La saga que comenzó con El Exorcista (The Exorcist, 1973), la obra maestra de William Friedkin, rankea en punta como una de las más accidentadas y bizarras de la historia del terror, empezando precisamente por el naturalismo visceral de la susodicha y siguiendo con el dejo antropológico delirante de la primera secuela, El Exorcista II: El Hereje (Exorcist II: The Heretic, 1977), dirigida por el querido John Boorman, y los asesinatos en serie y el whodunit detectivesco de entorno cerrado de la segunda continuación, El Exorcista III (The Exorcist III, 1990), faena dirigida por el guionista de la original de 1973, William Peter Blatty, y a su vez parte de su llamada Trilogía de la Fe, una conformada por El Exorcista, léase la presentación de la bondad ontológica que se enfrenta a la maldad, El Exorcista III, ese retrato del maquiavelismo más pomposo del averno, y La Novena Configuración (The Ninth Configuration, 1980), opus del propio Blatty que analiza la bondad masoquista desde la comedia negra y el surrealismo. Dejando de lado aquel triste intento de inyectarle algo de vida a la franquicia con una faena que se transformó en dos films porque Morgan Creek Productions echó al gran Paul Schrader de Dominion: Precuela del Exorcista (Dominion: Prequel to the Exorcist, 2005) para reconvertirla en la mediocre El Exorcista: El Comienzo (Exorcist: The Beginning, 2004), de Renny Harlin, sinceramente no hubo novedad alguna hasta la aparición de El Exorcista (The Exorcist, 2016-2017), una serie de Jeremy Slater que duró apenas dos temporadas al aire antes de ser cancelada por la cadena Fox de manera sumaria y nuevamente sin que nadie quede satisfecho con el producto entregado al público.
El último clavo del ataúd creativo de una saga que se niega a morir -codicia e ideas fijas de Hollywood mediante- es El Exorcista: Creyentes (The Exorcist: Believer, 2023), trabajo anodino de un David Gordon Green que viene de destruir la franquicia por antonomasia de John Carpenter y Debra Hill a través de su trilogía de supuestas continuaciones directas de la fundacional Halloween (1978), hablamos desde ya de la correcta Halloween (2018) y las apestosas a más no poder Halloween Mata (Halloween Kills, 2021) y Halloween Termina (Halloween Ends, 2022), tres productos escritos por Green junto a su socio habitual, el asimismo actor Danny McBride, un equipo que en esta ocasión vuelve a unir fuerzas con esa Blumhouse Productions de Jason Blum. A falta de una ahora son dos las adolescentes poseídas por Pazuzu, el demonio escurridizo y socarrón de la franquicia, la negra Ángela Fielding (Lidya Jewett), hija del fotógrafo Víctor (Leslie Odom Jr.), y la blanca Katherine (Olivia O’Neill), vástago de Tony (Norbert Leo Butz) y Miranda (Jennifer Nettles), no obstante el eje del relato pasa por la primera y su progenitor, quien estando de vacaciones en Haití muchos años atrás tuvo que decidir entre salvar a su esposa embarazada, Sorenne (Tracey Graves), aplastada en un terremoto, o a la futura Ángela. Como si fuera poco la película también multiplica el número de exorcistas en pugna contra este maligno reciclado, así tenemos un clérigo protestante, el Pastor Don Revans (Raphael Sbarge), una sacerdotisa exótica o algo así, Beehibe (Okwui Okpokwasili), y dos personeros de nuestro catolicismo, el Padre Maddox (E.J. Bonilla) y la enfermera y monja afable frustrada Ann (Ann Dowd).
Mediante una historia microscópica que gira alrededor de la pretensión de las chicas de convocar a la madre de Ángela en una sesión espiritista, inocentada que pronto deriva en su desaparición por tres días, la posesión infernal de turno y la rauda necesidad de convencer al escéptico de Víctor y efectuar el ritual de expiación espiritual que debería pagar de por sí la entrada al cine, la propuesta de Green y compañía recupera con prolijidad y sin pasión alguna ni astucia cada uno de los recursos cruciales de la saga, pensemos para el caso en la corrupción adolescente, una edición seca, esa fotografía cuasi documentalista símil años 70, la base religiosa cristiana y una infaltable secuencia de estudios médicos impersonales, sin embargo la rutina de las continuaciones de hoy en día -todo inflado: estas dos poseídas y estos cuatro “guerreros de la fe” más mucho CGI baladí para un desenlace a lo James Wan en versión sobrenatural- no desemboca en un producto potable sino en uno desabrido y olvidable que duplica al pie de la letra la fórmula fallida de la trilogía de corolarios tardíos recientes de Halloween, algo típico del mainstream descerebrado del nuevo milenio. Dicho de otro modo, El Exorcista: Creyentes peca de ser demasiado larga en sus 121 minutos, algo totalmente innecesario ya que el desarrollo de personajes resulta hiper elemental y la cantidad en Hollywood casi nunca fue sinónimo de calidad, y además derrapa en sermones baratos y sensibleros con voces en off muy aburridas, en una redundancia formal/ temática/ conceptual eterna sin novedades significativas a la vista y en un final poco satisfactorio que incluso parece improvisado, al igual que aquellos remates de las Halloween de Blumhouse.
Quizás lo peor que trae la película que nos ocupa, ya pensándola en el terreno específico de las consecuencias no buscadas, es terminar de desnudar la paupérrima estrategia de Green en particular, un cineasta indie sin mucho conocimiento en géneros duros como el thriller y el horror, cuando de revivir sagas maltrechas del espanto masivo se trata, por ello mismo hoy una vez más pretende obviar la continuidad narrativa histórica de la saga descartando todas las secuelas y presentándonos a El Exorcista: Creyentes como un corolario explícito del film de Friedkin que de todos modos transcurre en el Siglo XXI, movida que por cierto ya había sido encarada hace poco por la serie televisiva homónima de Slater, detalle al que se suman otros “manotazos de ahogado” del hiper ortodoxo director -en plan de contentar al fandom de veteranos, aparentemente- como un tono retórico adusto, la estética setentosa señalada, personajes nuevos que no llegan a molestar en su superficialidad posmoderna y sobre todo el latiguillo de recuperar a las protagonistas de antaño de la franquicia como si el ejercicio de nostalgia fuese una garantía automática de éxito artístico, esquema general que responde al simplismo de todos los postulados del marketing aunque ahora importados a la realización cinematográfica de la manera más burda posible, precisamente recuperando a las Chris MacNeil de Ellen Burstyn y Regan MacNeil de Linda Blair -la primera con una participación relativamente importante y la segunda aportando un cameo que se pretendió mantener en secreto hasta el estreno- del mismo modo que en la Halloween del 2018 y sus dos patéticas secuelas se recayó en la imponderable Laurie Strode de Jamie Lee Curtis…
El Exorcista: Creyentes (The Exorcist: Believer, Estados Unidos, 2023)
Dirección: David Gordon Green. Guión: David Gordon Green, Danny McBride, Scott Teems y Peter Sattler. Elenco: Lidya Jewett, Olivia O’Neill, Leslie Odom Jr., Ann Dowd, Jennifer Nettles, Norbert Leo Butz, Ellen Burstyn, Okwui Okpokwasili, E.J. Bonilla, Raphael Sbarge. Producción: Jason Blum, David Robinson y James G. Robinson. Duración: 121 minutos.