18° BAFICI

Primera Parte

Por Martín Chiavarino y Emiliano Fernández

A Magical Substance Flows into Me (2015, de Jumana Manna, Competencia Oficial Internacional), por Martín Chiavarino

 

Cantos sagrados

 

La realizadora Jumana Manna encaró su primer largo documental como una investigación sobre las distintas manifestaciones musicales palestinas no asimiladas por la música occidental en la actualidad, siguiendo el espíritu del trabajo radiofónico realizado por el experto alemán Robert Lachmann en la década del treinta en Jerusalén.

 

A Magical Substance Flows into Me (2015) es un inesperado recorrido por distintos géneros musicales litúrgicos y populares palestinos que remiten a especificaciones históricas y culturales sobre las que Manna intenta indagar para comprender los problemas de la región. Lachmann invitaba a músicos a la radio para transmitir su música en vivo, lo cual generó un su época una gran controversia. A través de los programas de Lachmann, la realizadora narra lo que queda de esos estilos tras la globalización y la ocupación judía de Israel.

 

La música le sirve a la documentalista para cuestionar la ocupación israelí tomando como referencia el estudio histórico de su propio padre, que pone en tela de juicio la política beligerante del país hebreo con documentos que validan su postura.

 

Las hermosas canciones palestinas y los relatos de su supervivencia, a pesar de las vicisitudes de la región, logran construir una verdadera obra maestra que maneja los tiempos y los planos a la perfección para ofrecer una película de extraordinario valor documental e histórico sobre la música y la historia, no solo de Israel y Palestina, sino de todo Medio Oriente.

 

 

Francofonia (2015, de Aleksandr Sokurov, Panorama/ Trayectorias), por Emiliano Fernández

 

El arte durante el genocidio

 

Nunca está de más aclarar que el principal interés de los europeos pasa por los propios europeos y su idiosincrasia colonizadora, capaz de incorporar culturas y explotarlas a gusto. Una prueba indiscutible de este ombliguismo de pulso maquiavélico es el coleccionismo artístico, el cual desde tiempos inmemorables constituyó una de las características más importantes de los regímenes del Viejo Continente: por supuesto que en esencia hablamos de la “dialéctica del museo”, léase la tendencia a rapiñar obras de civilizaciones ancladas en territorios muy lejanos para inventariarlas y eventualmente sumarlas como ingredientes exóticos a una antología suntuaria de un rubro en particular. Ahora bien, el hurto del patrimonio cultural tiene su contracara “positiva” ya que -como aducen sus campeones- efectivamente muchas veces los países productores no cuentan con este respeto fetichista.

 

La cumbre de la lógica museística sin duda es el Louvre, un ejemplo inabarcable tanto en materia de las colecciones que ofrece al público como en lo que atañe al palacio en el que están situadas. En Francofonia (2015) Alexander Sokurov combina el análisis del estatuto social del museo con la revisión del rol del arte en general durante períodos en los que priman la hambruna y el genocidio, y para ello apela -una vez más, como buen intelectual de corazoncito europeo- a la Segunda Guerra Mundial, esa suerte de “significante vacío” al que algunos nativos de la región aun hoy suelen recurrir para victimizarse a través de su árbol genealógico y de paso olvidar todos los conflictos posteriores que los tuvieron como victimarios. Así las cosas, el director se ubica en un espectro cualitativo intermedio entre la desastrosa Fausto (Faust, 2011) y su obra maestra El Arca Rusa (Russkiy Kovcheg, 2002).

 

De hecho, la película que nos ocupa debe ser leída como un corolario conceptual de aquella epopeya -de una sola toma secuencia- filmada en el Palacio de Invierno del Museo del Hermitage de San Petersburgo: si bien aquí Sokurov deja de lado el formalismo y se concentra nuevamente en una mixtura inconexa entre ficción y documental, el enfoque sigue siendo el mismo y apunta a unificar diferentes elementos del cine de Andréi Tarkovski, Ingmar Bergman y Michelangelo Antonioni. El mayor problema de Francofonia es que divaga mucho alrededor de una retórica autoindulgente que debería ser empleada para sacarle provecho al tópico en cuestión, un rasgo recurrente de buena parte del trabajo del realizador hasta la fecha (basta recordar los dislates en loop de toda su “tetralogía del poder”). Una poesía de poco vuelo y algo redundante ocupa el lugar de los datos fácticos.

 

No obstante, y como suele suceder con las propuestas del ruso, la profusión de técnicas involucradas en el apartado visual compensa en gran medida los clichés que se esconden detrás de la dimensión del contenido. A decir verdad Sokurov por momentos consigue atrapar al espectador con sus especulaciones en torno a lo que podría haber sido el encuentro entre las autoridades alemanas y francesas en aquellos primeros días luego de la invasión nazi a París; a lo que se suma una serie de comentarios hilarantes vía la aparición de Napoleón Bonaparte, artífice de muchas campañas militares que poblaron las salas del Louvre. Francofonia, al igual que otros opus del director, se presenta como una creación rupturista para con el conservadurismo del séptimo arte, pero en realidad funciona como una continuación apenas decente de la vanguardia iconoclasta de las décadas del 60 y 70…

 

 

Le Nouveau (2015, de Rudi Rosenberg, Competencia Oficial Internacional), por Martín Chiavarino

 

Amistad e identidad

 

El director Rudi Rosenberg busca en un grupo de amigos pre adolescentes en París una historia universal sobre el primer amor inocente, la maduración emocional y el encuentro de los primeros amigos retomando a uno de los personajes de su anterior cortometraje, Aglaée (2010).

 

Benoît es un niño tímido a punto de entrar en la adolescencia que se acaba de mudar a París junto a su familia. En la escuela de enamora de una compañera sueca que habla un francés precario y se encuentra en la misma condición de extrañeza que él. El niño tropieza rápidamente con varios obstáculos para hacer amigos y termina socializando con los excluidos y “freaks” de la clase mientras que la niña comienza a congeniar con algunos de los chicos más populares del colegio.

 

Esta amena comedia combina la dificultad de los docentes para lidiar con los niños en la actualidad, la incapacidad de algunos adultos de comportarse como tales y la pérdida de la noción de la niñez en la propia mente de ellos, siempre repitiendo un discurso sexual que sobrevuela toda la sociedad.

 

La ópera prima de Rosenberg logra una gran calidez a través de un excelente guión y unas estupendas actuaciones de todos los protagonistas. El miedo a amar, los celos, los equívocos y el surgimiento de los primeros lazos de amistad y complicidad están plasmados de forma admirable en esta historia sobre la búsqueda de la identidad en una etapa de grandes de cambios. Le Nouveau (2015) logra de esta manera una interesante aproximación en clave de comedia sobre las nuevas problemáticas de los  niños en la actualidad y deja una enseñanza sobre la vida y la maduración personal a través de la amistad.