Boda Sangrienta (Ready or Not, 2019) fue otra más de la seguidilla de películas mediocres de Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett, un dúo de realizadores estadounidenses que por un lado suele responder al seudónimo de Radio Silence, con la participación adicional de Chad Villella y tiempo atrás de un tal Justin Martínez, y por el otro lado viene acumulando una colección de trabajos muy fallidos que en el campo del largometraje abarca a Heredero del Diablo (Devil’s Due, 2014), rip-off berreta en plan found footage de El Bebé de Rosemary (Rosemary’s Baby, 1968), de Roman Polanski, Abigail (2024), relectura del vampirismo desde el slasher, la comedia negra y el thriller de encierro, y por supuesto Scream (2022) y Scream VI (2023), secuelas igualmente anémicas de la célebre saga creada en 1996 por Wes Craven y Kevin Williamson, una franquicia de la que se bajaron en ocasión de aquella Scream 7 (2026) luego de que la compañía productora, Spyglass Media Group, echase a la nueva protagonista, la mexicana Melissa Barrera, a raíz de publicaciones suyas en redes sociales describiendo a la Franja de Gaza como un campo de concentración y a las acciones en la zona por parte del excrementicio gobierno israelí como genocidio y limpieza étnica, acto de solidaridad que sin duda constituye lo mejor de toda la trayectoria de los directores.
La buena repercusión en la crítica y el público, dos gremios en el Siglo XXI atravesados en líneas generales por la imbecilidad, tiene que ver con el hecho de que la película presentó a una nueva generación una fórmula retórica antiquísima, esa de la cacería humana originada en El Malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, 1932), opus de Irving Pichel y Ernest B. Schoedsack, y ampliamente trabajada en una retahíla interminable de films posteriores como El Juego de la Muerte (A Game of Death, 1945), de Robert Wise, La Presa Desnuda (The Naked Prey, 1965), de Cornel Wilde, La Partida de Caza (The Hunting Party, 1971), de Don Medford, Wolf Lake (1980), de Burt Kennedy, Depredador (Predator, 1987), joya de John McTiernan, Carrera contra la Muerte (The Running Man, 1987), de Paul Michael Glaser, Hard Target (1993), de John Woo, Juego de Supervivencia (Surviving the Game, 1994), de Ernest R. Dickerson, Batalla Real (Batoru Rowaiaru, 2000), de Kinji Fukasaku, Wolf Creek (2005), de Greg McLean, 31 (2016), de Rob Zombie, El Experimento Belko (The Belko Experiment, 2016), también de McLean, Bacurau (2019), de Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles, y La Cacería (The Hunt, 2020), de Craig Zobel, entre muchas obras semejantes en las que bípedos son perseguidos por lunáticos que votan a la derecha.
Como no podía ser de otra forma, Boda Sangrienta 2 (Ready or Not 2: Here I Come, 2026) en primer lugar traiciona el espíritu de “narración cerrada” del convite de largos siete años atrás, forzando un encadenamiento que jamás convence del todo y se siente estereotipado, y en segunda instancia reproduce al milímetro la fórmula de antaño, léase la amalgama entre cacería humana, terror y sátira social muy leve, aunque exacerbando el asunto en función de cierto vuelco hacia el cine de acción y un insólito y molesto melodrama debido a la idea de no conformarse con una única protagonista, Grace MacCaullay (Samara Weaving), e inventarle una hermana menor de la nada para que ambas deban sobrevivir a otra noche del espanto, Faith (Kathryn Newton), señorita a la que Grace abandonó y por ello se pasan todo el metraje peleándose y/ o desparramando sermones rosas cruzados. El guión vuelve a estar firmado por los dos paparulos previos, Guy Busick y R. Christopher Murphy, y justifica la flamante carnicería de la mano de un “doble o nada” que involucra la fuga eterna de las ninfas mientras los representantes de cuatro familias se disputan el puesto de liderazgo en una secta satanista que parece mover todos los hilos del capitalismo salvaje actual, siendo los villanos principales Ursula (Sarah Michelle Gellar) y Titus Danforth (Shawn Hatosy).
Si bien el trabajo de Weaving y Newton es bastante bueno y la odisea en general resulta más entretenida que la primera parte, film que aburría por una introducción larguísima de personajes antes de que se desatase en serio el gore durante el último acto, lamentablemente Boda Sangrienta 2 vuelve a desperdiciar a esta catarata de criaturas inmundas de la alta burguesía que desfilan por la pantalla, en ocasiones cae en el tedio por las refriegas banales entre las hermanas y por sobre todas las cosas no saca partido de la presencia de gente de la talla de Elijah Wood, aquí el abogado de Mefistófeles alias Le Bail, esos archiconocidos Néstor Carbonell y Kevin Durand, en la piel de plutócratas homicidas del montón, e incluso el querido David Cronenberg, director legendario y artífice del body horror que interpreta a Chester, el papi de los hermanos Danforth. Se podría decir que Gillett y Bettinelli-Olpin, si no contamos sus participaciones en las antologías de filosofía indie Las Crónicas del Miedo (V/H/S, 2012) y Southbound (2015), hoy entregan su mejor trabajo dentro del mainstream gracias a la intensidad de las heroínas pero también de Gellar y especialmente Hatosy, aquí un magnate sádico e hiper perverso que ayuda a mantener a flote una película olvidable y con un final ameno que apuesta con relativa eficacia por el delirio paródico antiburgués…
Boda Sangrienta 2 (Ready or Not 2: Here I Come, Estados Unidos, 2026)
Dirección: Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett. Guión: Guy Busick y R. Christopher Murphy. Elenco: Samara Weaving, Kathryn Newton, Sarah Michelle Gellar, Shawn Hatosy, David Cronenberg, Elijah Wood, Néstor Carbonell, Kevin Durand, Olivia Cheng, Varun Saranga. Producción: James Vanderbilt, Tripp Vinson, William Sherak y Bradley J. Fischer. Duración: 108 minutos.