A pesar de que al realizador danés Jørgen Leth se lo recuerda en los círculos europeos de vocación arty en especial por El Humano Perfecto (Det Perfekte Menneske, 1968), un corto experimental de unos 13 minutos construido en torno a tableaux vivants que recurren al surrealismo y el lirismo sarcástico para retratar el devenir prosaico/ ritualizado/ desabrido de una pareja, y Un Domingo en el Infierno (En Forårsdag i Helvede, 1977), su excelente documental acerca de la edición de 1976 de París-Roubaix, una legendaria competencia de ciclismo de carretera que comienza en la capital francesa y finiquita en la metrópoli ubicada en la frontera con Bélgica, lo cierto es que el señor por un lado cuenta con un larguísimo historial de documentales sobre otras disciplinas deportivas, como por ejemplo tenis, ping pong, boxeo, pelota vasca y fútbol, y por el otro lado asimismo ha encarado innumerables experimentos formalistas y antropológicos alrededor del arte, la mundanidad laboral, las narraciones sociales, la modernidad, el Tercer Mundo, la naturaleza, la pintura, los juegos infantiles, las figuras de poder, el cuerpo en movimiento, la música, la literatura y sobre todo Haití, su segundo hogar desde la década del 80, amén de alguna que otra rareza como 66 Escenas de América (66 Scener fra Amerika, 1982), un lienzo cultural heterogéneo de Estados Unidos, y El Humano Erótico (Det Erotiske Menneske, 2010), secuela un tanto bobalicona del film de 1968 con elementos de apropiación cultural y exploitation libidinoso modelo “viejo verde”. Como cualquier otra cinematografía nacional periférica del mundo, la industria danesa del séptimo arte no es precisamente gigantesca y por ello no pasó mucho tiempo hasta que Leth se encontrase y trabase amistad con uno de sus admiradores más fervientes, el también danés Lars von Trier, devoto hasta el infinito de El Humano Perfecto y el director más conocido de su país en el ámbito internacional junto a Nicolas Winding Refn, por lo menos en lo que respecta a fines del Siglo XX y comienzos del nuevo milenio.
Cuando von Trier convence a Leth de encarar en conjunto Las Cinco Obstrucciones (De Fem Benspænd, 2003), una suerte de ensayo fílmico sobre la concepción heterodoxa y el rol profundamente enriquecedor que pueden atesorar las limitaciones, el primero estaba en lo mejor de su carrera porque venía de dos de sus trípticos más famosos, hablamos de la Trilogía de Europa de El Elemento del Crimen (Forbrydelsens Element, 1984), Epidemia (Epidemic, 1987) y Europa (1991) y de aquella Trilogía del Corazón de Oro de Contra Viento y Marea (Breaking the Waves, 1996), Los Idiotas (Idioterne, 1998) y Bailarina en la Oscuridad (Dancer in the Dark, 2000), y además pronto saltaría a una de sus películas más célebres, la extraordinaria Dogville (2003), en sí parte constituyente de una trilogía satírica trunca sobre yanquilandia bautizada Tierra de Oportunidades, esa que también incluyó la maravillosa Manderlay (2005) y que tendría que haber terminado con Washington, obra que jamás llegó a rodarse. La sencilla idea detrás de Las Cinco Obstrucciones, la intención de realizar una pentalogía de remakes de El Humano Perfecto aunque ateniéndose a esos obstáculos de diversa naturaleza que tanto ha fetichizado von Trier a lo largo de su periplo profesional, no ha perdido ni un ápice de vigencia con el transcurso de los años ya que Hollywood y el cine internacional uniformizado y hueco símil streaming han profundizado exponencialmente la estrategia comercial del reciclaje de los mismos motivos y recursos de siempre, por ello hoy resulta incluso mucho más urgente o necesaria esta burla de parte de los dos daneses para con las reformulaciones chatas, anodinas y redundantes que surgen en un ámbito planetario de supuesta libertad creativa mainstream, contraposición con respecto a la vitalidad de las cinco remakes automortificantes de Jørgen de su clásico de los 60 bajo los lineamientos cada vez más curiosos -o descabellados y sádicos- de su colega von Trier, a su vez abanderado de una independencia total gracias a su productora, la genial Zentropa.
La primera relectura se filma en Cuba con planos de doce fotogramas, sin escenarios y respondiendo las preguntas existenciales -o más bien terrenales, depende del punto de vista- del narrador de El Humano Perfecto (el propio Leth), la segunda remake debe rodarse en un lugar miserable aunque sin mostrarlo, además Jørgen debe interpretar al personaje que supo componer Claus Nissen para enfatizar la escena de la comida del opus original y dejar de lado a su contraparte femenina (Majken Algren Nielsen), lo que deriva en Leth filmando en la zona roja de Bombay y ocultándola de manera parcial con una pantalla translúcida que Lars considera una sutil desviación con respecto a las reglas impuestas, por ello decreta un “castigo” que implica dos opciones, léase volver a la paupérrima India para respetar las obstrucciones pautadas o construir una nueva reformulación desde una libertad creativa plena, así Leth opta por la segunda alternativa y viaja a Bruselas para una remake abstracta a lo film noir, de pantalla dividida y protagonizada por el célebre Patrick Bauchau, de extensa trayectoria en Europa y Hollywood, lo que nos deja con una cuarta y en apariencia simpática propuesta de animación, medio expresivo que ambos realizadores detestan con ahínco porque lo juzgan para retrasados mentales, no obstante Jørgen nuevamente entrega un trabajo muy interesante basado en una edición del material rodado hasta el momento -a cargo de la montajista Camilla Skousen- que a posteriori fue rotoscopiado por el animador norteamericano Bob Sabiston, conocido por sus dos colaboraciones del rubro con Richard Linklater, Despertando a la Vida (Waking Life, 2001) y Una Mirada a la Oscuridad (A Scanner Darkly, 2006), y finalmente la última relectura tiene que ver con un planteo irónico de un von Trier que montó él mismo el último corto pero lo acredita a su colega y lo hace leer un texto con su firma para que aparezca en off, especie de carta metadiscursiva en la que se confunden las voces de ambos directores en un juego sadomasoquista y revelador.
En primera instancia Las Cinco Obstrucciones, un documental con un importante metraje dedicado a la pentalogía ficcional más el corto primigenio sesentoso, sopesa esos “elefantes en la habitación” que tantos profesionales del ámbito artístico mundial prefieren no ver a pura comodidad ética, así la primera remake se mete con la apropiación cultural, la segunda con la miserabilidad primermundista y la distancia/ soberbia de su mirada, la tercera con el vacío creativo tendiente a la autoindulgencia, la cuarta con la metamorfosis del lenguaje y los prejuicios del caso y la quinta con la a veces necesaria renuncia a la propia voluntad para poder verse en el espejo deformante del trabajo del otro, tanto un punto de referencia como un foco de enojo y disonancia, precisamente la dialéctica social contradictoria que obsesiona a von Trier de la mano de una pedagogía ultra nihilista del dolor que considera que el bípedo sólo aprende con el sufrimiento porque la alegría tiende a la complacencia y el conformismo y lo mejor para el sujeto son los límites que despiertan su raciocinio y lo obligan a buscar alternativas hasta ese momento impensadas, amén de la facilidad con la que el asunto puede derivar en lisa y llana tortura que corrompe moralmente a todos los involucrados y sobre todo al supuesto juez o verdugo. Antes de que Leth derrapase con El Humano Erótico y su amigo con Anticristo (Antichrist, 2009) y Melancolía (Melancholia, 2011), eslabones de la Trilogía de la Depresión junto a Ninfómana (Nymphomaniac, 2013), obra muy superior al igual que la estupenda La Casa que Jack Construyó (The House That Jack Built, 2018), la dupla aquí traza una fascinante contraposición entre arte y realidad, libertad y control férreo, embellecimiento compulsivo y fealdad caótica natural, aislación y sociabilidad, seriedad y ridículo, placer y trauma, experimentación y abulia tradicionalista, hedonismo y pragmatismo y en especial entre aprendizaje eterno vital y el inmovilismo de los fascistas de la cultura, esos que se manejan exclusivamente con criterios mercantiles…
Las Cinco Obstrucciones (De Fem Benspænd, Dinamarca/ Suiza/ Bélgica/ Francia, 2003)
Dirección: Lars von Trier y Jørgen Leth. Guión: Lars von Trier, Jørgen Leth, Asger Leth y Sophie Destin. Elenco: Lars von Trier, Jørgen Leth, Claus Nissen, Majken Algren Nielsen, Patrick Bauchau, Bob Sabiston, Alexandra Vandernoot, Daniel Hernández Rodríguez, Jacqueline Arenal, Bent Christensen. Producción: Carsten Holst. Duración: 87 minutos.