Profesional del Peligro (The Stunt Man)

Reescribiendo el guión

Por Emiliano Fernández

La insólita historia detrás de Profesional del Peligro (The Stunt Man, 1980), una de las películas más influyentes de la historia del cine y menos vistas, fue relatada por su propio director Richard Rush en el interesante documental The Sinister Saga of Making The Stunt Man (2000), proyecto que comenzó cuando a comienzos de la década del 70 Lawrence B. Marcus, un señor de larga trayectoria televisiva y en el marco del film noir Clase B, además de alguna que otra colaboración con Billy Wilder, George Cukor, Ida Lupino y Richard Lester, escribió un guión adaptando la novela homónima de Paul Brodeur de 1970, etapa en la que la Columbia Pictures poseía los derechos del libro y tentaría a gente como François Truffaut y Arthur Penn para hacerse cargo de la realización, algo que no prosperó porque la faena fue a parar a manos del citado Rush aunque vale aclarar que tanto el francés como el norteamericano decidieron tomar elementos del proyecto para incorporarlos en sus propios opus futuros, hablamos específicamente de La Noche Americana (La Nuit Américaine, 1973), de Truffaut, y Secreto Oculto en el Mar (Night Moves, 1975), de Penn. Siete años pasaron hasta que por fin se consiguió el financiamiento adecuado y comenzó la filmación concreta en 1977, para colmo derivando en dos años más de postproducción debido a que ningún estudio quería estrenar una propuesta de difícil categorización ya que incorporaba ingredientes de las comedias irónicas, las películas de acción, los dramas, el policial negro y hasta la sátira social e intra hollywoodense, un combo que sería muy influyente en opus posteriores como por ejemplo Drive (2011), aquella maravilla de Nicolas Winding Refn, o Había una vez en Hollywood (Once Upon a Time in Hollywood, 2019) y A Prueba de Muerte (Death Proof, 2007), dos bodrios de Quentin Tarantino y el segundo su mitad del film colectivo Grindhouse (2007), encarado junto a Robert Rodríguez y con segmentos adicionales -en forma de falsos trailers- de parte de Eli Roth, Edgar Wright y Rob Zombie.

 

La tortura de Rush, señor que en esencia sólo es recordado por el clásico de culto que nos ocupa, llega a su fin con un contrato de distribución de la 20th Century Fox y el demorado estreno del film en 1980, cayendo temporariamente en el olvido a pesar de una taquilla bastante digna y tres inusuales nominaciones al Oscar -sin ganar ninguna estatuilla- que tienen que ver con la originalidad del convite en general, Mejor Director, Mejor Actor Principal para Peter O’Toole y Mejor Guión Adaptado para Marcus y un Rush que anduvo metiendo la mano para amoldar la trama a su curiosa sensibilidad artística, esa que supo ir desde aquellas epopeyas primigenias del exploitation sesentoso como Ángeles del Infierno sobre Ruedas (Hells Angels on Wheels, 1967), Pasaporte a la Locura (Psych-Out, 1968) y Los Siete Salvajes (The Savage Seven, 1968) hasta algún neo noir fallido con Bruce Willis, El Color de la Noche (Color of Night, 1994), y odiseas contraculturales y/ o sardónicas en línea con las atractivas Camino Recto (Getting Straight, 1970) y Dos contra Todos (Freebie and the Bean, 1974), trabajos también desaparecidos del radar cinéfilo contemporáneo y que merecen un raudo rescate, aunque no desde ya del nivel de Profesional del Peligro. El protagonista/ doble de riesgo al que hace referencia el título original en inglés, de nombre real Cameron, apodo laboral Suertudo y apelativo de fugitivo en “plan incógnito” Burt, fue interpretado por el parco aunque muy eficaz Steve Railsback, un actor que para entonces sólo tenía en su haber dos trabajos memorables, Los Visitantes (The Visitors, 1972), de Elia Kazan, y Gallos de Pelea (Cockfighter, 1974), de Monte Hellman, siendo el propio Kazan quien le recomendó el intérprete a Rush en las fases iniciales del dilatadísimo proyecto. La aventura en sí, en ocasiones definida desde un hilarante paroxismo como “El Ciudadano (Citizen Kane, 1941) de los dramas de backstage”, es de hecho una de las mejores y más completas reflexiones acerca de lo que implica en risas y lágrimas el inefable séptimo arte.

 

Cameron (Railsback) es un joven que no hace mucho tiempo volvió de combatir durante dos años en la Guerra de Vietnam y ahora anda escapando de la policía bajo una acusación desconocida, lo que lo lleva de improviso hacia un puente de madera que une las dos orillas de un río. Arriba de la construcción se aparece un Mercedes Benz añoso y decide pedirle a su conductor que lo lleve, Burt (Michael Railsback), no obstante éste lo hace bajar del vehículo con violencia y después parece abalanzarse contra él a toda velocidad con la intención de atropellarlo, frente a lo cual Cameron se defiende arrojando al parabrisas un enorme bulón de acero que encuentra por ahí. El automóvil cae en el agua y el fugitivo de la ley escapa del lugar cuando se presenta un helicóptero con una cámara y comprende que está en una locación de cine, terminando a posteriori en otro set ubicado en una playa cercana atestada de curiosos que observan cómo se filma una cruenta película de la Primera Guerra Mundial intitulada Escuadrón del Diablo (Devil’s Squadron) y centrada en un piloto norteamericano que compone el actor Raymond Bailey (Adam Roarke). El mentado helicóptero regresa de golpe y de él se baja el bizarro y algo mucho autoritario director a cargo del rodaje, Eli Cross (un O’Toole glorioso y muy desatado que dijo haberse inspirado en nada menos que David Lean y John Huston para el personaje), el cual pasa a informar a su equipo técnico -encabezado por el jefe de producción Ace (Philip Bruns)- que tienen que dar por muerto a Burt, el doble de riesgo principal, debido a que los buzos jamás lo encontraron en el río después de la caída del coche, problemilla que se agranda cuando el comisario local, Jake (Alex Rocco), le pide explicaciones sobre la persona desaparecida en las aguas mortales. Cross convence a Cameron, a quien pasa a llamar Suertudo, de que se haga pasar por el finado durante los tres días pautados de filmación en la zona con el objetivo manifiesto de evitar que la policía le impida seguir rodando debido a la tragedia, fraude de identidad que se transforma en el catalizador del romance del muchacho con la coprotagonista femenina, Nina Franklin (Barbara Hershey), y de una relación laboral con su eventual mentor dentro de la película en cuestión, el coordinador de dobles Chuck Barton (Charles Bail, él también un coordinador de stunts, prácticamente se interpreta a sí mismo). Entre el nerviosismo de base, el extrañamiento por no conocer el medio y los egos en pugna entre actores, director y un guionista que debe acomodarse a los múltiples caprichos del realizador, Sam (Allen Garfield), Cameron tendrá que hacer frente a escenas cada vez más arriesgadas, demenciales y hasta degradantes en las que pondrá su cuerpo para reemplazar a Bailey en medio de refriegas, disparos, explosiones, coreografías muy peligrosas y bailes arriba de aviones en vuelo, poniendo de relieve que la apariencia de anarquía en pantalla casi siempre responde a un armado previo meticuloso que alimenta esta paradoja de fondo.

 

Rush no se anda con mojigatería alguna del montón y condimenta la ensalada con todo el arsenal imaginado y por imaginar para que la distinción entre realidad y ficción estalle por los aires desde el primer minuto, sin siquiera molestarse en muchas oportunidades en establecer una mínima transición entre un plano narrativo y el otro: Cameron, que de por sí no estaba muy bien de la cabeza que digamos, de a poco comienza a enloquecer cuando se entera que Nina tuvo un affaire con Eli, lo que lo retrotrae al intento de asesinato por el que lo busca la policía, en esencia porque al volver de Vietnam se enteró que su novia estaba saliendo con un otrora amigo con el que supuestamente iba a ser socio en una heladería a su regreso a yanquilandia luego del conflicto bélico, en función de lo cual se presentó a las dos de la mañana en el local del tipo para romperle todo y arrojar los baldes de helado al piso, con uno de ellos cayéndole a un oficial que se acercó al lugar para inspeccionar, un tarado azaroso que terminó noqueado/ inconsciente toda la noche y con su cabeza metida en el helado al punto de congelársele la nariz y sus orejas; núcleo conceptual de una indefinición en el registro retórico tragicómico de Profesional del Peligro en su conjunto que se traslada al backstage de Escuadrón del Diablo para a su vez saltar al opus en rodaje de la Primera Guerra Mundial, maraña de referencias metadiscursivas que están muy bien llevadas por Rush a través de la idea de hacernos simpatizar con un Cameron que representa los ojos más o menos inocentes del espectador en materia de los “entretelones” del cine, unos que ahora incluyen no sólo la ciclotimia de los actores, el guionista y el director sino también lo temerario de una filmación apuntalada en las estrafalarias secuencias de acción, de allí el peso que tiene el flamante doble de riesgo dentro de la faena. A Rush quizás se le va un poco la mano en lo referido a la extensión del metraje vía estos algo excesivos 131 minutos pero resulta claro que respeta y construye a sus personajes con sumo cuidado, sin caer en las típicas caricaturas o planteos condescendientes de tantas obras que se miran el ombligo en plan de exorcismo automitificante de cotillón, una proeza que hoy gira alrededor de la necesidad del protagonista de sentirse querido en una sociedad que rechaza a los veteranos y lo ningunea a nivel existencial, cuernos mediante. La valentía que requieren los stunts, la paga que traen consigo y el amor de Franklin, ese que el joven pretende confirmar/ ratificar como verdadero en varias ocasiones, son los ejes de un film en el que reescribir el guión y reestructurar la propia vida son dimensiones que tienden a entrelazarse, no tanto desde el cinismo del Robert Altman de Las Reglas del Juego (The Player, 1992) o la nostalgia del Wilder de El Ocaso de una Vida (Sunset Boulevard, 1950) sino desde cierta efervescencia agridulce que celebra la creatividad del caso y el afán suicida/ homicida de la colaboración general detrás de cámaras, para la cual lo único en verdad importante es el film de turno…

 

Profesional del Peligro (The Stunt Man, Estados Unidos, 1980)

Dirección: Richard Rush. Guión: Richard Rush y Lawrence B. Marcus. Elenco: Steve Railsback, Peter O’Toole, Barbara Hershey, Allen Garfield, Alex Rocco, Adam Roarke, Philip Bruns, Charles Bail, Sharon Farrell, John Garwood. Producción: Richard Rush. Duración: 131 minutos.

Puntaje: 9