La Noche de los Muertos Vivientes (Night of the Living Dead)

Ortodoxia que funciona

Por Emiliano Fernández

La Noche de los Muertos Vivos (Night of the Living Dead, 1968), la obra maestra de influjo político de George A. Romero, ha despertado innumerables lecturas y si bien el consenso mayoritario pasa por considerarla un retrato del colapso estadounidense en la Guerra de Vietnam, con todas sus masacres y caos, y por subrayar la osadía del vínculo interracial de sus dos protagonistas centrales, el negro Ben (Duane Jones) y la caucásica Barbra (Judith O’Dea), también pueden pensarse otras interpretaciones o puntos de interés relacionados con el canibalismo capitalista, la paranoia sobre la radiación y la exploración espacial, un fin del mundo de resonancias bíblicas, la cobardía e intolerancia del blanquito, anglosajón y protestante, la ausencia o bancarrota moral del Estado y la esfera privada, la pugna entre el campo y la ciudad, la debacle de la civilización burguesa, esa locura masiva apuntalada por los medios de comunicación, la fe ingenua del ciudadano promedio en el rescate de las autoridades, la claustrofobia o angustia dentro del hogar, las disputas intergeneracionales, los efectos secundarios de las drogas psicodélicas, la obsesión con las armas del yanqui del montón y la rebelión del Tercer Mundo contra el imperialismo, sin olvidarnos por supuesto de la posibilidad de leer al film como un lienzo sobre el egoísmo y la histeria social, como una hipotética guerra civil por la supervivencia y como una suerte de Lado B del Flower Power cual anticipo de la decadencia del hippismo de 1969 a raíz del asesinato de Meredith Hunter en el Altamont Speedway Free Festival, durante el show de The Rolling Stones, y los homicidios cometidos por los súbditos de Charles Manson, el denominado Caso Tate-LaBianca. Lejos de esas resonancias conceptuales pero cerca del espíritu muy inquietante y fresco de la original encontramos a La Noche de los Muertos Vivientes (Night of the Living Dead, 1990), única película como director de Tom Savini, quien había sido contratado por Romero para entregar las truculencias de la remake pero eventualmente se hizo cargo del proyecto, impulsado en partes iguales por Menahem Golan, por entonces ya separado de su socio en Cannon Films, Yoram Globus, y ahora jerarca de 21st Century Film Corporation, y el propio Romero, que vio paupérrimas o nulas regalías por el gigantesco éxito del opus original ya que cayó en dominio público al no incluir un aviso de copyright en pantalla, éste borrado por accidente por la distribuidora, Walter Reade Organization, al eliminar el título primigenio de la faena, La Noche de los Devoradores de Carne (Night of the Flesh Eaters).

 

Sin duda el responsable de la eficacia de la remake es el mismo Savini, figura legendaria del ámbito del maquillaje, las prótesis y los efectos especiales en general conocido por Trastornado (Deranged, 1974), de Jeff Gillen y Alan Ormsby, Muerte de la Noche (Dead of Night, 1974), de Bob Clark, Martes 13 (Friday the 13th, 1980), de Sean S. Cunningham, Maníaco (Maniac, 1980), de William Lustig, Ojos Asesinos (Eyes of a Stranger, 1981), de Ken Wiederhorn, Los Sentenciados (The Burning, 1981), de Tony Maylam, El Asesino de Rosemary (The Prowler, 1981), de su amigo Joseph Zito, Violencia se Escribe con Sangre (Nightmare, 1981), de Romano Scavolini, Solos en la Oscuridad (Alone in the Dark, 1982), de Jack Sholder, Martes 13: Capítulo Final (Friday the 13th: The Final Chapter, 1984), también de Zito, Masacre en el Infierno (The Texas Chainsaw Massacre 2, 1986), de Tobe Hooper, Trauma (1993), de Dario Argento, Ted Bundy (2002), trabajo de Matthew Bright, y sus otras colaboraciones con Romero, léase Martin, el Amante del Terror (Martin, 1977), El Amanecer de los Muertos (Dawn of the Dead, 1978), Creepshow (1982), El Día de los Muertos Vivos (Day of the Dead, 1985), Monerías Diabólicas (Monkey Shines, 1988) y Dos Ojos Diabólicos (Due Occhi Diabolici, 1990), esta última codirigida con Argento, amén de sus recordadas intervenciones como actor en Caballeros de Acero (Knightriders, 1981), de Romero, y Del Crepúsculo al Amanecer (From Dusk Till Dawn, 1996), de Robert Rodríguez. El guión de George, hoy trabajando sobre el original suyo y de John A. Russo, respeta los lineamientos del pasado y comienza con el arribo de un par de hermanos a un cementerio, Bárbara (Patricia Tallman) y Johnny Todd (Bill Moseley), donde son atacados por zombies y así el segundo fallece y la primera consigue llegar hasta una casona rural en donde se atrinchera durante un fuerte ataque de nervios. Un negro que viene escapando de la hecatombe a bordo de una camioneta sin combustible, Ben (Tony Todd), se presenta en el lugar y eventualmente la dupla descubre que hay cinco personas más en el sótano, una pareja de corta edad, Tom Bitner (William Butler) y Judy Rose Larson (Katie Finneran), y un matrimonio de veteranos, Harry (Tom Towles) y Helen Cooper (McKee Anderson), los padres a su vez de una muchacha convaleciente por haber sido mordida por los monstruos de ultratumba, Sarah (Heather Mazur), la cual desde ya está atravesando una metamorfosis hacia el canibalismo y una psicopatía sin frenos, con ojitos vacíos de votante de la derecha.

 

El asunto deriva en una pugna entre la sensata posición del morocho, vinculada a resistir en la planta baja del inmueble tapando puertas y ventanas con madera y muchísimos clavos, y la postura del patriarca de la familia Cooper, pusilánime que abraza la lógica del avestruz y considera que el único lugar realmente seguro es el sótano. Un intento en pos de cargarle combustible a la camioneta en un surtidor cercano provoca la muerte de Tom y su novia en un voraz incendio, prólogo para una batalla campal dentro del hogar porque Ben resiente el individualismo insufrible de Harry y específicamente su decisión de no dejarlo entrar -y de pretender monopolizar un rifle- a la vuelta del plan fallido de huida de nuestra casa rodeada de zombies. En primera instancia conviene aclarar que la edición en blu-ray de 2025, por el 35 aniversario del film, corrige el desastre detrás de versiones anteriores en materia de una introducción que transcurre de día, como en el opus de los años 60, aunque fue oscurecida como si se tratase de una simulación de nocturnidad de marco televisivo o correspondiente al payasesco Hollywood Clásico, además se remasterizó la película para apreciar en todo su esplendor -y en la graduación de color correcta- la fotografía de Frank Prinzi, se restituyó la introducción en blanco y negro que salta al color de repente, en ocasión del ataque zombie en el cementerio y no sólo los títulos iniciales, y se volvieron a insertar algunas tomas de influjo gore que se habían descartado para contentar a la distribuidora, Columbia Pictures, en lo que respecta a bajar la clasificación por edades de la Motion Picture Association of America (MPAA), en esencia un plano del zombie gordo reventado con un atizador de chimenea al principio por Bárbara, Rege (Pat Logan), y otra toma genial de una cabeza de un cadáver caminante que explota gracias a un escopetazo de Tom, ya dentro del episodio de la fuga fallida vía la camioneta y la bomba de nafta. Aquí el rol preponderante de Ben está sutilmente relativizado y Bárbara toma las riendas en términos macros, personaje que funciona como una mixtura de “final girl” de impronta erótica y marimacho paradigmático del cine de acción posmoderno, recordemos para el caso que sus tetas en algunas escenas se hacen evidentes a través del vestuario y en una secuencia explícitamente se saca la pollera y se pone unos pantalones para metamorfosearse con la fauna masculina y hacer aquello que las hembras no suelen hacer en la praxis mundana, a lo que se suma el momento en el que acribilla a un agresor para demostrar al resto que están lidiando con cuerpos otrora sin vida.

 

Otro de los pivotes de la película, una de las mejores reinterpretaciones por lejos del cine de horror, se condice con el excelente desempeño de los tres actores principales, hablamos del prolífico Todd, célebre por sus aportes a las franquicias que comenzaron con Candyman (1992), de Bernard Rose, y Destino Final (Final Destination, 2000), gesta de James Wong, la hermosa Tallman, aquella de Caballeros de Acero y El Ejército de las Tinieblas (Army of Darkness, 1992), de Sam Raimi, también conocida por oficiar de doble de riesgo de Laura Dern en Parque Jurásico (Jurassic Park, 1993), blockbuster de Steven Spielberg, y por sus participaciones en las series que desencadenó Viaje a las Estrellas: La Nueva Generación (Star Trek: The Next Generation, 1987-1994), y el tremendo Towles, que se hizo famoso por coprotagonizar con Michael Rooker Henry: Retrato de un Asesino (Henry: Portrait of a Serial Killer, 1986), de John McNaughton, por sus colaboraciones con Stuart Gordon, El Pozo y el Péndulo (The Pit and the Pendulum, 1991) y La Fortaleza (Fortress, 1992), y por sus dos primeros trabajos para Rob Zombie, 1000 Cuerpos (House of 1000 Corpses, 2003) y Violencia Diabólica (The Devil’s Rejects, 2005). A pesar de que a rasgos generales la remake sigue la historia del opus original, lo cierto es que las diferencias son muchas como el hecho de que los hermanos al inicio van a visitar la tumba de la madre y no de su padre, el primer encontronazo zombie resulta falso -un viejito gagá inofensivo- y el segundo es el verdadero/ mortal, el gore y el lenguaje sexual ahora son más explícitos, aquí nos topamos con alguna que otra persignación y con los zombies de los dueños de la casa, Bárbara ya no se debate entre la catatonia o la histeria como su contraparte, Barbra, el escepticismo con respecto al Estado, los medios de comunicación y el vulgo lo cubre todo, el negro es quien infiere que a los cadáveres caminantes hay que dispararles en la cabeza o golpearlos en el cráneo para aniquilarlos (en 1968 era parte de la información televisiva), en este 1989 de la trama hay nula influencia del dispositivo comunicacional yanqui, además la dosis de furia, insultos y gritos entre los siete bípedos encerrados es bastante mayor, el descubrimiento de la familia Cooper y la parejita, Tom y Judy, se da más temprano en el metraje al punto de que Ben ya no es el que tapa puertas y ventanas en una absoluta soledad, Tom es el sobrino del dueño del domicilio, el citado Rege, cuando antes no tenía parentesco alguno, y la hija mordida, Karen (Kyra Schon) y hoy Sarah, deja de ser una mocosa y muta en adolescente.

 

La escena del cachetazo de Ben a Barbra se transforma en un cachetazo de Harry a Helen, la zombie desnuda de antaño deja paso a algunos varones caníbales sin ropa, cuyos colegas no sólo comen insectos sino también un ratón, Judy ocupa el lugar de la histérica del lote modelo Barbra, ahora Harry definitivamente resulta mucho más odioso, terco y fascistoide cortesía de su egoísmo patológico/ neoliberal, por ello incluso quiere robarse un televisor para llevarlo al sótano en una secuencia semi satírica, y en esta oportunidad nada sabemos sobre el origen del apocalipsis porque desaparece la ridícula hipótesis de que la radiación de una sonda espacial que explotó al regresar de Venus causó las reanimaciones masivas. De todos modos la mayor cantidad de diferencias se acumulan en el último acto, pensemos por ejemplo que ahora la llave de la bomba de gasolina aparece colgada en el sótano, típica ironía romeriana sobre la necedad del ser humano, la camioneta explota por el disparo de Tom contra el surtidor, cuando en 1968 todo era un accidente caótico por andar “jugando” con gasolina y fuego, y el destino último de los personajes cambia, así Bárbara sobrevive a la embestida zombie para luego reventar a Harry, Helen muere mordida por su hija y no asesinada con una linda palita de jardinería, a la que igualmente vemos salpicada de sangre en plan de homenaje tácito, Ben otra vez fallece por fuego humano aunque metamorfoseado en zombie y finalmente Johnny no regresa como engendro sino que lo encontramos entre la pila de cadáveres en un vehículo de las hordas de pajueranos psicópatas, quienes en esta ocasión se divierten disparando a zombies indefensos colgados -símil linchamiento del Ku Klux Klan- o metiéndolos en corrales como ganado para golpearlos con palos, todo bajo el liderazgo de un energúmeno institucional con un flamante parche en su ojo izquierdo, ese Sheriff McClelland antes interpretado por George Kosana y aquí por un Russell Streiner que compuso a Johnny en la película original y vuelve a oficiar de productor. Criticando en simultáneo a la masculinidad por violenta o muy pendenciera y a la feminidad por frágil o directamente molesta, por ello se enfatizan las discusiones de los hombres y la condición de “peso muerto” de las mujeres que no ayudan a la causa de la supervivencia, precisamente como la masculinizada por motu proprio Bárbara, la epopeya compensa su redundancia con intensidad y un claro perfeccionamiento formal/ técnico en fotografía, actuación, montaje y efectos especiales en comparación con la joya independiente dirigida por Romero, en suma ofreciendo un caso de relectura ortodoxa que funciona y que lamentablemente fue pasado por alto por un Hollywood amigo desde entonces de una infinidad de remakes insípidas u oligofrénicas, empezando por la también fundamentalista pero desastrosa Psicosis (Psycho, 1998), un experimento mimético de Gus Van Sant a partir del clásico de 1960 de Alfred Hitchcock que constituye el extremo opuesto, la pureza mal entendida o sin alma. Entre un Todd que se aparece en la casa con una barreta, premonición de su gancho en Candyman, y una Tallman que aprovecha la única verdadera oportunidad que tuvo de lucirse, siempre limitada a roles secundarios o cameos o stunts sin acreditar, en La Noche de los Muertos Vivientes se exacerba la deshumanización contemporánea, mediante el vendaval zombie y las posiciones ideológicas irreconciliables que provoca, pero también la enorme estupidez de tantos bípedos ignorantes que derrapan en la virulencia y la crueldad cuando sirviéndose de la anarquía mutan en tiranos para acumular poder y/ o dar rienda suelta a su sadismo…

 

La Noche de los Muertos Vivientes (Night of the Living Dead, Estados Unidos, 1990)

Dirección: Tom Savini. Guión: George A. Romero. Elenco: Patricia Tallman, Tony Todd, William Butler, Tom Towles, McKee Anderson, Katie Finneran, Bill Moseley, Russell Streiner, Heather Mazur, Pat Logan. Producción: Russell Streiner y John A. Russo. Duración: 89 minutos.

Puntaje: 9