El Sonido del Metal (Sound of Metal)

Otra superación personal

Por Ernesto Gerez

Todos los que tocamos música pesada y nos vamos de un ensayo o de un show con los oídos reventados pensamos que la sordera llegará tarde o temprano; a cierta edad nos empezamos a cuidar pero generalmente cuando ya hay un daño irreversible hecho. El rock, el metal, el punk y sus subgéneros se tocan fuerte, sobre todo porque son rubros que se apoyan mucho en la batería. Cualquiera que haya pisado una sala de ensayo dos minutos se da cuenta sin necesidad de entrar que la mayoría de las bandas ensayan a volúmenes inflados. Somos varias generaciones con tinnitus, algunos con mayor daño, otros con menos. Ruben (Riz Ahmed) es un batero de música pesada que se queda sordo; la sinopsis oficial dice que hace heavy metal, pero como la música es algo que al director Darius Marder no le importa -digamos que sólo es una excusa para su historia de ¿superación personal?- en realidad no es metal lo que toca el dúo que comparte Ruben con Lou (Olivia Cooke), sino algo más cercano al noise, tal vez con algo de postmetal y algunos ribetes de postgrunge y rock alternativo.

 

Ruben y Lou hacen la vida romántica de la autogestión del rock, con la rutina del rockero forjado después de la explosión de los subgéneros, que podría ser el año 2000 o el 2020, cuando ya las compañías discográficas no entran en la foto porque al rock lo velaron hace rato. En la vida de las giras -o en la vida gitana, como dicen los protagonistas- no hay hoteles cinco estrellas como en los cuentos de hadas de jeringas de oro, sino algún motorhome (en este caso más lindo que muchos reales) y una pila de ganas. Que Ruben sea batero no implica que esta sea una película sobre bateristas, como aquella muy buena del sádico Profesor Fletcher (J.K. Simmons) dirigida por Damien Chazelle, Whiplash (2014). En todo caso, estamos por momentos más cerca -sólo en lo más superficial de la trama- a The Wrestler (2008), de Darren Aronofsky; pero ahí donde aquella hacía una oda a los huevos de un protagonista que moría en su ley (el tremendo Mickey Rourke y su cara deformada y genial), acá Marder hace un drama existencialista con algunas pinceladas preciosistas y la mencionada historia de superación personal que le moja los calzones al sector más aburrido de la crítica estadounidense y que de estar bancada por un estudio más grande seguro se la pondría dura a algún votante del Oscar.

 

Ruben, además de nuevo sordo, es un ex adicto que no se pica desde hace cuatro años y sale con su compañera de banda a la que le vemos los brazos con cicatrices como para que nos quede claro que no superó sus traumas familiares ni con todo el oro de su papi ricachón: otra vez los niños ricos que tienen tristeza. En el tránsito de su sordera se mete en una granja, se pelea con Lou, se queda sin guita y conoce un nuevo estilo de vida, por supuesto digno y servicial, que será el que le dispare el insight, con campanitas y todo, que lo lleve a tomar nuevos rumbos para el orgasmo de la platea de la gente de bien. En lo estrictamente formal da vueltas a un naturalismo indie alejado tanto del realismo como del formalismo lúdico que la pone en un lugar limpio, de buen gusto soso, donde ni el buen diseño sonoro ni la actuación de Amhed -el mismo que la rompe toda en The Night of, muy buena miniserie de HBO del 2016- la pueden redimir.

 

El Sonido del Metal (Sound of Metal, Estados Unidos/ Bélgica, 2019)

Dirección: Darius Marder. Guión: Darius Marder y Abraham Marder. Elenco: Riz Ahmed, Olivia Cooke, Paul Raci, Mathieu Amalric, Lauren Ridloff, Jamie Ghazarian, Chris Perfetti, William Xifaras, Hillary Baack, Michael Tow. Producción: Bert Hamelinck y Sacha Ben Harroche. Duración: 120 minutos.

Puntaje: 4