Doce años después de la quinta entrega de la saga de José Luis Torrente, Torrente: Operación Eurovegas (2014), y a veintiocho años de la primera película que comenzó un periplo impensado, Torrente, el Brazo Tonto de la Ley (1998), el personaje creado por Santiago Segura, un comediante versátil que brilló en dos de los clásicos del realizador español Álex de la Iglesia, Muertos de Risa (1999) y El Día de la Bestia (1995), regresa a las pantallas con un film que atraviesa toda la política actual española y mundial con un estilo sardónico y mordaz hermanado al humor que crearon Pedro Saborido y Diego Capusotto en Argentina mediante los personajes de un célebre programa emitido originalmente por la Televisión Pública, Peter Capusotto y sus Videos, que tuvo once temporadas entre 2006 y 2016.
Si Torrente parecía condenado a desaparecer en una época en la que la corrección política dominaba el espacio público mediático, el cambio en el humor social que trajo nuevamente al ámbito público a personajes de discursos polémicos y retrógrados, la ampliación de los discursos de odio y el ascenso de personajes otrora ajenos a la política, incluso outsiders de la misma, propició su regreso con gloria para presentarse como candidato a presidente del Reino de España en una sátira que se burla de toda la clase política vernácula del país ibérico y el planeta entero.
Rumiando barbaridades en el bar de mala muerte de Antoñito (Cañita Brava), que le reclama constantemente una deuda de seis mil pesetas de whisky de la primera película, y envalentonado por sus amiguetes, entre los que sobresale su compinche Cuco (Gabino Diego), Torrente recibe una inesperada invitación por parte de unos dirigentes de Nox, un partido político de extrema derecha con un discurso xenófobo, homofóbico y tradicionalista -como Vox, de hecho- que busca recuperar los valores del franquismo liderado por Jacobo Carrascal (Ramón Langa), para oficiar de orador en uno de sus mítines en Madrid. La autenticidad de Torrente como un producto de la España más lumpen, reaccionaria y esperpéntica, con personajes dignos de Feos, Sucios y Malos (Brutti, Sporchi e Cattivi, 1976), de Ettore Scola, cautiva al abyecto público ansioso por regurgitar las arengas populistas que el ex policía corrupto madrileño tiene para ofrecer en estos tiempos delirantemente maniqueos. Su espontaneidad lo transforma de un día para el otro en un líder de Nox, lo que lo impulsa a llevar sus charlas de cantina a la arena política, cavilando seriamente sobre la posibilidad de convertirse en candidato a presidente para llevar su insensatez al Palacio de la Moncloa.
La genialidad de Segura consiste en crear una criatura tan exagerada como real que contiene en su personalidad todos los vicios del español franquista, con muchas similitudes con los defensores de los gobiernos de facto en Argentina de ayer y hoy, que justifican las atrocidades cometidas por los militares y sus cómplices civiles, los cuales solo querían robar y matar porque sí. Irrespetuoso, incorrecto, violento, egoísta, cobarde, vicioso, en fin, patético en todo sentido como votante y adefesio de la derecha, Torrente es uno de esos seres despreciables que saben manipular a los que tienen alrededor para aprovecharse de ellos. Es el caso de Cuco, su fiel asistente, al que usa cada vez que puede y abandona a su suerte ante cualquier adversidad.
Más allá de un raid sin fin con intentos de magnicidio, gags de todo tipo, historias que funcionan en un segundo plano y muchos cameos de personajes de las cinco propuestas anteriores, de políticos de primera línea y de grandes actores y comediantes que imitan a Donald Trump y Javier Milei, respectivamente Alec Baldwin y Carlos Latre, la película gira alrededor de la incursión en la política de José Luis Torrente Galván, un ser que parece vivir como una caricatura de sí mismo, sin cuestionarse nada, orgulloso de toda su horrible personalidad. Con los partidos y los políticos tradicionales en crisis debido a las nuevas lógicas de la circulación de la información, Torrente aparece como un outsider que ocupa un lugar vacío, el del ciudadano común, auténtico, que dice su verdad reaccionaria sobre un pasado romantizado arruinado por las políticas progresistas, discurso que prende en una sociedad golpeada por la gentrificación y la transformación de España en un país dedicado al turismo que prácticamente no produce manufacturas.
El principal obstáculo con el que se encontró Santiago Segura es cómo revivir el personaje y a la vez no resucitar a los fanáticos del humor incorrecto que habían encontrado en Torrente al ídolo pordiosero de los desposeídos. Toda la película lleva a demostrar el carácter fraudulento de esos personajes que parecen ser la solución porque no vienen de la política y empatizan con el marginado con un discurso que tiene sus cuotas de verdad y canaliza el descontento y la frustración de los trabajadores de clase media y clase media baja, quienes no pueden ver en sus realidades económicas un rayo de sol al final del túnel sino más bien un oscuro camino sinuoso que los lleva a mantener un precario equilibrio -en el mejor de los casos- o pauperizarse.
Otro acierto de Segura pasa por mantener la idiosincrasia española de la propuesta, pero lo mejor de la obra es el homenaje constante a la tradición cómica local, que tuvo su pináculo en las joyas del gran Luis García Berlanga. Como buen epígono ataca sin piedad a todos los principales políticos españoles, a sus tácticas y su forma operativa de ver el mundo y relacionarse con su entorno, una relación a contrapelo de la que propone Segura con su productora Amiguetes Entertainment y su cosmovisión corrosiva. Si hay algo que se nota es que todos los que participaron en la película disfrutaron de hacerla y eso se traslada a la pantalla y contagia al espectador. Sin llegar a las cuotas de genialidad que había logrado la primera entrega, este sexto eslabón de Torrente hace reír, tiene muy buenos momentos y se disfruta al igual que las cinco anteriores, incluso sin haberlas visto.
Torrente Presidente es una gran parodia sobre la decadencia de la clase política, la falta de ideas transformadoras de nuestra época, la proliferación de acusaciones cruzadas sin sentido y el triunfo del insulto por sobre el debate y la argumentación. Los chistes acertados y filosos, el mensaje anarquista, las hilarantes actuaciones y las numerosas sorpresas compensan una narración fragmentaria, que funciona como sketches televisivos, los cuales igualmente no afectan la misión central de hacer reír sobre algo que nos indigna para descomprimir la tensión y juntar fuerzas para luego salir a la calle a luchar.
Torrente Presidente (España, 2026)
Dirección y Guión: Santiago Segura. Elenco: Santiago Segura, Gabino Diego, José Luis Moreno, Fernando Esteso, Cañita Brava, Neus Asensi, Javier Cámara, Alec Baldwin, Kevin Spacey, Carlos Latre. Producción: Santiago Segura y María Luisa Gutiérrez. Duración: 103 minutos.