Sintiéndolo Mucho

Para envejecer sin dignidad

Por Emiliano Fernández

En términos generales los admiradores del inconmensurable Joaquín Sabina se dividen entre los primigenios de las décadas del 80 y 90, los que empezamos a escucharlo durante el pico creativo del músico/ poeta/ cantautor/ cuasi humorista, y los que sobrevinieron a fines del Siglo XX e inicios del nuevo milenio mediante una renovada popularidad que bajó la edad promedio de los fans, hoy dos grupos que comienzan a emparejarse en madurez justo cuando el señor le ha “picado el bichito” de esa reflexión que siempre acompaña a los veteranos con una salud cada día más frágil: dejando de lado el trasfondo digno aunque algo anecdótico de sus primeros tres discos con CBS, Inventario (1978), Malas Compañías (1980) y Ruleta Rusa (1984), a lo que se suma un álbum en vivo con Alberto Pérez y Javier Krahe, La Mandrágora (1981), la primera explosión de masividad se da en España y en el contexto de sus dos colaboraciones con la banda soporte Viceversa, Juez y Parte (1985) y Joaquín Sabina y Viceversa en Directo (1986), sus debuts con BMG/ Ariola y comienzo de una seguidilla discográfica gloriosa que abarca Hotel, Dulce Hotel (1987), El Hombre del Traje Gris (1988), Mentiras Piadosas (1990), Física y Química (1992) y Esta Boca es Mía (1994), preámbulo a su vez para un período desparejo aunque aún interesante que cubre Yo, mi, me, contigo (1996), Enemigos Íntimos (1998), placa a dúo con el argentino Fito Páez, y sobre todo 19 Días y 500 Noches (1999), disco en el que se produce el quiebre generacional en el público porque el español deja de cantar con impostaciones melodiosas y muta en un personaje un poco más caricaturesco de bohemia tradicional símil crooner trasnochado o arrabalero cual mixtura entre Bob Dylan, Tom Waits y Leonard Cohen, ya dejándonos con álbumes de clara decadencia que van desde los amenos Dímelo en la Calle (2002) y La Orquesta del Titanic (2012), éste craneado junto a su compinche tardío Joan Manuel Serrat, hasta los muy olvidables Alivio de Luto (2005), Vinagre y Rosas (2009) y Lo Niego Todo (2017), declive enmarcado en una andanada adicional de registros innecesarios en directo.

 

Si bien el músico ya había sido objeto de estudio en trabajos documentales previos, como Joaquín Sabina: 19 Días y 500 Noches (2008), largometraje del holandés Ramón Gieling, y Pongamos que Hablo de Sabina (2020), miniserie de Alberto del Pozo y Eva Pérez para Atresplayer, lo cierto es que faltaba un film de alto perfil y con impronta de “retrato oficial” del maestro, algo que ya venía cocinándose desde 2008-2010 por parte del propio Sabina junto con el cineasta Fernando León de Aranoa, director y guionista madrileño conocido especialmente por la estupenda Los Lunes al Sol (2002), sus dos erráticas incursiones en el ambiente anglosajón, Un Día Perfecto (A Perfect Day, 2015) y Loving Pablo (2017), y por su último y simpático opus, El Buen Patrón (2021), amén de otros trabajos apenas pasables, en sintonía con Familia (1996), Barrio (1998), Princesas (2005) y Amador (2010), y tres obras documentales, Caminantes (2001), sobre la marcha del 2001 de los zapatistas hacia la Ciudad de México en apoyo a los Acuerdos de San Andrés de 1996, Invisibles (2007), un homenaje a la ONG Médicos sin Fronteras codirigido por Mariano Barroso, Isabel Coixet, Javier Corcuera Andrino y Wim Wenders, y Política, Manual de Instrucciones (2016), film sobre el ascenso meteórico de Podemos, un partido político español de izquierda que trepó rápidamente en el marco electoral desde su fundación en 2014/ 2015. Sintiéndolo Mucho (2022), el resultado concreto de la colaboración entre Aranoa y Sabina, en buena medida deja de lado la faceta pública que todos conocemos de Joaquín, esa artística vinculada a su figura de pernoctador compulsivo, anarquista romántico y campeón de los excesos, los amores fugaces, las ironías, el inconformismo cultural y la poesía más melancólica y bella, y opta en cambio por centrarse en la persona real, el ser humano por fuera de las luces y la puesta fastuosa/ cerebral del escenario, lo que implica de sopetón que el asunto puede llegar a defraudar o incluso ofender a gran parte del público ya que las canciones del señor tienen un rol bastante relegado con respecto a sus alocuciones autobiográficas semi improvisadas.

 

Más allá del enfoque de turno, en esencia típico tanto de los artistas que se sienten en las postrimerías de su carrera -o quizás su vida- como de los documentales posmodernos que le ceden la palabra a los propios retratados en un intento de construir un lienzo lo más “en primera persona” posible, la odisea de Aranoa explora con eficacia y rigurosidad distintas facetas de la idiosincrasia, el derrotero y los intereses de Joaquín, pensemos en su adicción al tabaco y el alcohol (el desfile interminable en pantalla de cigarrillos y vasos con hielos y bebidas espirituosas no dejan mucho margen para las dudas), su otrora fetiche para con la cocaína circa la grabación de 19 Días y 500 Noches (hace más de dos décadas que no reincide y el asunto habilita algún chiste al paso de backstage con motivo de la presencia de sal), el amor de siempre para con las culturas mexicana y argentina (en este sentido siempre fueron influencias centrales el tango porteño y el acervo simbólico de los mariachis, con Que te Vaya Bonito como una de sus canciones preferidas, composición del eterno José Alfredo Jiménez que fue popularizada por Vicente Fernández y Chavela Vargas), su cariño hacia la polémica tauromaquia (las corridas de toros, esas estupideces hiper anacrónicas hermanadas a la crueldad contra los animales, aparecen en Sintiéndolo Mucho a través de una cornada justiciera que recibe José Tomás, un célebre torero español), aquella infancia gris y opresiva en Úbeda (en un clásico gesto de los documentales del indie y los especiales televisivos varios, Aranoa acompaña a Sabina en su regreso a la ciudad que lo vio nacer para un homenaje que incluye sopesar la figura de su padre policía), el exilio posterior en Londres por su militancia de izquierda contra el franquismo, sobre todo aquello de lanzar un cóctel molotov contra una sucursal del Banco de Bilbao (en Londres vio en vivo, en los años 70, a sus dos ídolos anglos, Dylan y The Rolling Stones) y el rol crucial de Viceversa en su despegue (hay un reencuentro muy emotivo con la banda en el hoy malogrado Teatro Salamanca de Madrid, donde fuera registrado en febrero de 1986 el famoso álbum en vivo).

 

Desde ya que Sintiéndolo Mucho, incluso en su sinceridad o brutalidad expresiva general, no puede evitar cierta mirada tendenciosa que tiene que ver con el influjo del septuagenario controlando qué se muestra y qué no y de qué se habla y qué se omite dentro del contexto del discurso del documental, por ello mismo el grueso del material que terminó en el corte final obedece al comienzo del rodaje, a fines de la primera década del Siglo XXI, y a una serie de entrevistas durante el 2022 que nos dejan con un bache de más de diez años que se explica por la óptica elegida al momento de lidiar con tópicos controvertidos como mujeres, problemas de salud y colaboradores cruciales a lo largo de los años: en lo que respecta a las parejas, domina el metraje su última compañera y hoy manager fundamental, la peruana Jimena Coronado, y apenas si nos topamos con menciones transitorias a Lucía Inés Correa Martínez, una mujer argentina con la que se casó para poder dormir en su hogar durante el servicio militar entre 1977 y 1978, y a sus dos hijas Carmela y Rocío, nacidas en 1989 y 1992 respectivamente de una relación con la completamente ausente Isabel Oliart, además Aranoa se centra en aquella caída al foso del WiZink Center de Madrid del 2020, durante un recital con el querido Serrat, aunque obvia el tétrico derrame cerebral del 2001, la larga depresión subsiguiente y los sucesivos cuadros de laringitis y diverticulitis, y finalmente aquí se ningunea la labor de los geniales Pancho Varona y Antonio García de Diego, los compositores y arregladores determinantes del período de oro de los 80 y 90, en favor de advenedizos mediocres como Leiva, frontman de la banda Pereza y productor de Lo Niego Todo y de la canción homónima que acompaña los créditos finales del documental. La película puede ser un tributo fragmentario e imperfecto que para colmo se extiende más de lo debido por engolosinarse con la intimidad, con voces en off contantemente tapando las canciones y sin grandes descubrimientos a la vista, pero cumple en lo que atañe a enaltecer el bagaje cultural del retratado y su talento quijotesco orientado a envejecer sin dignidad…

 

Sintiéndolo Mucho (España, 2022)

Dirección y Guión: Fernando León de Aranoa. Elenco: Joaquín Sabina, Fernando León de Aranoa, Jimena Coronado, Joan Manuel Serrat, Leiva, José Tomás, Antonio García de Diego, Pancho Varona, Jaime Asúa, Benjamín Prado. Producción: Fernando León de Aranoa, Ricardo Coeto, Francisco Cordero, Patricia de Muns y Sergi Reitg. Duración: 125 minutos.

Puntaje: 7