Parpadea Dos Veces (Blink Twice)

Para salir del marasmo

Por Emiliano Fernández

Evidentemente inspirada en los crímenes del oligarca del capitalismo financiero Jeffrey Epstein, amigote de Bill Clinton y Donald Trump y precisamente mandamás de una red de tráfico de menores de edad para la explotación sexual centrada en el enclave que poseía en el sector estadounidense del archipiélago de las Islas Vírgenes, la Isla Pequeña Saint James (Little Saint James), en esencia una estructura mafiosa volcada a la cooptación de jóvenes y su violación en secuencia por parte de popes del empresariado, la política y la industria cultural que operó con total impunidad durante por lo menos un par de décadas, Parpadea Dos Veces (Blink Twice, 2024), debut como directora y guionista de la hasta ahora actriz Zoë Kravitz, es uno de los poquísimos productos interesantes, valiosos o siquiera originales que haya producido el Hollywood actual, eternamente consagrado a la mediocridad y las franquicias, aunque vale aclarar que el film responde a dos mínimas tendencias recientes, primero la propensión del mainstream norteamericano a burlarse de -o denunciar a- los nuevos millonarios de las telecomunicaciones, las redes sociales, el ocio y la información manipulada a gran escala, algo que va desde El Menú (The Menu, 2022), de Mark Mylod, y Glass Onion (2022), de Rian Johnson, hasta epopeyas retroactivas en línea con BlackBerry (2023), de Matt Johnson, y Tetris (2023), de Jon S. Baird, y segundo la realización de largometrajes por parte de los “nepo babies”, léase los vástagos de algún tipo de artista y/ o famoso que se sirven de los contactos de sus progenitores para allanar una carrera que de otra forma sería muy cuesta arriba, ejemplos claros son Observados (The Watchers, 2024), de Ishana Shyamalan, la hija de M. Night Shyamalan, y los trabajos de los dos retoños del querido David Cronenberg, hablamos de Humano (Humane, 2024), de Caitlin Cronenberg, e Infinity Pool (2023), de Brandon Cronenberg, éste por cierto el mejor del lote porque ya venía con una trayectoria atractiva gracias a sus dos propuestas previas, Antiviral (2012) y Possessor (2020), linda trilogía obsesionada con los pivotes de la hegemonía posmoderna.

 

La obra de Kravitz, hija de la actriz Lilakoi Moon alias Lisa Bonet y aquel archiconocido Lenny Kravitz, como decíamos antes una intérprete que alcanzó notoriedad gracias a sagas, empezando por X-Men: Primera Generación (X-Men: First Class, 2011), film de Matthew Vaughn, Divergente (Divergent, 2014), de Neil Burger, y Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos (Fantastic Beasts and Where to Find Them, 2016), de David Yates, y odiseas individuales mucho mejores, justo en sintonía con Mad Max: Furia en el Camino (Mad Max: Fury Road, 2015), joya de George Miller, Kimi (2022), de Steven Soderbergh, y The Batman (2022), de Matt Reeves, funciona como una coctelera algo inusual de ingredientes de múltiple envergadura, en este sentido Parpadea Dos Veces recupera el antiguo motivo de la cacería humana en una isla remota de El Malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, 1932), de Irving Pichel y Ernest B. Schoedsack, pero volcándolo hacia el entumecimiento psicológico y la violación grupal modelo Epstein, además gusta de ir mechando una buena dosis de la paranoia que muta en realidad de ¡Huye! (Get Out, 2017), de Jordan Peele, y No te Preocupes, Cariño (Don’t Worry Darling, 2022), de Olivia Wilde, pinceladas varias de sátira social direccionada hacia la alta burguesía en la tradición del Ruben Östlund de The Square (2017) y El Triángulo de la Tristeza (Triangle of Sadness, 2022), algo del tremendo formato de violación y venganza (rape and revenge), tanto explícito símil Revenge (2017), de Coralie Fargeat, como tácito a lo Fresh (2022), de Mimi Cave, y por supuesto mucho de esa fábula de ascenso social que nace en Corazones Bondadosos y Coronas (Kind Hearts and Coronets, 1949), de Robert Hamer, y Un Lugar en la Cumbre (Room at the Top, 1959), de Jack Clayton, pasa por A Pleno Sol (Plein Soleil, 1960), de René Clément, y El Sirviente (The Servant, 1963), de Joseph Losey, y llega hasta El Talentoso Sr. Ripley (The Talented Mr. Ripley, 1999), de Anthony Minghella, y Saltburn (2023), de Emerald Fennell, entre otras semblanzas de escalera plutocrática, en esta oportunidad exacerbada por el sarcasmo.

 

El guión de Kravitz y E.T. Feigenbaum, a quien conoció en calidad de libretista de una serie que la realizadora supo protagonizar, Alta Fidelidad (High Fidelity, 2020), a su vez basada en la película del 2000 de Stephen Frears y el libro de 1995 de Nick Hornby, gira alrededor de Frida (Naomi Ackie), una camarera que vive y trabaja con su mejor amiga y colega, Jess (Alia Shawkat), y que un buen día entra en contacto en una gala benéfica con Slater King (Channing Tatum, pareja en la vida real de Kravitz), multimillonario del rubro tecnológico y fundador de una gigantesca empresa, King-Tech, que viene disculpándose en público después de acusaciones que lo llevaron a un supuesto arrepentimiento y a hacer terapia en consonancia con cargos de abuso de poder y “comportamiento reprochable” en distintos ámbitos. La muchacha se enamora perdidamente del magnate y parece que el sentimiento es recíproco porque la invita a ella y a Jess a su isla privada en el medio de la nada para vacacionar, un edén en el que el alcohol, los manjares y las drogas recreativas no tienen fin ya que Slater vive rodeado de sirvientes, un guardaespaldas llamado Stan (Cris Costa) y un séquito patético de lambiscones que incluye diversas señoritas, entre ellas las bobas Camilla (Liz Caribel) y Heather (Trew Mullen) y la competencia romántica Sarah (Adria Arjona), y payasos del montón a su servicio que van y vienen, como Tom (Haley Joel Osment), Cody (Simon Rex), Rich (Kyle MacLachlan), Lucas (Levon Hawke), la asistente Stacy (Geena Davis) y Vic (Christian Slater), este último todo un fanático de las Polaroids de antaño. Desde ya que el paraíso se cae a pedazos cuando de repente Jess se esfuma luego de ser mordida por una serpiente no mortal, lo que despierta las sospechas de Frida porque al día siguiente nadie parece recordarla, así junto a su rival del corazón, Sarah, deduce que los moretones, la tierra en los dedos y las uñas rotas repentinas obedecen a unas violaciones nocturnas de King y su cofradía de psicópatas que desaparecen de la memoria de las chicas mediante un perfume fabricado con una flor local, “desideria”, deseo en latín.

 

En Parpadea Dos Veces la explotación capitalista está equiparada al sadismo, el control, el olvido, la reanudación del ciclo y la paradigmática impunidad que compra el dinero en sociedades corruptas como las nuestras, por ello la alegoría implícita contra las drogas, el thriller de misterio de entorno cerrado a cielo abierto y la comedia negra acerca de los “hobbies” siempre perversos y humillantes de las clases acaudaladas del nuevo milenio se unifican en pos de pensar una serie de tópicos, vinculados al ABC autobiográfico de estas capas comunales privilegiadas, que la directora expone de manera un tanto caótica aunque con una intensidad apasionante, en especial el cinismo, la banalidad, la idiotez, la abulia, la crueldad, el hedonismo, la ignorancia, el tiempo libre, el fariseísmo, la insensibilidad, la alienación, la amnesia, el exhibicionismo, la irresponsabilidad, los secretos ultra sucios y el infantilismo antiintelectual, en este caso un signo patético de esta época. Apuntalando en todo momento el dinamismo del círculo vicioso, sobre todo porque mantiene al relato y a la fotografía en un perpetuo movimiento por más que poco sucede en términos prácticos a lo largo de la primera hora del metraje, y jugando con astucia y desenfado con el popurrí de actores secundarios hiper conocidos, lo que implica borrar la frontera entre la narración y la figura homologada a una celebridad, Kravitz obtiene buenas actuaciones de todo el elenco, aquí con Arjona y Tatum opacando en cierta medida a la propia protagonista, Ackie, y sabe subrayar que las vacaciones permanentes de la oligarquía parasitaria, sin noción del tiempo y el espacio ni memoria alguna, derivan en asco por la incapacidad de fijar una identidad estable en el flujo de lo automático condicionado por el entorno, donde en sí nadie conoce a nadie y todo es efímero y mentiroso, una autoparodia de lo que sería la vida perfecta según los burgueses. Si bien le lleva demasiado tiempo llegar al maravilloso y sangriento clímax, la realización vale la pena por su visceralidad a la hora de denunciar el sustrato predatorio de los explotadores y la invisibilidad y el triste marasmo de los lúmpenes del Siglo XXI…

 

Parpadea Dos Veces (Blink Twice, Estados Unidos/ México, 2024)

Dirección: Zoë Kravitz. Guión: Zoë Kravitz y E.T. Feigenbaum. Elenco: Naomi Ackie, Channing Tatum, Adria Arjona, Alia Shawkat, Christian Slater, Simon Rex, Haley Joel Osment, Geena Davis, Kyle MacLachlan, Cris Costa. Producción: Zoë Kravitz, Channing Tatum, Tiffany Persons, Garret Levitz y Bruce Cohen. Duración: 103 minutos.

Puntaje: 7