Dos Atardeceres en Catán, de Gastón Silbert

Postales de una extrañeza

Por Martín Chiavarino

Los ocho cuentos que componen Dos Atardeceres en Catán (2020) funcionan como una guía del mundo, un apéndice de las canciones de una lista de temas, postales de una extrañeza sobre un universo demasiado cercano, aterrador y tentador a la vez, de placeres y silencios que turban en un conurbano tan cotidiano como sobrenatural. Los cuentos de Dos Atardeceres en Catán están narrados en primera persona y apelan a la cotidianeidad para adentrarse en lo desconocido y descolocar al lector con sus imágenes de una zona que todos creen conocer, como si todo lugar tuviera algo que esconder, un sitio para lo oculto y recóndito, para lo secreto.

 

En el cuento que da nombre a la antología de Silbert, un docente de literatura de escuelas públicas del conurbano bonaerense relaciona el episodio de la muerte de un alumno con las carreras de caballos en el Hipódromo de San Isidro, en una punzante reflexión sobre las diferencias de clase que ejemplifica el destino del futuro de los argentinos y coloca al docente como una especie de espectador privilegiado de clase media que ve estallar los conflictos ante su mirada paralizada sin poder actuar, convirtiéndose en un narrador del abismo entre ambos mundos.

 

Punto y Banca se relaciona con la historia anterior a partir de una familia de campo que cría caballos de carrera, se dedica a la venta de armas y a las apuestas clandestinas. Un hombre a punto de jubilarse adeudado por el juego y sumido en el alcohol planifica una venganza pero las cosas no salen como fueron planeadas en una metáfora sobre la relación entre los poderosos inescrupulosos y todos los que están debajo de ellos, pobres hombres que hacen lo que pueden para terminar derrotados buscando inmolarse en una venganza imposible ante tanta injusticia.

 

En el primer cuento, Hundida, el más largo de la antología, una mujer de treinta y cinco años recientemente desocupada y separada siente los ecos de una soledad que la va subsumiendo en la depresión y se ve envuelta en una relación casual con un desconocido en una situación de malestar en la que no sabe si disfrutar o intentar robarle al hombre que colecciona ediciones de El Beso de la Mujer Araña, la extraordinaria novela de Manuel Puig publicada en 1976, llevada al cine por Héctor Babenco en 1985. Aquí Silbert explora en la pérdida de la estabilidad laboral como paradigma del trabajo asalariado y en el sexo como ritual de búsqueda de compañía y escape en una época de nihilismo negativo, de simulacro de valores que esconden la total falta de visión de un futuro posible, ya sea utópico o distópico.

 

Mordida por los Perros es un cuento que tiene como protagonista a una mujer acosada por perros callejeros en medio de la solitaria nocturnidad de Las Toninas, un pequeño pueblo costero en el Partido de la Costa de la Provincia de Buenos Aires, que discurre sobre la noche como lugar de soledad pero también de peligros que acechan en la oscuridad como una alegoría de lo que el día oculta, la vedado social que anida en el hombre y que puja por emerger.

 

En Cinco Sectas del Conurbano, Silbert explora un ritual de iniciación de una extraña secta que crea poemas, relatos y dibujos surrealistas en base a las visiones producto de la ingesta de una infusión tóxica. El relato es una mirada sobre el colapso de los grandes relatos, de la noción de patria y de las instituciones sociales, derrumbe que tiene como corolario el surgimiento de pequeñas sectas que buscan restaurar a nivel micro la sensación de comunidad perdida, ya sea cambiando los epitafios de las lápidas en los cementerios, ocupando asientos de colectivos en el oeste del conurbano bonaerense, saboteando imprentas o mediando sexualmente entre delincuentes y policías.

 

Picnic en La Tablada narra un recuerdo infantil relacionado con la secta de los modificadores de las inscripciones de las lapidas, simples profanadores de la memoria o vengadores que cuentan las historias verdaderas de los fallecidos. Una mirada posible sobre la justicia, la verdad y la memoria, tres cuestiones interrelacionadas que funcionan como disparadores de la recuperación de nuestra historia como país.

 

Los Primeros Temblores de la Perversión es un relato sobrenatural de índole sexual sobre una mujer que convive con una gata y sufre por la muerte de su hermana, fémina con la que no podía compartir nada salvo su afición por los pequeños felinos. Al igual que en casi todos los cuentos de Silbert, aquí hay un componente sexual muy marcado que se mezcla con lo sobrenatural que perturba y aterroriza al hombre.

 

La Enfermera del Hospital de Clínicas es un cuento que también indaga en lo sobrenatural a partir de la lectura de relatos perturbadores, como Los Perros de Tíndalos (Hounds of Tindalos, 1929), de Frank Belknap Long, El Devorador de Sombras (2000), de Gregorio Morales, El Bardo Thodol o El Libro Egipcio de los Muertos, centrándose en los pacientes de terapia intensiva en una práctica perversa pero liberadora sin fin alguno por parte de una enfermera misteriosa y hermética sumida en aterradoras ficciones.

 

Los cuentos de Gastón Silbert se adentran en lo sexual, en el conurbano, en los oscuros pasillos de un hospital público, en los impenetrables rituales sectarios o en las noches costeras para descubrir ese país secreto que se esconde a la mirada de la clase media, un país que habitan los extremos, pero nunca los medios. Si lo público aquí es un simulacro de comunidad, lo privado es un espacio opaco, de secretos inconfesables, de soledad, incluso de muerte. En lo público hay una posibilidad de salvación, en lo privado nos hundimos en nuestras pesadillas. Silbert ofrece así una mirada agazapada, un vistazo iluminador y perturbador de una realidad sobrenatural que habita donde menos se la espera, en nuestros terrores diurnos.

 

Dos Atardeceres en Catán, de Gastón Silbert, 2020.