Bartleby, el Escribiente, de Herman Melville

Preferiría no hacerlo

Por Martín Chiavarino

La muerte de sus dos hijos varones y el fracaso comercial de su obra magna, Moby Dick, la monumental novela publicada por Herman Melville en 1851, sumió al escritor estadounidense en una profunda depresión. De esos años difíciles surgió el cuento Bartleby, el Escribiente (Bartleby, the Scrivener: A Story of Wall Street), una historia extraordinaria publicada en 1853 que tampoco tuvo demasiado revuelo en su momento, pero que ha sido revalorada por escritores, psicólogos, críticos y filósofos como una obra de múltiples interpretaciones y de una gran riqueza simbólica.

 

El relato es una narración en primera persona de un agregado de la Corte Suprema de Justicia en Nueva York con una oficina en Wall Street que reflexiona sobre el oficio de amanuense y sobre la vida misma y sus extrañas vicisitudes a partir de un episodio inusual con un peculiar copista judicial, Bartleby. Tras describir su propio carácter y el de sus dispares colaboradores, Turkey, Nippers y Ginger Nut, el narrador se centra, y llega a obsesionarse, con el personaje del susodicho copista, Bartleby, un taciturno y solitario individuo que contrasta con las personalidades inclinadas al arrebato del resto de sus colaboradores. La diligencia mecánica del copista impresiona al narrador, pero éste queda estupefacto cuando Bartleby se rehúsa a revisar los documentos que ha transcripto con una frase muy inusitada, “preferiría no hacerlo”. A pesar de su gran diligencia, las recusaciones de Bartleby para no realizar las demandas del agregado se hacen cada vez más frecuentes. La actitud de Bartleby desencadena una serie de reflexiones sobre sí mismo y sobre el mundo por parte del abogado, quien defiende al copista del encono del resto de los ayudantes, pero la situación cambia cuando el agregado descubre un domingo que Bartleby ha estado viviendo en la oficina y ha convertido su vida en una prescindencia de la comunidad que lo rodea.

 

La resistencia apática del hombre común ante el avance del progreso, la negación a comulgar con una sociedad que cada vez más se centra en la razón instrumental, una mirada sobre la condición irónica del universo y una farsa devenida en drama existencial que expresa las contradicciones de la individualidad son algunas de las interpretaciones que este breve pero obscuro texto ha suscitado entre sus anonadados lectores. Se podría agregar una visión sobre la derrota de la libertad y el arte ante los alcances siniestros de Wall Street y las profesiones denominadas “útiles” en un llamado desesperado a resistir desde el campo cultural, aunque sea pasiva o pacíficamente, como una interpretación también plausible para comprender esta obra, que al igual que Bartleby, conmueve y desconcierta.

 

El libro fue editado por La Marca Editora para su colección Dúo. La edición recuperó la significativa traducción y el analítico prólogo de Jorge Luis Borges, pero la característica distintiva de la obra son las ilustraciones maravillosas del dibujante Luis Scafati, que le aportan a este retrato una significación perturbadora y desasosegada. También se destaca el gran epílogo del escritor y psicoanalista Gustavo Dessal, con interpretaciones, relaciones y referencias a la obra de Kafka que permiten un acercamiento desde el psicoanálisis a un texto tan aclamado como recóndito. El libro también contiene una semblanza de Melville, de Scafati y de Borges como traductor en una muy buena edición en tapa dura.

 

Bartleby, el Escribiente, de Herman Melville, La Marca Editora, 2018.