Christy

Pelear contra uno mismo

Por Martín Chiavarino

En el cine actual la recurrencia a la nostalgia y a la retromanía en películas ambientadas en la década del ochenta o noventa parece la norma. Christy (2025), el film de David Michôd escrito junto a su esposa, Mirrah Foulkes, prácticamente carece de toda huella contextual, salvo un par de canciones de cada década y algún que otro detalle. Al igual que la apelación a la melancolía es un arma de doble filo, las distintas elecciones que toma el guión le juegan una mala pasada al realizador australiano en este drama deportivo.

 

En base a una historia de la guionista Katherine Fugate creada a partir de la autobiografía de la protagonista, Christy Martin, junto al periodista deportivo Ron Borges, titulada en el inglés original Fighting for Survival: My Journey Through Boxing, Fame, Abuse, Murder and Resurrection (2022), sin traducción al castellano, Christy retrata la vida de la boxeadora estadounidense de peso mediano ligero desde su adolescencia haciendo hincapié en su ascenso hasta la cima del boxeo profesional femenino, con algunas de sus peleas más recordadas, a partir de la relación con su marido y entrenador, Jim Martin, un abusador que se aprovechó de la juventud de la protagonista para generarle una dependencia psicológica y vivir a costa de ella.

 

El film narra los comienzos de Christy Salters (Sydney Sweeney), una joven lesbiana del norte de Virginia que deja el básquet para dedicarse al boxeo, deporte para el que tiene grandes condiciones. Después de ganar un par de torneos amateurs en su adolescencia conoce a James Martin (Ben Foster), un entrenador que busca controlarla psicológicamente y se casa con ella con la promesa de que cambiar su orientación sexual le va a traer mejores contratos y peleas. La preocupación de la familia por la sexualidad de Christy, la locura del marido y la presentación de la chica como una víctima y una persona extremadamente dócil son las temáticas que trabaja esta película maniquea que no desarrolla bien ninguna de las cuestiones que pone en juego.

 

Salters, que tras casarse adoptó el apellido de su marido y entrenador, Martin, fue una de las boxeadoras femeninas más importantes de su época, con el mayor reconocimiento dentro de su categoría/ peso, en parte debido a la fuerza de sus golpes y sus knockouts, pero también por sus agravios a sus contrincantes durante las conferencias de prensa, especialmente por tildarlas de lesbianas, ocultándole al mundo sus preferencias sexuales, lo que en realidad era un intento de acallar su identidad.

 

Michôd no parece interesado en generar una conexión emotiva entre el espectador y la boxeadora, en una decisión muy inusual en las películas basadas en personajes deportivos, utilizando tomas alejadas de la acción que proponen una distancia con Christy y generan que las peleas no tengan demasiado interés. Además, respecto de los mismos combates, el resultado ya se sabe de antemano, no hay tensión, tan solo una apreciación distante de los hilos de los negocios de los espectáculos deportivos, en una crítica muy tenue y no profundizada del boxeo como entretenimiento violento orquestado por unos pocos promotores, entre los que se destaca Don King (Chad L. Coleman).

 

Es imposible no comparar a Christy con Million Dollar Baby (2004), la multipremiada película dirigida por Clint Eastwood y escrita por Paul Haggis en base a los cuentos del entrenador de boxeo Jerry Boyd, publicados bajo el seudónimo F.X. Toole, protagonizada a su vez por Hilary Swank y mencionada incluso en un momento del film de Michôd, dado que hay ciertas similitudes entre ambas. Básicamente, todo lo que hace bien Million Dollar Baby, Christy lo hace mal, al menos como producto de entretenimiento cinematográfico debido a que se posiciona como una película sobre un caso de abuso, dependencia y maltrato, más que de ascenso y caída o viceversa. Las consecuencias de esta situación aparecen, sin profundidad, pero las causas son demasiado débiles. Aunque pueden resultar creíbles, falta la construcción de verosimilitud que condujo a las consecuencias que narra la obra. No hay sacrificio, no hay emoción, no hay grandes peleas, no hay una tensión alrededor de la sexualidad de la chica. Tan solo hay un buen gancho y una aceptación por parte de la protagonista de lo que otros quieren, con personajes patéticos, sin demasiado brillo público y con muchos esqueletos en los armarios.

 

A pesar de la buena actuación de Sydney Sweeney, que alcanzó la fama con las series Euforia (Euphoria, 2019-2026) y El Loto Blanco (The White Lotus, 2021-2025), respectivamente de Sam Levinson y Mike White para HBO, y películas como Los Voyeurs (The Voyeurs, 2021), de Michael Mohan, Americana (2023), de Tony Tost, Inmaculada (Immaculate, 2024), de Michael Mohan, Edén (2024), de Ron Howard, y La Empleada (The Housemaid, 2025), de Paul Feig, falta un desarrollo de los personajes secundarios como el del psicópata desquiciado del marido, muy bien interpretado por Ben Foster, los padres o la novia de Christy, que tienen papeles muy cortos sin una construcción narrativa clara. Incluso las decisiones de la propia protagonista no están bien justificadas, no se entiende la contraposición entre su dura imagen pública y su triste realidad conyugal. Si en general el cine exacerba la realidad con fines de entretener, aquí se reducen los puntos controversiales o de interés para adentrarse en la insípida vida cotidiana de los personajes, sin tampoco concentrarse en lo importante hasta el final, donde todo explota sin demasiada explicación más allá de un par de amenazas y algunas escenas de violencia doméstica muy maquilladas.

 

No hay una buena narración de cómo se pasa de la pasividad ante el abuso del marido a la redención final, salvo por la explicación de que la chica intentó ser lo que la madre quería de ella, lo que la encerró en una vida sin amor con un asesino en potencia. Christy es una obra que descubre el velo de la realidad para dar cuenta de que todo lo que brilla no es oro, pero que deja un regusto muy amargo respecto de lo que la película podría haber sido con un guión más sólido y una dirección menos derivativa. De esta forma, el director de El Rey (The King, 2019) desaprovecha una gran historia con un personaje que fue un icono del deporte en la década del noventa y que tuvo una vida difícil que merecía una epopeya de otro calibre.

 

Christy (Estados Unidos, 2025)

Dirección: David Michôd. Guión: David Michôd y Mirrah Foulkes. Elenco: Sydney Sweeney, Ben Foster, Merritt Wever, Katy O’Brian, Ethan Embry, Chad L. Coleman, Tony Cavalero, Coleman Pedigo, Jess Gabor, Adrian Lockett. Producción: David Michôd, Sydney Sweeney, Brent Stiefel, Kerry Kohansky-Roberts, Justin Lothrop y Teddy Schwarzman. Duración: 135 minutos.

Puntaje: 5