Dos hombres, uno de cincuenta y pico con acento del noreste y uno mucho más joven, entran a un bar de Tokio donde casi todos se conocen. A la mañana siguiente el primero aparece muerto en las vías del tren, asesinado brutalmente con el rostro desfigurado, irreconocible. Nadie lo puede identificar. Su joven amigo, el principal sospechoso, se ha desvanecido y nadie sabe quién es. La única pista es el acento del noroeste de Japón del viejo asesinado y una mención a un lugar, que inicia una investigación obsesiva por parte de un detective de homicidios decidido a resolver el caso como sea. Así comienza esta aventura del maestro del policial japonés, Seicho Matsumoto, conocido en occidente por sus novelas El Expreso de Tokio (Ten to Sen, 1958), Un Lugar Desconocido (Kikanakatta Basho, 1975), La Chica de Kyushu (Kiri no Hata, 1961) y Punto Cero (Zero no Shōten, 1959), todas editadas en castellano por la editorial independiente española Libros del Asteroide.
Matsumoto hace encajar las piezas del rompecabezas literario con gran maestría para que el caso avance gracias a una mezcla de perseverancia, perspicacia y azar, introduciendo información que al principio parece no tener que ver con la historia, pero que con paciencia se va revelando su importancia. El hombre asesinado era un expolicía muy querido que había viajado a Tokio tras haber visto algo en un cine que se relaciona con el Grupo Nouveau, un conjunto de jóvenes artistas japoneses de carácter vanguardista que pretenden influir política y estéticamente en el futuro de Japón.
Ante una sociedad hipócrita que parece avanzar vertiginosamente luego de la derrota nipona en la Segunda Guerra Mundial, el detective Eitaro Imanishi trabaja desde la paciencia para resolver sus casos, con persistencia, cuando no se toma su tiempo para leer el diario, cuidar de sus bonsáis o componer haikus. Sea quien sea el asesino, Imanishi esta dispuesto a trabajar en sus horas libres hasta desenmascarar al criminal.
El Castillo de Arena (Suna no Utsuwa, 1961) plantea un caso que inicialmente desconcierta a la policía de Tokio, que diligentemente trabaja para resolverlo, pero las pistas no conducen a ninguna parte, las corazonadas tampoco, desmoralizando a investigadores que no pueden generar avances con los cuales justificar los recursos invertidos. Al igual que todas sus obras, Matsumoto ofrece pistas y señuelos que dejan al lector en vilo hasta el final, cuando todo el entramado se revela, para confirmar algunas sospechas y refutar otras, siempre sorprendiendo con resoluciones que tienen una lógica propia de la particular idiosincrasia japonesa.
Matsumoto es un experto en transformar las casualidades y el azar en pequeñas pistas que van abriendo el caso de a poco, aportando granos de arena que conforman un castillo de pruebas que, al igual que en todas las novelas del escritor japonés, no se revelan hasta el último capítulo. Detallista, obsesivo, respetuoso de los procedimientos, los personajes de Matsumoto son auténticos representantes del orden, de un Japón aquiescente que debe velar por el respeto y la ley.
Matsumoto disecciona los diálogos de sus personajes con maestría para descubrir sus preocupaciones, las diferencias entre las rígidas clases sociales y cómo cada uno percibe su ascenso o descenso en la pirámide social y en el mundo de las apariencias que cada clase crea para sí misma. Descripciones profundas y evocadoras de los coloridos paisajes japoneses se funden con diálogos circunspectos típicos de la cortesía de la cultura nipona. La disciplina y meticulosidad en la investigación, el tesón de la cultura del Lejano Oriente, es la argamasa de este policial de principios de los años sesenta que capta perfectamente el espíritu de época, las intenciones vanguardistas de las jóvenes promesas, las ilusiones que a veces convencen más que las pruebas, las apariencias que son más atractivas que la verdad, las tradiciones que persisten y un clásico de la literatura de Matsumoto y del policial negro, el pasado traumático que siempre vuelve para atormentarnos.
Críticos culturales que cambian radicalmente de opinión, amantes que se mudan constantemente, actores que mueren en circunstancias sospechosas, musique concrète, jóvenes promesas que buscan dejar su huella y un policía obsesionado por encontrar la verdad son los condimentos de una de las mejores obras de Seicho Matsomoto, una intriga compleja alrededor de un hombre asesinado que de alguna manera se relaciona con un grupo de intelectuales progresistas, artistas de disciplinas diversas, como literatura, teatro y música, que aspiran a ser la próxima generación dirigente de Japón.
En El Castillo de Arena nada está librado al azar, nada es redundante, todo el relato está construido con una meticulosidad y una paciencia ejemplares, con oraciones de prosa poética, tomando las formas estilísticas de los haikus japoneses, lo que le otorga a los párrafos una belleza enorme. Por si fuera poco, la investigación lleva al inspector a adentrarse no solo en la musique concrète sino también en el análisis de los distintos dialectos japoneses, en una verdadera aventura filológica sobre las raíces del lenguaje nipón que lo conduce por todo el país en el medio de transporte por antonomasia de Japón, el ferrocarril.
Editada por Libros del Asteroide, El Castillo de Arena es una de las novelas más cautivadoras e interesantes de Seicho Matsumoto, en la que logra un suspenso perfecto que se mantiene a lo largo de toda la obra. El escritor japonés crea aquí un policial negro en el que la mirada popular sobre el elitismo conforma un gran lienzo sobre los límites de las vanguardias a comienzos de la década del sesenta, las apariencias que las clases sociales construyen y la mirada conservadora sobre un mundo que pujaba por abrirse camino en la rígida sociedad japonesa. Al igual que todas sus obras, aquí también hay una alegoría sobre las relaciones sociales y una enseñanza muy clara que debería regir la vida de las personas: siempre hay que estar abierto a los designios del azar porque las casualidades nunca ocurren porque sí.
El Castillo de Arena, de Seicho Matsumoto, Libros del Asteroide, 2024.