Perfil (Profile)

Reclutamiento de doble filo

Por Emiliano Fernández

Antes de dedicarse a la producción, transformarse en sinónimo de cine de género, saltar sin mucha suerte al enclave hollywoodense y terminar imponiéndose como la principal figura internacional del séptimo arte ruso de raigambre popular que sobrevino luego del colapso en 1991 de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, Timur Bekmambetov alcanzó la fama de la mano de dos neoclásicos fantásticos/ vampíricos intitulados Guardianes de la Noche (Nochnoy Dozor, 2004) y Guardianes del Día (Dnevnoy Dozor, 2006), películas realizadas en medio de una retahíla de comedias, thrillers, propuestas románticas, epopeyas bélicas o de súper acción, faenas de aventuras y las citadas incursiones yanquis de las que casi ningún director exitoso del panorama mundial puede sustraerse, desde lo relativamente potable de Se Busca (Wanted, 2008), protagonizada por Angelina Jolie, James McAvoy, Morgan Freeman y Terence Stamp, hasta los fracasos estruendosos de Abraham Lincoln: Cazador de Vampiros (Abraham Lincoln: Vampire Hunter, 2012) y Ben-Hur (2016). Como es costumbre en la carrera del realizador y guionista, hoy por hoy por décima vez resurge de entre las cenizas cual ave fénix y lo hace en un género que había estado trabajando en su rol de productor muy prolífico de cine masivo estilizado a lo Luc Besson, nos referimos a las películas de pantalla de computadora o de escritorio o “screenlife”, como el mismísimo Timur las define, un formato que en los últimos años ha dado obras interesantes como Open Windows (2014), de Nacho Vigalondo, Eliminar Amigo 2 (Unfriended: Dark Web, 2018), de Stephen Susco, y Buscando (Searching, 2018), de Aneesh Chaganty, y otras fallidas o sinceramente lamentables en sintonía con The Den (2013), de Zachary Donohue, Eliminar Amigo (Unfriended, 2014), de Levan Gabriadze, y Host (2020), de Rob Savage, sin duda todas ellas pruebas de la popularidad en raudo crecimiento de un esquema retórico derivado de aquel found footage/ metraje encontrado que explotó en los 90 y en la década siguiente.

 

Perfil (Profile, 2018), como decíamos antes dirigida por ese infatigable Bekmambetov a posteriori de haber producido Buscando, Eliminar Amigo y su muy superior secuela de cuatro años después, aquella que poco y nada tenía que ver con la propuesta previa, se abre por completo de las temáticas habituales del screenlife, hasta ahora centrado en fantasmas imparables símil J-Horror o slasher sobrenatural, la típica invasión a la privacidad del cínico ecosistema virtual, las redes de la manipulación tácita, el culto a la celebridad y el voyeurismo, la desaparición/ secuestro/ asesinato del ser querido, la alienación hogareña paradigmática de la posmodernidad a lo burbujas herméticas y finalmente la tradición del snuff u odisea de torturas y homicidios verídicos para el consumo de un grupito de fisgones sádicos. El opus del ruso, rodado en apenas nueve días, fue estrenado en la edición del 2018 del Festival Internacional de Cine de Berlín donde ganó el premio del público de la sección Panorama, aunque recién fue adquirido para su distribución por Focus Features en 2021, y se mete con un tópico candente que lo vincula más con el thriller político de espionaje que con el tradicional terror de las películas de escritorio, nada menos que el accionar de los reclutadores on line del Estado Islámico y la presencia dentro de la milicia en cuestión de “manzanas podridas” que en lugar de ganar nuevos luchadores y luchadoras para la causa yihadista, sacan provecho del tráfico de inmigrantes, la trata de blancas y la esclavitud sexual en general de mujeres que abandonan sus países de origen creyendo que se suman al islamismo combatiente antisemita, anticristiano y antioccidental pero terminan presas de la clásica estructura mafiosa subterránea que controla distintos prostíbulos metropolitanos en diversas partes del planeta y sobre todo en las zonas hegemonizadas por el Estado Islámico de Irak y el Levante o apenas ISIS según sus siglas en idioma inglés, Islamic State of Iraq and Syria, hablamos del gran califato creado en otrora territorios de Siria, Irak y el Líbano.

 

La trama se centra en Amy Whittaker (Valene Kane), una periodista británica treintañera freelance que desea sumarse a tiempo completo al medio londinense de comunicación para el que trabaja para obtener esa siempre escurridiza estabilidad laboral de hoy en día, por ello a instancias de su editora en jefe, Vick (Christine Adams), se hace pasar por una mujer de 20 años recién convertida al Islam e interesada en las armas, los asesinatos y la cruzada bélica del ISIS, lo que la lleva a abrir un perfil falso en Facebook con el alias de Melody Nelson, por el famoso disco de 1971 de Serge Gainsbourg, y entrar en contacto con un reclutador que responde al nombre de Abu Bilel Al-Britani (Shazad Latif), un comandante de la guerrilla del protoestado con el que empieza a mantener charlas vía Skype y chats escritos. Entre conversaciones esporádicas y cuasi caóticas/ en simultáneo entre la fémina y su mejor amiga, Kathy Pallary (Emma Cater), su soporte técnico del medio para grabar los intercambios con el reclutador, Lou Kabir (Amir Rahimzadeh), y su novio hiper burgués, Matthew (Morgan Watkins), y entre la historia paralela de una adolescente inglesa que fue apedreada hasta la muerte por sumarse al Estado Islámico y luego pretender abandonarlo, Taylor Conger (Eloise Thomas), lo que comienza siendo un informe acerca del proceso en sí de cooptación de adeptos de los yihadistas de Oriente Medio termina derivando en una relación de sutil complementación porque la madre de la reportera se suicidó por la presión de unos tiburones financieros y toda la familia de Bilel terminó falleciendo por distintas causas hasta llegar a su soledad actual, sumándose además los reparos del círculo íntimo de Amy ante una infiltración cada vez más profunda y más peligrosa. Siempre cubierta por el hiyab/ velo, Whittaker se enemista con Vick y Matthew, se casa por Skype con Bilel y viaja a Ámsterdam para reunirse con el hombre en Estambul, sin embargo a último momento descubre que todo es un engaño para secuestrarla en Turquía y a posteriori llevarla a Siria.

 

Bekmambetov mantiene la tensión, el interés y el suspenso muy altos en todo momento y logra atrapar al espectador con su paciencia narrativa y exquisito desarrollo de personajes a pesar del extenso metraje del film para el humilde promedio de un convite de pantalla de computadora, en esta oportunidad 106 minutos, algo que se explica por el muy buen trabajo de edición de Andrey Shu y el extraordinario desempeño de todo el elenco con Valene Kane y Shazad Latif a la cabeza, los cuales ponen en primer plano de manera implícita lo fácil que a veces puede resultar engatusar al prójimo y al mismo tiempo ser engatusado en función de ese atolladero de mentiras burdas, pavadas, falsificaciones y estafas de la más variada envergadura que llamamos Internet. El guión del realizador, Britt Poulton y Olga Kharina, basado lejanamente en el libro de no ficción En la Piel de una Yihadista (In the Skin of a Jihadist, 2015), de Anna Ereklle, juega con inteligencia y delicadeza con este doble filo del reclutamiento y el espionaje periodístico y denuncia el costado menos feliz del Reino Unido y Londres en particular, una ciudad muy cara y repleta de gente poco solidaria, soberbia, egocéntrica y para colmo discriminadora a más no poder para con los musulmanes, todos denigrados de modo uniforme a través del término despectivo/ racista/ xenófobo “paki”, por ello Al-Britani es un personaje paradójico que sufrió el maltrato desde niño, nacido en Gran Bretaña y luego exiliado en el conflicto eterno de Medio Oriente. El ruso, fiel a su estilo ecléctico y aguerrido a toda pompa, no se contiene para nada a la hora de satirizar o pegarle duro y parejo a cada personaje del relato por diferentes motivos, así Amy es señalada desde el vamos como una prejuiciosa y paranoica monumental que en un inicio pretende prescindir de los servicios de Kabir cuando descubre que su madre es siria, la editora por su parte se mueve como un engendro carroñero que sólo se preocupa por explotar el costado más morboso de la investigación y hasta pretende sacar provecho de un supuesto video del asesinato en combate de Bilel, el novio oficinista de Whittaker se nos aparece como un maniático de los gastos que armó un presupuesto en Excel ultra detallado cual alerta para una hipotética convivencia, la amiga es una típica tarada narcisista que no descifra nada, se desentiende de cualquier problema que la salpique y vive en una burbuja de pedo al punto de preguntarle por vestidos a la reportera justo luego de ver el video del linchamiento público de Taylor Conger, el asistente técnico tampoco es una joya porque la deja colgada al momento de hablar con el terrorista porque no quiere perderse el arribo de la grúa para remolcar su automóvil varado y el propio Al-Britani, en última instancia, pasa de despertar pena por un proceso de idealización de su cruzada y simpatía por su condición de “lobo solitario” a finalmente descubrirse que es un proxeneta como cualquier otro y encima ya cuenta con un harén de tres esposas y con tres vástagos menores de cinco años, siempre preocupado por encontrar putas occidentales de ojos claros porque esas valen más que las de globos oculares marrones, “carne podrida” que apenas si justifica el trabajo de apalabrarlas, seducirlas y conducirlas a que se entreguen ellas solitas a los intermediarios del sindicato global de trata de blancas. Por su inconformismo y agudeza, Perfil rankea en punta como el mejor exponente a la fecha del screenlife e incluso supera en intensidad al otro neoclásico instantáneo del formato, Buscando, y si bien el realismo de la primera hora se cae un poco gracias a la colección de desvaríos del segundo acto y esas decisiones símil suicidio de la protagonista, la verdad es que eso a Bekmambetov le importa un comino porque por un lado sabe que la estupidez humana todo lo puede, sea la de la periodista en pantalla o cualquier otro bípedo de la calle, y por el otro lado en esta ocasión lo crucial es una dimensión vincular dominada por la insensatez del amor involuntario entre reclutador y presa y por la propensión de hombres y mujeres a querer cambiar al otro o simplemente imponer su voluntad al considerar que siempre el que tiene la razón es uno y no el prójimo, amén de la esperable denuncia de las falacias y máscaras de la virtualidad de redes sociales y demás ecosistemas digitales en un contexto comunal macro como el actual saturado de superficies brillantes que ocultan un fuerte ímpetu controlador conductivista de fondo, algo representado por el director en la prodigiosa escena en el Hotel Birdcage de Ámsterdam, cuando la mujer estalla de furia porque Bilel rompe su promesa y no estará en Estambul para realizar con ella el viaje a la ciudad fronteriza de Sanliurfa, momento sublime del metraje debido a que allí se clarifica de repente todo lo que acontece ya que ella demuestra que consideraba en serio marcharse a Siria con él y el hombre deja el manto tierno para deschavarse como dominante en la tradición machista de siempre del Islam al “apagar” su faceta amistosa/ romántica ante la hembra, algo incentivado incluso por los golpes a la puerta de la mujer de parte de otro huésped del hotel que pide silencio frente a los gritos y esa armonía deshecha que deja paso a las suspicacias y la decepción del desenlace, vuelta a Londres de por medio con las previsibilidades del caso en torno a la triste rutina inglesa…

 

Perfil (Profile, Rusia/ Reino Unido/ Estados Unidos/ Chipre, 2018)

Dirección: Timur Bekmambetov. Guión: Timur Bekmambetov, Britt Poulton y Olga Kharina. Elenco: Valene Kane, Shazad Latif, Morgan Watkins, Christine Adams, Eloise Thomas, Emma Cater, Amir Rahimzadeh, Kate Watson, Kelley Mack, Therica Wilson-Read. Producción: Timur Bekmambetov y Olga Kharina. Duración: 106 minutos.

Puntaje: 8