La Reina Margot (La Reine Margot)

París es un cementerio

Por Emiliano Fernández

La Miguelada (29 de septiembre de 1567, día de San Miguel), episodio de las Guerras de Religión en Francia, fue una masacre de una centena de católicos llevada adelante por los protestantes calvinistas locales, llamados hugonotes, en represalia por una persecución religiosa sostenida que tomó la forma de una guerra civil e institucional entre la facción mayoritaria, los católicos, que controlaban el Reino de Francia, y la minoría, los calvinistas, fuertes en el Reino de Navarra. El suceso anticipó la tristemente célebre Matanza de San Bartolomé, comenzada el 23 de agosto de 1572 en París y finiquitada varios días después, hecho fundamental entre la Tercera Guerra de Religión (1568-1569) y la Cuarta (1572-1573) que vino a destruir dos intentos de reconciliación entre los bandos en pugna por el poder central, primero la Paz de Saint-Germain-en-Laye (5 de agosto de 1570), un acuerdo firmado por los paranoicos líderes de ambas facciones, el rey Carlos IX de Francia y el almirante hugonote Gaspar de Coligny, para la reintroducción en la vida palaciega de los protestantes, y segundo el matrimonio arreglado entre la hermana del monarca, la princesa católica Margarita de Valois alias Margot, y Enrique de Navarra, un noble calvinista que con el tiempo se convertiría en Enrique IV de Francia y que debió aceptar que la señorita tuviese de amante a Enrique de Guisa, una de las cabezas del clan que hegemonizaba la Liga Católica. Carlos IX estaba controlado a la par por su madre Catalina de Médicis, que buscaba la paz pero no quería renunciar a la preeminencia católica en la corte, y el mismo Coligny, quien deseaba una intervención bélica gala en los Países Bajos para socorrer a los protestantes vernáculos en su lucha contra la potencia de entonces, España, suerte de guerra camuflada contra Felipe II que Catalina rechazaba de pleno y por ello quiso sacárselo de encima planeando -o instigando a lo lejos, según las versiones más moderadas- un atentado con arcabuz, el 22 de agosto de 1572, contra un Coligny que perdió un dedo y quedó muy malherido de su brazo izquierdo. Temerosos de una venganza calvinista que se veía venir a kilómetros de distancia, Carlos IX y su progenitora ordenan el pronto asesinato de todos los jerarcas hugonotes y así lo que comienza con la muerte de los protestantes del palacio real, el Louvre, deriva en una carnicería popular imparable que desde la metrópoli se extiende al interior del territorio francés y en la que perecen con crueldad miles de rebeldes religiosos.

 

Si bien el conflicto en Francia fue crucial para la consolidación de una identidad protestante anticatólica en Inglaterra, Alemania y Países Bajos y en esencia derivó en la derrota de los calvinistas galos, primero consiguiendo la anhelada tolerancia religiosa con Enrique IV y luego terminando siendo expulsados del país cuando Luis XIV ilegalizó toda fe que no sea la católica, a decir verdad en el imaginario popular de los siglos siguientes toda esta lucha europea se licuó en tanto parte constituyente del sentido común y el episodio concreto de la Matanza de San Bartolomé fue homologado a una famosa novela de Alejandro Dumas, La Reina Margot (La Reine Margot, 1845), mítica obra que analiza este proceso histórico -con unas cuantas “licencias poéticas”, sobre todo en materia de la demonización de Catalina- y que formó parte de la denominada Serie de las Guerras de Religión o Trilogía de los Valois, llamada así por la familia real de Margot, su madre y sus hermanos, hablamos de La Dama de Monsoreau (La Dame de Monsoreau, 1846) y Los Cuarenta y Cinco (Les Quarante-cinq, 1847), las segunda y tercera partes de este ciclo de aventuras temáticas acerca de los enfrentamientos del Siglo XVI. La faena tuvo distintas adaptaciones audiovisuales, como la de 1914 de Henri Desfontaines, esa de 1954 de Jean Dréville y las televisivas de 1961 de René Lucot y 1996 de Aleksandr Muratov, sin embargo la mejor y más difundida continúa siendo La Reina Margot (La Reine Margot, 1994), dirigida por Patrice Chéreau a partir de un guión suyo con Danièle Thompson, una epopeya que rankea en punta entre las más sanguinarias, frenéticas y desproporcionadas de finales del Siglo XX y que nos presenta el matrimonio entre Margarita (Isabelle Adjani), amante de Enrique de Guisa (Miguel Bosé) y hermana de Carlos IX (Jean-Hugues Anglade), y Enrique de Navarra (un perfecto Daniel Auteuil), miembro del círculo hugonote de un Coligny (Jean-Claude Brialy) que ejerce su influencia sobre el hipocondríaco monarca para desencadenar una guerra con España en los Países Bajos. La maquiavélica Catalina (Virna Lisi) le encarga a su sicario, el tenebroso Maurevel (Johan Leysen), atentar contra el mandamás protestante mientras la ninfa Margot abandona a Guisa, ningunea en la cama a Navarra e inicia un tórrido romance con Lerac de La Môle (Vincent Perez), soldado proveniente de un clan filocalvinista de muy buen pasar económico que está inspirado en José Bonifacio de La Môle, un conspirador monárquico.

 

Chéreau, un director teatral y de enormes puestas operísticas que fue mucho más conocido en el ámbito de las tablas que en el séptimo arte, donde de todos modos supo brillar de la mano de la presente y Los que me Aman Tomarán el Tren (Ceux qui m’Aiment Prendront le Train, 1998), Intimidad (Intimacy, 2001), Su Hermano (Son Frère, 2003) y Gabrielle (2005), aprovecha a pleno la maravillosa y decadente producción de Claude Berri, toda una autoridad en sagas de época por sus colaboraciones con Jean-Jacques Annaud, Dino Risi, Roman Polanski, André Téchiné, Volker Schlöndorff y Philippe de Broca, entre otros, y deja de lado toda mariconada del mainstream anglosajón en materia de su repulsa histórica hacia la sangre y las perversiones incestuosas/ caníbales/ demenciales/ orgiásticas de las elites estatales, aquí enfatizando la competencia despiadada entre los dos hermanos varones de Carlos IX, Enrique, duque de Anjou (Pascal Greggory) y François, duque de Alençon (Julien Rassam), y por supuesto la carnicería en sí de la Matanza de San Bartolomé y las raudas intentonas de Catalina en pos de prescindir de un Enrique de Navarra convertido al catolicismo y preso en la corte parisina, en primer lugar envenenando el lápiz labial de su amante, Charlotte de Sauve (Asia Argento), jugada defensiva que se explica por el miedo a la posible descendencia del hombre con Margarita -y al reagrupamiento de los protestantes franceses con dinero de Inglaterra y Holanda- y que deriva en el fallecimiento de Sauve aunque dejando con vida a un Enrique que es salvado por su esposa, y en segunda instancia incluyendo arsénico en un libro de cetrería que estaba destinado al futuro y muy cobardón Enrique IV pero termina en manos de Carlos IX, ahora debido a la preeminencia que gana el noble de Navarra en la opinión del rey gracias a que le salva la vida durante una cruenta y muy circense expedición de cacería de jabalíes, con la paradoja de la madre asesinando accidentalmente a su hijo de una manera espantosa porque la sustancia en cuestión provoca dolores de cabeza y ardor en garganta y estómago para a posteriori desembocar en una sudación general de sangre hasta el óbito. Entre “lecturas” de cadáveres a lo nigromancia y una catarata de traiciones y frustraciones de diversa envergadura, el film no sólo nos regala una París tapizada de cuerpos sin vida sino que redondea un estudio de las consecuencias de todo poder absoluto y de la costumbre de eliminar a los adversarios políticos y militares.

 

Otros dos grandes puntos a favor de La Reina Margot son los diálogos secos de Thompson, célebre por sus colaboraciones con su padre Gérard Oury y por haber dirigido las comedias Besos para Todos (La Bûche, 1999), Jet Lag (Décalage Horaire, 2002) y Lo Mejor de Nuestras Vidas (Fauteuils d’Orchestre, 2006), en esta ocasión esquivando las tentaciones de siempre del rubro de las odiseas de época en lo que respecta a abusar de intercambios verbales floridos del tipo soliloquio lírico o por el contrario, de anacronismos bobos que no tienen nada que ver con el período considerado o tienden a descontextualizar la acción y el relato en términos macros, y por supuesto el estupendo desempeño del elenco, por un lado unos cuasi histéricos Anglade, Lisi, Auteuil, Perez, Greggory, Argento y Bosé y por el otro lado una despampanante Adjani que levanta pasiones entre todos los machos a su alrededor y le termina tomando cariño a Enrique de Navarra a pesar de estar enamorada de La Môle, este último una especie de espejo masculino de ella por el suplicio compartido en materia del casamiento de Margot del inicio y la doble condición del soldado de sobreviviente de la Matanza de San Bartolomé y de pobre decapitado, en última instancia, al ser apresado por Guisa cuando se proponía rescatar a la fémina de su propia familia para llevarla a Navarra, donde ya estaba Enrique después de haber huido por obra del agonizante Carlos IX, el cual es sustituido -para la alegría suprema de Catalina- por su hermano, el duque de Anjou y flamante Enrique III de Francia, planteo retórico que habilita una referencia final a Salomé y la cabeza de Juan el Bautista, cuando Margot abandona el palacio llevándose la mollera de su amante en su regazo, y permite la incorporación de un par de personajes secundarios inusitadamente bien desarrollados para un lienzo épico/ coral de esta índole, un verdugo sin nombre (Vladimir Kotliarov-Tolsty), quien salva a La Môle de perecer en las calles y luego se ve obligado a matarlo en el patíbulo, y Enriqueta de Cléveris (Dominique Blanc), dama de compañía de Catalina y amiga íntima de Margarita, en esencia su ayudante y secuaz en sus idas y vueltas románticas, familiares y de protección política o de alcoba. Lejos de la pose shakesperiana del acervo hollywoodense y cerca del carnaval antiglamour de fines de la Edad Media, Chéreau le hace justicia a Dumas y desparrama exuberancia discursiva y humanista visceral como pocos directores habían hecho antes o llegarían a hacer a futuro…

 

La Reina Margot (La Reine Margot, Francia/ Italia/ Alemania, 1994)

Dirección: Patrice Chéreau. Guión: Patrice Chéreau y Danièle Thompson. Elenco: Isabelle Adjani, Daniel Auteuil, Jean-Hugues Anglade, Vincent Perez, Virna Lisi, Dominique Blanc, Pascal Greggory, Miguel Bosé, Asia Argento, Julien Rassam. Producción: Claude Berri. Duración: 159 minutos.

Puntaje: 10