Anatomía de una Caída (Anatomie d'une Chute)

Piezas rotas de un rompecabezas familiar

Por Martín Chiavarino

La realizadora francesa Justine Triet compone en Anatomía de una Caída (Anatomie d’une Chute, 2023) un thriller angustiante alrededor de la muerte de un escritor afligido por sus deberes paternales y los remordimientos por un accidente vial que tuvo como víctima a su pequeño hijo, el cual perdió en el episodio gran parte de su capacidad visual, lo que dispara una crisis familiar que se agudiza con los años y que termina con la trágica muerte del padre.

 

El guión de Triet junto a su actual pareja, Arthur Harari, también director y conocido por su último film, Onoda (2021), presenta a una exitosa escritora alemana radicada en los Alpes franceses en un pequeño pueblo cerca de Grenoble, al sudeste de Francia, Sandra Voyter (Sandra Hüller), acusada de asesinato tras la trágica muerte de su pareja, Samuel Maleski (Samuel Theis), encontrado muerto por el hijo de ambos, Daniel (Milo Machado Graner), cuando regresaba de un paseo con su perro. Sin ningún testigo del suceso, el óbito de Samuel es una incógnita. Una grabación encontrada con una acalorada discusión entre el hombre y su pareja, por la distribución de las tareas cotidianas y filiales vía reproches mutuos, e inconsistencias varias en la declaración de Sandra exacerban la acusación de homicidio por parte de la fiscalía, por lo que se inicia un desagradable juicio en el que toda la vida de la parentela es analizada microscópicamente por la justicia.

 

Triet y Harari logran crear una trama verdaderamente dramática alrededor de las miserias de una pareja como cualquier otra, que a partir de un accidente que deja al hijo con una significativa disminución de su capacidad visual se desmorona de a poco, llevando al hombre a una gran culpa que lo hace abandonar la novela que estaba escribiendo para centrarse en la educación del chico y en los arreglos de la casa familiar en una zona alejada de todo. Mientras que la fiscalía pondera a una escritora despiadada que le ha robado la premisa de su novela a su pareja y lo ha ahogado con deberes cotidianos hasta empujarlo a la depresión, el abogado de la defensa, Vincent Renzi (Swann Arlaud), un amigo de la juventud de Sandra y enamorado de ella desde su época universitaria, intenta relativizar las pruebas de asesinato basadas en suposiciones de peritos que debaten sobre las causas de las manchas de sangre dejadas por el hombre en su caída desde el desván sobre el cobertizo, causa principal de la herida en el cráneo que lo conduce a la muerte.

 

Anatomía de una Caída, cuyo título juega con la literalidad del análisis de la caída del padre de Daniel y con la metáfora de la crisis familiar y su desmoronamiento, contiene una crítica demoledora de las relaciones sociales bajo el nuevo capitalismo. Una sana relación entre escritores que se aman se resquebraja sin vuelta atrás cuando el hombre envía a la niñera a buscar a su hijo debido a estar ensimismado en el proceso de creación literaria. De alguna manera el chico de cuatro años se escapa de la niñera, cruza imprudentemente y es atropellado por una moto, por lo que pierde parte de su visión, escena que es narrada con gran vivacidad por la madre en el juicio. Si en un comienzo Sandra le reprocha a su pareja por no haber cumplido con su deber de ir en busca del niño y lo culpa por el accidente, la decisión de criar al joven en casa por parte del padre hunde las finanzas familiares, así de vivir jovialmente en la capital de Inglaterra se mudan a la anegada casa del hombre en los Alpes franceses, a una propiedad que necesita varios arreglos, por lo que el tiempo que Samuel dedica a la escritura se limita aún más, lo que lo sume en una gran depresión. Sandra, por su parte, con una novela exitosa publicada, se resiente por su nueva soledad, el frío constante y la hostilidad de su pareja, por lo que lo engaña un par de veces con mujeres, lo que a su vez profundiza la depresión del hombre. A todo esto se suma la situación de Daniel que durante el juicio descubre que su padre, que era muy cercano a él, estaba muy deprimido, que había intentado suicidarse tomando pastillas y que su madre y él se llevaban muy mal desde su accidente, lo que cambia completamente su percepción de la relación con sus progenitores.

 

Toda esta situación va conformando un retrato de la nueva vida familiar, la herida de la masculinidad cuando el hombre es relegado a los quehaceres cotidianos, la mujer en su nuevo rol empoderada que debe defender su libertad en un juicio, la amenaza de que su vida como la conoce se termine si es condenada, y la nueva relación con su hijo, que se ha convertido en el principal y en realidad único testigo del caso, lo cual pone sus recuerdos en un lugar definitorio para la suerte de su madre.

 

El film esta estructurado de forma clásica con una introducción, dos partes muy marcadas y una conclusión. La parte más larga y con mayor densidad es la segunda, la del juicio, en la que Sandra debe testificar en francés, aunque su idioma natal sea el alemán, se exprese muy bien en inglés y su francés no sea tan fluido. En esas escenas Sandra debe enfrentar las acusaciones del fiscal y como le aconseja su abogado dejar de pensar en términos de verdad y hacerlo en términos de percepción haciendo hincapié en la faceta subjetiva de los juicios, que muchas veces es más importante que las pruebas, muy circunstanciales y sujetas a diversas interpretaciones.

 

Justine Triet crea escenas brillantes como la pelea entre Samuel y Sandra grabada por el primero un día antes de su muerte y pasada a un dispositivo USB encontrado por la policía al revisar la casa, audio que es utilizado por la fiscalía para acusar a la fémina de asesinato premeditado. Con respecto a esta grabación y también a la declaración del psiquiatra de Samuel surge uno de los mejores diálogos del film, donde Sandra discute en medio del juicio con el fiscal y el psiquiatra argumentando que es imposible entender la dinámica de una pareja para aquellos que están afuera, ya que las peleas y las discusiones son parte de la mecánica de todo vínculo romántico y en realidad de toda relación humana, esas que oscilan entre distintas posiciones con distintos objetivos.

 

También hay un discurso muy interesante y polémico sobre la concepción de la discapacidad y cómo es necesario pensar a los sujetos con alguna invalidez física como personas que deberían aprender a autopercibirse a partir de su diferencia pero sin considerarse minusválidas o víctimas que van a necesitar ayuda durante toda su vida, entendiendo cómo desarrollar otros aspectos, ya sea físicos o intelectuales, para posicionarse en pie de igualdad en una sociedad altamente competitiva.

 

La directora maneja brillantemente la tensión entre el suicidio o el asesinato con reconstrucciones potenciales del hecho, ya sea por parte de peritos o flashbacks imaginarios que funcionan muy bien. La angustia ante la incertidumbre respecto de la resolución del juicio también tiene un tratamiento magistral, generando un gran suspenso que, sin llegar a los extremos de Michael Haneke, mantiene en vilo al espectador en todo momento. También hay un juego muy logrado entre la pretensión documental/ periodística de la cobertura del caso y la intimidad de las decisiones de Daniel. Lo público y lo privado se entremezclan completamente pero nunca olvidando sus diferencias, siempre en una tensión perfecta para explicitar el punto de vista de todos los protagonistas, ya sea desde su fuero interno o desde la percepción de los otros.

 

Sandra Hüller, que ya había trabajado con la realizadora en su obra anterior, Sibyl (2019), también coescrita junto a Harari, realiza una labor extraordinaria, al igual que Samuel Theis y Milo Machado Graner. Swann Arlaud y Jehnny Beth, como la encargada de cuidar a Daniel, acompañan muy bien a estos tres actores en su derrotero hacia el abismo. El border collie de Daniel también tiene un gran protagonismo, incluso hay secuencias vistas a partir de su perspectiva, lo cual enriquece al film y ofrece una sensación de extrañeza ante los acontecimientos, dispositivo que es utilizado por Triet en distintas oportunidades.

 

Anatomía de una Caída no es una película para pasar el rato y menos aún para tomar una posición ideológica y criticar esto o aquello, lo cual es muy fácil, sino más bien para comprender las consecuencias de todo lo que vivimos cotidianamente y la percepción que eso genera en los que nos rodean y en la sociedad, con el objetivo último de poner bajo el microscopio los comportamientos más mecánicos y repensar lo que hacemos y qué genera en los otros.

 

Anatomía de una Caída (Anatomie d’une Chute, Francia, 2023)

Dirección: Justine Triet. Guión: Justine Triet y Arthur Harari. Elenco: Sandra Hüller, Swann Arlaud, Milo Machado Graner, Antoine Reinartz, Samuel Theis, Jehnny Beth, Saadia Bentaïeb, Camille Rutherford, Anne Rotger, Sophie Fillières. Producción: David Thion y Marie-Ange Luciani. Duración: 152 minutos.

Puntaje: 10