La carrera de Nick Cave siempre se caracterizó por abordar los aspectos más oscuros del corazón con un cariz más existencialista que lóbrego, más esperanzador que desahuciado. Desde sus inicios post punk con From Her to Eternity (1983) hasta la consolidación del sonido más embriagador conseguido por ese melancólico tono barítono que caracteriza su discografía, el compositor australiano ha recorrido diversas etapas, desde hace mucho tiempo acompañado por su socio musical, el multiinstrumentista también australiano Warren Ellis, quien comenzara participando como invitado en Let Love In (1994), hace más de treinta años, para convertirse en una de las piezas centrales de las “Malas Semillas” a partir de sus contribuciones en el décimo tercer álbum de Nick Cave and the Bad Seeds, Abattoir Blues/ The Lyre of Orpheus (2004).
A diferencia de su disco anterior, Ghosteen (2019), una elegía compuesta por Cave junto a Ellis para procesar la muerte accidental de uno de sus hijos adolescentes en 2015, Arthur de 15 años, en su último trabajo, Wild God (2024), el músico retoma la colaboración con toda la banda en un proyecto más ambicioso y menos íntimo que su trabajo previo, ofreciendo nuevamente las evocaciones de profunda emotividad que caracterizan a sus seductoras narraciones, más cerca del hechicero pagano que del trovador, en diez temas de suma intensidad.
A lo largo de su carrera Cave se ha transformado desde sus agitados inicios en el rock gótico, evolucionando hasta lograr una madurez emocional y narrativa y abandonar de a poco su veta más furiosa y sus baladas para concentrarse en la intensidad de las emociones que la música hipnótica y las letras existencialistas imprimen en su público, el cual por cierto ha ido mutando en consonancia, acompañando su devenir.
Sus últimos discos, marcados precisamente por el óbito, Sketeton Tree (2016) y el citado Ghosteen, lo sumieron en una época oscura que lo obligó a repensar muchas de sus certezas, tanto musicales como ideológicas. Al igual que en Push the Sky Away (2013), en estos álbumes la melancolía se mezcla con la aflicción en temas marcados por armonías desoladoras de sintetizadores que se funden con la icónica voz de Cave. Wild God, en cambio, regresa a la explosión instrumental de Dig, Lazarus, Dig!!! (2008) gracias a la participación de todos los integrantes de The Bad Seeds en el proceso de grabación aunque no en la composición, dado que Cave escribió enteramente las letras mientras que la música fue nuevamente el resultado de la colaboración de Cave y Ellis.
Song of the Lake abre la luminosidad del disco, expandiéndose a través de una emotiva orquestación en un tema con base de piano y bajo que se funde con la voz de Cave, aquí adepto a vestirse una vez más de narrador de pequeñas historias poéticas que reflexionan sobre la mortalidad. La canción es conmovedora y funciona como una introducción hipnótica para el tema que da nombre al proyecto, Wild God, una meditación sobre el espíritu humano y su constante necesidad de búsqueda de un sentido a partir de una reflexión de un soldado o guerrero retirado que rememora sus hazañas pasadas con una cuota de cinismo, preguntándose si sus actos valieron la pena. Los arreglos de guitarra cabalgan sobre los sintetizadores mientras la batería marca acompasadamente el ritmo para fundirse con la voz de Cave, un artista que nuevamente se sumerge en las profundidades de su tono barítono para ofrecer otra metáfora conmovedora que estalla durante el final.
Frogs es un tema góspel con una base de sintetizadores que indaga en las paradojas de la condición humana, el sufrimiento y la alegría, la violencia y la redención, la culpa y el perdón, dos caras de la misma moneda que se esconden agazapadas en todos los rincones. Joy, una de esas baladas de Cave con destino de himno que hielan la sangre en las presentaciones en vivo, hipnotiza con un sintetizador saturado sobre el que el vocalista reflexiona en torno al dolor, la resiliencia humana y la necesidad de buscar la alegría, especialmente en los momentos más desesperados y aciagos. Final Rescue Attempt explora los límites entre la fe y el amor en las profundidades de la desesperación y la tragedia en una canción góspel de delicados teclados espaciales, guitarra, piano y coros.
Mientras que Conversion es una composición sobre el éxtasis religioso, la trascendencia y la búsqueda humana de un propósito que crece desde una atmósfera minimalista inicial hasta una explosión de coros, Cinnamon Horses, una canción de piano y sintetizadores etéreos, transita sobre la inextricable relación entre el amor y el dolor. Long Dark Night constituye el pasaje más profundo del disco, una mirada sobre la búsqueda espiritual inspirada en un poema de San Juan de la Cruz, La Noche Oscura del Alma (1577-1579), que analiza la pérdida de la conexión humana no solo con la religiosidad, sino con los aspectos espirituales de la existencia y con un propósito que le dé sentido a la misma. La canción esta conducida por la voz de Cave junto a un piano nostálgico y hasta sombrío, de claras evocaciones bíblicas.
O Wow O Wow (How Wonderful She Is) es un hermoso tributo de Nick Cave and the Bad Seeds a una cantautora y tecladista australiana fallecida en abril de 2021, Anita Lane, con quien el cantante tuvo una relación amorosa y musical en sus inicios con la banda The Birthday Party en la segunda mitad de la década del 70 y comienzos de los años 80. La canción incluye fragmentos con la voz de Lane, fallecida en 2021 a los 61 años, de una conversación en la que repasa su vida y explora el envejecimiento y los recuerdos. As the Waters Cover the Sea, el último tema del álbum, es una canción breve, coral, que también explora motivos bíblicos como la resurrección de Cristo y su trasfondo piadoso extasiado.
A contrapelo de la cultura actual, Nick Cave indaga aquí sobre la religiosidad y la espiritualidad en una época en la que la temática parece haber sido reemplazada por el hedonismo circunstancial y evanescente y el sometimiento a la estandarización emocional. Arraigado en la tradición literaria, Cave es un narrador que convierte sus poesías en canciones, retomando la visión de autores como William Blake, Fiódor Dostoyevski, Kahlil Gibran, William Butler Yeats, Wystan Hugh Auden y Sherwood Anderson, todos escritores, pensadores y poetas capaces de adentrarse en las profundidades del espíritu.
Wild God es un disco que explora la condición humana a través del misticismo religioso, temática que Cave ya había trabajado de manera más o menos sutil en composiciones previas, como God Is in the House, The Mercy Seat y Brompton Oratory, entre muchas otras, a su vez cobrando más fuerza en sus últimos trabajos y aquí resurgiendo con gran brío como un antídoto ante el dolor por la pérdida, en términos prácticos la muerte de Arthur y otro de sus vástagos, Jethro, en 2022 a los 31 años, y el fallecimiento de Anita Lane, una de sus colaboradoras más cercanas en su juventud. Todas las canciones de Wild God reflexionan sobre la desaparición de los seres queridos, una de las consecuencias más dolorosas del proceso de envejecimiento. El óbito, las distintas fases de la vida espiritual y la necesidad de encontrar consuelo en los momentos más afligidos son los ejes que hoy conducen las canciones de Nick Cave and the Bad Seeds, una banda con más de cuarenta años de trayectoria y dieciocho álbumes bajo el brazo que se niega a ceder a las modas musicales y continúa con su mirada artística a contrapelo de todos los pronósticos.
Wild God, de Nick Cave and the Bad Seeds (2024)
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