3x1 de Jon Watts

Pendejos en quiebre

Por Ernesto Gerez

Un tipo afortunado Jon Watts pero claro que la suerte necesita de las bondades del hacer. Jon, con la ayuda de unos amigos, realizó un trailer falso de lo que luego sería Clown y la presentó como un nuevo proyecto de Eli Roth. La repercusión en las redes sociales y en los sitios especializados fue tal, que el propio Roth lo llamó para preguntarle qué era eso de Clown y si realmente tenía una película entre sus manos. De esa manera, à la Golan y Globus y sus ventas de películas clase B con la sola impresión de un poster, Watts pasó del anonimato a ser tenido en cuenta por Eli Roth y Kevin Bacon primero, y luego por los grandes estudios de Hollywood. Con el estreno de la nueva Spider-Man como excusa, reseñamos las tres películas que tuvieron a Jon Watts como director.

 

El Payaso del Mal (Clown):

 

“The fondler of the nobbler
The Nemesis of the toddler
I look just like your father but I am
The midnight NAMBLA…”
Midnight NAMBLA, Turbonegro.

 

¿Alguien por favor quiere pensar en los niños? preguntaría histérica, a los gritos, la mujer del reverendo Alegría o su símil nacional, sentada con su moralina en la oscuridad de su cine cercano. Como en la escena del helado de Asalto al Precinto 13, acá los chicos pierden. Hay espíritu de La Dimensión Desconocida, como dijo Brodersen en Página 12, y como seguramente pensamos muchos admiradores de la serie de Rod Serling antes de leerlo; pero esto es así, compañeros, siempre hay un millón que lo pensaron mejor y antes que uno. Tal vez también nos acordamos de El Resplandor -alguna vez King dijo que se le prendió esa lamparita cuando su hijo le enchastró una novela en la que estaba laburando y le agarraron ganas de matarlo- y, por qué no, de Christine, de Thinner, de Cujo, de Cementerio de Animales, todas historias de King que no leímos porque no leemos a King, pero nos vimos todas sus adaptaciones cinematográficas. Y ahí está, acá, mejor dicho, la transformación, los personajes trans de King, crossdressers morales, de buenazos a hijos de puta, sádicos, psicópatas, víctimas, killers. Y no sólo asesino éste, asesino de niños; la contracara del cop killer que nos puede caer bien y nos haría sonreír al enano punk que llevamos en el corazón; o del vengador que nos reconforta, nuestra lechita tibia con miel. Éste, en cambio, nos cae mal, con los niños no, podríamos pensar, al menos los que no estamos asociados a NAMBLA; y Watts nos dice sí, con los chicos también. Y bueno, los que no somos la señora Alegría le damos una chance para ver el cómo, lo que importa. Y el cómo es genial, se extrañaba en el género una historia directa, sin vueltas de tuerca pedorras ni fantasmas ni cámara en mano, todos elementos que pueden ser geniales pero que saturaron nuestra cartelera con sus peores ejemplos. Y Clown (El Payaso del Mal es nuestro título subnormal, por las dudas, a ver si alguno que odia a los chicos llegaba a pensar que era el payaso del bien, la distribuidora educa, pone en su lugar) devuelve un clasicismo olvidado por mucho horror contemporáneo, sin explicaciones verbales sino con montaje simple de planos medios. Ganamos con poco, con una buena ejecución, con un par de referencias funcionales, con que no nos traten como a unos pelotudos, que a veces lo somos, claro, pero se abusan. El hijo del payaso es buenísimo, el nene loser que los pibes gastan. Y su viejo que también es buenísimo, se disfraza de payaso para su cumpleaños y el disfraz, la jodita, se le hace carne. Y, de vuelta, como en la Twilight Zone, sufrimos por el acorralado, por la rata de laboratorio, al menos en la primera mitad. Clown nos regala un origen de la maldad de los payasos que es un delirio fabuloso, juega con la oscuridad nórdica y le agrega superstición a la coulrofobia. No sé si tendrá algún sustento mitológico real pero si es todo inventado mejor todavía. Porque no hay como el cine fantástico basado en delirios de mal gusto.

 

El Payaso del Mal (Clown, Estados Unidos/ Canadá, 2014)

Dirección: Jon Watts. Guión: Jon Watts y Christopher Ford. Elenco: Andy Powers, Laura Allen, Peter Stormare, Christian Distefano, Chuck Shamata, Elizabeth Whitmere, Matthew Stefiuk, John MacDonald, Sarah Scheffer, Allen Altman. Producción: Eli Roth y Cody Ryder. Distribuidora: Distribution Company. Duración: 100 minutos.

 

Cop Car:

 

El comienzo de Cop Car podría ser el inicio de una historia post-apocalíptica, en la que dos chicos sobrevivientes salen a cirujear por la tierra arrasada. Planos de un pueblo fantasma, perdido, como tantos, de acá y de allá, marcan el espacio de los protagonistas, dos pibes que putean y hacen giladas, como los chicos que no están en pantalla. Y, como en Clown, vuelven a ser víctimas; pero esta vez no sólo son víctimas de los adultos sino de sus propias idioteces. En lugar de un payaso asesino, esta vez el hombre de la bolsa es un maldito policía (Kevin Bacon), un sheriff que, seguramente involucrado con narcos en un negocio que salió mal, se está deshaciendo de un cuerpo cuando dos chicos le roban el patrullero. Y decimos seguramente y no lo afirmamos porque Watts no da certezas sobre todos los conflictos y no se ocupa de verbalizarlos ni recurre a flashbacks. Cop Car es una película que trabaja el presente de un modo similar al que podría trabajarlo Linklater. Watts relata con la confianza de un cinturón negro del audiovisual, pensando siempre en las imágenes antes que en los diálogos, y más preocupado por las simetrías de sus planos que por el vértigo de la edición.

 

La historia de Cop Car nació de un sueño recurrente que tenía de niño su director y, tal vez por ello, la filmó en su pueblo natal. Sueño que se pudo materializar gracias, en parte, al interés de Kevin Bacon que abrazó al proyecto tal como lo había hecho Eli Roth con Clown. La figura de Bacon no es menor, no sólo por el impulso y la libertad que le otorgó desde la producción ejecutiva al director, sino por su peso en la pantalla. Una densidad que no se reduce a su condición de cara del star system sino a una presencia que parece llenar los planos hasta casi desbordarlos, sin recurrir a la verborragia y apoyándose en su bigotito, su cara de orto y su pose estoica. Un peso comparable al que tiene Matthew McConaughey en la fenomenal Killer Joe, otro rati que se las trae.

 

El sheriff es el protagonista de uno de los dos mundos que colapsan en Cop Car, donde la ley está representada por un tipo que está enterrando a otro en un descampado o que está siempre listo para bajar de un tiro a un compañero. El otro mundo es el de los chicos, una dimensión en la que prima la inconsciencia por sobre la inocencia; donde los pibes juegan a fusilarse y a poner un auto a las chapas por la ruta. A diferencia de muchos coming of age, acá los pibes vagabundean, no forman parte de ningún ámbito de control social; se los ve felices con su libertad en el medio de la nada. Los vigilantes están atentos a sus mafias y que los mundos se crucen es una cuestión de, como decíamos más arriba, una boludez de los chicos. Como en los westerns -otro género del que se nutre Watts además del thriller y la comedia- el paisaje del pueblo es parte fundamental de un relato que se sabe mínimo y preciso, y que hace de su sencillez su mejor arma.

 

Cop Car (Estados Unidos, 2015)

Dirección: Jon Watts. Guión: Jon Watts y Christopher Ford. Elenco: Kevin Bacon, James Freedson-Jackson, Hays Wellford, Shea Whigham, Camryn Manheim, Kathleen Bentley, Joseph Oliveira, Sean Hartley, Kyra Sedgwick, Loi Nguyen. Producción: Jon Watts, Alicia Van Couvering, Cody Ryder, Andrew Kortschak y Sam Bisbee. Duración: 86 minutos.

 

Spider-Man: De Regreso a Casa (Spider-Man: Homecoming):

 

La nueva Spider-Man responde coherentemente al nuevo target impuesto por los estudios: el personaje ya no es un veinteañero sino un pendejito. El mainstream hace rato vio la veta y, aunque sabe que con la modita de la nostalgia agarra (de los pelos) de los huevos al treintañero y al cuarentón, su mira está puesta firme en los más chicos. Esta niño araña es para ellos, para los bebés y para los millennials. De todos modos, la edad no es sólo un capricho de marketing, el hombre araña es uno de los primeros héroes adolescentes; de hecho, que Spider-Man tenga quince años es un guiño al comic original. Actualmente hay tanta producción de cine de superhéroes y tanto público histérico dando feedback, que todo el asunto ya se transformó en un fenómeno digno de estudio. Claro que no es lo que vamos a hacer en estas pobres líneas pero al menos no vamos a subestimar a Spider-Man por su pertenencia al género más popular del momento. Hay una vibra particular en las salas en las que se proyecta esta nueva ola de producciones de Marvel y DC. Hay una emoción en el aire, una expectativa puesta desde los más chicos hasta los más vejetes, que despierta cierta fascinación, hasta cierta envidia por quienes lo disfrutan tanto. Las películas de superhéroes son las nuevas feel good movies, sobre todo si pensamos en las del MCU (Marvel cinematic universe). Marvel logró, con su tono menos solemne que las de DC y con su apuesta a la comedia, que la sala festeje, que se vitoree a sus héroes. Y no vamos a hacer acá un análisis crítico de las reacciones que ese tipo de cine puede generar o cuestionar el trabajo de marketing, que claro sería un estudio interesante, pero no se puede ignorar el logro conseguido por las adaptaciones de historietas, sobre todo en un momento en que al cine (como en tantos otros momentos de su historia) se lo volvía a dar por muerto. Por desgracia, el acontecimiento en sí mismo es el que genera más vitalidad y no la mayoría de las películas de ese universo. Y decimos la mayoría y no todas porque hay algunas, más laterales dentro del gigantismo mainstream, como Ant-Man o Deadpool, en donde se encuentra más cine que en, por ejemplo, los Avengers. Decimos más cine, sobre todo, pensando en su poder narrativo. En la idea clásica de que primero está la historia por contar, y luego su espectacularidad o lo que fuere. La Spider-Man de Jon Watts se puede enmarcar en ese grupo, más allá de que en este caso el personaje sea muy popular. Watts, con este trabajo, se erige como un artesano hábil; saca adelante la difícil tarea de levantar a un personaje que tuvo cinco películas de dos sagas diferentes en poco más de una década. En Homecoming se le ahorra al espectador la transformación de Peter Parker en Spider-Man y, a diferencia de la primera saga, la telaraña no sale de las venas del héroe y no tiene desarrollado su sentido arácnido. Esta última decisión tiene que ver con el tipo de historia que se quiere contar: este nuevo niño araña está aprendiendo a ser un héroe. A diferencia de Cop Car, acá Watts sí dirige una coming of age hecha y derecha al ritmo de algunas obsesiones americanas (los adolescentes, los colegios secundarios, los outcasts que finalmente resuelven sus problemas), con el eje puesto más en la comedia que en los conflictos y la acción. Sin embargo, más allá de los chistes, hay algunos grandes momentos de tensión que se logran no sólo por la habilidad del director sino por la presencia de Michael Keaton y su Buitre (el súmmum se alcanza en una escena dentro del auto del personaje de Keaton). Una vez más, el villano resulta más atractivo que los héroes y tiene más cosas para decir que el resto de los personajes. Como pasaba en el universo DC con algunos villanos de Batman (pensemos en el discurso anarquista del Guasón y en el popular de Bane), acá el Buitre escupe al capitalismo con una frase obvia pero nada inocente (menos puesta en la boca de un villano) en donde destaca que la mayoría nos quedamos con las migajas de un sistema que se basa en la desigualdad. En otra oportunidad analizaremos los discursos políticos de los villanos en las películas de superhéroes, por ahora nos quedamos con las buenas señales estéticas que nos brinda Jon Watts y brindamos por ese cierre con un tema de Ramones.

 

Spider-Man: De Regreso a Casa (Spider-Man: Homecoming, Estados Unidos, 2017)

Dirección: Jon Watts. Guión: Jon Watts, Christopher Ford, Chris McKenna, Erik Sommers, John Francis Daley y Jonathan Goldstein. Elenco: Tom Holland, Michael Keaton, Robert Downey Jr., Marisa Tomei, Jon Favreau, Gwyneth Paltrow, Donald Glover, Jacob Batalon, Laura Harrier, Tony Revolori. Producción: Kevin Feige y Amy Pascal. Distribuidora: UIP. Duración: 133 minutos.