La Sociedad de la Nieve

Redundancia en los Andes

Por Emiliano Fernández

Si hay un tema totalmente agotado no sólo en términos cinematográficos sino periodísticos y artísticos en general es el Accidente del Vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya del 13 de octubre de 1972, un episodio que fue eje de una infinidad de notas, libros, películas ficcionales, documentales, programas de televisión, especiales de distinta índole e incluso estampillas y canciones. La Sociedad de la Nieve (2023), una obra redundante, melosa e innecesaria dirigida y escrita por el español J.A. Bayona para Netflix, nos obliga a volver por milésima vez a la caída del avión en cuestión sobre un glaciar en la provincia argentina de Mendoza, aeronave que transportaba a los miembros del equipo de rugby Old Christians Club de Montevideo -más familiares, amigos y algún que otro pasajero circunstancial- en dirección hacia Chile para jugar un partido con el Old Boys Club de Santiago, en esencia un viaje desde el Aeropuerto de Carrasco hasta el Aeródromo de Los Cerrillos y un caso paradigmático de “colisión contra el terreno en vuelo controlado” a raíz de la sumatoria de todos los factores clásicos de este tipo de impactos, léase un error de un piloto confundido, unos instrumentos que informaban datos inexactos, un avión sobrecargado, esas montañas peligrosas, un contexto de aterrizaje y para colmo la presencia de nubes que impedían la visión. Muchos supervivientes iniciales fueron pereciendo de a poco por las heridas, el frío, aludes varios y la vulnerabilidad corporal humana y recurrieron a la antropofagia como medida extrema a pesar de ser unos burgueses católicos de muy buen pasar económico que fetichizaban el alma de los fallecidos y jamás pasaron privación alguna en sus vidas, de hecho alimentándose de sus seres queridos símil la Expedición Donner (1846-1847) hasta que un dúo conformado por Fernando “Nando” Parrado y Roberto Canessa (hoy Agustín Pardella y Matías Recalt), dos de estos jóvenes uruguayos, consigue atravesar la cordillera entre la nieve y llegar a Chile para ya garantizar el rescate 72 días después del accidente.

 

La película de Bayona continúa con la tradición de apropiación cultural bastante patética que inauguraron las dos propuestas previas ficcionales sobre el tópico, Supervivientes de los Andes (1976), exploitation mexicano estrafalario de René Cardona basado en el libro ¡Sobrevivieron! (Survive!, 1973), del estadounidense Clay Blair Jr., y ¡Viven! (Alive, 1993), faena rutinaria, cursi y ya completamente hablada en inglés a cargo de Frank Marshall e inspirada en el libro homónimo de 1974 del británico Piers Paul Read, trabajos bastante mediocres a la luz de lo mejorcito que desencadenó el accidente en el ecosistema cultural planetario, hablamos de Yellowjackets (2021-2023), serie creada por Ashley Lyle y Bart Nickerson para Showtime a partir de este siniestro y la Expedición Donner, y Náufragos: Vengo de un Avión que Cayó en las Montañas (2007), documental del uruguayo Gonzalo Arijón que rankea en punta como lo más interesante que haya generado el trágico suceso. Ahora la fuente primordial es el volumen del mismo título del 2009 del escritor y periodista uruguayo Pablo Vierci y el film en sí recupera de manera prolija cada uno de los latiguillos por los que la colisión y sus consecuencias constituyen un pivote tan tenido en cuenta en las antologías sobre desastres aéreos, sobre dramas de supervivencia en regiones inhóspitas y sobre ejemplos de antropofagia en las civilizaciones recientes, pensemos para el caso en el espantoso colapso de la aeronave, que se queda sin cola y ambas alas, en la desesperación de los protagonistas cuando descubren que las autoridades de Argentina, Chile y Uruguay han dejado de buscarlos a la octava jornada, todo gracias a una pequeña radio que hallaron entre los restos, en las deliberaciones alrededor de la posibilidad de la antropofagia, único recurso para sobrevivir sin flora ni fauna a la vista, en esa avalancha que enterró el fuselaje partido, empeorada por una tormenta de nieve, y en la consabida aventura de exploración en busca de ayuda, recién consiguiéndola en el décimo día de una caminata hiper helada.

 

Resultaría divertido consagrarse a la cantidad y la complejidad de problemillas que arrastra la propuesta que nos ocupa, una coproducción entre España y Estados Unidos con algo de apoyo de Uruguay y Chile en términos del rodaje, si uno no tuviese en cuenta lo doloroso del episodio y su claro estatuto en la memoria cultural internacional en tanto exponente hiperbólico de lo que el ser humano es capaz de hacer con tal de sobrevivir, un detalle que desde ya reinstala el instinto biológico más primario de los cuerpos -mantenerse con vida- y tira por la borda todo el maquillaje social/ ético/ religioso/ humanista/ filosófico/ cultural del que tanto gusta empaparse hipócritamente el grueso de los bípedos de las civilizaciones modernas y posmodernas: La Sociedad de la Nieve es tanto una faena colectiva insípida que cae por debajo del genial unipersonal de Mads Mikkelsen en El Ártico (Arctic, 2018), opus semejante y superior del brasileño Joe Penna, como una odisea fallida, larguísima y casi siempre aburrida que está saturada de diálogos sobreexplicativos, narraciones en off de tono seudo poético, personajes intercambiables que no despiertan interés alguno sobre su destino (vida o muerte, concentrándonos en la praxis más literal de la trama), golpes bajos refritados de las otras películas (ficcionales o no), un acompañamiento musical solemne y tedioso del yanqui Michael Giacchino, soliloquios interminables de varios personajes que resultan involuntariamente risibles, una nula capacidad para generar suspenso -amén del hecho de que ya conocemos el remate y cada parada del camino- y unas indisimulables malas actuaciones a instancias de un elenco de origen uruguayo y argentino, actores a los que se les entiende poco y nada cuando hablan incluso a oídos del público rioplatense, con el mismo exacto acento. Tan flemático a escala narrativa como cercano a una telenovela latinoamericana o uno de esos bodrios insoportables del mainstream norteamericano actual, el film es más preciosista maniático modelo el legendario director de fotografía Emmanuel Lubezki, pero en una versión trasnochada/ tardía, que eficaz como epopeya pomposa de supervivencia o alegoría sobre la vida abriéndose paso entre una muerte aquí bien vitalista.

 

Combinando algo de aquellas truculencias de la excesivamente torpe Supervivientes de los Andes, aunque ahora por supuesto desde una acepción culposa mainstream tácita y por ello con mucha cháchara protocolar en pantalla que aclara que todo se hace con respeto, y una buena tanda de esa sensiblería hollywoodense marca registrada que ya vimos de sobra en ¡Viven!, producto por momentos también involuntariamente hilarante con la participación de unos jovencitos Ethan Hawke y Josh Hamilton como Parrado y Canessa, La Sociedad de la Nieve en suma se engloba en la impronta ultra melodramática baladí de la trilogía inicial de Bayona antes del mamarracho por encargo Jurassic World: El Reino Caído (Jurassic World: Fallen Kingdom, 2018), la compuesta por El Orfanato (2007), Lo Imposible (2012) y Un Monstruo Viene a Verme (A Monster Calls, 2016), las dos primeras unos bodrios sentimentaloides y la tercera más disfrutable y sincera, basta con tener presente el regreso no sólo del sustrato lacrimógeno sino de elementos como el duelo, las relaciones familiares en crisis y un ambiente opresivo que puede ser tanto bajo techo, el inmueble embrujado de El Orfanato, como al aire libre, en este caso Lo Imposible, el otro producto de Bayona en el cine catástrofe que asimismo se amoldó al criterio del séptimo arte globalizado parasitario actual y el blanqueamiento cinematográfico en su lectura anglosajona, por ello la historia de la española María Belón y su familia -unos europeos privilegiados vacacionando entre la pobreza de Tailandia- durante el Terremoto del Océano Índico del 2004 fue estelarizada por unos insólitos Naomi Watts y Ewan McGregor. Si bien cuenta con muy buenas locaciones nevadas, excelentes secuencias en materia del avión estrellado y los aludes y un trabajo en maquillaje sublime para las heridas y los cuerpos mancillados, la faena jamás saca a flote al cien por ciento su registro testimonial empalagoso y muy remanido y para colmo tiende a confundir a todas estas víctimas con la estampa de los héroes clásicos, por cierto un modelo muy diferente de ser humano porque los paladines buscan serlo por cuestiones mucho más ideológicas que coyunturales como las aquí exploradas sin chispa ni imaginación alguna…

 

La Sociedad de la Nieve (España/ Estados Unidos/ Uruguay/ Chile, 2023)

Dirección: J.A. Bayona. Guión: J.A. Bayona, Bernat Vilaplana, Jaime Marques y Nicolás Casariego. Elenco: Agustín Pardella, Matías Recalt, Enzo Vogrincic, Esteban Bigliardi, Diego Vegezzi, Fernando Contingiani, Esteban Kukuriczka, Francisco Romero, Rafael Federman, Valentino Alonso. Producción: J.A. Bayona, Belén Atienza, Philip Bolus y Sandra Hermida. Duración: 146 minutos.

Puntaje: 3