en escena, desarrollo de personajes, pulso del relato y ese minimalismo sensato de cadencia humanista y algo lúdica por el que es conocido desde el inicio de su derrotero profesional.

 

En vez de centrarse en las traiciones superpuestas y enrevesadas de la pareja clandestina central y en la eficaz pesquisa para dar con el culpable por parte de un investigador, Barton Keyes (Edward G. Robinson), del opus de Wilder, a su vez coescrito entre el director y Raymond Chandler e inspirado en la novela homónima de 1943 de James M. Cain, Kasdan en Cuerpos Ardientes simplifica sumariamente las cosas y se concentra sobre todo en la relación entre un abogado mediocre, promiscuo y bastante inepto de Florida llamado Ned Racine (William Hurt), quien tiene de amigos al asistente del fiscal Peter Lowenstein (Ted Danson), su contrincante en el tribunal, y el detective Oscar Grace (J.A. Preston), mano derecha policial del anterior, y la arrebatadora Matty Walker (Kathleen Turner), una mujer misteriosa y sensual que está casada con Edmund Walker (Richard Crenna), un magnate que sin duda se enriqueció pisando a todos a su alrededor y simultáneamente en los rubros hermanados de la rauda especulación de la bolsa de valores, los inmuebles y las inversiones enigmáticas que casi nadie conoce bien. De a poco la fémina va condicionando al hombre, también de muy pocos escrúpulos como ella, para matar al marido bajo la excusa de que al casarse firmó un acuerdo prenupcial que la dejaría con poco y nada en lo que respecta a un divorcio, así eventualmente ambos planean el homicidio y él se mete en la mansión de turno, golpea en la cabeza a la víctima con un pedazo de madera y traslada el cuerpo hacia una construcción derruida de su propiedad para allí hacer estallar un dispositivo explosivo fabricado por Teddy Lewis (Mickey Rourke), un criminal incendiario que fue cliente de Racine. Lowenstein y en especial Grace no creen en la hipótesis de la muerte accidental en medio de un intento de hacer volar todo por un fraude o del asesinato a instancias de algún socio del mafioso Edmund, para colmo Ned termina más y más incriminado porque Matty preparó un testamento deficiente con su firma falsificada para que ella herede todo como la esposa del finado, existen registros de llamadas que tiran abajo su coartada de un viaje a Miami, la fiscalía está a punto de conseguir de un tercero desconocido los anteojos del muerto con sus huellas, Lewis está siendo presionado por la policía para que delate a su otrora abogado y encima permanece desaparecida la única testigo del nuevo testamento inservible, una amiga de secundaria de Matty llamada Mary Ann Simpson (Kim Zimmer).

 

El director y guionista, muy consciente de que además de tener como horizonte narrativo a Pacto de Sangre también recupera elementos aislados de Laura (1944), de Otto Preminger, El Cartero Llama Dos Veces (The Postman Always Rings Twice, 1946), de Tay Garnett, y Retorno al Pasado (Out of the Past, 1947), de Jacques Tourneur, aquí exacerba sin más la capacidad de destrucción femenina llevándola hasta sus últimas consecuencias aunque sin ninguno de los alicientes del cine y la sociedad del pasado en materia de algún tipo de contención moral, romántica, jurídica o profesional que aminore el sustrato depredador o haga más simpático al personaje de Turner a ojos del espectador bobalicón y conservador promedio, sin embargo la jugada maestra de Kasdan en realidad radica en no lanzarse de cabeza en el cinismo necio contemporáneo, por cierto una movida facilista y estrambótica en la caerían muchos neo noir y muchos cineastas posteriores, y en jugar simplemente con el trasfondo de vampiresa lujuriosa de Matty, siempre teniendo presente el halo de misterio necesario que debe conservar la mujer para que no se transforme en otra burguesa aburrida que fantasea con sacarse de encima al marido y que más que responder a la arquitectura del policial negro en verdad se condice con la comarca retórica de la comedia negra más o menos asumida o explícita. Esta especie de retro pragmatismo contenido e impiadoso, pero al mismo tiempo jamás burdo, estrafalario o deseoso de llamar la atención vía esa falta de sutileza de la década del 80 en adelante, constituye el núcleo mismo de la propuesta y es por ello que la soberbia tontuela del simplón de Racine, símbolo de un populacho que entra obnubilado en las redes de la manipulación a partir de un encanto que se desvanece de a poco cuando asoma la verdad, va dejando paso en el relato al carácter desalmado y trepador de ella, representación a su vez de esa competencia asimétrica entre privados en el mercado que tanto ponderaban el reaganismo y el thatcherismo como solución mágica para todos los problemas del capitalismo, lo que por supuesto derivó en una situación similar a la de la película con los tarados de siempre, los pobres, pagando la crisis inducida desde las cúpulas y los oligarcas de siempre, los ricos y poderosos, fagocitándose entre ellos mediante timos por debajo de la mesa y acumulando más poder, fortuna y capacidad de influencia a nivel general mientras ocultan su identidad real y/ o roban la de testaferros ingenuos o cómplices.

 

Kasdan, como tantos otros artistas de su generación y de las siguientes, tuvo un comienzo de carrera brillante que luego se fue aguando progresivamente, basta con considerar sus dignos trabajos de los 80 en géneros como el western, Silverado (1985), el drama rosa, Un Tropiezo Llamado Amor (The Accidental Tourist, 1988), y la comedia, Reencuentro (The Big Chill, 1983) y Te Amaré hasta Matarte (I Love You to Death, 1990), obras que pueden contraponerse sin problemas con aquellas otras que enmarcaron su declive paulatino a partir de los 90, hablamos de las cada vez más y más lamentables o estériles El Corazón de la Ciudad (Grand Canyon, 1991), Wyatt Earp (1994), Quiero Decirte que te amo (French Kiss, 1995), Mumford (1999), El Cazador de Sueños (Dreamcatcher, 2003) y Por fin solos (Darling Companion, 2012). No obstante Cuerpos Ardientes lo encuentra en su cúspide profesional y ello no es sólo por su maravilloso guión sino además por el acompañamiento de gente talentosa e irremplazable como el director de fotografía Richard H. Kline, quien descubre el punto intermedio exacto entre las imágenes libidinosas y las cuasi oníricas/ hipnóticas/ laberínticas, el compositor John Barry, señor que realiza un trabajo fenomenal en lo que atañe a una banda sonora jazzera muy elegante y sobre todo un leitmotiv que contagia peligro y fascinación, y desde ya los gloriosos protagonistas William Hurt, quien venía de debutar en pantalla en Estados Alterados (Altered States, 1980), de Ken Russell, y Testigo (Eyewitness, 1981), de Peter Yates, y pronto saltaría hacia Reencuentro, Gorky Park (1983), de Apted, El Beso de la Mujer Araña (Kiss of the Spider Woman, 1985), de Héctor Babenco, y Te Amaré en Silencio (Children of a Lesser God, 1986), de Randa Haines, y la genial Kathleen Turner, aquí en su primer trabajo en cine y catalizador de una carrera que luego incluiría joyas como El Hombre con Dos Cerebros (The Man with Two Brains, 1983), de Carl Reiner, Crímenes de Pasión (Crimes of Passion, 1984), de Russell, El Honor de los Prizzi (Prizzi’s Honor, 1985), de John Huston, Peggy Sue, su Pasado la Espera (Peggy Sue Got Married, 1986), de Francis Ford Coppola, ¿Quién Engañó a Roger Rabbit? (Who Framed Roger Rabbit?, 1988), de Robert Zemeckis, La Guerra de los Roses (The War of the Roses, 1989), del inefable Danny DeVito, Mamá, Asesina Serial (Serial Mom, 1994), de John Waters, y Las Vírgenes Suicidas (The Virgin Suicides, 1999), de Sofia Coppola. Con participaciones adicionales muy inspiradas de parte de Ted Danson, J.A. Preston, un Richard Crenna justo antes de su legendario Coronel Sam Trautman de Rambo (First Blood, 1982), de Ted Kotcheff, y ese Mickey Rourke jovencísimo y perfecto que apenas si había trabajado en 1941 (1979), de Spielberg, Fundido a Negro (Fade to Black, 1980), de Vernon Zimmerman, y La Puerta del Cielo (Heaven’s Gate, 1980), de Michael Cimino, la película utiliza con enorme inteligencia formal y conceptual la metáfora de la ola de calor para designar unas llamas que asimismo son sinónimo de mentiras, perfidia, robo de identidad, ansias plutocráticas y finalmente muerte para el cornudo y prisión para el crédulo amante de la viuda negra, en conjunto una suerte de retrato nihilista del Lado B de una Florida en apariencia paradisíaca que esconde los sinsabores de la corrupción y de la estafa en sus calles, sus caserones, sus coches lujosos, su sol radiante, su hielo apaciguador, su nocturnidad seductora, sus promesas de hedonismo irrestricto y todas esas hembras en celo, seres maquiavélicos dispuestos a todo -al igual que los hombres- para enriquecerse…

 

Cuerpos Ardientes (Body Heat, Estados Unidos, 1981)

Dirección y Guión: Lawrence Kasdan. Elenco: William Hurt, Kathleen Turner, Richard Crenna, Ted Danson, J.A. Preston, Mickey Rourke, Kim Zimmer, Jane Hallaren, Lanna Saunders, Carola McGuinness. Producción: Fred T. Gallo. Duración: 113 minutos.

Puntaje: 10