Valor Sentimental (Affeksjonsverdi)

Perspectivas del metacine

Por Martín Chiavarino

El realizador de nacionalidad noruega y danesa Joachim Trier es una de las grandes promesas de Europa que hoy revitalizan el cine de autor escandinavo. Gracias a su Trilogía de Oslo, compuesta por su debut cinematográfico, Reprise (2006), la aclamada y premiada Oslo, August 31st (2011) y The Worst Person in the World (2021), escritas junto a su socio artístico, el guionista y director noruego Eskil Vogt, al igual que Valor Sentimental (Affeksjonsverdi, 2025), su último largometraje de ficción sobre el legado de un director de cine nórdico ensimismado con su obra cinematográfica, Trier ha conseguido posicionarse como uno de los referentes vernáculos de los festivales internacionales y de un cine independiente que busca ganar terreno en una era de alta concentración en la industria.

 

Gustav Borg (Stellan Skarsgård) es un reconocido cineasta sueco con una extensa carrera aunque no ha logrado filmar nada en quince años. Ya con setenta años, junto al mismo equipo que lo ha acompañado en todas sus aventuras cinematográficas, intenta llevar a buen puerto su último proyecto en el que viene trabajando desde hace mucho tiempo, su obra magna, un homenaje a la historia de su madre, una espía de la resistencia noruega a la invasión nazi durante la Segunda Guerra Mundial denunciada por uno de sus vecinos, que en realidad es una película dedicada a la lucha contra la depresión de una de sus hijas, Nora (Renate Reinsve), una actriz de teatro clásico que intenta sobrevivir a los traumas de un padre ausente y una madre alcohólica. Para Gustav la historia es también un intento de reconstruir la relación con su hija de la única forma que él conoce, en un set de filmación, colaborando en una película. Nora se ha ganado un lugar en la cartelera noruega con actuaciones circunspectas, pero es incapaz de construir una relación romántica duradera y recíproca a diferencia de su hermana, Agnes (Inga Ibsdotter Lilleaas), historiadora que ha ayudado a su padre a recuperar la historia familiar y ha logrado formar una familia. Mientras que Agnes superó su difícil infancia y ha logrado conectar con su padre, el abandono y el alcoholismo han dejado visibles secuelas en el carácter y la personalidad de Nora, que sufre de ataques de pánico antes del inicio de cada trabajo.

 

Valor Sentimental discurre sobre la dificultad que tienen los artistas para comunicarse con sus seres queridos fuera de su ámbito de confort, en este caso el cine. A través de las distintas escenas y situaciones el relato presenta a cuatro personajes, un director, sus hijas y una actriz que intenta ocupar el lugar de su hija en el papel principal de la película, en una sutil propuesta entre la amargura del pasado y la necesidad de sanación del presente. Tras recibir el rechazo de Nora a trabajar con él luego de un reencuentro en el funeral de su ex esposa y madre de sus hijas, en una retrospectiva de su obra en un festival de cine Gustav conoce a Rachel Kemp (Elle Fanning), una famosa actriz estadounidense de moda en Hollywood que queda fascinada con uno de los últimos films del realizador noruego protagonizado por Agnes cuando era una niña, y le ofrece el papel protagónico, lo cual le permite acceder a la financiación que necesita para iniciar su película. Pero la filmación solo acrecienta el hecho de que Nora es la única que puede ocupar ese papel y de que el guión contiene una gran carga emotiva, personal y familiar que tiene que ver con la historia de Nora, situación que Gustav intenta sobrellevar y que Rachel sufre en cada escena que escapa a su perspectiva interpretativa.

 

Hay muchas películas sobre cómo vemos el cine, por ejemplo La Rosa Púrpura del Cairo (The Purple Rose of Cairo, 1985), de Woody Allen,  (1963), de Federico Fellini, y Cinema Paradiso (Nuovo Cinema Paradiso, 1988), de Giuseppe Tornatore, films en los que el séptimo arte aparece como un punto a través del cual apropiarse del mundo, fundiéndose con la realidad. Valor Sentimental se enmarca en esta búsqueda del metacine para ingresar en el ecosistema en el que directores, actores y productores se relacionan alrededor de una obra que hegemoniza por un tiempo sus vidas, poniendo en pausa sus existencias personales, sus identidades, para compenetrarse en una ficción que es la única realidad que los ocupa y que es la única forma en la que estas personas que no encuentran un canal en común puedan comunicarse.

 

¿Hasta qué punto la vida personal y la vida profesional se pueden equilibrar en el arte? Aunque les cueste relacionarse y Nora tenga un rencor que parece irreconciliable hacia su padre, el problema es que se parece demasiado a él y para relacionarse necesita de algo en común que los una, algo que no encuentran, dado que el padre rechaza las obras de teatro que interpreta la hija y no se interesa por ella a nivel personal. Al igual que Agnes, que logró conectar con su padre cuando era una niña gracias a que participó de una de sus películas para luego desaparecer de su vida, dado que el padre vivía en Suecia y ellas en Noruega junto a su madre, Nora teme tener que dejar de culpar a su padre por todos sus problemas e inseguridades si logra conectar con él en la película sobre su abuela.

 

Al igual que todos los artistas, ambos son narcisistas, difíciles de tratar, obcecados con su obra, ponen sus trabajos por encima de su familia e incluso de sí mismos. Gustav quiere lo mejor para su hija, pero solo puede expresarlo a través del arte, por ello le ofrece la redención a través del papel protagónico de su película, sabiendo que es su única forma de ayudarla, de completar su rol como padre y de trascender. Gustav incluso desea utilizar a su nieto, el hijo de Agnes, para que toda la familia tenga algo para recordarlo, pero Agnes se da cuenta de que Gustav solo puede ver a las personas como medios para un fin, el arte, y tiene miedo de que su pequeño quede traumado como ella y Nora cuando su abuelo desaparezca de su vida. El choque entre Nora y Gustav se debe claramente a que ambos se parecen demasiado por su sensibilidad y su amor al arte y ello les impide abandonar sus profesiones para ser hija y progenitor. Para colmo Gustav, que ha sido y es un pésimo padre que busca subsanar sus errores conectando con su nieto, suele llamar a Nora por teléfono a altas horas de la noche cuando se emborracha para hablar del pasado.

 

Joaquim Trier busca homenajear el cine dramático de Ingmar Bergman, su profundidad existencialista, con escenas complejas, en las que se lucen los actores al igual que los primeros planos logrados por el director de fotografía Kasper Tuxen, que capta toda la intensidad de momentos perfectos que buscan incomodar al espectador. De esta manera, el realizador logra un montaje impecable de incisivos cortes que abren paso a nuevas secuencias, destacándose precisamente Olivier Bugge Coutté en su labor de editor y el trabajo de la compositora, pianista y cantante polaca Hania Rani con una música dramática realmente atinada, que intercala con algunos temas acertadamente seleccionados como Same Old Scene (1980), de Roxy Music, World (The Price of Love) (1993), de New Order, Cannock Chase (1972), de Labi Siffre, Futile Devices (2010), de Sufjan Stevens, Dancing Girl (1972), de Terry Callier, y Ooh La La (1973), de Faces, entre los más destacados.

 

El título remite a la casa en la que se filma la película, el hogar familiar que el protagonista hereda tras la muerte de su ex esposa, en la que quiere filmar la historia del suicidio de su madre, su propia historia familiar y la historia de su hija en un guión que trabaja el eterno retorno de las heridas que se repiten a lo largo de las distintas generaciones. El arte, la película que Gustav quiere rodar, es aquí el dispositivo de sanación del trauma que aqueja a esta familia nórdica. Todo en la casa tiene un valor sentimental pero este valor es una memoria de un vínculo roto, un recuerdo de que el pasado tiene un correlato material que persiste como una herida que se niega a sanar. Esta situación los lleva a regresar constantemente, a escarbar en el pasado y a aferrarse a los objetos que hoy solo recuerdan escenas que sería mejor olvidar.

 

Con actuaciones realmente brillantes de todo el elenco y una dirección esmerada, Valor Sentimental realmente introduce al espectador en la creación de una película, en los bastidores de una obra de teatro, en las ansiedades que ocurren mientras el arte cobra vida. Estamos ante una gran propuesta para aproximarnos a la pregunta sobre cómo miramos el cine, o más bien, cómo ya no miramos cine, cómo dejamos que el cine se convierta en una distracción en lugar de un espejo de nuestras vidas, una mirada al abismo de la existencia. Pero también es una obra sobre la angustia, la reconciliación y la parentela como un entramado de relaciones en perpetua construcción. Las miradas, de hecho, son las grandes protagonistas de la película, las que dejan entrever la falta de comunicación entre padre e hija, entre director y actriz, o entre colegas.

 

Valor Sentimental (Affeksjonsverdi, Noruega/ Alemania/ Dinamarca/ Francia/ Suecia/ Reino Unido/ Turquía, 2025)

Dirección: Joachim Trier. Guión: Joachim Trier y Eskil Vogt. Elenco: Stellan Skarsgård, Elle Fanning, Renate Reinsve, Inga Ibsdotter Lilleaas, Jesper Christensen, Anders Danielsen Lie, Lena Endre, Cory Michael Smith, Andreas Stoltenberg, Catherine Cohen. Producción: Maria Ekerhovd y Andrea Berentsen Ottmar. Duración: 133 minutos.

Puntaje: 10