En el momento de su estreno Objeto de Amor (Love Object, 2003), la única película como director y guionista del estadounidense Robert Parigi, fue muy malinterpretada porque su mixtura inconformista de comedia negra, drama romántico, sátira laboral, epopeya erótica surrealista y horror modelo represión sexual no llegó a convencer a casi nadie, en este sentido pensemos que en primera instancia la crítica se decepcionó porque no exploraba en profundidad la cosificación de la mujer en la sociedad actual, algo que tiene que ver con la decisión del film de extender la objetivación a prácticamente todas las relaciones de los sujetos sin que importe su sexo, y en segundo lugar el público más lelo a nivel intelectual del terror -no mucho mejor que el promedio de lobotomizados prejuiciosos de la prensa, hay que decirlo- asimismo manifestó su frustración ya que todas sus esperanzas de slasher psicosexual se fueron al tacho de basura desde el vamos por el tono cuasi deprimente y algo morboso de la propuesta, por cierto lejos de cualquier fórmula narrativa reduccionista o del conservadurismo estándar de Hollywood y muy cerca de aquel indie de antaño que solía fetichizar el martirio de los bípedos enajenados, esos adeptos a proyectar emociones en el prójimo porque siempre será más fácil tercerizar las culpas que asumirlas para cambiar lo considerado patológico o compulsivo en uno mismo. Este desfasaje en interpretación, desde ya, tiene que ver con el tono mordaz del convite y con el background mismo del realizador, un productor que antes de tener que vender su dignidad trabajando en una serie chatarra de Marvel, Agentes de S.H.I.E.L.D. (Agents of S.H.I.E.L.D., 2013-2020), de Joss Whedon, Jed Whedon y Maurissa Tancharoen, supo colaborar en Cuentos de la Cripta (Tales from the Crypt, 1989-1996), el legendario producto de Steven Dodd para HBO, y en tres clásicos animados paródicos de Mike Judge, léase Los Reyes de la Colina (King of the Hill, 1997–2010), La Familia Goode (The Goode Family, 2009) y Beavis and Butt-Head (1993-2011).
La historia en apariencia es simple pero maneja un marco conceptual siempre interesante y descocado, de hecho empezando en la existencia aburrida de Kenneth Winslow (el correcto Desmond Harrington), “empleado modelo” de una editora especializada en manuales de instrucciones, Publicación Técnica Precisa (Accurate Technical Publishing), que a su vez está a cargo de un mandamás pragmático y muy manipulador, Novak (Rip Torn). Como el protagonista llega siempre primero a la gris oficina en cuestión, toda dividida en cubículos, y entrega los proyectos antes de la fecha límite, detalle que tiene que ver con su enfoque analítico/ sistemático de la vida, el jefazo le asigna un trabajo muy importante que podría garantizar contratos gubernamentales futuros, hablamos de redactar el manual de usuario del Programa Federal de Datos, un mamotreto que debe dividirse en tres tomos y entregarse precisamente en apenas tres semanas, por ello Novak de repente le impone como ayudante a una empleada temporaria, Lisa Bellmer (Melissa Sagemiller), muchacha rubia y hermosa que lo asiste con los textos y su compaginación. Por una tarjeta publicitaria de unos colegas Winslow entra en contacto con el “producto estrella” de otra compañía, Dispositivos del Ocio Moderno (Modern Leisure Appliances), una muñeca sexual llamada Nikki que cuesta la friolera de diez mil dólares y puede ser encargada a gusto del consumidor, así Kenneth crea un duplicado de Lisa que atesora en la intimidad de su hogar porque no puede avanzar románticamente con la mujer de carne y hueso debido a su enorme timidez, no obstante el asuntillo se da vuelta cuando logra acercarse de a poco a su ayudante de oficina y el juguete ergonómico pierde su encanto. La locura no tarda en asomar la cabeza de la mano de los celos posesivos y el inusitado acoso de Nikki, panorama que destruye el amor por Bellmer justo cuando la chica finalmente descubre a su doppelgänger artificial y rompe el vínculo, provocando que el chiflado pierda su trabajo y decida secuestrar a su compañera humana.
Como aseverábamos con anterioridad, el título es muy sarcástico porque esta objetivación empieza en lo esperable, en la óptica masculina en relación a lo femenino, sin embargo la alienación del protagonista lo lleva a padecer algo mucho peor de parte de la representación rosa dominante que crea en su mente, Nikki, por ello pasa de odiarla y cortarla en pedazos, ya que de hecho se interpone entre él y Lisa, a volverse a enamorar del maniquí tuneado una vez que descubre el carácter asimismo colérico de su contraparte humana, un triángulo amoroso que pretende resolver “resucitando” a Nikki en la anatomía de Bellmer, espantoso proceso de embalsamamiento y plastificación de por medio. Pero la película de Parigi no termina en la lectura psicológica tradicional o del corazón ya que extiende la metáfora de Pigmalión, el rey de Chipre que vio convertirse en humana -por gracia de la diosa Afrodita- a su escultura de marfil, Galatea, hacia lo laboral y lo mundano hogareño, recordemos que Novak a su vez cosifica a Kenneth desde la paradigmática explotación capitalista, siempre tratándolo como una herramienta que debe exprimirse al máximo mientras aún demuestre productividad, y que los dos vecinos cruciales de Winslow, Radley (Udo Kier) y Martin (Robert Bagnell), también están engullidos a nivel existencial e identitario por su trabajo, el primero el encargado/ casero y por ello con mucho tiempo libre y el segundo un oficial de policía que sospecha del anterior y hasta lo considera un perverso potencial, ambos con parejas tontuelas que parecen confirmar el ideal varonil de la hembra putona o ninfómana que pulula en los productos del sex shop sadomasoquista favorito de Kenneth. El latiguillo del film, léase los inconvenientes que tiene nuestro burócrata para relacionarse con sus semejantes porque para ello no existe manual de instrucciones alguno, asimismo enfatiza la futilidad kafkiana del trabajo de oficina y una claustrofobia bien helada porque exhibir las emociones implica exilio, así él cae en el crimen y Lisa se resigna a la marginación laboral.
Entre John Waters, Dario Argento, Jesús Franco y Stuart Gordon, la epopeya que nos ocupa recupera las fantasías burguesas lunáticas de Tamaño Natural (Grandeur Nature, 1974), de Luis García Berlanga, Amores que Matan (Boxing Helena, 1993), obra de Jennifer Lynch, y Psicópata Americano (American Psycho, 2000), de Mary Harron, la extrañeza narrativa de Twin Peaks (1990-1991), la mítica serie de David Lynch y Mark Frost, y May (2002), de Lucky McKee, los muchos problemas con el sexo opuesto de Repulsión (1965), de Roman Polanski, y Partes Privadas (Private Parts, 1972), de Paul Bartel, los muñecos tenebrosos de Pin (1988), de Sandor Stern, y Magia (Magic, 1978), opus de Richard Attenborough, la mediocridad de los cubículos y sus múltiples fetiches de Después de Hora (After Hours, 1985), de Martin Scorsese, Enredos de Oficina (Office Space, 1999), del ya mencionado Judge, y La Secretaria (Secretary, 2002), de Steven Shainberg, y aquel motivo del doble y la culpa de Vértigo (1958) y Psicosis (Psycho, 1960), ambas de Alfred Hitchcock, amén del maniquí viviente pionero de The After Hours (1960), el episodio número 34 de la primera temporada de La Dimensión Desconocida (The Twilight Zone, 1959-1964), de Rod Serling. Con un buen trabajo de todo el elenco y sobre todo de Torn en la piel del asfixiante Novak y ese inestimable Kier como un dandy trasnochado y metiche, Parigi sortea algunos baches en el desarrollo y los compensa con instantes cómicos brillantes como la danza con arneses entre Kenneth y Nikki y la secuencia en la que ven juntos El Paciente Inglés (The English Patient, 1996), de Anthony Minghella, a lo que se suma la referencia a la ninfa hedonista de Darling Nikki, joya de Prince del álbum Purple Rain (1984), lo que viene a subrayar los peligros de la quimera libidinosa que se come a sí misma si uno no sabe ponerle un freno a tiempo, además de la entronización posmoderna de la razón instrumental o el pragmatismo sin alma ni conciencia social porque lo único valioso es lo que se puede extraer del otro…
Objeto de Amor (Love Object, Estados Unidos, 2003)
Dirección y Guión: Robert Parigi. Elenco: Desmond Harrington, Melissa Sagemiller, Udo Kier, Rip Torn, Robert Bagnell, Brad William Henke, John Cassini, Camille Guaty, Michael Peña, Edie Mirman. Producción: Lawrence Levy y Kathleen Haase. Duración: 92 minutos.