El Origen de los Red Hot Chili Peppers: Nuestro Hermano, Hillel (The Rise of the Red Hot Chili Peppers: Our Brother, Hillel)

Paradojas y traiciones

Por Emiliano Fernández

Red Hot Chili Peppers siempre fue una banda bastante idiota y/ o baladí que en su mejor período, el de los comienzos desde mediados de los 80 hasta los primeros años de la década del 90, por lo menos se las ingenió para compensar con intensidad o desenfreno lo que les faltaba en talento, perspicacia o algo mínimamente valioso para decir, sea lo que fuera. Cercano a los latiguillos de la Edad de Oro del Hip Hop como la fiesta, el sexo y la vida suburbana, el grupo formó parte de la camada del funk metal de su época, precisamente una cruza de punk, funk, psicodelia, rap y heavy metal que sería determinante en el surgimiento de géneros posteriores, en especial el nü-metal y el rock alternativo, y que incluyó a bandas mejores y mucho más eclécticas como Primus, Rage Against the Machine, Living Colour, Fishbone, Infectious Grooves y aquellos dos proyectos de Mike Patton, Faith No More y Mr. Bungle, algo así como los archienemigos de Red Hot Chili Peppers. El colectivo nace en 1982 en Los Ángeles con Anthony Kiedis en voz, Michael Peter Balzary alias Flea en bajo, Hillel Slovak en guitarra y Jack Irons en batería, alineación que no llega a grabar el mediocre debut producido por Andy Gill de Gang of Four, The Red Hot Chili Peppers (1984), porque Irons y Slovak dejan el grupo por una banda paralela, What Is This, y así son reemplazados respectivamente por Cliff Martínez y Jack Sherman. El sonido estándar del inicio, vinculado al funk punkeado y rapeado, se define en los subsiguientes Freaky Styley (1985) y The Uplift Mofo Party Plan (1987), trabajos dignos que son producidos por George Clinton y Michael Beinhorn y que oficiaron de excusas para que regresen los dos músicos originales, primero Slovak y después Irons, no obstante las drogas ya estaban presentes en la dinámica del grupo y sobre todo en los casos del cantante y el guitarrista, ambos adictos a la heroína. Slovak fallece de una sobredosis en 1988, a la edad de 26 años y justo luego del tour europeo de presentación de The Uplift Mofo Party Plan, y su puesto es ocupado por un fanático del grupo y discípulo espiritual de Hillel, John Frusciante, ese guitarrista de preocupaciones melódicas que se frustra por el sonido metalero de Mother’s Milk (1989), otra vez con producción de Beinhorn, y que alcanza su cenit en la placa más exitosa y célebre de los muchachos, Blood Sugar Sex Magik (1991), ahora con producción de Rick Rubin, quien pronto mutaría en socio habitual e higienizaría el sonido de cabecera.

 

El resto del derrotero de los señores es más que conocido porque desde Mother’s Milk en esencia conservan la misma formación de Kiedis, Flea, Frusciante y un Chad Smith que entró en reemplazo de Irons, baterista que dejó su puesto luego de la muerte de Slovak a raíz de una depresión. Con la fama global que les garantizó el desparejo aunque disfrutable Blood Sugar Sex Magik, Red Hot Chili Peppers una vez más se queda sin guitarrista ya que el también heroinómano Frusciante inaugura su histeria marca registrada, en esta ocasión diciendo que lo asusta la fama, y le deja el puesto a Dave Navarro de Jane’s Addiction, así el grupo graba un único álbum con esta alineación, One Hot Minute (1995), opus metalero que no convence a nadie y por ello eventualmente regresa el guitarrista anterior para una trilogía de discos insulsos que los acercan al pop mainstream más amigable y los terminan de alejar de los primeros fans amigos de la algarabía rockera, hablamos de Californication (1999), By the Way (2002) y el doble Stadium Arcadium (2006), todos producidos por ese Rubin que se transformaría en mala palabra por ecualizar el sonido al extremo en medio de la apestosa Guerra del Volumen/ Loudness War. Frusciante rehúye de la banda de nuevo en el año 2009, se supone que para concentrarse en sus proyectos solistas, y así el grupo edita los intrascendentes I’m with You (2011) y The Getaway (2016) con Josh Klinghoffer como sustituto, el primero otra vez producido por Rubin y el segundo por Brian Joseph Burton alias Danger Mouse. El sustrato anodino regresa a la par de Frusciante y Rubin en ocasión de las dos placas más recientes, Unlimited Love (2022) y Return of the Dream Canteen (2022), pruebas irrefutables de que la música de Flea y Frusciante cada día resulta más y más insípida y de que Kiedis sigue igual de siempre en materia de letras superficiales o en pose, disposición escénica caricaturesca y una habilidad vocal uniforme, muy aburrida. Hoy por hoy casi nadie recuerda a Slovak porque grabó sólo dos discos con el colectivo, Freaky Styley y The Uplift Mofo Party Plan, y por ello su hermano, James Slovak, le encargó al realizador Ben Feldman construir un homenaje y “maquillarlo” como una película sobre la banda, de hecho la noción por detrás de El Origen de los Red Hot Chili Peppers: Nuestro Hermano, Hillel (The Rise of the Red Hot Chili Peppers: Our Brother, Hillel, 2026), film producido de manera independiente y luego vendido a Netflix para su distribución mundial.

 

Los dos testimonios fundamentales, como cabía esperar, son los de Kiedis y Flea, quienes utilizan el documental de Feldman para tratar de lavar culpas no sólo por su responsabilidad en el óbito de Slovak, como decíamos antes una figura que fue abandonada a su suerte en la época previa a su muerte a pesar de su rol crucial en el armado de Red Hot Chili Peppers, sino también por el hecho de haberse vendido al mainstream hace ya más de un cuarto de siglo a partir del castrado y soporífero Californication, claro ejemplo de cómo renunciar a lo único bueno que hacían, la anarquía punk/ metalera, mientras se retiene el leitmotiv de la agrupación, su banalidad discursiva insistente. Aquí insólitamente se opta por recrear la voz del finado con inteligencia artificial para que él mismo lea sus diarios íntimos, una decisión gratuita y muy innecesaria -para muchos incluso de mal gusto- ya que se podrían haber utilizado intertítulos o leyendas o la voz del hermano. El collage de todo documental de archivo dice presente mediante caricaturas y dibujos varios de Hillel, muchísimas fotos de su niñez y adolescencia, alguna que otra imagen intervenida a lo pop art, esas grabaciones y filmaciones caseras, videoclips poco conocidos, algunos recitales y aportes televisivos y un buen número de entrevistas a los citados pero también a colegas del montón como Irons, Clinton, Beinhorn y Alain Johannes, el cantante de What Is This y futuro colaborador de Josh Homme en Queens of the Stone Age y Them Crooked Vultures, además de los típicos testimonios adicionales como su hermano, James, una pareja de entonces, Addie Brik, y un amigo gay y negro de esta génesis ochentosa contracultural, Gary Allen. La película señala la importancia de Slovak en términos de haberle ofrecido a Flea el puesto de bajista en la primera encarnación de What Is This, Anthym, y de haber inspirado a Kiedis a improvisar y rapear a través de competencias de rimas espontáneas entre ambos, sin olvidarnos de una guitarra funky furiosa que marcaría a fuego el devenir futuro de la mejor acepción de los Chili Peppers y que efectivamente sellaría la conexión creativa entre los cuatro integrantes originales, de los cuales el más experimentado e imaginativo era el mismo Hillel, ese que se apareció con el riff y gran parte de la estructura para Behind the Sun, de The Uplift Mofo Party Plan, la primera canción melódica de nuestro cuarteto y la abuelita de la balada por antonomasia de la banda, Under the Bridge, aquel hit planetario de Blood Sugar Sex Magik.

 

El contexto angelino de aquel tiempo respondía a las escenas efervescentes del glam metal, la new wave, el punk tardío, el hip hop y el techno, de allí se entiende la predisposición de los muchachos a dialogar con distintos géneros y a utilizar al funk como pegamento o eje que los atraviesa, suerte de formación cultural pretérita que admitía psicodelia, energía e improvisación sobre todo en la vertiente Parliament/ Funkadelic de Clinton, combo al que se suma cierta predisposición a contrapesar desde los márgenes sociales el rock de estadios de los años 70 de la primera aristocracia cultural juvenil, siempre poniendo el acento en la riqueza y locura de la experiencia artística revulsiva. Si bien los amigos se juntaban para escuchar el jazz de Benny Goodman y Allan Holdsworth, la new wave de Blondie y el rock pesado de Rush, Led Zeppelin, Kiss, Queen y héroes de la guitarra como Jeff Beck y Jimi Hendrix, Kiedis le da el crédito a Grandmaster Flash, prócer del hip-hop de vieja escuela, en cuanto a ser el primero en despertar su interés en ese rap que dominaría su desempeño vocal hasta Blood Sugar Sex Magik y One Hot Minute. Allen es otra influencia del período seminal de Red Hot Chili Peppers en primera instancia porque sus excentricidades las vinculaban a Andy Warhol, además era un especialista en performances bizarras dentro del circuito de clubs de Los Ángeles, y en segundo lugar porque fue quien le puso el nombre a la banda al verlos tocar y efectivamente los amalgamó al pedirles que formen un grupo para amenizar una fiesta de 1982 por el lanzamiento de un EP de su cosecha. Desde un recorrido estilístico estrafalario que arranca en el rock setentoso de Anthym, pasa por el post punk y la new wave de What Is This y finalmente llega al funk pirotécnico de los Chili Peppers, en el documental vida y trayectoria todo el tiempo se mezclan porque el consumo irrefrenable de cocaína y heroína de la época, estigma del grupo desde sus inicios como el hedonismo, aparece en las palabras de Flea y Kiedis, ambos ya con 63 años a cuestas, bajo una madurez preocupada por contrarrestar la “diversión” de antaño con un cuento moral de advertencia, algo que les llevó demasiado tiempo aprender -basta con chequear el déjà vu de Frusciante- y que en su momento los dividió en dos bandos, el antidrogas de Irons y Flea y el drogón hiper decadente de Slovak y Kiedis, separación hipócrita porque todos consumían aunque los primeros podían controlar el asunto para que no molestase a la banda en estudio y giras.

 

A pesar de que los testimonios de la novia y el hermano son mayormente decorativos, sí se agradecen las palabras de Clinton y Beinhorn, el primero elogiando a Slovak y diciendo que siempre privilegiaba el sonido más sucio posible durante la grabación de Freaky Styley, lo que contrasta con la autoperfidia del grupo especialmente desde Californication y By the Way, y el segundo echando a Kiedis en la previa al registro de Fight Like a Brave, himno de The Uplift Mofo Party Plan, en función de una conducta repetida homologada a faltar a las sesiones de grabación, no entregar las letras a tiempo y ni siquiera poder cantar delante del micrófono cuando finalmente se presentaba en el estudio, algo que llevó al susodicho a su primera sobriedad de 30 días gracias a los tratamientos de desintoxicación del Ejército de Salvación, sin duda una condición sine qua non en materia de la tolerancia al adicto en la industria cultural de yanquilandia. Así como los problemas con las drogas ocupan un lugar central en el film, fanfarria que en la mocedad/ ingenuidad de los inicios se exhibía para llamar la atención y luego se oculta cuando se toma conciencia del daño y de cuánto afecta a la banda, en la praxis de la pantalla Flea es mucho más honesto, sensible y autocrítico que Kiedis porque reconoce que la camaradería no sirvió para que se apoyasen realmente los unos a los otros en los momentos más difíciles, más bien todo lo contrario porque con el mínimo éxito del tercer disco -y la fama y los billetes- llegó primero la separación en islas/ burbujas de abundancia y después un egoísmo que los hacía pelearse casi de inmediato ante cualquier inconveniente o conducta que repercutiese negativamente en el resto, ausencia de solidaridad de por medio. En este sentido no resulta nada nuevo toparnos con el carácter frío y bastante egocéntrico del cantante, quien de modo muy superficial trató de contagiarle al guitarrista su experiencia de 30 días de sobriedad, durante el tour europeo anterior a la debacle, y con su testimonio en el documental pretende convertirse en una especie de héroe al faltar al entierro de su amigo, colega y supuesto hermano adoptivo, en esencia afirmando que creía que la madre, Esther, lo detestaba por compartir la drogodependencia con Hillel, un argumento que enmascara la evidente cobardía de Kiedis -miedo a que lo linchen en el velorio, en suma- con su mentiroso respeto hacia la progenitora del fallecido (esta estrategia discursiva es habitual en el vocalista, todo un adepto a no reconocer su propia inmundicia).

 

Irons termina siendo por descarte el más humano o visceral a escala netamente anímica, el que abandona a la agrupación después del óbito de Hillel, y Flea suele poner de manifiesto las paradojas de la amistad masculina porque la convivencia durante la pubertad y la joven adultez, desde el colegio secundario hasta el ascenso de Red Hot Chili Peppers, no implica conocerse en serio o siquiera ahondar en la vida familiar/ privada del prójimo, de allí que el bajista en un momento diga no saber de dónde provenía el dolor de Slovak que lo llevaba a recaer una y otra vez en la heroína, lo que quizás tenga que ver con su primera infancia en Israel o el hecho de que sus progenitores y sus abuelos eran sobrevivientes del Holocausto y nativos de Polonia y Yugoslavia (otro punto que llama la atención es el poco tiempo de metraje dedicado por Feldman al background concreto del retratado, en contraposición a la autoindulgencia irrisoria y a sus anchas de sus dos compañeros de ruta). Retomando lo que aseverábamos al comienzo, El Origen de los Red Hot Chili Peppers: Nuestro Hermano, Hillel se plantea como un homenaje al guitarrista pero como la popularidad de la banda es todavía significativa en el Siglo XXI el director y guionista opta por incluir en el epílogo a un bienintencionado Frusciante, el reemplazo, detalle que como la voz de Slovak con IA resulta muy contraproducente -o por lo menos incómodo, polémico- debido a la sensación generada en el espectador, eso de que luego de la sobredosis se continuó con el grupo como si nada hubiese ocurrido y encima reincidiendo en los vaivenes de la heroína a raíz de la idiosincrasia igualmente errática e imprevisible de John, acólito musical de Hillel que a su vez enfatiza la idea de una sustitución impersonal porque ni siquiera se puede afirmar que Frusciante impuso la novedad de la melodía en Red Hot Chili Peppers, esquema anticipado en Behind the Sun. El documental no pretende ser una biopic del grupo, eso sería harina de otro costal que necesitaría de un desarrollo más vasto y una menor dosis de subjetividad, sin embargo en su tramo final la faena tiende a traicionarse a sí misma al dejar implícito que Irons fue el único afectado inmediato por la muerte, un baterista que cayó mayormente en el olvido más allá de algunas colaboraciones con Pearl Jam en el segundo lustro de la década del 90, y que Flea y Kiedis sólo a la distancia parecen tomar conciencia del peso musical de Slovak, con la entrada al mainstream posterior a Californication como la única metamorfosis de importancia de la banda durante su madurez, precisamente no una muy loable que digamos porque los alejó al cien por ciento de los orígenes que aquí recuerdan como si fuesen reliquias de un pasado más puro, sincero y aguerrido, aún sin la chatarra intercambiable e inofensiva del nuevo milenio, emblema de un gigantismo de estadios que los llevó a mutar en lo que tanto odiaban de mocosos, la aristocracia conservadora rockera. En última instancia Kiedis convierte al finado en una temática más para sus versos lelos, Flea abiertamente lo vincula a un símbolo de la osadía de la juventud y Frusciante, por su parte, se inclina por idolatrarlo desde dos lugares comunes ultra complementarios, el del admirador que jamás llegó a conocerlo de verdad y el del suplente que sabe que siempre será comparado con aquel que lo antecedió en términos de dinámica artística/ laboral…

 

El Origen de los Red Hot Chili Peppers: Nuestro Hermano, Hillel (The Rise of the Red Hot Chili Peppers: Our Brother, Hillel, Estados Unidos, 2026)

Dirección y Guión: Ben Feldman. Elenco: Hillel Slovak, Anthony Kiedis, Flea, Jack Irons, George Clinton, Michael Beinhorn, John Frusciante, Alain Johannes, Gary Allen, James Slovak. Producción: James Slovak, Ian Kelsey y Marc D’Agostino. Duración: 96 minutos.