El Clan de los Sicilianos (Le Clan des Siciliens)

Piratas del aire

Por Emiliano Fernández

Henri Verneuil fue uno de los directores franceses más populares, activos y exitosos de las décadas del 60 y 70, señor atacado en su momento a pura estupidez y soberbia por los mamertos de la Nouvelle Vague y hoy gozando de una fama extraordinaria que supera a los anteriores por el enorme volumen de clásicos del cine de género que dejó detrás, casi todos protagonizados por esa camada irrepetible de estrellas locales del momento. Luego de unos comienzos volcados a la comedia y dominados por sus opus con el célebre Fernand Joseph Désiré Contandin alias Fernandel, películas tontuelas entre las que sobresale La Vaca y el Prisionero (La Vache et le Prisonnier, 1959), Verneuil inicia una serie de colaboraciones con luminarias en géneros como el drama, el film noir, las propuestas bélicas, el romance, la acción y el thriller, pensemos para el caso en sus asociaciones con Jean Gabin, Gente sin Importancia (Des Gens sans Importance, 1956), El Presidente (Le Président, 1961), Un Mono en Invierno (Un Singe en Hiver, 1962) y Cualquiera Puede Ganar (Mélodie en Sous-sol, 1963), Jean-Paul Belmondo, la citada Un Mono en Invierno, Codicia Bajo el Sol (Cent Mille Dollars au Soleil, 1964), La Derrota Gloriosa (Week-end à Zuydcoote, 1964), Los Ladrones (Le Casse, 1971), Persecución Implacable (Peur sur la Ville, 1975), El Cuerpo de mi Enemigo (Le Corps de mon Ennemi, 1976) y Los Buitres (Les Morfalous, 1984), las primeras con Alain Delon, Cualquiera Puede Ganar, y Lino Ventura, Codicia Bajo el Sol, y aquellas otras con Bernard Blier, El Presidente, Codicia Bajo el Sol y El Cuerpo de mi Enemigo, amén de trabajos aislados como su recordado encuentro con Yves Montand, I… como Ícaro (I… comme Icare, 1979), y con el malogrado Patrick Dewaere, Billones de Dólares (Mille Milliards de Dollars, 1982), o las autobiográficas y tardías Mayrig (1991) y Calle Paraíso 588 (588 Rue Paradis, 1992), ambas con Omar Sharif y Claudia Cardinale.

 

Dentro de esta siempre ecléctica carrera, una que incluye dos maravillosas colaboraciones con Anthony Quinn, La Hora 25 (La Vingt-cinquième Heure, 1967) y Los Cañones de San Sebastián (La Bataille de San Sebastian, 1968), la primera coprotagonizada por Virna Lisi y Michael Redgrave y la segunda por Charles Bronson y Silvia Pinal, y una faena con un elenco todavía más heterogéneo, El Serpiente (Le Serpent, 1973), thriller de espionaje con Yul Brynner, Henry Fonda, Dirk Bogarde, Philippe Noiret, Michel Bouquet y la querida Lisi, se destaca en especial El Clan de los Sicilianos (Le Clan des Siciliens, 1969), no sólo debido a que Verneuil firmó un acuerdo de producción y distribución con la 20th Century Fox sino porque logró reunir a un trío estelar soñado, Gabin, Delon y Ventura, equipo que le garantizó una enorme popularidad a la realización que a corto plazo se tradujo en una influencia nunca del todo asumida en el terreno del cine de mafiosos/ gangsters del otro lado del océano y sobre todo a partir de El Padrino (The Godfather, 1972), aquel clásico ineludible de Francis Ford Coppola, basta con pensar que el opus de Verneuil, en esencia una heist movie ultra estilizada y elegante que hace de los silencios y de las sugerencias sus principales herramientas expositivas, reintrodujo la temática de la mafia italiana en general y la Cosa Nostra en concreto en el candelero cinematográfico internacional, tópico propio del cine de la nación de las pastas y la pizza hasta ese momento leído sólo en términos de comedia o drama tradicional por la andanada de crímenes en cuestión y sus vínculos con la corrupción en todas las esferas de lo público y lo privado, pero desde el engranaje retórico del polar o policial negro francés, de allí el tono meticuloso del relato y su importancia en lo que atañe al desarrollo de personajes, el manejo del suspenso, la puesta en escena y cierta estructura narrativa melodramática que aparece camuflada bajo el quid del cine de acción.

 

El guión de Verneuil, Pierre Pelegri y el inefable José Giovanni está basado en la novela homónima de 1967 de Auguste Le Breton, conocido por haber inspirado Razzia (Razzia sur la Chnouf, 1955), de Henri Decoin, y Rififí (Du Rififi chez les Hommes, 1955), eterna obra maestra de Jules Dassin, y por haber coescrito junto con el director Bob, el Jugador (Bob, le Flambeur, 1956), de Jean-Pierre Melville, y comienza con el escape durante un traslado, entre los tribunales de justicia de París y la prisión, del gélido Roger Sartet (Delon), ladrón especializado en joyas y asesino reciente de dos policías en ocasión de su arresto luego de un suculento atraco. La fuga, centrada en un taladro con el que Sartet hace un agujero en el piso del ómnibus de reos de turno, fue orquestada por una parentela siciliana encabezada por el capo Vittorio Manalese (Gabin) y compuesta por su esposa María (Elisa Cegani), sus hijos Aldo (Yves Lefebvre), Sergio (Marc Porel) y Theresa (Karen Blanguernon), el marido de ésta, Luigi (Philippe Baronnet), el hijo de los anteriores, Roberto (César Chauveau), y la esposa de Aldo, Jeanne (Irina Demick), hermosa oveja negra del clan porque es la única cien por ciento francesa. Mientras el Comisario Le Goff (Ventura) le pisa los talones por su encuentro efímero con una prostituta o alguna llamada telefónica a su hermana, Monique (Danielle Volle), cajera en un café, Sartet prepara con Manalese y el secuaz neoyorquino Tony Nicosia (Amedeo Nazzari) un audaz asalto aéreo durante el traslado de unas valiosas joyas desde una exposición en la Villa Borghese de Roma a la Gran Manzana, movida que implica secuestrar a un ejecutivo de una compañía de seguros para suplantarlo con Roger y tomar el control de un avión comercial y hacerlo aterrizar en una autopista cerrada/ en construcción, sin embargo Vittorio no le entrega su parte del botín a Sartet para forzarlo a regresar a París y asesinarlo por un affaire con su nuera que atestiguó el pequeño Roberto.

 

Más allá de una insólita referencia a 100 Rifles (1969), western olvidado de Tom Gries que aquí reaparece en calidad de la película proyectada durante el vuelo, la gloriosa presencia y el carisma escénico del trío protagónico, titanes colosales de su tiempo, y la sublime música compuesta por Ennio Morricone, ubicada a mitad de camino entre las bizarreadas de su acervo spaghetti western para los instantes descriptivos y un enfoque más rockero para los momentos de nerviosismo y/ o peligro, la película de Verneuil nos regala un ritmo a la vez reposado y muy adictivo que queda simbolizado en el fetiche insistente del relato para con el movimiento, por ello los dos instantes cruciales de la trama -la huida del inicio y el robo de las joyas por parte de estos piratas del aire- se producen durante el transporte o tiempo muerto o ese viaje que suele ser descuidado por los esbirros del capitalismo de la seguridad, e incluso juega de manera maestra con las ironías existenciales de fondo, como por ejemplo los intentos en vano de dejar de fumar del maniático Le Goff, el cariño sincero del casi siempre cínico Roger hacia Monique, su hermana, y el dejo de patriarca sabio y de temer de un Manalese que utiliza como tapadera de sus actividades delictivas a una empresa de venta de arcades, gramolas y pinballs/ flippers, máscara pueril y muy previsible pero no por ello menos eficaz ante la indolencia social e institucional. Ayudado por su austeridad expresiva marca registrada y una fotografía exquisita de Henri Decaë, el cineasta ofrece secuencias magistrales, como las dos señaladas aunque también la de la meretriz, la del falsificador y fotógrafo porno Malik (André Pousse), la del aeropuerto de París con la esposa cargosa del ejecutivo de seguros, la Señora Evans (Sally Nesbitt), y el desenlace vía el fusilamiento de Roger y Jeanne por parte de Vittorio y el arresto de éste a manos del comisario, planteo que redondea un genial retrato de esa zona limítrofe en donde negocios y pasiones se unifican…

 

El Clan de los Sicilianos (Le Clan des Siciliens, Francia/ Italia/ Estados Unidos, 1969)

Dirección: Henri Verneuil. Guión: Henri Verneuil, José Giovanni y Pierre Pelegri. Elenco: Jean Gabin, Alain Delon, Lino Ventura, Irina Demick, Amedeo Nazzari, Philippe Baronnet, Karen Blanguernon, Elisa Cegani, Yves Lefebvre, Marc Porel. Producción: Henri Verneuil y Jacques-Eric Strauss. Duración: 125 minutos.

Puntaje: 10