Justo cuando Fede Álvarez parecía cómodo en una medianía cualitativa de la mano de las correctas y poco más La Chica en la Telaraña (The Girl in the Spider’s Web, 2018), secuela de la remake norteamericana del 2011 de David Fincher de Los Hombres que no Amaban a las Mujeres (Män som Hatar Kvinnor, 2009), opus de Niels Arden Oplev, y No Respires 2 (Don’t Breathe 2, 2021), obra producida y escrita junto a su socio habitual Rodo Sayagues, díptico que a su vez se ubicaba muy lejos de su homólogo inicial hollywoodense, hablamos de las excelentes Posesión Infernal (Evil Dead, 2013) y No Respires (Don’t Breathe, 2016), el asunto ahora se cae soberanamente a pedazos con La Masacre de Texas (Texas Chainsaw Massacre, 2022), un producto mediocre comprado por Netflix después de test screenings desastrosos que no llega a ser un mamarracho absoluto y por ello logra colarse entre lo mejorcito del nuevo milenio de la interminable franquicia que empezó con la obra maestra de 1974 de Tobe Hooper, nos referimos a las amenas o más bien cuasi dignas La Masacre de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, 2003), de Marcus Nispel, una remake de la joya original de antaño, y La Masacre de Texas: El Origen de Leatherface (Leatherface, 2017), de Alexandre Bustillo y Julien Maury, una precuela del mismo film canónico de siempre. Resulta evidente que el resto de las continuaciones, léase la de Jeff Burr de 1990, la de Kim Henkel de 1994, la de Jonathan Liebesman del 2006 y esa en 3D de John Luessenhop del 2013, no sólo no consiguieron hacerle sombra a la propuesta fundacional sino que tampoco lograron superar el primero y mejor de los corolarios de la saga, Masacre en el Infierno (The Texas Chainsaw Massacre 2, 1986), especie de comedia negra autoparódica dirigida por el propio Hooper que forma parte de su trilogía de películas para la Cannon, compuesta asimismo por aquellas recordadas Fuerza Siniestra (Lifeforce, 1985) e Invasores de Marte (Invaders from Mars, 1986), ambas escritas por la dupla de Dan O’Bannon y Don Jakoby.
A diferencia de tantas otras remakes, secuelas, spin-offs y/ o películas de fórmula marca registrada en general del acervo cultural contemporáneo, el presente film, dirigido por el ignoto David Blue García y escrito por el debutante Chris Thomas Devlin a partir de una historia original de los también productores Álvarez y Sayagues, ambos uruguayos, no se molesta demasiado en maquillar el hecho de que aquí el héroe verdadero es el maniático homicida, ese tremendo Cara de Cuero/ Leatherface que supo estar en la piel del islandés Gunnar Hansen y hoy está personificado por Mark Burnham, al extremo de que construye una andanada de víctimas en verdad odiosas que representan todo lo peor de la civilización parasitaria e intolerante de la “gente de ciudad rica, engreída y moralista”, como muy bien asevera un personaje. La Masacre de Texas pretende ser un corolario directo del opus de 1974 pero situado en nuestro 2022 de fetichismo tecnológico virtual e ignorancia política y hasta humana mediante la excusa retórica de un conjunto de hipsters de mierda arribando a un pueblito semi fantasma de Texas, Harlow, para rematar las construcciones que quedan en una subasta pública con inversores/ compradores citadinos especialmente traídos para tal fin en un ómnibus recreativo. Los cabecillas gentrificadores son el chef negro Dante (Jacob Latimore) y su colega, la feminazi denigradora Melody (Sarah Yarkin), el primero viajando con su prometida, la rubia tonta Ruth (Nell Hudson), y la segunda con su hermana menor, el marimacho Lila (Elsie Fisher), quien recibió un disparo en la matanza de la Secundaria Stonebrook, clon de la de Columbine de 1999 y otras más. Cuando descubren a una anciana todavía viviendo en una de las edificaciones del centro de Harlow, la Señora Mc (Alice Krige), Dante la increpa diciendo que no tiene título de propiedad alguno porque la casa fue expropiada por el banco cuando en verdad sí pertenecía a la mujer, provocándole un infarto y la muerte mientras era llevada al hospital por dos policías (William Hope y Jolyon Coy).
En esta oportunidad Leatherface es el hijo adoptivo sexagenario -y hasta la llegada de los invasores, pacífico- de la Señora Mc, un gigantón asesino e imparable a pesar de diferentes tiros, puñaladas e intentos de ahogamiento, por ello se transforma en un “ángel vengador” cuando los millennials empiezan a destilar su clásica soberbia, juzgando a los habitantes bucólicos mientras les quitan sus hogares o se burlan de su memoria popular, y cuando efectivamente se cargan de manera indirecta a la figura materna postiza de nuestro huérfano adepto a las máscaras de piel humana fresquita y a esa vieja y querida motosierra. Si bien a nivel del suspenso y el discurso político la película de García cumple relativamente bien, sobre todo en esto de denunciar a lo bestia la gentrificación posmoderna en sintonía con la deficitaria Candyman (2021), un bodrio demasiado sermoneador de Nia DaCosta y Jordan Peele, los problemas vuelven a ser los mismos de siempre de la franquicia desde la tercera parte de Burr: hoy no tenemos ni un gramo de novedad que justifique en serio la existencia de este noveno eslabón, aquella estética áspera, cruel y nihilista de los 70 jamás se pudo reproducir a futuro porque el registro lavado/ pulido/ publicitario/ muy videoclipero de las secuelas se ubica francamente en las antípodas, los personajes en general son significantes vacíos y castrados que no despiertan el más mínimo interés o simpatía del otro lado de la pantalla, aquella fórmula en general de “parentela de caníbales inspirada en las actividades homicidas y necrofílicas de Ed Gein” ya lleva cinco décadas de cansancio y finalmente las sucesivas intentonas por actualizar todo este esquema estandarizado pueden resultar más o menos atractivas para los fanáticos -algunos buscando el gore que en esta ocasión ofrecen García y Devlin, otros detrás del grotesco campestre ya insinuado claramente en el opus de 1974 y en su primera continuación de 1986- aunque a decir verdad lejos están de cumplir su cometido en lo que respecta a inyectar nueva vida o algo de garra al slasher hueco de fondo.
Dicho de otro modo, por un lado se agradecen la algarabía enrojecida de algunas muertes, como las de Ruth y los oficiales de la ambulancia o aquella otra del desfigurado Dante, y el hecho de que los grandes contrincantes de Leatherface sean Richter (Moe Dunford), el rústico mecánico local, y Lila, la típica adolescente traumatizada producto de las injusticas y delirios sociales actuales, esta última asistida por una Melody a la que de repente le crece la conciencia y se da cuenta que está desalojando a individuos de carne y hueso mediante la pretendida subasta, una que para colmo incluye una fiesta para toda la retahíla de burgueses retrasados mentales que quieren tomar posesión del pueblo en cuestión para convertirlo en un polo seudo artístico, gastronómico y turístico, no obstante por el otro lado La Masacre de Texas incorpora jugadas de lo más patéticas como por ejemplo la escena de la carnicería en el ómnibus, cuando Cara de Cuero revienta a unos jóvenes oligarcas de metrópoli que le apuntan con sus celulares y hasta amenazan con “cancelarlo” en caso de que intente algo, ganándose desde ya una rauda desmembración bajo luces fluorescentes titilantes que parece una lectura burda de la obra de Nicolas Winding Refn y/ o Park Chan-wook, amén de las dos referencias más indisimulables al trabajo de 1974, primero ese final con Leatherface revoleando la motosierra después de decapitar a Melody ante la sollozante Lila, duplicado del original de los 70, y segundo el regreso de aquella única sobreviviente, Sally Hardesty (antes Marilyn Burns, ahora Olwen Fouéré), en un papel de “veterana aguerrida en pos de cruenta revancha” calcado de la Laurie Strode de Jamie Lee Curtis de las también anodinas Halloween (2018) y Halloween Kills (2021), ambas del lelo de David Gordon Green. Matar a hipsters, gentrificadores, hipócritas y feminazis siempre será divertido y ultra necesario, sin embargo el producto en sí no puede eludir su redundancia todo terreno y su pomposidad baladí, terminando a kilómetros de distancia del genial documentalismo seco setentoso…
La Masacre de Texas (Texas Chainsaw Massacre, Estados Unidos, 2022)
Dirección: David Blue García. Guión: Chris Thomas Devlin. Elenco: Mark Burnham, Elsie Fisher, Sarah Yarkin, Jacob Latimore, Moe Dunford, Olwen Fouéré, Jessica Allain, Nell Hudson, Alice Krige, William Hope. Producción: Fede Álvarez, Rodo Sayagues, Kim Henkel, Shintaro Shimosawa, Ian Henkel y Pat Cassidy. Duración: 83 minutos.