Puedes Verlo Todo (You Can See Everything, 2026), debut como director del comediante Nathan Fielder y segunda realización del año en curso de Lance Oppenheim luego de la también estupenda Primetime (2026), rankea como uno de los mejores documentales del Siglo XXI y una de las obras más aterradoras y fascinantes del ecosistema audiovisual del presente, lo que por suerte se tradujo en un enorme éxito de taquilla como no ocurría desde hacía muchísimo tiempo en el campo de los registros no ficcionales. El film, un retrato de la etapa posterior a la condena por fraude de Elizabeth Anne Holmes, la fundadora y jerarca de la tristemente célebre Theranos (2003-2018), puede leerse como un experimento que aglutina ingredientes de tres opus cruciales sobre el arte de la manipulación, F de Falso (F for Fake, 1973), de Orson Welles, Synecdoche, New York (2008), de Charlie Kaufman, y por supuesto El Ensayo (The Rehearsal, 2022-2025), la serie del mismo Fielder para HBO, no obstante asimismo es posible considerar a la película una continuación espiritual de The Dropout (2022), excelente miniserie de Elizabeth Meriwether para Hulu con Amanda Seyfried interpretando a Holmes, señorita que junto a su amante clandestino, el pakistaní Sunny Balwani, estafó a inversionistas y pacientes promoviendo una máquina capaz de realizar análisis de sangre con una mínima muestra que supuestamente estaba destinada a revolucionar el diagnóstico clínico, lo que generó millones y millones de dólares de parte de ricachones crédulos que fueron a parar a los bolsillos de la dupla, por un lado, y una famosa investigación de 2015 de John Carreyrou, periodista de The Wall Street Journal, que denunció que el dispositivo en cuestión, bautizado Edison, daba resultados erróneos y para colmo dependía de la infraestructura de máquinas parecidas de otras empresas, por el otro lado. De la noche a la mañana Holmes pasó de ser la versión femenina de su ídolo, Steve Jobs, a sufrir el escrutinio de las autoridades sanitarias estadounidenses, perder la suculenta sociedad que unía a Theranos con Walgreens, una de las cadenas farmacéuticas más prominentes del país, y efectivamente tener que abonar una fortuna a las víctimas y ser sentenciada a once años de cárcel por fraude, proceso legal que saboteó sistemáticamente quedando embarazada en dos ocasiones gracias a la intervención del sustituto de Balwani, Billy Evans, heredero de un conglomerado hotelero familiar de California, Evans Hotels.
El canadiense Fielder, especialista en sátira social y humor seco conocido por El Ensayo y aquel preámbulo para Comedy Central asimismo del terreno del documental símil reality show, Nathan para ti (Nathan for You, 2013-2017), y el estadounidense Oppenheim, un documentalista experimentado como lo dejan en claro las recordadas Algún Tipo de Cielo (Some Kind of Heaven, 2020) y El Mundo de los Espermatozoides (Spermworld, 2024), en Puedes Verlo Todo dividen en dos partes el generoso metraje de casi tres horas, así en la primera se retratan los 34 días previos al ingreso en prisión del 30 de mayo de 2023 de Holmes para cumplir su sentencia, esquema que quiebra un silencio periodístico de siete años por parte de la mujer después del descubrimiento de la farsa tecnológica de Theranos a instancias de Carreyrou, quien eventualmente escribiría un libro al respecto, Mala Sangre: Secretos y Mentiras en una Startup de Silicon Valley (Bad Blood: Secrets and Lies in a Silicon Valley Startup, 2018), y en la segunda mitad se exploran todos los acontecimientos posteriores a lo largo de dos años, lo que incluye tanto insólitas recreaciones con Seyfried de intercambios de Fielder con la convicta como el derrotero de Evans como mandamás de una desconcertante compañía que pretende respetar o continuar el legado de la desaparecida Theranos, Haemanthus, empresa montada con la fortuna familiar del hombre en la que su socia/ novia/ prometida/ esposa -nunca se termina de aclarar el vínculo específico entre ambos, más allá de los hijos- no aparece como integrante aunque todos los esfuerzos de la entidad nuevamente están destinados a inventar un dispositivo de mesa que pueda realizar análisis de sangre con apenas una gota, pretendiendo incluir además a la saliva y la orina, una máquina utópica o digna de la ciencia ficción que ambos creen le otorgaría la libertad inmediata a Elizabeth. Desde el vamos resulta muy satisfactoria la decisión de incorporar en pantalla a Fielder formulando preguntas e inquietudes como un personaje más en la casa de playa del primer acto, una alquilada en la ciudad de Del Mar, California, para darle una dimensión humana al retrato ya que caso contrario sería demasiado alienante concentrarse en la pareja de narcisistas y embaucadores crónicos en soledad, planteo que de todos modos genera una claustrofobia innegable basada en primeros planos constantes y un desempeño en edición y acompañamiento musical semejantes al de una faena cien por ciento de horror.
Holmes, con unos ojos enormes y una sonrisa forzada ad infinitum que utiliza para negar de manera maniática las acusaciones en su contra, y Evans, nepo baby paranoico, controlador y violento que detenta un poder notarial sobre Elizabeth, maneja su cuenta de X/ Twitter, desparrama imágenes y videos deepfakes de ella a diestra y siniestra y encima negocia con los documentalistas y la productora, A24, el acceso a una parte de las ganancias de Puedes Verlo Todo, no sólo confirman con su presencia y actitudes lo retratado de manera ficcional en The Dropout sino que el asunto se expande significativamente, capas y capas de realidad de por medio, ya que nunca queda del todo claro cuál sería la voz cantante en la relación o mejor dicho, quién domina a quién porque el hombre tranquilamente puede ser un testaferro de ella en Haemanthus, intento de “versión corregida” de la miniaturización de Theranos a través de los láseres de la espectroscopia Raman, o por el contrario, el heredero hotelero podría estar aprovechándose de la mujer en términos de pactar a sus espaldas acuerdos o todo lo concerniente a negocios e imagen, con ella transformada en una estampita negativa del nuevo milenio en materia de ejemplo de esos estafadores que abundan en la política, las finanzas, la comunicación, la tecnología, el empresariado y todo el capitalismo neoliberal en su conjunto, en suma una caterva de psicópatas con propensión a manipular al prójimo, delirar sobre sus inexistentes logros y disparar muchísimas patrañas a partir de la egolatría y una autovictimización a discreción. En un marco de sospechas, desconfianza, ansiedad e intereses contrapuestos, por un lado la indagación periodística de Oppenheim y Fielder y por el otro la cortina de humo de los desquiciados más sus dos vástagos muy pequeños, la película alcanza un nivel realmente inusitado de intimidad con sus objetos de estudio pero la frustración y las dudas están a la vuelta de la esquina a raíz de los muros cutres del caso, pensemos en Billy cepillándose los dientes en la ducha a posteriori de evadir la pregunta crucial sobre la riqueza de su parentela de oligarcas en tanto botín ahora en manos de una Elizabeth en quiebra o con pocos recursos disponibles, amén del hecho de que ella se cree sus propias mentiras y aparentemente se las transmite al idiota superficial del marido, como decíamos con anterioridad siempre desde una mirada femenina tristona aunque lunática sin un gramo de sinceridad o verdadera emoción al igual que los payasos de extrema derecha.
Dicho de otro modo, la desesperación por la cárcel es auténtica, sustentada en la publicidad que le trajo The Dropout y en los esperables maltratos de otras presas como corolario, pero el gesto de no reconocer error o delito alguno ratifica la ausencia patológica de autocrítica y los componentes más absurdos y mesiánicos de estos hipócritas de la alta burguesía que cuando les conviene lloran por una supuesta persecución legal o mediática mientras toda la evidencia los señala como criminales de múltiple índole, justo como ese Donald Trump al que Holmes le pidió infructuosamente un indulto presidencial. La intimidad angustiosa hogareña en Del Mar está representada por los dos realizadores y su director de fotografía, David Bolen, colaborador habitual de Oppenheim, con la pomposidad del lenguaje y la puesta en escena de la ficción hollywoodense, lo que se condice con la aparente intención de Elizabeth y su compañero de “lavarle la cara” a la mujer para despertar algo de simpatía en los espectadores, esos mismos que tienen presente a The Dropout aunque también un apenas correcto documental para HBO del cineasta Alex Gibney, La Inventora: En Busca de Sangre en Silicon Valley (The Inventor: Out for Blood in Silicon Valley, 2019). La promesa del futuro, aquí sintetizada en el dispositivo que la llevó a un centro penitenciario de Texas, constituye la base misma de nuestra estafa en tanto pivote de falsas expectativas para seguir recolectando dinero de los parásitos sociales o plutócratas imbéciles e ingenuos, sin olvidarnos de pacientes con diagnósticos erróneos y la presencia en la junta directiva de Theranos de políticos y ex funcionarios yanquis de muy alto perfil como Henry Kissinger, George Shultz, Bill Frist, William Perry y Sam Nunn, entre otros. Más allá de algunos contrastes típicos del documental reflexivo, como el segmento basado en una rutina de Bud Abbott y Lou Costello para subrayar la confusión discursiva entre Fielder y ella o aquellos alrededor de la miniserie de Meriwether, como mostrársela a Holmes para luego exhibir a Seyfried su reacción, los directores continúan con su fetiche vinculado a la manipulación y el simulacro, algo que pudo verse en Primetime y las series citadas de Nathan más La Maldición (The Curse, 2023-2024), y traen a colación diversas categorías, especialmente claridad, interpretación y doble sentido, para que Holmes en algún momento renuncie a su máscara y reconozca los embustes al por mayor de su empresa, una misión siempre fallida.
Fielder incluso accede a los padres de Elizabeth, Noel Anne Holmes y Christian Rasmus Holmes IV, en momentos saboteados por Evans que igualmente ponen de manifiesto nuevos conceptos, como los de reputación e inestabilidad psicológica en función de una supuesta violación padecida por su hija en el año 2003, y que señalan que los progenitores no entienden el vínculo de Elizabeth y Billy, dos megalómanos preocupados por la imagen pública antes de separarse durante más de una década en lugar de pasar tiempo juntos de calidad como familia. La cámara en Puedes Verlo Todo se acopla al juego metadiscursivo decisivo, cual mirada que sigue otra mirada, el cineasta en pantalla, mientras observa el doble objeto de indagación, la pareja, y por cierto las recreaciones posteriores con Seyfried y Christopher Abbott como Evans de intercambios que no pudieron registrarse, como una charla de Nathan con ella, una visita a la cárcel y la reunión de producción en la que Billy efectivamente exige una parte de la taquilla y derechos varios del film, reproducen nuestro entramado de miradas desde una ficción explícita en pos de verdad, tanto la mundana, esa que esquivó la cámara por el rol censurador del esposo u otra razón, como la escurridiza o más bien conceptual, del orden de lo que se mueve de fondo como telón sin que se llegue a conclusiones en términos de la identidad de cada uno y la dinámica misteriosa de esta dupla romántica/ empresarial. Entre momentos graciosos homologados al humor incómodo del canadiense, como la escena sexual tácita y sus regalos de despedida, unos anteojos negros para una eventual fuga a otro país y una tarjeta de “adiós y buena suerte”, la propuesta deja en claro que no hay posibilidad de rehabilitación en el horizonte porque la compulsión a proferir patrañas sigue intacta, algo que Haemanthus enfatiza, y asimismo piensa la faceta de líder carismático y seductor a secas de Holmes, una y otra vez dando a entender que Fielder cayó en su telaraña de falacias y vio comprometida su objetividad en algunos de los encuentros con ella. La lógica mafiosa de Evans, por ejemplo interrumpiendo una entrevista con un ingeniero de Haemanthus que reconoce las mentiras de Theranos, convive con el fantasma del dispositivo de antaño, Edison, y su cercanía con la estafa de la inteligencia artificial, esa que venía a curar el cáncer y hoy se utiliza para pornovenganza, campañas de desprestigio comunicacional, resúmenes de textos ajenos y la generación de imágenes y videítos bobos destinados a redes sociales. La intervención en el último acto de Seyfried, una hipócrita de anclaje woke que se desentiende de las repercusiones de la miniserie de Hulu y se muestra obsesionada con la hipotética hegemonía del marido sobre la convicta cuando la actriz le hizo mucho más daño al participar en The Dropout y componerla como una villana/ sociópata de sangre gélida, tuerce el asunto desde el retrato tenebroso con pinceladas metadiscursivas del primer capítulo hacia una fábula acerca de la distancia o quizás la amalgama difusa entre realidad y fantasía, hablamos del dilema anteriormente señalado en torno a quién manipula a quién y de la autenticidad de las demostraciones de afecto entre los fundadores de Theranos y Haemanthus, núcleo de las preocupaciones de Oppenheim y Fielder. El maravilloso documental indaga en la identidad robada como una posibilidad engañosa y contextualiza la impenetrabilidad o hermetismo discursivo del matrimonio mediante comentarios a tres voces, ellos dos más Fielder, sobre las apariencias, el dinero, la culpabilidad, el cariño, la rigurosidad ética, el Síndrome de Estocolmo y la verdad, insinuando que las frustraciones al final del metraje, léase la paradójica falta de certezas detrás de semejante catarata de revelaciones, pueden equipararse a una puesta o prueba en vacío en la que se testean los engranajes y la estructura misma del documental como formato periodístico frente a un objeto de estudio dificultoso que rehúye de toda honestidad, este dúo que pretendía algo de chatarra cultural símil Harry & Meghan (2022), la serie documental de marco propagandístico de Liz Garbus y Erica Sashin para Netflix, para en cambio obtener un trabajo de una complejidad extraordinaria sobre la obstinación de las elites capitalistas con determinados clichés como el cinismo, la desinformación, la mitomanía, la autovictimización, el secretismo y unas fachadas de perfección que ocultan un sustrato acuciante de aislamiento, estupidez y desvaríos de impronta monotemática…
Puedes Verlo Todo (You Can See Everything, Estados Unidos, 2026)
Dirección y Guión: Nathan Fielder y Lance Oppenheim. Elenco: Elizabeth Holmes, Billy Evans, Nathan Fielder, Amanda Seyfried, Christopher Abbott, Christian Holmes IV, Noel Holmes, Lance Oppenheim, Gary Wilmes, Phillip Andre Botello. Producción: Nathan Fielder, Lance Oppenheim, Jack Davis, Tatiana Bears y Maggie Ambrose. Duración: 174 minutos.